Reseñas

Camino hacia el terror (2003)
Mma guadalupe Hernández14 de junio de 2026
Muy buena
Backrooms: Sin salida (2026)
DDANNY ALEXANDER ROJAS MUÑOZ14 de junio de 2026
bien
Despertar del diablo (2006)
UUser-150356098914 de junio de 2026
Contiene spoilers
buena
El Drama (2026)
MMariana Coutiño14 de junio de 2026
No la he visto
Obsesión (2025)
DDavid Manuel's Benitez Sierra14 de junio de 2026
es muy excelente hay muy buenas peliculas
Frío de perros (2002)
UUser-150355920614 de junio de 2026
recuerdos
Obsesión (2025)
UUser-150355789014 de junio de 2026
BUENA
Obsesión (2025)
UUser-150355739514 de junio de 2026
HOLABHJBJBJBHJBBJBJLJL K,
Girls to Buy (2021)
UUser-150355573414 de junio de 2026
Contiene spoilers
buena
Mi encuentro conmigo (2000)
UUser-150355567714 de junio de 2026
6hybyunu
Zootopia 2 (2025)
Aaixa cabaña14 de junio de 2026
gfhjgjkhnk,
Amos del universo (2026)
Llucasesetoledo14 de junio de 2026
Me conocían como Adam, príncipe de Gayskull, hasta que un día...

Siendo sincero, vine buscando un meme y me encontré con una de las películas del año. La verdad, me pegó una cerrada de culo importante porque fue mucho, muchísimo más de lo que esperaba. Tenía expectativas, sí, pero las superó con creces.

Lo primero que me sorprendió fue cómo están filmadas las secuencias de acción. Atrás quedaron esas épocas donde para mostrar un golpe necesitábamos mínimo tres cortes. Acá la pelea se ve. No hay miedo a mostrar la coreografía, e incluso hay pequeños planos secuencia. Y es una gozada.

La música logra algo que hacía mucho tiempo no sentía: recuperar un auténtico sentido de la épica. No hablo de esos golpes grandilocuentes a lo Zimmer que parecen querer decirte constantemente cuándo emocionarte, sino de tener un leitmotiv reconocible, algo que te queda dando vueltas en la cabeza cuando salís del cine. Sumémosle la frutillita del postre con el laburo que se manda Brian May, que la saca directamente del estadio.

La película es una amalgama extraña porque, al mismo tiempo que abraza esa dimensión heroica, mitológica y épica, tampoco reniega de su condición de fenómeno cultural atravesado por décadas de memes, referencias y nostalgia. Acá aparecen guiños a la serie clásica, chistes autorreferenciales y hasta una famosa canción asociada indefectiblemente al personaje. Y lejos de esconderlo, la película decide incorporarlo a su propia identidad.

No me pregunten cómo, pero la mayor parte del tiempo sale bien parada.

Mi principal crítica pasa por otro lado. Después de escuchar a los muchachos de Tierra X hablar sobre cierta "marvelización" en su vertiente más mortífera (la "taikawaititización", o "cacawaititización", como prefieran), fui a verla prestándole especial atención a ese aspecto y, la verdad, algo de razón tienen. Como yo no crecí con el producto sino que entré a él a través de sus cepas meméticas, no me ragebaiteó tanto.

Pero sí, hay momentos donde la película parece incapaz de sostener una escena solemne durante demasiado tiempo sin sentirse obligada a romperla con un chiste pelotudo. Y eso genera algunas fricciones de tono. A veces quiere ser épica, nostálgica, emotiva, autorreferencial y graciosa al mismo tiempo. La mayor parte del metraje logra que todas esas facetas convivan. Otras veces le pifia y hay cosas que sencillamente no funcionan.

Lo que sí agradezco profundamente es que, por fin, una película mainstream no le tenga miedo al color.

Puede parecer una boludez, pero no lo es. Durante años cierta fantasía cinematográfica pareció convencerse de que para ser tomada en serio tenía que verse gris, apagada y desaturada. Como si la ausencia de color fuera automáticamente sinónimo de madurez. Acá pasa exactamente lo contrario.

Eternia tiene color. Mucho color. Y le chupa tres maples de huevos.

Los paisajes son hermosos (aunque por momentos puedan recordar un poco a Dungeons & Dragons: Honor Among Thieves) y la fotografía entiende algo fundamental: una historia fantástica no necesita verse desabrida para resultar épica. De hecho, muchas veces ocurre exactamente al revés. El color ayuda a construir la sensación de maravilla. Acá hay cariño por el material original y se nota.

¿Podría haber sido mejor? Totalmente.

¿Tiene cosas para corregir? Bastantes.

Pero cuando terminan los créditos queda algo cada vez más raro dentro del cine comercial contemporáneo: una película que abraza el heroísmo, la fantasía, la aventura y la épica sin sentir vergüenza de hacerlo.

Eternia no pide disculpas por ser Eternia.

Y por Dios que se agradece.
¡Vamos por las chicas! (2009)
UUser-150355285214 de junio de 2026
Amor
Soldado universal (1992)
BBENÍTEZ MARTÍNEZ JOSMAR14 de junio de 2026
muy buena
Nacido para matar (1987)
EEduardo Chiquito14 de junio de 2026
Contiene spoilers
Buena
Antes del amanecer (1995)
EEsteban Eordogh13 de junio de 2026
Hay películas que no se ven, se viven. Te habitan. Antes del amanecer (1995), dirigida por Richard Linklater, es precisamente eso: un milagro cinematográfico capturado en el espacio de una sola noche, que se siente tan real que casi puedes oler el pavimento húmedo de Viena y sentir el frío de la madrugada en la piel.
​La premisa es de una sencillez casi insolente. Dos extraños —Jesse (Ethan Hawke), un estadounidense con el corazón un poco escéptico y la cabeza llena de romanticismo oculto, y Céline (Julie Delpy), una estudiante francesa brillante, sensible y con una visión del mundo tan hermosa como compleja— coinciden en un tren. Una conversación trivial se convierte en una chispa, y un impulso audaz hace que ella baje del tren con él para pasar sus últimas horas en Europa juntos.
​Lo que sigue no es una historia de Hollywood con giros dramáticos o besos bajo una lluvia artificial. Es, simplemente, el arte de conversar.
​El peso de lo efímero
​Lo que hace que esta película te estruje el pecho es su honestidad radical. Linklater, junto a Hawke y Delpy (quienes volcaron sus propias almas y experiencias en el guion), logra registrar la torpeza real de dos jóvenes que intentan gustarse, que tienen miedo de ser vulnerables pero que desan, por encima de todo, ser comprendidos.
​Pasean por Viena, entran a tiendas de discos, visitan cementerios de nombres olvidados y se leen las manos. Hablan de la muerte, del amor, del miedo al fracaso, de sus padres. Y en medio de esa verborrea maravillosa, lo que realmente importa es lo que callan: las miradas de reojo en el ascensor, la mano de Jesse que amaga con acariciar el cabello de Céline pero se arrepiente a mitad de camino, la sonrisa nerviosa de ella cuando se da cuenta de que la miran.
​El gran acierto de la película es su fecha de caducidad. Saben que al amanecer todo termina. No hay teléfonos móviles, no hay redes sociales para "seguirse", no hay promesas fáciles. Solo existe el presente absoluto. Ese límite de tiempo inyecta a cada palabra y a cada silencio una urgencia dolorosa y bellísima.
​¿Por qué nos sigue doliendo y fascinando hoy?
​Porque todos hemos sido Jesse o Céline. Todos hemos tenido un "hubiera", un encuentro fugaz que nos cambió la trayectoria de la vida, o al menos hemos deseado tenerlo. Nos recuerda una época en la que entregarse al otro implicaba mirar a los ojos, no a una pantalla. Es un tributo a la conexión humana en su estado más puro y desprovisto de cinismo.
​Cuando los créditos ruedan y vemos los lugares que recorrieron, ahora vacíos y bañados por la luz fría de la mañana, sientes un vacío real en el estómago. Te quedas con la sensación de haber espiado algo sagrado.
​Evaluación
​💫 💫 💫 💫 💫 (5 de 5 estrellas)
​Un monumento a la intimidad. Una película perfecta para recordar qué se siente estar vivo y enamorado de la posibilidad de conocer a alguien. Si alguna vez te has sentido solo en un vagón de tren, esta película es el abrazo que necesitas.
No (2012)
EEsteban Eordogh13 de junio de 2026
Hay películas que registran la historia y hay otras que logran atrapar la textura misma de la memoria colectiva. No (2012), dirigida por el chileno Pablo Larraín, pertenece sin duda al segundo grupo. Más que un drama político, es un espejo incómodo sobre cómo se construyen las ilusiones modernas y a qué costo.
​Aquí te comparto una mirada profunda a esta magnífica obra:
​La paradoja de vender la libertad
​La genialidad de No radica en su honestidad brutal y contradictoria. La película nos sitúa en el Chile de 1988, durante el plebiscito que decidiría la continuidad de la dictadura de Augusto Pinochet. El foco no está en los despachos presidenciales ni en las trincheras de la resistencia clandestina, sino en una agencia de publicidad.
​Gael García Bernal interpreta a René Saavedra, un publicista pragmático, un tipo que entiende el mundo a través de marcas de refrescos y encuadres de televisión. Cuando la oposición lo busca para liderar la campaña del "No", René toma una decisión tan audaz como éticamente difusa: tratar a la democracia como un producto de consumo.
​Mientras los políticos de la vieja guardia querían retratar el horror, la sangre y los desaparecidos —un dolor rabiosamente real—, René les dice que el miedo no vende. Que para ganar, hay que vender felicidad. La campaña se convierte en un arcoíris, un jingle pegajoso y coreografías pop. Es ahí donde la película se vuelve profundamente humana: nos confronta con la idea de que, a veces, para sanar un trauma histórico, la sociedad prefiere la anestesia de la alegría empaquetada.
​La estética de lo auténtico
​Larraín tomó una decisión técnica que es pura poesía visual: filmó la película en formato de video analógico U-matic de la época (4:3). Al principio, puede resultar chocante o incómodo para el ojo moderno, pero el efecto es devastadoramente efectivo.
​La ficción y el archivo documental de la época se funden sin costuras. No sabes dónde termina el actor y dónde empieza el ciudadano real que marchaba en las calles de Santiago. Esa textura sucia, desgastada y sobreexpuesta no es un capricho; es la textura del recuerdo. Sientes el polvo, el sudor y el miedo flotando en el aire.
​El sabor agridulce de la victoria
​El tramo final de la película es de una madurez emocional tremenda. No hay un final de fiesta hollywoodense. Sí, el "No" gana, el tirano cae, pero la mirada de René al final es de una profunda soledad.
​Larraín nos deja una pregunta flotando en el pecho: ¿Ganó la libertad o ganó el capitalismo de consumo? Al final del día, las mismas herramientas publicitarias que sirvieron para liberar a un país son las que hoy nos venden necesidades ficticias. La alegría llegó, sí, pero venía con una factura que el mundo actual sigue pagando.
​Evaluación
​💫💫💫💫💫 (4.5 de 5 Estrellas)
​No es una obra maestra de la sutileza. Es profundamente humana porque no juzga a sus personajes; entiende sus miedos, su pragmatismo y su necesidad desesperada de futuro. Una película imprescindible para entender que la historia no la escriben solo los héroes, sino también los hombres comunes con sus brillantes y oscuras contradicciones.
Student Services (2010)
YYanii Rearte13 de junio de 2026
…
Scary Movie: Terroríficamente incorrecta (2026)
Gguisan_1013 de junio de 2026
excelente
Emanuelle en prisión (1983)
UUser-150354722513 de junio de 2026
Buena