La película clave de Kurosawa que influyó a Scorsese, Coppola y Bong Joon Ho
Reseñas generalesEl respeto cuasi religioso que despierta el cine de Akira Kurosawa entre realizadores y críticos de Occidente, en especial en América, lejos está de la situación que la figura del legendario director japonés atravesó y atraviesa en su país. El autor de Ran (1985) y Los siete samurais (1954), entre otros clásicos, ha sido visto siempre como un director exitoso al que había que desconfiarle. La popularidad de sus películas le jugó en contra entre la intelligentsia local desde sus inicios, cuando no había abrazado todavía la cultura oriental como tronco de su filmografía, cuando era acusado de pro-occidental. nada menos.

De los últimos estertores de aquella etapa ¿occidentalista? de Kurosawa forma parte uno de sus films más interesantes, que, tal como gustaban de remarcar sus detractores, efectivamente tiene estructura y forma narrativa propias del cine occidental, especialmente del de los Estados Unidos. El punto, que quizá su público más crítico deje pasar, es la forma en la que el realizador nipón influenció con este trabajo a popes de la industria de Hollywood.
Tengoku to Jigoku (High and Low su título internacional) nos muestra al icónico actor japonés Toshirō Mifune en la piel del empresario del calzado Kingo Gondo, que pelea una interna con otros accionistas de la compañía, a su vez enfrentados con el dueño de la firma. En este marco, Gondo recibe el llamado de un hombre que dice que tiene secuestrado a su hijo.
La ciudad de Yokohama (la segunda más poblada de Japón luego de Tokio) es escenario de una película que se inserta en el género del suspenso con toques de policial y algo del noir, con una factura visual impecable apoyada en la amplitud del TohoScope (respuesta japonesa al Cinemascope made in USA) y en la fotografía inmensa del tándem Asakazu Nakai / Takao Saitô, compañeros de Kurosawa durante décadas.

Kurosawa nos cuenta una historia en torno a un crimen, a la vez que pinta un lienzo sobre la desigualdad social y la sociedad de castas en la Japón que, a principios de la década de 1960, vivía una expansión económica que se extendería durante largo tiempo.
El plano largo que inaugura High and Low (cedamos al imperialismo cultural de referirnos al título en inglés) plantea un juego de cámara que de forma breve y prodigiosa muestra al protagonista atravesando una ventana que lo deja en contraluz hasta que enciende las lámparas y, de forma tácita, grita ¡acción!, dando con ello inicio al relato.
Lo que vemos en pantalla, en una reunión tensa, una batalla entre accionistas que quieren bajar los costos de fabricación de zapatos y, con ello, reducir la calidad de los productos, y el personaje de Mifune, que intenta imponer la idea de sostener la calidad para con ello recuperar la posición alicaída de la empresa.
La llamada telefónica posterior a la reunión deriva, minutos después, en una nueva comunicación en la que se confirma que el secuestrador no tiene consigo al hijo del millonario empresario sino al de su chofer. Allí se dispara un conflicto dentro del conflicto, pero uno que va más allá del caso policial y que desestabiliza al hombre de negocios: ¿le paga al secuestrador la suma millonaria que acaba de pedirle por la vida del hijo de su chofer aunque signifique quedar en la quiebra?
Una vez que la Policía de Yokohama se hace presente en la casa del empresario para iniciar la investigación, el caso se complejiza ante la decisión de Gondo de no pagar el rescate. La amenaza del secuestrador es clara: si no paga, el niño será asesinado.

La brecha social en la Japón de los años 60s estaba agrandándose y la milenaria sociedad de castas parecía en su apogeo. El ejemplo a la vista lo ofrece Kurosawa en una escena en la que el chofer se arrodilla ante su jefe/patrón/amo y le suplica que pague el dinero que le exigen: “Seré un esclavo por el resto de mi vida”, jura entre gemidos el pobre sujeto ante el desprecio de quien, tras escuchar el lamento, se retira del lugar.
“Parece que la casa nos mirara por sobre el hombro”, dice más tarde, a varias cuadras del edificio en el que vive Gondo, uno de los policías que participa de las pesquisas, mientras observa la imponente construcción. Empatiza con el chofer, con cada uno de los empleados del empresario y, de paso, sin saberlo, y como se desarrolla luego en la narración, con el delincuente al que está buscando.
Referencias
Casi 50 años después de la película de Kurosawa, el surcoreano Bong Joon-ho escribió y dirigió en 2019 la popular y galardonada Parasite, que llegó incluso a quedarse con el deseado Oscar de la Academia de Hollywood.
Tanto en High and Low como en Parasite el disparador de la trama es la existencia de virulentas diferencias sociales. El conflicto empieza ahí y no en sus consecuencias, nos dicen Kurosawa y Joon-ho. Por otro lado, hay una conexión a través de los opuestos: el protagonista del film de 1963 vive en una mansión y su secuestrador se vale de un par de adictos a los que encierra en una casilla para que vigilen al empresario y se ocupen del niño. En tanto, los okupas de Paraste se recluyen en los sótanos de la mansión en la que vive el ricachón de la historia, al que también observan día a día.

Sobredosis
Los secuestradores secuestrados por el autor intelectual del hecho en el film de AK son adictos a la heroína. El extorsionador de Gondo les consigue la droga y se las lleva, a modo de pago por sus servicios. Pero mueren de sobredosis. Esta situación dispara una decisión de guion brillante: una explicación sobre la pureza de la heroína y por qué pudo haberse dado la sobredosis que mató a los yonkis.
“La heroína era anormalmete pura”, comienza diciendo el investigador que se ocupó de las pruebas correspondientes. Y amplía: “Analizamos las dosis que se usaron. Tenían 90 por ciento de pureza, cuando suele tener entre un 70% y un 85%. Los traficantes la rebajan con glucosa y otras sustancias, con lo cual la pureza queda en un 30%, por lo que una dosis de un gramo tiene, en realidad, 0,3 gramos de heroína”.
Sabiduría pop me lo hizo entender:
que siempre fue lo mismo el mono y Citizen Kane.
(Fito Páez, Tráfico por Katmandú)
Como si se tratara de un juego de referencias cruzado o un multiverso de guiños, el músico Fito Páez menciona en un pasaje de la canción Tráfico por Katmandú (1992) al “mono”, en relación a la situación de abstinencia que sufren los adictos a, por ejemplo, la heroína. Y referencia también a Citizen Kane (1941) de Orson Welles. Del director estadounidense el largo de Kurosawa se exhibe deudor, más precisamente de la faceta policial del cineasta, la que explotó en las enormes The Lady from Shanghai (1948) y Touch of Evil (1958).
En tanto, las influencias de High and Low llegaron, también, hasta el Martin Scorsese de la década del ´70, el de Taxi Driver (1978) y sobre todo el de Mean Streets (1973). Al tiempo que al Francis Ford Coppola de The Conversarion (1974) y Rumble Fish (1983), sobre todo en sus elecciones visuales de este último título, con toque incluído de color en medio del blanco y negro.

No es casual, ante este juego de referencias e influencias en la órbita de la galaxia Kurosawa, que Scorsese y Coppola hayan sido parte del grupo de realizadores (se contaba por ahí también a Steven Spielberg) que aportaron buenas cantidades de dólares a los últimos trabajos del maestro japonés, que por ese entonces no encontraba financiamiento suficiente en su país.
Pasaron más de 60 años desde el estreno de High and Low y su vigencia se mantiene inalterable, como testimonio de algunos de los mejores años del cine universal y como ensayo sobre un mundo que genera sin parar brechas criminales entre el arriba y el abajo.
Efecto colateral
Luego del estreno del film, en 1963, Japón vivió una ola de secuestros y Akira Kurosawa fue culpado por la presunta influencia de su película en los casos. Incluso el propio realizador sufrió en carne propia el tema, ya que durante algún tiempo recibió en su casa notas que hablaban de secuestros de familiares suyos, algo que en los hechos nunca sucedió.
Se viene una remake
El realizador estadounidense Spike Lee trabaja por estos días en una remake del clásico de Kurosawa. Llevaría el título High and Low, el mismo con el que se conoció al film original en su momento.
La adaptación del film de 1963 contará con guion de Alan Fox y el elenco estará encabezado por Denzel Washington (Gladiatr 2), Jeffrey Wright (American Fiction) y Ilfenesh Hadera (Godfather of Harlem).
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