No

No (2012)★ 7.6/10

R · CL · 118 min · 18 de mayo de 2012

  • Drama
  • Historia

Dirección: Pablo Larraín

Guion: Pedro Peirano, Antonio Skármeta

Un ejecutivo idea una campaña para derrotar a Augusto Pinochet en el referéndum de Chile de 1988.

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Reseñas

EEsteban Eordogh13 de junio de 2026
Hay películas que registran la historia y hay otras que logran atrapar la textura misma de la memoria colectiva. No (2012), dirigida por el chileno Pablo Larraín, pertenece sin duda al segundo grupo. Más que un drama político, es un espejo incómodo sobre cómo se construyen las ilusiones modernas y a qué costo.
​Aquí te comparto una mirada profunda a esta magnífica obra:
​La paradoja de vender la libertad
​La genialidad de No radica en su honestidad brutal y contradictoria. La película nos sitúa en el Chile de 1988, durante el plebiscito que decidiría la continuidad de la dictadura de Augusto Pinochet. El foco no está en los despachos presidenciales ni en las trincheras de la resistencia clandestina, sino en una agencia de publicidad.
​Gael García Bernal interpreta a René Saavedra, un publicista pragmático, un tipo que entiende el mundo a través de marcas de refrescos y encuadres de televisión. Cuando la oposición lo busca para liderar la campaña del "No", René toma una decisión tan audaz como éticamente difusa: tratar a la democracia como un producto de consumo.
​Mientras los políticos de la vieja guardia querían retratar el horror, la sangre y los desaparecidos —un dolor rabiosamente real—, René les dice que el miedo no vende. Que para ganar, hay que vender felicidad. La campaña se convierte en un arcoíris, un jingle pegajoso y coreografías pop. Es ahí donde la película se vuelve profundamente humana: nos confronta con la idea de que, a veces, para sanar un trauma histórico, la sociedad prefiere la anestesia de la alegría empaquetada.
​La estética de lo auténtico
​Larraín tomó una decisión técnica que es pura poesía visual: filmó la película en formato de video analógico U-matic de la época (4:3). Al principio, puede resultar chocante o incómodo para el ojo moderno, pero el efecto es devastadoramente efectivo.
​La ficción y el archivo documental de la época se funden sin costuras. No sabes dónde termina el actor y dónde empieza el ciudadano real que marchaba en las calles de Santiago. Esa textura sucia, desgastada y sobreexpuesta no es un capricho; es la textura del recuerdo. Sientes el polvo, el sudor y el miedo flotando en el aire.
​El sabor agridulce de la victoria
​El tramo final de la película es de una madurez emocional tremenda. No hay un final de fiesta hollywoodense. Sí, el "No" gana, el tirano cae, pero la mirada de René al final es de una profunda soledad.
​Larraín nos deja una pregunta flotando en el pecho: ¿Ganó la libertad o ganó el capitalismo de consumo? Al final del día, las mismas herramientas publicitarias que sirvieron para liberar a un país son las que hoy nos venden necesidades ficticias. La alegría llegó, sí, pero venía con una factura que el mundo actual sigue pagando.
​Evaluación
​💫💫💫💫💫 (4.5 de 5 Estrellas)
​No es una obra maestra de la sutileza. Es profundamente humana porque no juzga a sus personajes; entiende sus miedos, su pragmatismo y su necesidad desesperada de futuro. Una película imprescindible para entender que la historia no la escriben solo los héroes, sino también los hombres comunes con sus brillantes y oscuras contradicciones.
EEntertainment Overview7 de octubre de 2024
Pablo Larraín nos muestra el lado más salvaje y caótico del mundo de la publicidad. Mientras que, a su vez, lo convierte en una encrucijada atrapante.

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