“Sexto piso”
CuentoEra de noche…. Y estaba lloviendo. Perdido bajo un vendaval de gotas que parecían agrandarse mientras me acercaba a la puerta. Entre a través de un portón de dos puertas vidriadas enormes con un alto cercano a los cinco metros. Me limpie e intente inútilmente secarme dejando el paraguas a un lado de la entrada. Pedí permiso al encargado de la entrada para dejar mi paraguas con un numero asignado. Fui hasta el ascensor con la lentitud de quien carga una armadura demasiado pesada para su cuerpo. Mi torpeza se explicaba en el agua que aun llevaban mis zapatos. Pero esperaría a llegar a mi apartamento para desembocar tal cantidad de agua. Toque para subir, pero llamativamente, las puertas nunca cerraban. Espere con la intención de no llamar la atención. Después de más de treinta segundos me jacte que de llegar al minuto, iría hasta el encargado nuevamente para no mojar toda la escalinata y molestar al personal de limpieza. Antes de que el segundero marcara las 45’, las puertas parecían cerrarse, pero… Pum. Un bastón. Un hombre, casi un anciano.
-Disculpe, pero no deseo subir las escaleras, ni esperar a que el ascensor suba y baje ante la necesidad de otros-
-Bueno, suba. ¿A que piso va? -
-Al más alto, seguro baja usted primero-
-Perfecto. Debe vivir en el piso quince o dieciséis-
-Mas alto-
-Ah, está bien. Cuando no hay luz, bajar las escaleras debe ser un castigo-
-No tanto. No soy de salir mucho. De vez en cuando, voy a comer si me invitan, pero suelen venir invitados a mi casa. Cuando no hay luz, tengo suficiente entretenimiento con un libro y velas-
No me había percatado de lo secos que se encontraban sus zapatos. Como si no hubiera salido. No quise preguntar para no inmiscuirme demasiado en asuntos que debían de resultarme irrelevantes. Quizás traía un par extras, pero ¿Dónde? Si su maletín apenas podía componerse de papeles y no una gran cantidad. ¿Además, quien llevaría papeles a su edad? Podría tratarse de un empresario, pero si fuese alguien importante, no los traería él, sino que en su lugar encargaría a alguien para que se los trajera.
-Quizás se pregunte por qué no estoy mojado si estoy entrando-
-No lo note-
Ambos reímos. El ruido del suelo indico que algo había caído. Me alerte.
-Una gota. Quizás llueve tanto que estén metiéndose por los caños del exterior. Tranquilo, no hay problema. Ya estamos en el tercer piso. Solo falta la mitad-
Termino de decir y cayo la segunda gota. Ahora mi alerta era ya un llamado de urgencia. Pensé en llamar a seguridad, pero su bastón freno mi mano. Me enfurecí con el viejo, quien estaba inusitadamente tranquilo. Demasiado tranquilo.
-No espero que este tan tranquilo como yo, pero solo son gotas. Piso cuatro y seguimos. Quizás vaya lento, pero aun así, espero que llegue-
El quinto piso llego y un ligero suspiro salió profundo mis fosas nasales. Un ruido ligero, pero audible. Una tercera gota. Mire al viejo y mientras este aun sonreía, la luz se cortó y el ascensor se detuvo entre el quinto y sexto piso. Agarre al viejo de las telas del sobretodo, y este aun sostenía una temeraria sonrisa.
- ¿Qué hizo? -
-Nada. No puedo cortar la luz. Yo también quiero llegar. Recordá que vivo más arriba que nadie-
-Pero usted hizo algo-
-No más que reír y sonreír-
- ¿Por qué lo hace? -
- ¿Qué? -
-Torturarme con su expresión-
-Solo intento transitar amenamente una situación de mierda-
Me calme y acomode su sobretodo. Le acerque su bastón que se había caído en el forcejeo. Tuve que agacharme. Al mirarlo para entregarle el bastón, sus ojos eran diferentes, amarillos, como los de un demonio. Me sobresalte. Pero luego al verlo nuevamente, sus ojos retornaron a su normalidad.
Pasaron cerca de diez minutos. Habíamos llamado a emergencias, pero parecían no detectar en que piso estábamos atascados. Abrí las puertas del ascensor y le ofrecí al viejo ayudarlo a subir. El viejo acepto agraciadamente. Primero subí y luego ayude al viejo. Nuevamente al mirarlo, note aquellos profundos ojos amarillos. Esta vez no tuve ningún temor. Supuse que la falta de luz había afectado mi visión. Dado que el viejo vivía en el piso más alto le ofrecí mi ayuda. El viejo respondió:
-No sé si subir o esperar acá a que vuelva la luz-
Finalmente, espere con el viejo hasta que volvió la luz. Pude comunicarme y me dijeron que volvería cerca de las ocho- Esta bien, son unos quince minutos. Ocho y cinco la luz volvió. El viejo reviso el ascensor y vio que todo estaba en orden. El viejo me ofreció dinero por mi paciencia, pero me negué profundamente. El viejo guardo la billetera y enfiló hacia el ascensor. Antes de irse, el viejo preguntó:
- ¿Quiere saber en qué piso vivo? -
-Si-
Las puertas empezaron a cerrarse. Su sonrisa regreso y con ella sus ojos amarillos. Bajo una delicada expresión de terror me respondió:
-El misterio seguirá. Abra bien sus ojos para confirmar en que piso vivo-
No quise seguir mirando pues temía saber la respuesta.




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