La mujer de la fila y Senda india: dos estrenos nacionales
Reseñas generalesEsta semana se estrenan dos obras audiovisuales argentinas: la película La mujer de la fila de Benjamin Ávila, ficción basada en hechos reales, y Senda india de Daniela Seggiario, documental que podría encuadrarse dentro del cine de archivo, el cual relata la lucha de una comunidad wichí por la pertenencia sus tierras. Muy distintas entre sí, ambas están atravesadas por cuestiones sociopolíticas.
La mujer de la fila: la lucha frente a las rejas

Largas filas de mujeres. Una detrás de la otra, todo lo que esperan es poder entrar en la cárcel para visitar a sus familiares. El drama sociopolítico parecería ser el canal que mejor identifica a Benjamín Ávila. Ya destacó en Infancia clandestina, luego en la miniserie Diciembre 2001 y ahora en un nuevo largometraje de ficción, La mujer de la fila. Basada en los hechos reales que les sucedieron a Andrea Casamento y a su familia, la película brilla con el protagónico de Natalia Oreiro y con decisiones inteligentes de cámara.
Andrea despierta a sus hijos y se prepara para un nuevo día. Prende una vela por su marido fallecido, cuando escucha ruidos extraños, derriban la puerta de su hogar y una turba de policías arremete en la casa. La contundencia del inicio es equivalente al punto de quiebre en el desarrollo del personaje de Andrea, que comienza exclamando aquella frase de un sector social determinado, “soy gente de bien”, para abrirse poco a poco a otras experiencias.
Es en la antesala no tan expuesta y del lado del visitante del drama carcelario que la película echa una luz distinta. A diferencia de otras producciones similares, la cámara se posa en los hombros de quien debe visitar a un ser querido y quien se entera de las acciones que este llevó a cabo a sus espaldas. En ese sentido, hay un movimiento de cámara atento a los primeros planos, que retrata y extrae hasta la más milimétrica expresión de una Natalia Oreiro dolorida (no sufriente, porque como dijo el personaje de Amparo Noguera el sufrir no es lo mismo que dolor).

Aquella cárcel no solo se manifiesta cuando Andrea está físicamente allí, sino que el guion, la puesta en escena y la cámara realizan un esfuerzo conjunto para que la sensación de encierro se dé también fuera del edificio carcelario: en las rejas de las ventanas y las puertas de las casas, que encuadran el fotograma delante de los personajes, en las llamadas telefónicas que son el puente hacia el recinto, en la larga y lenta espera de las filas hacia su interior y en los abusos de los guardias para con los visitantes. Por contraste, a la omnipresencia de las rejas se le opone la lucha y la sororidad de las mujeres. A esto se le añade un cuidado al detalle fidedigno, al ser la primera película en haber filmado el penal de Ezeiza.
Como en la aclamada serie de este año, Adolescense, se repite el tropo de aquel hijo que delinque y cuyos padres no pueden asimilarlo. En ese sentido, todo el arco respecto al vínculo con su madre es uno que se encuentra construido de forma verosímil y dolorosa. A este arco se le suma el interés romántico de Andrea, Alejo, interpretado por Alberto Ammann. La intención en conmover es bastante enfática, pero está justificada.
El título es La mujer de la fila, pero como en el cuento de Cortázar, podría ser tranquilamente “Todas las mujeres de la fila, la mujer de la fila”. Un relato con una protagonista clara y visible, pero que representa a su vez toda una multitud de mujeres. Es justamente en las secuencias de tono más documental, cuando la cámara enfoca a verdaderas mujeres de la fila, no actrices, y hace un travelling por sus intercambios y conversaciones, que la película expone abiertamente todo su corazón.
La mujer de la fila se estrena este jueves 4 de septiembre en cines comerciales. Gracias a Raquel Flotta y Carolina D'Andrea por la invitación a la función de prensa.
Senda india: una cartografía trazada en defensa de la comunidad wichí

“Delante de Dios, ese es el mayor pecado que hay. ¿Cómo voy a vender la tierra? La tierra no está hecha por hombres. La tierra yo creo que es para uno, no es para vender”, dice el cacique wichí Juan Méndez, a través del lente de Miguel Ángel Lorenzo. Sobre dicha declaración se construye un archivo que no solo constituye la memoria de la comunidad Misión Tolaba en Santa Fe, sino que también es una prueba fílmica de la pertenencia de su territorio ante un litigio judicial. Así, la mirada editora de Daniela Seggiario resignifica y revalida un reclamo histórico en Senda india.
A principios de los setenta, la comunidad wichí inició acciones legales para reclamar su territorio. El proceso avanzó, y en 1974 el Gobernador Miguel Ragone propuso un proyecto integral dentro del cual se habrían destinado 900 hectáreas a la comunidad. Sin embargo, el golpe militar de 1976 y la posterior intervención del gobierno (el gobernador Miguel Ragone fue desaparecido) interrumpió el proceso. Ante un desalojo forzoso con topadoras, la comunidad logró un recurso de amparo y en 1986 inició un juicio contra la firma privada que aducía tener la propiedad del terreno. En los noventa se fue reuniendo la evidencia necesaria, y en ella se incluyeron las grabaciones que forman parte del documental.
Como el título lo indica, lo grabado originalmente por Miguel Ángel Lorenzo forma una cartografía del territorio wichí. Las imágenes, registradas por una cámara de video Hi8, muestran la vida cotidiana de un pueblo al que quieren despojar de sus tierras. Ya el principio de la obra, fuera de lo registrado por Lorenzo, transcurren antiguas filmaciones, en donde se muestra la histórica visita de Ragone a Mosconi y la bienvenida de parte de la comunidad, que reitera la idea de una permanencia sobre el territorio. “Acá hay una historia más grande. Antes había pocos criollos aquí. Pero hoy en día hay cualquier cantidad y una gente que no le importa nada a los indígenas, ¿no?”, resuenan las palabras mientras desfilan imágenes de topadoras que arrasan con la tierra.

Segmentados por textos poéticos y testimonios breves, las grabaciones cuidadosamente editadas dan muestra de paseos en bicicleta, tomas contemplativas, indicaciones sobre cómo filmar determinado plano, paseos entre árboles y plantas, mientras los nombres wichí de las cosas van poblando el relato, haciendo lugar entre el español. A la par, se desentierran elementos históricos de los sedimentos de la tierra. Capas y capas de historia, de la que de alguna manera forman parte también las filmaciones también rescatadas. Como en el documental sobre el gobierno de Stroessner de este mismo año, Bajo las banderas, el sol, de Juanjo Pereira, el cine de archivo se transforma en un acto político. La película tiene una triple valoración: por un lado, un registro que permanece como un documento de memoria, por otro, una concientización sobre los derechos vulnerados de los pueblos originarios, y a su vez, una obra que se constituye a su vez como lucha política.
Senda india se estrena el viernes 5 de septiembre a las 20 en el Malba. Las siguientes funciones confirmadas son el 12 y el 19 de septiembre a la misma hora, en el mismo lugar. Gracias a Julieta Bilik por el link de prensa.
Nota por Alex Dan Leibovich | Periodista | Redactor en Peliplat y Erramundos.
Publicado el 4 de septiembre del 2025, 1.17 PM | UTC-GMT -3.
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