GIFF | Las lágrimas de Bael (Hugo Villaseñor Alcázar, 2026)
RecomendacionesSELECCIÓN OFICIAL COMPETENCIA LARGOMETRAJE MEXICANO
Premiere Mundial


El monstruo llora | Las lágrimas de Bael
¿Es posible comprender la complejidad de quien comete actos atroces?
¿Mirar su humanidad nos acerca o nos distancia más?
¿Son monstruos o lo somos también nosotros en nuestra indiferencia?
Hugo Villaseñor, director de Las lágrimas de Bael
Ésta, no es una película para estómagos frágiles.
Es cruda, dura, real. Hiere.
Uno sabe que está viendo un “falso documental” porque así lo anuncia su descripción pero, la gente que se presenta es tan común, tan familiar. Su lenguaje es el mismo que se escucha en los camiones, al pasar por vecindades, mercados, a la vuelta de la esquina.
Los gestos son genuinos, detalles difíciles de emular.
Pero sobre todo, se siente cercana por la violencia. La horrible violencia que acecha en las sombras de la ciudad… Con dolor digo, ciudad de México.
Como casi todo comienzo, la luz ilumina la imagen y el color. La grabación de un video con celular es testigo de una declaración de amor entre un joven y una chica.
Flores y caricias.
Ese mismo registro detiene el movimiento de la cámara en una última imagen: el cielo atravesado por las ramas de los árboles donde ambos se recargaban melosos.
El chico soltó el teléfono al recibir dos disparos.
Alegría breve, lamento eterno.
Venganza.
La condena parece ser la herencia perpetua de los marginados: pobreza, delincuencia, drogadicción, prostitución. Una identidad estampada por un barrio bravo, uno de tantos.
El brillo en el color se fue.
Ahí inicia la filmación de la vida de “El Capitán Gato”, un narcomenudista que condiciona su participación en el documental a cambio de cubrir su rostro y distorsionar su voz.
Desde ese instante, Hugo Villaseñor convierte el falso documental en algo más que un recurso narrativo. Cuestiona hasta dónde documentar una tragedia significa observarla y en qué momento comienza a convertir el dolor ajeno en espectáculo.
El Capitán Gato sabe que es el morbo por asomarse a una vida violenta y destructiva como la suya, el verdadero interés por sus actividades. No se engaña; para eso sirve y lo muestra sin reservas.
Quizá, lo único que parece guardar dentro de sí es el innombrable dolor de una ternura ausente; ver la sonrisa en la foto de un joven que quedó tirado en la calle.
Hugo Villaseñor, el mismo realizador de la película, lo sigue en cada fechoría. La cámara filma cada visita a sus clientes, sus adicciones y decadencia. Como el encuentro con el alcohólico que termina en el baño cagando y vomitando el piso sin parar. O el tipo de lentes que se hace el gracioso imitando a Robert de Niro en Taxi Driver y solo consigue que el arma del Capitán Gato se le encaje en la boca como advertencia.
Un día cualquiera.
Dinero rápido.
La película alcanza una inquietante sensación de realidad porque desdibuja constantemente la frontera entre lo documental y la ficción. Filmada en colonias reales de la periferia y apoyada en la convivencia entre actores profesionales y habitantes de esos barrios, uno termina preguntándose qué está actuado y qué simplemente ocurrió frente a la cámara. Esa incertidumbre es uno de sus mayores logros.
Alberto Trujillo construye un Capitán Gato que nunca parece interpretar a un delincuente, sino serlo. Su trabajo evita cualquier caricatura del criminal de barrio porque está lleno de silencios, códigos, gestos mínimos y una permanente sensación de alerta. El personaje nunca presume su violencia; simplemente vive dentro de ella.

Hugo consigue una entrevista telefónica con la exesposa.
Ella le aguantó todo. Humillaciones, golpes, insultos. Todo.
Menos que asesinaran a su hijo por sus revanchas con otros traficantes.
Ahora sólo espera que los que mataron a su hijo paguen sin piedad por lo que hicieron. Pero lo que más desea es que al Capitán Gato se lo lleve la chingada.
Mario era un joven limpio y enamorado.
Y entonces la película cambia de centro. Ya no importa el narcomenudeo ni la radiografía del crimen. Lo verdaderamente devastador son las consecuencias íntimas de la violencia. El dolor de una madre, la ausencia de un hijo y el vacío que deja la venganza cuando comienza a ocupar el lugar del duelo. Villaseñor entiende que detrás de cada cifra hay una vida rota.
El Capitán Gato maneja todos los días hasta el domicilio de El Mosca (Said Sandoval), el asesino de su hijo. No hay cosa que haga El Mosca de la que no se entere.
Lo caza.
Hugo deja de tener contacto con el Capitán Gato. Lo busca, le deja mensajes pero no obtiene respuesta.
Hasta que después de un tiempo, en su teléfono aparece un mensaje con un video.
La mosca cayó en la telaraña.
Play.
Un hombre atado a una silla, golpeado, medio muerto.
La cabeza cubierta con una bolsa negra. Es torturado entre gritos hasta la muerte.
Abruptamente el formato cambia.
Regresa la luz en el color.
El Capitán Gato camina en un llano entre montañas, atardeciendo. Hace frío.
Una fogata en el centro ve arder la máscara que el Capitán se ha quitado.
Deja ver su rostro.
El título de la película termina por cobrar sentido. En la demonología, Bael es el primer rey del Infierno, una criatura asociada al engaño, la oscuridad y la invisibilidad, representada, entre otras formas, con una cabeza de gato. No parece casual que el protagonista lleve ese apodo. Pero el hallazgo de Villaseñor está en añadir aquello que un demonio no debería poseer: lágrimas.
Porque Las lágrimas de Bael no habla de la redención de un criminal. Habla del dolor que sobrevive dentro del monstruo. De un hombre capaz de ejercer la violencia más brutal y, al mismo tiempo, quedar devastado por el asesinato de su hijo. La paradoja no pretende absolverlo, sino recordarnos que la violencia también desfigura a quienes la producen.
Sin una sola gota de sangre, sin una lágrima, Villaseñor proyectó una historia brutal. Una que se siente real, dolorosamente real.
Ese es el mayor horror. El terror del que habla.
No necesita fantasmas ni apariciones. El demonio vive en las calles que conocemos, en los barrios que atravesamos todos los días y en el ciclo interminable de violencia que convierte el duelo en herencia. Ese es el verdadero Bael.

Gran, gran película. Una propuesta arriesgada, conciente del impacto que genera en el espectador. Sin duda de lo mejor de la selección del largometraje mexicano.
Viernes 24 de julio de 2026
- Hora: 21:00 hrs
- Sede: Teatro Cervantes, Guanajuato Capital
- Entrada libre
- Actividad adicional: Sesión de Preguntas y Respuestas (Q&A) con el director Hugo Villaseñor y el invitado Alberto Trujillo.
Viernes 31 de julio de 2026
- Hora: 19:00 hrs
- Sede: Cinemex La Luciérnaga, Sala 7, San Miguel de Allende
- Actividad adicional: Sesión de Q&A al terminar la función
Otras publicaciones de cine mexicano en el GIFF26:
Festival Internacional de Cine en Guanajuato GIFF, 2026
GIFF 2026 | Cine Mexicano | LISTA
GIFF | Marina de Tavira | Latido (Katina Medina Mora, 2023)
GIFF | KOBE (Vicente Monarque, 2026)
GIFF | Mex-I-can (Emma González, 2026)
GIFF | Para que no se te olvide (Marcela Jaber, 2026)
GIFF | Una mirada al cine mexicano desde el Festival







Comentarios 3