“La luna de Avalon”
Ciencia ficciónHabía llegado sin avisar, ni siquiera había enviado el memo correspondiente al oficial a cargo. Su puesto peligraba y aun así sentía la necesidad de ver aquel mugroso lugar. ¿Por qué le gustaría un lugar en esas condiciones? Como suele ocurrir, por amor o amistad. En este caso era la segunda opción. Hacia tanto tiempo que lo había olvidado había conocido un viejo (o el suponía que lo era) pues todos allí hablaban de él como si hubiera vivido siglos. Para él eso no era mucho, considerando el tiempo que tarda la vida en florecer en un planeta, incluso lo que la Tierra misma tardo hasta poder ser habitable. Era muy entusiasta del origen de todo. Desde la colonia de hormigas hasta la explosión y posterior muerte de una estrella. Le daba tanto valor o merito a un agujero negro como al sistema jerárquico de las abejas. Amaba, posiblemente, toda vida existente en el posible universo, aunque por supuesto, no conociera la mayoría.
Era de noche cuando llego. Muy de noche pues no había nadie con quien hablar. Había más luces de las que recordaba, y muy diferentes. Las otras nacían del fuego, estas se parecían más a su medio de transporte. Busco coordenadas, reviso el mapa. Su amigo tenía que estar en algún lado. Fue hasta su casa. Toco a la puerta, llamo y llamo en su lengua, pero su amigo no apareció. En su lugar, una familia pregunto que necesitaba. Fueron muy amables, pero creyó que no lo habían entendido. Empezaron a reírse de él. Para corresponder a la costumbre, él también empezó a reírse, claro está, de forma menos natural e improvisada que la familia. Fue hasta una gran torre que le traía recuerdos. Quizás no recuerdos, pero aparentaba ser bastante similar a las edificaciones que había visto la otra vez. Busco algo para poder identificarlo. En principio solo tenía su dirección.
recorrió las calles perdido hasta definir qué hacer. Habrá pasado cerca de una hora cuando definió hacer un dibujo de su amigo y que la computadora lo busque. Alguien de misma estatura y complexión estaba hospedado en el hospital. No entendía el idioma o debía ser que su amigo estaba enfermo. Fue de urgencia pues debía necesitar de su asistencia. Aun recordaba que, a pesar de casi siempre estar rodeado de mucha gente, era una persona más bien solitaria. Estaba hospitalizado bajo el nombre de M. A. Parecía un vagabundo. Una barba blanca, su piel estirada y abultada, y una extrema delgadez. Su amigo estaba disfrazado, es decir, llevaba mucho abrigo dado las bajas temperaturas. Sin embargo, su amigo, adormecido, logro reconocerlo.
<Felipe… ¿Qué haces acá? -
-Vine a visitarte. Hacia tanto que no te veía. ¿Cómo estás? Como ves. El tiempo ha hecho su trabajo en mí. Pero en ti parece no haber pasado. ¿Qué te parece? Y la magia venia de mi… No señor, jamás fue magia, era ciencia-
-En mi caso es biología. El tuyo si creo que sea magia. Has vivido bastante. (Pensó un momento) Perdón, nadie vive bastante, nadie vive lo suficiente-
-No hay problema, Tenes razón. He vivido demasiado, he visto de todo. He conocido a muchos y a todos los he visto caer. De joven incluso me ocultaba bajo un disfraz de anciano. Cuando me conociste aún era bastante joven, pero esta apariencia daba la impresión de alguien importante. Ahora no puedo ocultarlo y soy realmente lo que soy: un anciano-
- ¿Nada se puede hacer? —
-Durante muchas vidas he utilizado trucos para postergar lo inevitable. Ahora la espero con ansias. Solo tu visita me sirve de regocijo en las horas finales. Una cara amiga. Creí que no volverías-
-Pero no paso tanto…- fue interrumpido.
-Quizás para ti no. Para mi han sido cientos de años. 628 años para ser exactos. Perdí la cuenta de los meses y días después del tercer siglo-
-No puede ser-
-Amigo mío. Has viajado a través de la velocidad de la luz. Cuando nos conocimos era un viaje a través de las estrellas. A ver si lo recordas. ¿Cuál era uno de nuestros comentarios recurrentes? -
-Si, lo recuerdo. Mientras hablamos, estrellas se vuelven novas y mueren y otras tantas, nacen, por eso nuestra conversación…-
-Es cósmica-
Hubo un silencio importante pero no muy extenso. El viejo estaba deseoso de hablar y el visitante lo noto de inmediato.
-Sabes que desde que te fuiste hay algo que debí preguntarte-
-Lo que sea. No hay duda. Incluso me escape para venir acá, pero no habrá problema. Habré tenido un, ¿Cómo le dicen? Un lapsus-
- ¿Cómo viniste hasta acá? -
-Sabes en que vine-
-No, no lo sé, y quisiera saberlo-
-Para alguien que proclama saberlo todo sos muy insistente-
-Pasaron varios siglos y aun no hay aquí objetos como esos-
- ¿Qué podría hacer? Vos estas acá-
-Pero no hay nadie, ¿no lo ves? Estoy solo. Hace demasiado tiempo que estoy solo. Sacáme de acá, por favor. Después aceptare lo que me des-
Esperaron hasta que fue muy de noche. Las habitaciones cerradas por dentro. El viejo abrió la ventana con lo que llamaríamos “un viejo truco”. Su amigo lo esperaba afuera. Había robado ropa para el viejo. Caminaron pacíficamente por distritos, calles realmente desconocidas para ambos, tan lejanas y ajenas que no eran la ciudad en la cual se habían conocido. El viejo ya no añoraba, quería escapar de la inevitable desaparición de su tiempo. Llegaron a la entrada de la ciudad cuando el sol aún no había ascendido del todo. El amigo buscaba escapar, huir rápidamente. El viejo, sabiendo que quizás sería el ultimo busco donde sentarse y disfrutar del amanecer. Por lo que sabían, nadie preguntaría por un viejo vestido de vagabundo, con senilidad y ninguna conexión con el mundo moderno. A los ojos del mundo, soy un extraño, más aún, soy un fantasma del pasado. El amigo le pregunto si sería recordado. El viejo, entre risas sarcásticas, le respondió:
-Quizás sí, pero no sé si me recordaran por mi verdadero nombre. Desde la caída de los romanos me han llamado de tantas formas que la última no hace más que causarme gracia. Me han satirizado y exagerado, me han referenciado y homenajeado. No soy un bufón, ni un mago, ni un consejero, solo fui yo. Quizás eso sea suficiente-
Luego descendieron por una colina hasta ser encontrados por una serie de luces. El viejo después de mucho tiempo sintió miedo, pero el amigo apoyo una mano sobre su hombro y le pidió que confiara. El viejo subió una pequeña escalinata mientras aquellas pequeñas luces se transformaban en una gran luz, dando paso al ascenso general del transporte. La subida parecía complicada rodeado de tantos árboles, pero su ascenso fue tranquilo y sereno, prácticamente en silencio, no mayor a una brisa de primavera u otoño.
El viejo, tranquilo, cerro los ojos y dejo que el sonido y la distancia confluyeran en el horizonte que proponía el firmamento. Para él, ahora, le deparaba todo un camino de novedad y descubrimiento. Era un niño de nuevo.




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