Miedo, Amor y Cine | Esperanzas temblorosas
Reseñas generalesEl enemigo del amor no es el odio,
sino el miedo.
De las caras del miedo, el amor es muerte lenta. A veces dulce, a veces angustiante pero siempre dolorosa.
El cine tiene muchos de esos momentos de vacilación antes del gran salto, esos que secretamente nos encanta revivir.
En El Descanso (2006), tanto Amanda (Cameron Diaz) como Graham (Jude Law) carecen de intención alguna para afianzar una relación. Ella, con una historia familiar de abandono por parte del padre, clausuró su corazón. Él, viudo y con dos hijas sólo le interesa pasar el rato, nada formal, no cree que en su condición alguien pueda tomarlo en serio. Tal para cual, hasta que se enamoran y Graham espera más de ella.
O qué tal el clásico miedo al compromiso en Cuatro Bodas y un Funeral (1994) donde Charles (Huhg Grant) es incapaz de pronunciar el amor que siente por Carrie (Andie MacDowell) para establecer una relación formal. Aún en su declaración final, aunque tiernísima, no puede confesar abiertamente que la ama, se vale de la metáfora para pedirle que considere “no ser su esposa por el resto de su vida”. Una romántica forma de decir “no quiero casarme”.
El mismo actor, pero ahora encarnando a Daniel Cleaver en el Diario de Bridget Jones (2001), confiesa que espera ese “gran evento”, esa persona, que lo obligue a dar el salto por fin. Pero aunque apareciera, no es capaz de hacerlo.
También está el autosabotaje de Sarah (Laura Linney) para establecer una relación amorosa en Realmente Amor (2003), quien a pesar de estar perdidamente enamorada de Carl (Rodrigo Santoro) y por fin tener su gran oportunidad con él, usa como pretexto a su hermano discapacitado para no consumar y procurar el amor que siente por él, como si no pudiera haber una alternativa.
En La boda de Mi Mejor Amigo (1997), Julianne (Julia Roberts) siente urticaria y pánico para admitir que siente la necesidad de pertenecer a alguien y sólo hasta que ve a Michael (Dermot Mulroney) comprometerse, se da cuenta de que lo quiere, justo cuando ya no puede tenerlo.
O qué hay con Anna (Scarlett Johansson) en A Él no le Gustas Tanto (2009), la chica que se involucra con Ben (Bradley Cooper), un hombre comprometido para evitar así el compromiso en su vida. A pesar de tener el afecto de un hombre sincero y que está dispuesto a ofrecerle todo.
Y ni hablar de Sebastián (Ryan Phillippe) en Cruel Intentions (1999) al que sólo le interesan las relaciones en el aspecto sexual en tanto impliquen un reto, hasta que conoce a Annette (Reese Witherspoon) y se resiste a creer que sí le importa el amor y todo el cuidado y ternura que viene con él.
Por citar algunos ejemplos, pero no parece suficiente este paseo melodramático para entender ese miedo al amor. Así que continuemos el viaje cinéfilo.
Hagamos una parada.
Hay una película que oscila con belleza en esta herida y aunque no es el argumento central, sí lo expone: Grandes Esperanzas (1998).
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De la película
Grandes Esperanzas es una novela de Charles Dickens ambientada en la época victoriana de Inglaterra. Se han hecho hasta el momento 3 adaptaciones para la gran pantalla; la primera en 1948 de David Lean, luego en 1998 con Alfonso Cuarón y finalmente en 2012 por Mike Newell.
Me enfoco en la versión de 1998 de Cuarón por ofrecer una mirada creativa de la novela: su adaptación a un ambiente moderno, el uso de la luz y el color, la música en las escenas y la inclusión de las acuarelas del artista Francesco Clemente como conector sensible entre los sentimientos de Finn y su devoción por Estella. Pero, sobre todo, por ser la versión que más me toca, con la que conocí el miedo al amor.
En este punto, vale la pena recordar que el enfoque con el que se mira esta película no apunta al argumento principal sino al interés propio de rescatar el matiz entre el miedo y el amor. O, como dijo Finn: No voy a contar la historia como sucedió. La voy a contar, tal y como la recuerdo.

Grandes Esperanzas (1998)
Director Alfonso Cuarón.
Reparto
- Ethan Hawke - Finnegan Bell
- Gwyneth Paltrow - Estella
- Chris Cooper - Tío Joe
- Anne Bancroft - Nora Dinsmoor
- Robert De Niro - Arthur Lustig
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Del nacimiento del amor
Antes del miedo está el amor, antes del amor, el juego.
Finn llega a la casona empolvada de hierro oxidado, de flores muertas y orín de gato. Del jardín descuidado como el alma de su dueña; la vieja señora Nora Dinsmoor. La que enloqueció de amor.
En medio del polvo, aparece Estella; la única, la bella.
La fuente al centro; el agua, la sed, el beso. Brota el amor.
Una cita para jugar, para dos niños que aprenden a bailar.
“Bésame mucho” una y otra vez, en cientos de versiones siempre de fondo, como recordatorio de todos los matices que pueda tener el mismo dolor, la obsesión de la Sra Dinsmoor.
Como advertencia para Finn.
Sra. Dinsmoor: Solo te romperá el corazón, es un hecho. Y aunque te lo advierta, aunque te garantice que esa chica solo te hará mucho daño, seguirás persiguiéndola. ¿No es maravilloso el amor?
Finn dibuja a Estella. Le mira el cuello, la lengua sobre su labio, la piel de terciopelo, cada detalle de su rostro.
Bailan y juegan. Finn pinta y se enamora, espera su turno con los años.

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Del origen del miedo. Corazón Coraza
Esta cosa oscura que reconozco mía.
W. Shakespeare
Estella, alimentada desde niña con ideas sobre el amor como conquista de su propio ego, está incapacitada para abrir su pecho y entregar el corazón.
Educada por el deseo de vengar el despecho de la loca Sra Dinsmoor, para ser “chica boom” se convierte en depredadora inocente, inconciente. Es la sombra femenina, una tóxica en lenguaje moderno.
Distorsión de lo precioso en llaga.
Aquí el miedo al amor se disfraza de crueldad. Clava una daga al centro del objeto de su propio deseo para alejarlo, para no soltarlo, para mantenerlo en vilo pero muriendo… no sabe entregarse.
Calcula el crimen, no le interesa amar, no sabe cómo. Ella sólo busca conquistar sin ser tocada porque amar significa arriesgarse a ser herida, a romper la fría armadura que ha engrosado con los años y no le ha permitido tender el puente que la lleve al otro. Ese Corazón Coraza diría Benedetti, que tanto adolece Finn.
Ha escarbado en la distancia un abismo alrededor de su alma: impenetrable, “segura”. Pero esa seguridad es apariencia, también es frágil. Stella siente terror a la vulnerabilidad, la piensa un punto débil.
En sus secretos, en el centro de su sentir, sabe de su amor por ese otro al que anhela tocar, con el que desea compartir su fragilidad.
Por eso Estella huye, por eso no se despide de Finn antes de emprender un viaje al otro lado del mundo. Lo hace sufrir y él deja de pintar por siete años.
Pero viene el reencuentro. Vuelve a dibujar. Otra vez la fuente, el agua, el beso, el deseo. Regresa la luz, los colores: verde, rosa, rojo, amarillo. Ella de nuevo. La provocación.

De la sombra
De acuerdo a C. Jung, la sombra es inherente a nuestra naturaleza humana y representa aquellos aspectos inconcientes de nuestra personalidad (tanto positivos como negativos) que forman una barrera que frustran nuestras buenas intensiones.
La sombra es ese Mr. Hyde, de Louis Stevenson, que habita en cada uno, al que tememos tome posesión de nuestra voz y conteste por nosotros. O peor aún, que no haga nada cuando se muere por dar el paso.
El miedo está en esa oscuridad.
En Estella, la sombra le cubre de frío el corazón hasta congelarlo. Ella lo sabe pero cree que es irremediable.
Hay un diálogo que ilustra sobre el origen de su sombra:
Finn: ¿Cómo es no sentir nada?
Estella: Digamos que había una niña pequeña y, desde que tuvo uso de razón, le enseñaron a temer... le enseñaron a temer la luz del día. Le enseñaron que era su enemiga, que le haría daño. Y entonces, un día soleado, le pides que salga a jugar y ella no quiere. No puedes enfadarte con ella, ¿verdad?
Finn: Yo conocí a esa niña y vi la luz en sus ojos, y no importa lo que digas o hagas, eso es lo que sigo viendo.
Estella: Somos quienes somos. Las personas no cambian.
Estela derrama una lágrima.
Da cuenta de su sombra, del origen de esa actitud evitativa.
Es la educación en la infancia lo que determina el manejo de nuestras palabras con el otro, el cuidado del sentimiento en las acciones, la enseñanza de cómo enfrentar las emociones de la vida en uno mismo: el enojo, la alegría, el odio, la tristeza, el amor. Es cuando uno aprende a modular cada una, a abrazarla como un amigo o evitarla como un demonio. De cualquier forma, ahí estará, se dé cuenta uno o no.
En la película, Cuarón se vale de la música como hilo conductor del daño en el amor, de la barrera para amar, del miedo a pertenecer, a entregarlo todo para insistir en la dolencia, en la traba.
Finn vuelve a escuchar Bésame mucho cuando admite con la sra Dinsmoor que tiene roto el corazón ante el matrimonio de Estella. Esa canción que suplica al amante quedarse un poco más antes de la ausencia.
Bésame, bésame mucho
Como si fuera esta noche la última vez
Bésame, bésame mucho
Que tengo miedo a perderte y perderme después
La Sra Dinsmoor no sólo dañó el desarrollo emocional de Estella sino que trató a Finn como un cerdo alimentado para el matadero. Capturado para enamorarse de la chica, para servir de ensayo para el rechazo, la crueldad y el juego perverso de la conquista sin propósito.

Pero no hicimos esta revisión para quedar rotos sino para comprender de esa sombra en uno. Para no huir del amor, no por miedo.
De la luz
En la corriente junguiana, es posible aprovechar nuestra sombra. Si bien no desaparece, se puede explorar, conocer, saber de dónde viene, cómo actúa y por ende, se pueden transformar patrones de conducta inconcientes en actos de voluntad donde el amor pueda respirar y vivir sin temor.
Uno no se ilumina imaginando figuras de luz sino haciendo consciente la oscuridad, un procedimiento, no obstante, trabajoso y, por tanto, impopular.
Jung (1945)
Al respecto, desde una perspectiva filosófica, ya Nietzsche había planteado en Más allá del Bien y del Mal (1886) la superación del hombre que supone actúa bajo el régimen moral cristiano. Esa dualidad en el individuo que lo conflictúa para tomar una decisión, para vivir auténticamente. El problema ahí es ético a diferencia de la sombra junguiana donde el conflicto es psicológico. Sin embargo, en ambos se debe dar cuenta en uno de todo aquello, bueno y malo, que nos constituye para poder ser verdaderamente uno, uno conciente, un super hombre según se vea. De cualquier forma, se requiere de voluntad, valentía, objetividad, perseverancia y paciencia para lograr ver a ese otro de nosotros mismos y la verdad que lo circunda.
Sólo dando cuenta puede uno transformar.
Estella sabe bien del origen de sus dolencias, de su deuda en todo ello. Se siente responsable porque da cuenta de sus actos, porque supo qué provocaban en todo momento. Pero lo más importante, entendió por qué actuaba así, no en tanto el propósito superficial que perseguía en ese momento sino de dónde venía la motivación original de aquellas actitudes dentro de si. Sabía de su sombra.
Sólo fue posible un desarrollo, una maduración de la personalidad, a través de los años y la distancia. Estella y Finn pueden conciliar al fin, perdonar hasta entonces.

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Conclusión
Cuando se mezcla el amor con el miedo, brotan palabras que hieren, canciones de desconcierto, sentimientos de ausencia y duda, preguntas sin respuesta, confusión, corazones rotos y películas exquisitas.
La sombra acecha a los protagonistas que quieren creer, engañarse que “se sabe cierto el sentimiento” entre ellos y que eso basta para existir, hasta que la realidad los despierta, los empuja a dar el salto o darse la vuelta. El pánico se hace presente.
¿La razón del miedo? orgullo, incertidumbre, resignación, comodidad, masoquismo, problemas no resueltos, cada historia en el cine es distinta. Pero siempre es más complejo que la sola cobardía.
Lo que encontramos en Grandes Esperanzas es que existe un origen oscuro en la infancia que ve nacer una sombra. Y, aunque la sombra forma parte natural de uno, depende de la conciencia, la valentía y el coraje que se tenga para verla de frente y reconocerla. Tal vez así, el miedo resulte no ser un monstruo vacío sino sólo un desconocido que, aunque duele, puede sanar para poder amar.
A Estella (si fuera Finn)
Corazón Coraza
Mario Benedetti
Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza
porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro
porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.
Si llegaste acá, gracias.
Si quieres leer más de otros miedos, acá te dejo:
Terror Institucional | Miedo y Locura, dos filmes para recordar
Los rostros del horror
Ciencia de Miedo: Experimento de Terror | Das Experiment (2001)














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