Ciencia de Miedo: Experimento de Terror | Das Experiment (2001)
Aspectos socioculturales
4, 000 marcos, ¿por qué no?, 2 semanas nada más.
Se busca gente para experimento en una cárcel simulada
No suena mal, ¿qué puede pasar?
Todos hombres, pruebas físicas, 12 prisioneros, 8 guardias, una regla: No se puede hacer uso de la violencia.
El ambiente es controlado, monitoreado a toda hora. Cada quien debe asumir su papel: guardia o prisionero… 15 días nada más.
Sólo han pasado 36 horas y nos han quitado la ropa a los prisioneros: método de humillación como sometimiento ante la falta de golpes.
Los guardias han bebido, ponen cinta en boca y manos. Me rapan, me orinan.
Día 4. Un prisionero quiere desertar, no lo dejan, está a punto de estallar. Golpea a un guardia, recibe paliza ¿dónde está el doctor? El #69 está sentado desnudo frente a todos, golpeado, atado.
Día 5. Pusieron una caja negra frente a las celdas, intimidación. Dos en el hospital, otro en depresión, quedan 9 días ¿los doctores observan?
Se nos une un guardia, está golpeado, traen a uno de los observadores con bata de prisionero ¿qué está pasando?
Paliza, mi compañero denuncia ante la cámara y exige el alto al experimento ¿dónde está el doctor responsable? Me arrojan a la caja.
Destornillador, abro. Todo es caos. La doctora sin ropa a punto de ser violada.
Todo se salió de control ¿qué pasó?

Das Experiment (2001), es una película alemana basada en el libro Black Box (1999) de Mario Giordano. Pero lo escalofriante es, que a su vez, esta historia está basada en “el experimento de la prisión” de la Universidad de Stanford de 1971 donde todo se salió de control.
Tal fue el impacto de este hecho que, hasta ahora, se han hecho 3 adaptaciones para la gran pantalla: Das Experiment (2001) de Oliver Hirschbiegel, El Experimento (2010) de Paul Sheuring y Experimento en la prisión de Stanford (2015) de Kyle Patrick Alvarez.
En este punto, se encuentran el horror de la ciencia en tiempos modernos y la mirada crítica del cine donde no sólo denuncia sino que hace justicia, por lo menos en la ficción, lo que ofrece un poco de alivio ante la inmoralidad cínica y aplaudida.
Desmenucemos entonces lo que el séptimo arte enfoca con insistencia, hagamos caso a su llamado.
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¿Qué pasó?
En 1971 el psicólogo Philip Zimbardo con la inquietud de saber cómo cambiaría el comportamiento de personas bajo un rol específico en situaciones de autoridad y poder, diseñó un experimento donde sus estudiantes tomarían el papel de guardia o prisionero simulando estar en una prisión. Todo a cambio de dinero.
El experimento se llevó a cabo en el sótano de la Universidad de Stanford y se ambientó de tal forma que los participantes sintieran el encierro de una cárcel.
A los presos, como en la película, se les asignó un uniforme con un número bordado. Dejaron de tener nombre.
Los guardias por su parte, llevaban gafas oscuras. Tenían como regla no hacer daño y debían controlar el comportamiento de los reclusos.
Un sólo día bastó para que los participantes asumieran su papel. Al final de la jornada ya había ocurrido el primer signo de alarma: “los presos” taparon la entrada con sus camas para evitar que se les quitaran los colchones como medida de control y los “guardias” respondieron con el gas de extintores para repeler.

Los abusos psicológicos llegaron a tal grado, que el psicólogo Zimbardo instaló su oficina cerca del experimento para monitorear y “controlar” las situaciones que se presentaban. Figuró como un director de “cárcel” sin haberlo planeado así.
Poco a poco, el experimento se convirtió en una experiencia carcelaria y dejó de ser un estudio ficticio.
Al sexto día, un grupo de investigadores tuvo que intervenir para interrumpir de inmediato el experimento.

Paralelismo con la película
La semejanza entre los hechos y la película es bastante. Aunque el largometraje incluyó justicia moral y judicial.
En el filme, el doctor sale de viaje y es ahí donde todo control se pierde.
Durante el experimento en Stanford, el doctor nunca se fue… La realidad fue aún más alarmante, el consentimiento de las violaciones a la dignidad de los participantes fue consciente.
A diferencia de la película en donde se juzgó a los responsables del experimento social, lo más lógico, el experimento de Stanford sólo se etiquetó de “controvertido”.
El psicólogo Zimbardo reconoció que al estar involucrado, no alcanzó a distinguir el límite de la ficción y la violencia real, permitiendo daño psicológico entre los estudiantes. Sin embargo, no hubo cargos en su contra y eso sí que es controvertido.

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Ciencia, Cine y Experimento de terror
La ciencia médica occidental se ha distinguido por hacer uso de métodos invasivos y agresivos en el cuerpo. Basta echar un vistazo a la Historia de la Medicina para comprobar que “el fin justifica los medios”, donde se hace cuestionable si formas tan salvajes para “curar” realmente sanaban (algo tan sencillo como un dolor de cabeza, por ejemplo, donde se perforaba el cráneo). Lo que hace dudoso el aspecto humano, la ética en la cura.
El juramento Hipocrático parece un mero requisito y no una promesa.
Puede pensarse que esos procedimientos han sido necesarios para llegar al avance que hoy se tiene. Sin embargo, ya la sabiduría milenaria de nuestros pueblos originarios en América curaban varias de las afecciones actuales y es de donde se han retomado las referencias para las fórmulas químicas de medicamentos. El conocimiento de la herbolaria y medicina tradicional se ha explotado sin el reconocimiento debido.
Pero, se menciona porque esta medicina no es invasiva. Existe evidencia del encapsulamiento de tumores dentro del cuerpo a diferencia de cortar al paciente para extraerlo, mostrando que sí existe otra forma de cura.
Y lo mismo para el tratamiento de dolencias emocionales y mentales. Entonces, ¿por qué tanta locura o es sólo ignorancia?
Regresando al experimento, según las conclusiones de Zimbardo, las mismas condiciones forman un torturador o un héroe, dependiendo de los rasgos de cada uno.
Mientras duró, la cárcel de Stanford fue un lugar en el que cualquier representante de la clase media occidental podía entrar y corromperse. Unos cambios superficiales en el marco de relaciones y ciertas dosis de despersonalización y anonimato fueron capaces de derribar el modelo de convivencia que impregna todos los ámbitos de nuestra vida como seres civilizados.
De entre los escombros de lo que antes había sido la etiqueta y la costumbre no surgieron seres humanos capaces de generar por ellos mismos un marco de relaciones igualmente válido y sano, sino personas que interpretaban normas extrañas y ambiguas de manera sádica.
Triglia, A. (2015) en El Experimento de la Prisión de Stanford de Philip Zimbardo.
¿No bastaba con la observación y el estudio directo dentro de centros penitenciarios para llegar a esas conclusiones?
A pesar de que la Declaración de Helsinki de 1964 en la que se establecen los principios éticos para la investigación médica con participantes humanos era reconocida, no se suspendió el experimento ante los primeros signos de violencia psicológica.
Dicha Declaración resalta que “La preocupación por el interés del individuo debe siempre prevalecer sobre los intereses de la ciencia y de la sociedad”.
Por el contrario el mismo psicólogo Zimbardo asumió el papel de “director carcelario” y fue cómplice del daño psicológico causado en varios de los “prisioneros”.
En manos de tales expertos están los estudios que pretenden orientar el comportamiento social y establecer curas. Y, lo más sorprendente es que incluso fue presidente de la Asociación Norteamericana de Psicología en 2002.
Eso me lleva a preguntar ¿conoces lo suficiente de tu psicoanalista, de tu terapeuta, de tu psicólogo?
Das Experiment cuestiona la sensibilidad humana de quienes están a cargo de instituciones de salud psicológica y mental.
Ahora, ese papel de observador pasivo y cómplice también es un símil con el del espectador que se conforma con sólo ver un filme y hablar de él. Porque ¿qué hacemos como sociedad? ¿qué estamos haciendo para desactivar esos dispositivos de control sobre nuestra gente que se asume como débil y esclava?
Ahí reside una de las funciones más útiles e importantes del cine y el arte en general, el poder transformador de nuestra sociedad a partir de la denuncia.
No vaya a ser que lo descrito en Das Experiment, lo sucedido en Stanford, sea sólo un episodio más en la Horrorosa Historia de la Medicina. Un capítulo más de la Historia de la Locura. ¿O acaso se nos ha acercado a nuestra humanidad con tal experimento? ¿Hay algún fenómeno social que demuestre que hemos progresado gracias a estos estudios más allá de encontrar fórmulas para mejorar el control de masas y lograr fines particulares, en este caso, dentro de prisiones?
Porque este experimento es sólo uno de varios en la Historia de la Psicología Moderna, donde incluso niños y bebés han sido dañados.
En el siglo XXI esta es nuestra ciencia sobre la naturaleza humana… de miedo.
Aprovechando este mes del terror,
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Los rostros del horror
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