Godard, Vietnam, Mao y la cámara urgente
Reseñas generales“Lo único que podemos hacer es filmar películas. Yo hago lo mejor que puedo”.
(Jean-Luc Godard, 1967)
Si algo no puede decirse de la filmografía de Jean-Luc Godard es que pueda transitársela en línea recta. Como argumento de esta afirmación basta con señalar que el primer volantazo de riesgo del realizador ocurrió temprano, pocos años después de haber hecho añicos el deber ser del cineasta. En la década de 1960, su denominado “período Mao”, pletórico de discursividad revolucionaria, dotó a sus personajes de militancia política y a sus trabajos documentales de puños en alto y llamados a la acción. Si bien toda la carrera del realizador francés se nutrió de posturas rupturistas, la etapa de militancia maoista de JLG estuvo marcada, como nunca, por el discurso de barricada y la visualización clara del enemigo.
En el período que fue de 1966 a 1974 Godard profundizó su discurso combativo y los guiones de sus películas de la época son la caja negra de ello. Films como las ficciones Masculin, Femenin (1966) y La Chinoise (1967) o trabajos de trinchera como 1 PM (1971) y Tout va bien (1972) funcionan como ejemplos-testigo de la militancia que puso en juego el director.

Como ejemplo del camino pedregoso que eligió tomar Godard vale apuntar que hacia el cierre de su etapa maoísta ya estaba peleado con la mayoría de sus colegas, incluyendo en la lista a Francois Truffaut, con quien rompió puentes durante la resaca del mayo de París de 1968.
En medio de esos años de revuelta juvenil y algunos meses antes de que los estudiantes tomaran las calles para escribir un par de páginas de la historia francesa, Godard estrenó un documental sobre Vietnam. Porque el internacionalismo es así, camaradas.
Loin du Vietnam (“Lejos de Vietnam”, 1967) es un largometraje coral, que tiene al realizador Chris Maker* a cargo de la coordinación de algunos de los directores más destacados de la escena francesa: Godard, Agnès Varda, Claude Lelouch, Alain Resnais, Joris Ivens, William Klein. Se trata de un corpus documental con toques de ficción que no esquiva la toma de posición y se resume en el planteo inequívoco de que el enemigo es el imperio estadounidense. En ese marco, la bandera de Vietnam flamea como concepto constante.

“Crear dos, tres… muchos Vietnam”, había escrito Ernesto “Che” Guevara en abril de 1967 cuando la película estaba en etapa de realización. El estreno del film fue en agosto de ese año en el Festival de Montreal. Dos meses después, el 9 de octubre, el Che cayó asesinado por las balas del ejército de Bolivia. Lois du Vietnam llegó a los cines de Francia el 18 de octubre, con el cuerpo de Guevara todavía tibio y cuando faltaban apenas siete meses para el estallido de mayo.
El largometraje avisa desde el inicio el tono político combativo y la dirección que tomarán las siguientes dos horas de fílmico; lo hace con imágenes de la revolución cubana que linkean con el ensayo militante que Chris Maker había estrenado en 1961 bajo el título de Cuba sí.
La guerra de Vietnam se extendió durante veinte años, entre 1955 y 1975. En su segmento, titulado Camera Eye (“El ojo de la cámara”), Godard va al grano y se refiere a la herida que suponía un conflicto de ese tamaño para un pueblo y nada menos que con la participación de Estados Unidos: “Para un vietnamita la paz es el único fin, pero la victoria es el único camino”.

Una de las particularidades del cortometraje de Godard es que es el único que pone en relieve el nombre del realizador. Egos aparte (si es que puede correrse a un lado el ego de Jean-Luc), el autor cuenta con relato en off que tuvo que pedir autorización para viajar con una cámara a Vietnam del Norte y el permiso le fue denegado. Según las autoridades de Hanoi, el cineasta “no era de fiar”, ya que, según él, lo consideraban “ideológicamente ambiguo”.
“Les parecía un muchacho con ideas no tan claras”, puntualiza. Y agrega: “Tenían razón”.
“En esa época me quería ir a Cuba, a Argelia, a Yugoslavia. Pero la negativa de Hanoi me hizo dar cuenta de que soy parisino. ¿Por qué no seguir filmando en París?”, se pregunta con respuesta incluida.

“A partir de ese momento decidí siempre hablar de Vietnam en mis películas”, dice. Al menos durante un tiempo la promesa se cumplió, aunque la carga retórica de su etapa maoísta aparecería replicada de forma espasmódica a lo largo de las décadas posteriores.
Mientras por la pantalla pasan imágenes en movimiento o fijas, como si de un collage de mensajes y metamensajes se tratara, Godard apunta que “Vietnam no está sola”. Y argumenta: “Está toda África, toda América Latina. Cuando el Che dijo creemos dos o tres Vietnam se puede aplicar a uno mismo y crear un Vietnam en uno mismo”.
“Si estás en Guinea vas a estar en contra de los portugueses; si estás en Chicago vas a estar a favor de los negros; si estás en Sudamérica vas a estar a favor de América Latina, que está enteramente colonizada, primero por la cultura española y francesa, y hoy por la economía estadounidense”, arremete también Godard, cruzado a su vez por imágenes de Vietnam y de La Chinoise, estrenada casi en paralelo a este film.

En su mensaje para Europa y la América rica, el director echa mano al concepto de la creación de un Vietnam como vehículo para salir de la zona de confort. La guerra de Vietnam fue eso para el Occidente rico: un cachetazo a la tranquilidad de que sea el tío Sam quien nos cuida y también un llamado de atención sobre los límites que necesitaban los Estados Unidos, algo que quedó de manifiesto con la derrota de las fuerzas de Washington.
“Mi lucha es contra el cine americano, contra el imperialismo económico y estético del cine americano, que ha gangrenado al cine mundial”, apunta y dispara hacia el final de un recorrido ideológico que dura apenas diez minutos, siendo el de JLG uno de los cortos más breves del trabajo coordinado por Chris Maker.
El estado revolucionario estaba en el aire y Godard lo capta para su ensayo, incluso aunque hacia el final considere que en Francia todavía faltaba para un estallido. No hace falta examen de ADN para reconocer en el mayo francés la herencia genética del cine del director parisino y su actitud rupturista. Godard en sus primeros años de cineasta declaraba que había que dejar atrás “a los dinosaurios del cine francés”. Los y las jóvenes de mayo del 68, en parte, gritaron lo mismo. Y Vietnam también.

Dato para el cierre
En “Camera Eye” Godard enumera que hasta el momento de la realización de su corto, y desde 1963, las fuerzas de Estados Unidos habían arrojado en tierras vietnamitas unas 100 mil toneladas de napalm y 300 mil de otros explosivos. El dato actualizado, teniendo en cuenta el período en el que EEUU intervino en el conflicto, indica que entre 1964 y 1973 se arrojó un total de 360 mil toneladas de napalm y más de 2 millones de toneladas de bombas de distinto tipo.
*Chris Maker fue uno de los máximos exponentes de lo que se conoce como “cine-ensayo” y que refiere a trabajos que apelan al concepto como línea narrativa y plantan bandera a través de un discurso sostenido. En Argentina el ejemplo más cabal de este subgénero del cine es Fernando “Pino” Solanas, cuyo documental “La hora de los hornos” es ícono fundamental..
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