Blow-Up, de Antonioni, el film italiano que fue parte de la Nouvelle Vague

Reseñas generales

Dijo alguna vez Michelangelo Antonioni que las personas no cambian; que lo que cambian son los lugares. Y el tipo hizo carne su máxima cuando en un mismo largometraje conjugó tres modos de ver y hacer cine. En 1966, a los 54 años, el realizador nacido en Ferrara, Italia, concibió un trabajo que lo insertó en un punto geo-cinematográfico donde las fronteras/distancias entre Roma, París y Londres se transformaron en cordón umbilical.

 

La década de 1960 fue quizá la última del siglo XX en la que arte, política, academia y drogas confluyeron para crear una nueva y mejor época. Por supuesto que, a largo plazo, el fracaso pegó fuerte y los días que corren quizá pongan en relieve el tamaño de la derrota. Pero volvamos a los 60s.

My thoughts on Blow-Up – Bayflicks

Blow-Up, largo número 14 de Antonioni, fue filmado a fines de 1966, en Londres, mientras a unos metros de las locaciones de rodaje los Beatles grababan el mejor disco de su carrera (Sgt. Pepper Lonely Hearts Club Band) y Pink Floyd comenzaba a girar por los escenarios antes de su primer álbum. Psicodelia, búsqueda inquieta y un delicioso prueba/error a cada paso.

 

En algunos puntos de la historia los paralelos se tocan y, en este caso, la magia sucede entre el Antonioni de los 60s y la línea histórica del movimiento nacional cinéfilo que encabeza Jean-Luc Godard con la Nouvelle Vague que pateaba escritorios desde la París previa al Mayo Francés. Qué época, amigas, amigos.

 

Antonioni concibió Blow-Up con la intención de "recrear la realidad en una forma abstracta", según declaró a la prensa al momento de su estreno. Para el director —en aquella época influido notoriamente por lo que sucedía en Francia y, sobre todo, en territorio británico— un punto esencial de la película era cuestionar "la realidad de nuestra experiencia" y explorar la dificultad que conlleva observar el entorno.

My thoughts on Blow-Up – Bayflicks

Si bien Blow-Up transcurre en Londres, Antonioni, que inició su carrera diciéndole adiós al neorrealismo que gobernó la década de 1940 en el cine italiano, insistió en que su film no era inglés. Tal como afirmó entonces, la elección de Londres como escenario se debió a la presencia de fotógrafos de moda como el protagonista, Thomas (David Hemmings), y a la "nueva mentalidad" que surgió en Gran Bretaña con la revolución de los años ´60 en la cotidiana, el comportamiento social y la moral.

 

A algunos kilómetros de Londres, en París, la Nouvelle Vague seguía imprimiendo en el  celuloide su pulsión renovadora como lo había comenzado a hacer a fines de la década de 1950. 

 

Entre improvisación, montaje de guerrilla, filmación en exteriores y mucha cámara en mano, la nueva ola francesa avanzaba con fuerza. David Sterritt, uno de los principales analistas de la obra de Godard, describió al director francés como uno de los "más versátiles e influyentes en la historia del cine". Y Michelangelo fue uno de los más influenciados.

Blow-Up - THE CINEMATOGRAPH

En el marco de un cine francés que era liderado por un Godard que no usaba guion, o, mejor dicho, que usaba como guion un cuaderno en el que las notas iban armando el relato, Blow-Up fue descrita por Antonioni como una "performance sin epílogo". La definición del italiano se relaciona con el final ambiguo  de su film y su estructura episódica, que dialoga con la fragmentación y la ambigüedad de la Nouvelle Vague godardiana.

 

En términos de técnica cinematográfica, “blow-up” refiere a la ampliación de una imagen (foto o video). Ejemplo: un largo filmado en 15 mm se pasa a 35 mm. Fin del ejemplo. 

Blow-Up | Reelviews Movie Reviews

El título del film, tal como refirió Antonioni y tal como lo han expresado distintos realizadores de la época, también camina en el sentido de poner la lupa en lugares puntuales de la sociedad para verlos ampliados, en su totalidad o, al menos, un poco mejor. No eran épocas de HD ni realidad ampliada, mucho menos de Inteligencia Artificial facilitando pasos intermedios: a la profundidad había que buscarla y experimentarla por cuenta propia. Había que separar lo ficcional de lo real en vivo, in situ, con las herramientas humanas disponibles. No había verificadores de fakes, sepan disculpar.

 

Vayamos, entonces, a Susan Sontag (además de filósofa y escritora, gran analista del cine) y su mirada sobre la experimentación de lo formal. En su libro Contra la interpretación (1969), Sontag sostiene que "el misterio del mundo es lo visible y no lo invisible", al tiempo que llama a "aprender a ver más, a oír más, a sentir más". Hola, nueva ola.

 

Más allá de los lazos invisibles, o no tan invisibles, que unían a las nuevas olas italianas y francesas, había también algunas distancias entre ambos movimientos. En Francia la marca registrada del cine de esos años fue el meta-mensaje y, también, la meta-interpretación contada desde el autor. Godard expandía y profundizaba su universo conceptual en cada film de cada una de sus etapas (primero en sus inicios de pop-nihilista, luego en su furibunda etapa Mao). En Italia había otras miradas, alimentadas también por el cine de un tal Federico Fellini, que en un período de apenas tres años entregó al universo títulos escenciales como La dolce vita (1960), Boccaccio ´70 (1962) y 8½ (1963). Tanto Fellini como Antonioni, o como décadas después haría su ¿heredero? Paolo Sorrentino (La grande bellezza, 2013), el cine italiano, la mayor parte de las veces que se propuso pensar al cine, lo hizo por la senda de la reflexión ante el aislamiento, las fallas en la comunicación y la alienación en la sociedad contemporánea. 

 

 

Cinco claves que hacen de Blow Up un enclave del cine contemporáneo

 

  • El film de Antonioni, siendo la parte italiana de la new Bretaña que asomaba a fuerza de pop psicodélico y rock de las bases (con los Rolling Stones y los Who a la cabeza), busca, simplemente, entender la realidad. ¿Qué es lo que afecta nuestra percepción? ¿Por qué percibimos una cosa y no otra? I can´t get no satisfaction. Blow-Up desafía la noción de existencia de la objetividad como algo propio del humano (sujeto versus objeto). En el medio, la fotografía y el cine como mediadores y partícipes necesarios de nuestra noción de realidad. A medida que, en el relato, el fotógrafo amplía sus tomas en la sala de revelado, la verdad se vuelve más opaca y lo lleva a desconfiar de todo lo que ve y, más que nada, a pensar qué es eso de la percepción
  • Hola posmodernidad. En su film, Antonioni continúa, además de la labor de sus colegas europeos, el trabajo de Andy Warhol en los Estados Unidos. El italiano no se sube al tren que busca significados trascendentales a su vida cotidiana y prefiere, por oposición, la fragmentación, el discurso vidrioso. Colorido y multifacético, pero también críptico. 
  • Cine dentro del cine. Además de las modelos, los fotógrafos, el erotismo, la vida londinense, Blow-Up es otro referente del cine que se mira a si mismo. Se trata de reflexionar al paso mientras se hace cine. O, en otras palabras, pensar al cine con la cámara encendida.
  • No hay clímax en Blow-Up como no lo hay en, por citar el ejemplo paradigmático de Godard, su ópera prima À bout de souffle (“Sin aliento”, 1960) con la dupla que componen Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg, que, paradójicamente, resultan la definición misma del clímax como pareja. 
  • Contra la alienación. Antonioni cruzó hasta Londres, donde disfrutó de la escena del Swining (hedonista, moderno, en los bordes del pop, habitado por Lennon, McCartney, Jagger y compañía) y luego la puso en foco desde la crítica mordaz, irónica y con espíritu de quiebre. El intento era por romper con la despersonalización y avanzar en las diferencias que nos hacen únicos. 
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Comentarios 1

J
Jeroo Casco4 de julio de 2025
La escena del tenis ficcional es una que siempre se me quedó pegada en la memoria. Cuando vi la película por primera vez tenía 17 años, no entendía nada de la vida y no sé si lo hago ahora 16 años después. Pero claramente creo que ahora me pegaría diferente. Gracias por empujarme a revisitarla

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