Ciertas convenciones en el cine de terror moderno
Reseñas generalesCiertas convenciones en el cine de terror moderno
A raíz de la visualización de tres películas de terror lanzadas en este año y el anterior, llegué a algunas conclusiones con respecto a ciertos modos que se repiten en las narrativas modernas del terror, en uno de los casos acertando, en otro fallando y en otro oscilando entre el acierto y el desacierto. Las películas en cuestión son: Evil Dead Burn (2026), de Sébastien Vanicek; Teenage Sex and Death at Camp Miasma (2026), de Jane Schoenbrun; y, Obsession (2025), de Curry Barker. En los tres casos, durante el desarrollo de la película, los personajes a través del diálogo explican la trama de la película, sea a través de una explicación del Necronomicon y las maldiciones en la primera, creer que la narrativa es compleja en la segunda, y por sobre explicar en la tercera. El hecho de hacer evidente el mecanismo narrativo interno de las películas explícitamente, pone en evidencia la chatura del proceso en sí, sobre todo si se lo explica desvergonzadamente a la audiencia, como si esta no pudiera entenderla por sí sola con sus procesos psíquicos de espectador común.

En Evil Dead Burn, que por cierto es la que más me gustó de las tres y me pareció una gran película de principio a fin, los personajes explican la función del Necronomicon, el libro grimorio que aparece en todas las películas de la franquicia, que si se lo utiliza indebidamente desata una posesión infernal, y despiertan a unas entendidas llamadas deadites, una especie de zombies demoníacos, ya que son cuerpos de personas vivas o muertas poseídos por una entidad demoníaca. En este caso creo que es pertinente mencionar y explicar su funcionamiento, ya que la película es una stand-alone dentro de la franquicia, como las dos anteriores, además de que en la trilogía original, del maestro Sam Raimi que además está en la producción de esta última, se explica en cada entrega el funcionamiento del libro, es parte fundamental del funcionamiento del universo de la película, todo sucede a través de la concepción y utilización del libro, por lo que cada guión e historia posible girará en torno a eso. Además de que las audiencias se renuevan y hay que explicarle cómo funciona ese universo. Creo que en esta película en cuestión, es un elemento válido, ya que la explicación no hace avanzar la trama de por sí, pero si que la trama avanza siempre -en todas las entregas- por motivo de la utilización del libro, entonces creo que la explicación finalmente es hacia la audiencia como fundamento del canon de la saga de películas más que una explicación pretenciosa de los mecanismos supuestamente sofisticados de un relato/discurso.

En Teenage Sex and Death at Camp Miasma, hay una explicación constante del meta-juego que se intenta hacer con el género del slasher, hecho que me abrumó toda la película, sobre todo porque el slasher es meta hace por lo menos treinta años, o más, o tal vez nació meta, con Halloween (1978), por ejemplo. La película me recordó bastante a la trilogía de Fear Street, donde se hace una reinvención del slasher actualizándose a las problemáticas de género y representación actuales, con personajes gays o no binaries. …Camp Miasma es lo mismo, pero un tanto más alternativa, o para una audiencia más alternativa, pero que cae en la misma ingenuidad, por parte de quienes las realizan, de creer estar narrando una historia compleja por el chiste meta, cuando en realidad es algo bastante chato en sus proporciones literarias, pero aún así, desde esa ingenuidad de agrandar sus proporciones, necesitan de personajes que expliquen todo el tiempo la trama y el concepto. El chiste o motivo principal es que los personajes están dentro de la película del villano del slasher, tratando de oscilar todo el tiempo de en qué película se está, pero la inocencia de la directora radica en que más de una vez los personajes explicitan la cualidad meta del guión, infinitas veces, y pareciera que esa tautología es la que hace avanzar al relato, que se convierte en algo insostenible sin esa justificación. Si de por sí eso que se pretende meta fuera absurdo, que puede que sea la aspiración de la película, no se tendría que explicar, y mucho menos servir de motor para hacer avanzar la trama, que se atasca todo el tiempo. Película que por cierto recuerda más a Saturday Night Live o a una producción de Netflix que al cine slasher sofisticado de John Carpenter o Wes Craven. Además, cabe mencionar, que la película fue parte de la competencia oficial de la sección Un certain regard del festival de Cannes, suceso que lleva a pensar el rumbo suicida que está tomando el cine de autor.

En Obsession, el problema es que se explica demasiadas veces el chiste del deseo cumplido y que se tiene que revertir el maleficio además de que los personajes explican la condición de la villana una infinidad de veces, a un punto donde siento que la película se vuelve mala a razón de la sobre explicación. Siendo que enumeré las películas en orden de cómo las ví, al ver esta tercera película, no paro de pensar en por qué las narrativas tienen que explicarse así, y encima todo el tiempo. Creo que el verdadero terror sucede en lo inexplicable y no cuando se trata de racionalizar el relato todo el tiempo, si mal no recuerdo, Ángel Faretta a razón de Psicosis, dijo que con la explicación final sobre la condición de Norman Bates no hacía falta -en todo lo que siguió- volver a explicar algo; afirmación con la que coincido amistosamente. Aquí en Obsession, que por cierto la actuación de Inde Navarrette me pareció excelente, la película podría potenciar la narrativa si no se la explicara todo el tiempo, ya que hay momentos que desde la dirección de actores generan un estado disonante e incómodo en los personajes y en cómo el espectador recibe y procesa esos comportamientos, y si esa incomodidad fuera trasladada a la narrativa para volverla efectivamente absurda como el comportamiento de los personajes, la película podría incomodar muchísimo más de lo que lo logra.
Uno de los motivos por los que creo que la gente escribe cada vez peor en cine, es por el hecho mismo de que todo el tiempo se debe explicar el mecanismo interno de la película, y ni siquiera es una intención que pueda entenderse como un hecho autoconsciente sino como una falencia en los relatos, ya que si la obra fuera autoconsciente se explicaría por sí misma, por el mero hecho de la disposición de los elementos que la constituyen, y no a través de la explicación interna por parte de los personajes. Puede que varios autores crean en la complejidad de sus relatos al ser explicados a la audiencia, cuando la complejidad realmente sucede en la falta de explicación, en la incertidumbre de las formas, algo que al cine de terror podría hacerle bien, porque también pienso que es de los pocos géneros que pueden reinventarse todo el tiempo. Tal vez dé mucho más miedo que no se nos explique todo todo el tiempo, y puede que el cine de terror empiece a direccionarse en ese rumbo, que vuelva a ser enigmático e inexplicable, como alguna vez lo fue.









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