"Hay un contexto que necesita estos relatos": La noche sin mí, en boca de sus directoras

Reseñas generales

La noche cae sobre Eva. Una que no solo es la ausencia de luz en el exterior, sino su propia vivencia. Porque en lugar de dormir y soñar, recae sobre ella una enorme carga de exigencias y demandas como hija, madre, esposa y madrina: sin ayuda, debe volver a su casa con su hija, preparar la cena para su familia, una torta para su ahijado y estar atenta al cuidado de sus padres, mientras otras circunstancias incisivas merodean a su alrededor. Sobre ese dentro y fuera de campo de la protagonista encarnada visceralmente por Natalia Oreiro, se tiende una íntima y potente ópera prima de María Laura Berch y Laura Chiabrando.

En los primeros minutos, el silencio y la pesadez invaden a Eva. Está en un auto que no arranca: lo frena una carga que, a primera vista, es invisible para el espectador, pero cuyo volumen se percibe en la atmósfera densa, en las palabras articulados y los silencios de lo que no se dice, en las cuidadas interpretaciones del elenco, en la música asfixiante de Diego Vainer (Los guantes mágicos, La audiencia) y, sobre todo, en la fotografía expresiva del ya veterano Diego Poleri (Después de Un buen día, El sistema K.E.O.P./S).

El encuadre de los primeros planos y de los planos medios recortan, fragmentan, el cuerpo de Eva mientras busca a la gata que creyó atropellar cuando llegó a la casa con su hija y que no apareció durante toda la noche, mientras debe preparar la cena para su familia (sin la ayuda de su marido, interpretado por Pablo Cura), mientras se comunica con su hermana por su poca participación en la ayuda a sus padres, mientras es acosada por su propia pareja. Aquellos cortes en el plano implican por un lado un escape: “Ella podría irse en cualquier momento”, dijeron las directores en la conferencia de prensa. “Pero todavía no está preparada”.

Como Alemania de María Zanetti, como Blondi de Dolores Fonzi, o como Los tonos mayores de Ingrid Pokropek, La noche sin mí se suma a una ola de óperas primeras dirigidas y protagonizadas por mujeres y con temáticas que lindan, cada una a su manera, con cierto universo femenino. María Laura Berch, directora de casting con amplia trayectoria (La sociedad de la nieve, El aroma a pasto recién cortado, El Eternauta) y Laura Chiabrando, realizadora, fotógrafa, guionista y profesora, aportan cada una su propia experiencia y visión en la sinergia de la dirección conjunta. Y el universo que ellas crean, en Eva, es uno contenido, como atrincherado, en donde busca sostener el afuera desde un interior que amenaza con resquebrajarse. Las fisuras asoman, y en ese sentido, la potencia actoral de Oreiro canaliza un guion en donde los mandatos, las exigencias y el no decir —el plano que recorta la boca es, cuanto menos, poderoso—, se hace carne en una obra necesaria.


En diálogo con las directoras, la charla recorrió las motivaciones iniciales detrás del proyecto, los simbolismos que atraviesan la obra, el rol de la editora y del director de fotografía en la película, el proceso creativo y de realización, el trabajo con el elenco, el contexto actual de la película y los proyectos inminentes.

—Me interesaba saber, primero que nada, si hubo algún puntapié inicial en el guion o qué influencias rondaron por ahí.

 

Laura Chiabrando: A mí me conmueve un poco pensar en nuestra generación, que está aprendiendo como a ver nuevas miradas sobre lo femenino. Venimos educadas por una generación anterior. El patriarcado nos enseñó que hay que seguir las normas, hay que sostener, hay que hacer todos los mandatos habidos y por haber. En esa diferencia tan grande que se puede dar en el afuera y en lo colectivo (y podemos manifestarnos y avanzar, pertenecer casi a un movimiento), ¿qué pasa con el adentro, con la acción individual, con el poder pensar en que eso que pasa afuera también pasa adentro? Y esa distancia de la acción entre lo íntimo y lo de afuera era un poco lo que me perturbaba.

 

—Todos los recursos están muy orientados a ese fin de generar esta asfixia, esta opresión. Lo mismo, la fotografía de Poleri: el cómo lo fragmenta. Me encantó la escena en la que se le corta la cara a Eva y no se ve la boca, como esto de no poder por ahí expresarlo.

 

María Laura Berch y Laura Chiabrando: Sí.

 

—Y puede ser que haya un paralelismo entre el mundo felino y la mujer, ¿no? “La noche sin mí” lo interpreté como esto de que la gata no estaba ahí.

 

L.C: Está buenísimo que lo traigas así, que lo puedas sonorizar vos. Nos pasa algo con la película en general, que es una película que intentamos nosotras, desde nuestro lugar, ir con menos… Casi que nos pusimos, a nivel creativo, en el mismo lugar de Eva: lo sentíamos en el cuerpo, lo teníamos menos organizado como discurso. Esa gata tenía que vibrar, esa gata no tenía que estar esa noche, esa noche transcurría sin esa gata, como una desesperación más. Pero no es que lo articulamos de antemano.

—Sí, como algo más sensorial.

 

L.C: Y hubo algo de eso que me parece que nos hizo encontrar nuestro propio lenguaje. Entre las dos nos unificamos en un único lenguaje expresivo. Porque creo que lo que llevamos como algo menos articulado, hoy sí lo podemos decir con la película terminada.

 

M.L.B: Sí, y también la presencia de las máscaras, los gatos, el sueño.

 

—Los animales, sí.

 

L.C: Y esto de poder pensar que nos llevamos un montón de material, y esa organización de material también va generando reflexiones.

 

M.L.B: Sí, dándole sentido. Tal vez en el fragor de batallar un set se nos pasa… Nosotras estuvimos 17 jornadas para hacer la película, un rodaje intenso emocionalmente.

 

L.C: Y muy nocturno.

 

M.L.B: No es que los actores venían a divertirse en las escenas; se iban con una carga, había que acompañarlos, hacerlos entrar y salir emocionalmente de lugares complejos. A veces estás en un lugar de contención en el set y hay significados que no les podés dar a ciertos materiales. Después te retirás y cuando lo ves en soledad en la edición junto con nuestra gran editora, decís: "Mira cómo llegó". Por eso tomo este lugar de Eva de “el cuerpo lo sabía, pero la cabeza no lo llegó a organizar”.

 

L.C: O sea, lo intuíamos. Sin dudas lo intuíamos.

 

M.L.B.: Sí, claro. La intuición es cuerpo puro y duro. Entonces, hay algo de eso que es fascinante como proceso creativo.

 

“Natalia Oreiro vehiculiza los personajes. Los encarna de una manera tan real y sincera, con sus fortalezas y con sus debilidades” 

 

María Laura Berch. Directora de La noche sin mí.

 

—Se ve mucho esa autenticidad, como que tranquilamente podría ser algo más intelectualizado. Pero hay algo orgánico en la película.

 

L.C: Sí, un poco también como la inocencia de poder decir: "Cómo lo contamos”. Y el ojo de Poleri poniéndole algo más conceptual. Ahí me parece que hubo una conjunción interesante para pensar.

 

M.L.B: Y delante de cámara los cuatro tienen un grado de generosidad absoluta, a nivel actoral. Sobre todo Nati, encabezando la narración. Porque este era el otro gran desafío para nosotras como película, y por eso ella fue la aliada fundacional de todo esto. Necesitábamos una actriz que se dejase ver.

 

—Sí, vulnerable.

 

M.L.B: Sí, y despojada de todo artilugio que la pueda sostener. Hasta en lo visual, hasta en ella, en su forma, con su belleza.

 

L. C: Y que no era la acción lo que llevaba, sino lo interior. Ahí también había como un desafío actoral.

—Justo vi como muchas similitudes en algunas cosas con La mujer de la fila también. Esta cosa de lo maternal y de la lucha.

 

M.L.B: Yo creo que hay algo que hace Natalia con los personajes, y es que ella los vehiculiza. Los encarna de una manera tan real y sincera, con sus fortalezas y con sus debilidades. Nosotras nos conocimos en Infancia clandestina, con Benjamín Ávila. Ahora volvimos a repetir el esquema de equipo. Por eso digo que es fundacional, porque sabíamos que esta película se iba a poder reflexionar mucho más con Natalia. Pero porque ella, como actriz, puede ver al personaje con mucha madurez, y sabíamos que lo iba a hacer crecer muchísimo. Por eso digo, volviendo como a la pregunta, creo que hay algo en la manera en la que Poleri nos invitaba a mirarla y la intuición que teníamos nosotras de hacia dónde queríamos ir; ese fue el encuentro que nos dio también tanto placer.

 

—¿Ya desde el guion pensaban en ella o eso fue más posterior?

 

L.C: Una vez que hicimos equipo.

 

—Claro. Ahí, con esa sinergia. Y hablando de eso, ¿cómo es esto de dos directoras? ¿Cómo es el proceso de dirigir en conjunto?

 

M.L.B: Sí. Nosotros nos queremos mucho, pero es complejo. Y es más, alentamos a la gente que haga las cosas de a dos. Tiene un lugar súper interesante que, primero, requiere mucho autoconocimiento, porque tenés que entender dónde vas a estar aportando en este lenguaje de dos, que es interesante. Y también hay algo que fuimos encontrando y que lo pudimos reflexionar después, que es que Lau, viniendo del guion y de la foto, tenía una capacidad de mirar por el monitor, de ver en la pantalla aquello que nosotros teníamos posibilidad de explorar con mucha libertad en el set, específicamente con los actores y con las actrices. Ese trabajo de dirección de actores. Pero era siempre interesante este diálogo que se daba. A nosotras tal vez nos pasa en la actuación, que uno entra a naufragar en una emoción y cree que eso trasciende. Tener ese ojo de afuera, como diciendo: “Esto está, pero no está llegando todo lo que debiera o podría llegar. Se podría expandir”. En esa comunicación lo teníamos mucho de eje también a Poleri. Yo estaba sentada al lado de Diego o con los actores: con Matilde [Creimer Chiabrando], Teo [Inama Chiabrando], Pablo [Cura] y Nati [Oreiro], y en el monitor era interesante tener las dos miradas. No necesariamente estábamos las dos juntas en el monitor. En casos específicos estábamos juntas, pero si no estábamos cada una en su lugar.

 

“Hay varias películas estrenadas ahora que de alguna manera están emparentadas. Eso no es casual: habla de un contexto, sin dudas, que necesita estos relatos”.

 

Laura Chiabrando. Directora de La noche sin mí.

 

—Se iban complementando. Y cada uno seguramente aportando de su lugar, desde sus backgrounds respectivos de casting y de guion.

 

M.L.B: Sí, ahí fuimos haciendo equipo también. Hay algo muy fuerte que pasa en una ópera prima —más en esta ópera prima— cuando dirigimos dos. Que a las dos, lo que más nos enseñó la práctica (porque Lau ya dirigió una segunda película sola), es entender qué es el hecho colectivo. Nosotros tenemos ciertas banderas en el cine, como que es un hecho colectivo. Pero, pará: ¿qué quiere decir ser un hecho colectivo? Cuando en realidad después siempre tendemos a un lugar un poco más piramidal a la hora de tomar las decisiones, porque obviamente pasa por la cabeza de ese director, directora, la decisión definitiva. Pero acá, el hecho de que ya éramos dos, el hecho de que Nati estaba con nosotras en el trabajo mancomunado, fue muy potente. Hay mucha decisión de Natalia en esta película, como poniéndose en el lugar de lo mejor para la obra, incluso ella corriendo aún más riesgos, como todo lo que tiene que ver con una escena que no vamos a develar y el final de la película, que fue muy dialogado entre las tres. Pero el hecho colectivo es eso también. Y creo que al empezar una ópera prima, cuando tuvimos esta oportunidad, se hizo carne esa idea.

 

—¿Ella influyó también en su personaje, en su construcción, en lo corporal…?

 

L.C: Se entrega.

 

M.L.B: Sí, Nati se entrega. Y es una inmensa trabajadora. Creo que hay algo de esa combinación entre entrega y trabajo que es alucinante. En los años que la acompaño, sabés que del otro lado tenés que estar preparada porque Nati viene y trabaja. Le gusta la preparación del personaje. En este caso, con nosotras, de hecho, fue tal entrega que ella no quería hacer un ensayo tradicional. O sea, hicimos otro tipo de trabajo de abordaje de personaje que fue alucinante para llegar a un resultado sensorial como el que está acá en pantalla.

 

—Sí, se nota totalmente la pantalla eso. En el proceso de edición, por ejemplo, ¿la duración de la película estaba pensada así o hubo como también todo un proceso?

 

L.C.: Ya en el guion sabíamos que iba a hacer una película que no iba a ser larga porque estaba estaba concentrado. En el montaje sacamos algunas cosas pero justamente para potenciarla.

 

M.L.B: Sí, es casi esto que te decía recién. En el corpus sabíamos que no podía ser una película larga porque en la duración también le pedís. Pedís que responda, pedís que resuelva. En una película que es breve y de impacto sensorial necesitás la brevedad de la mano porque lo que requerís es lo que viene después, que es privado. Y sin embargo, el hecho cinematográfico, el lenguaje audiovisual, tiene la capacidad de generarlo igual. Para nosotras, la duración de la película se volvió narrativa.

 

—Está íntimamente vinculada con que le pide.

 

L.C: Claro.

 

M.L.B: Si no, es un personaje que le decís: "Bueno, ¿y cómo resolvés esto? Hacé algo".

 

L.C: Para que no haya posibilidad de otras preguntas que no sean las que queríamos.

—¿Y qué sienten estrenando también esta película en este contexto hostil y a la vez un contexto en el que surgen muchas películas dirigidas/protagonizadas por mujeres, como Belén o La mujer de la fila.

 

L.C. y M.L.B: O La llegada del hijo.

 

L.C: Hay varias películas que de alguna manera están emparentadas. Eso no es casual: habla de un contexto, sin dudas, que necesita estos relatos.

 

M.L.B: La fecha de estreno es algo que nosotros no manejábamos. Y creo que eso también le da fortaleza a cada uno de esos relatos en particular. El hecho de que hayamos estrenado todas estas películas protagonizadas por mujeres con temáticas femeninas, creo que abre la reflexión de la unidad y de la multiplicidad de aristas que tenemos en donde nos estamos buscando y en donde hay que pararse a reflexionar.

 

—La última. ¿Próximos proyectos?

 

L.C.: Yo terminé una peli hace muy poquito. Una peli muy independiente, que ahora buscará espacios en festivales.


La noche sin mí se estrena este jueves 9 de octubre en salas comerciales. Gracias a Peliplat y a Tommy Pashkus Agencia por la invitación a la función de prensa.


Nota por Alex Dan Leibovich | Periodista | Redactor en Peliplat y Erramundos.


Publicado el 8 de octubre del 2025, 11.25 PM | UTC-GMT -3.


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Comentarios 1

J
Jeroo Casco10 de octubre de 2025
Excelente entrevista Alex! No entendí lo del contexto hostil, ¿cuál sería? Por lo contrario, creo que estamos en un momento en el que la figura de la mujer está siendo mucho más respetada que hace varias o algunas décadas. Y en donde también hay mucho más espacio para que puedan expresar sus voces en el cine. No entendí esa parte

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