Civil War (2024)
Reseñas generalesCivil War (2024)
Guión y dirección: Alex Garland
En el cuarto largometraje del genial director y guionista Alex Garland, se nos presenta como escenario un Estados Unidos desbordado por el colapso de una guerra civil. En un futuro no muy lejano, más bien un futuro próximo y por ahora con dos supuestos estados, en cuanto esos dos estados, refieren a dos posibles soluciones con respecto al presente en el que estamos; el primero es el estado del futuro próximo que va a pasar, y el otro, el de futuro próximo que no va a pasar. En estas dimensiones de este futuro próximo se desarrolla la historia en donde al presidente de los Estados Unidos se le presenta una guerra civil.
La primera decisión estilística de la película es mostrar al presidente de los Estados Unidos fuera de foco, a su vez ese plano es contrastado por montaje paralelo con distintas escenas de los distintos disturbios en la calle. A medida que transcurren las escenas de los disturbios al presidente se lo enfoca y desenfoca varias veces, luego se lo ve que está por preparar un discurso. Casi que desde el principio se lo saca al presidente de la ecuación de la guerra, porque sólo volverá a aparecer hacia el final, cuando está a punto de morir. El presidente, encerrado en la casa de gobierno, está exento de todo el acontecimiento que hay afuera, afuera del recinto donde está encerrado, a pesar de que toda la situación que sucede afuera, la de la guerra, no hace más que avanzar hacia él.

Si bien el motor narrativo central de la película es la historia de los reporteros yendo a entrevistar al presidente de los Estados Unidos antes de que lo derroquen, es decir la trayectoria de la guerra, se narra también otra historia, la historia de Jessie (Cailee Spaeny) y Lee (Kirsten Dunst). La más joven, Jessie, admira a Lee, de hecho su acercamiento a ella en uno de los disturbios que hay en la calle es intencional, se acerca a sacar fotos en el mismo disturbio que Lee está cubriendo, Lee al notar que Jessie fue herida por un policía -un policía hiriendo a una fotoperiodista que cubría una manifestación, sin signos de ser un atacante o terrorista-, se acerca a ella para ayudarla. Desde ese primer momento Lee se convierte en su protectora, casi como un instinto materno que nace de ella, también se sugiere que no tiene hijos.
El instinto materno de Lee hacia Jessie va incrementando a medida que va incrementando la escalada de tensión de las situaciones de los reporteros moviéndose de un lugar a otro para llegar a destino, a la vez que la captura del presidente se vuelve algo inminente. Hay un juego simbólico con las cámaras de ambas que transita durante toda la historia. Jessie es fotógrafa y admira a Lee como fotógrafa, que a la vez Lee se llama Lee Miller, como la otra fotógrafa favorita de Jessie. En una de esos intercambios entre los dos personajes se menciona que Lee se hizo famosa como fotoperiodista en sus primeros veinte (como Jessie ahora), cubriendo un disturbio antifascista.
Es Lee quién enseña, en ese corto periodo, a fotografiar a Jessie. En el primer destino donde el equipo frena a cargar gas al vehículo, Jessie es incapaz de fotografiar una ejecución de unos rehenes, pero en uno de los destinos siguientes, es Lee quien la alienta a retratar un helicóptero caído en batalla. Es casi un traspaso que se va haciendo de quién es la que saca fotos, ya que a medida que Jessie comienza a disparar, Lee deja de hacerlo. Hay momentos incluso donde Lee mira a Jessie a través del objetivo de su cámara y viceversa, casi como que se entienden a través de sus dispositivos de captura.

Ya hacia el final, cuando se anuncia que las tropas del presidente se han rendido y los reporteros restantes deciden ir hacia la redada al presidente para poder entrevistarlo antes de su ejecución, Lee comienza a dirigir casi siempre la atención del objetivo de su cámara a Jessie, y a esta última casi que solo la vemos fotografiando. Hay otra decisión formal sumamente interesante que es ir avanzando en la redada a través de los registros fotográficos de Jessie. Ya hacia el final de la captura, cuando logran ingresar a la casa de gobierno, donde el presidente planea rendirse, los soldados que guían la tropa, los que acompañan al equipo de prensa, logran ir avanzando y a medida ellos avanzan también lo hacen los reporteros, es ahí que el momento simbólico de las cámaras toma mayor proporción ya que, como al principio, Lee ve a Jessie en peligro, está a punto de ser disparada por un oficial del presidente, y se encima a ella para protegerla. Jessie yace en el piso y observa a través del visor de su cámara como Lee es abatida por los disparos a la vez que captura la secuencia a través de disparos de su cámara. Luego ya con el presidente capturado, es Jessie quién logra retratar su captura y ejecución, sugiriendo que Jessie es la nueva gran fotógrafa de guerra. Efectivamente el plano final de la película es la última fotografía tomada por Jessie donde militares posan junto al cadáver del presidente.
En las películas y guiones de Alex Garland las pequeñas sociedades se desestabilizan desde adentro, siempre un individuo que pretende ejercer la tiranía es derrocado por sus propias intenciones, lo interesante de Guerra Civil, es que a esta figura tiránica se la deja de lado por completo y casi que se sobreentiende que la misma guerra que acontece hacia el interior de su país se le ha ido de las manos. El atentado final de un presidente suicida es invertir la función de la guerra y ejecutarla hacia adentro. El terrorismo eventualmente se vuelve hacia adentro, casi que la misma condición lo indica.
Otro factor interesante con respecto a las pequeñas comunidades que presenta el universo de Alex Garland, es la de existir a los márgenes de algo. En la mitad del filme se muestran pequeñas comunidades, una como refugio en un estadio y otra un pueblo alejado de la ciudad, donde se sugiere que el orden sigue establecido. Pareciera que en las pequeñas comunidades el orden no se corrompe incluso con la guerra a sus alrededores. En cambio cuando se muestran a los misfits armados que aparecen a lo largo de todo el filme, se los presenta como individuos extremadamente corrompidos.
La situación más llamativa y de mayor tensión política de toda la película es cuando los reporteros se encuentran con dos camaradas chinos en el camino y son detenidos por dos combatientes. Uno de los soldados, interpretado por Jesse Plemons, luego de preguntar a todos los rehenes su origen racial, decide ejecutar a los chinos. La tensión en esta escena va escalando a medida que se intensifica el racismo del soldado. El racismo estadounidense es llevado hasta las últimas consecuencias incluso hasta en los momentos más extremos, o mejor dicho, el racismo, incluso en los momentos donde la sociedad está al borde del colapso -y la extinción-, prevalece. Hasta ahora la única forma de vida inteligente que conocemos es autodestructiva y racista.








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