LO RECAYENTE

Reseñas generales

“Nada me han enseñado los años, siempre caigo en los mismos errores. Otra vez a brindar con extraños y a llorar por los mismo dolores”

José Alfredo Jiménez.

La recaída como identidad

Pero si es que uno recae por necesidad de identidad, ¿qué hay de lo que éramos antes? ¿Qué posibilidades hay de ser alguien distinto después?

Es como si el pasado (si acaso existe) nos reclamara con la fuerza de lo que nunca terminó de resolverse. Por ejemplo, en La insoportable levedad del ser, Kundera nos recuerda que la vida oscila entre el peso y la levedad: el peso de los actos que nos marcan y nos atan, y la levedad de los gestos que parecen no dejar huella (puesto que habrá más tiempo que vida). Entonces, la recaída es ese instante en que el peso se impone, cuando repetimos un error o un deseo, porque sentimos que ahí está la verdad de lo que quedó o lo que queda.

Ya que, aunque volviéramos al mismo lugar, ya no somos los mismos que trazaron la primera huella; así es que, la repetición nunca es idéntica: el tiempo cambia, el cuerpo cambia, la mierda cambia, el pulso cambia. En ese sentido, recaer no es condena, es variación. Es el eterno retorno que Nietzsche imaginó y que Kundera discute: si todo se repite, cada error pesa infinitamente, pero si la vida es levedad, entonces cada recaída es apenas un acorde que suena distinto aunque forme parte de la misma partitura.

La insoportable levedad del ser : Milan Kundera: Amazon.com.mx: Libros

La puesta en escena

Y es aquí donde Synecdoche, New York se convierte en la puesta en escena del todo. Caden Cotard (Philip Seymour Hoffman), un aspirante a director que construye una réplica infinita de Nueva York dentro de un almacén, es un hombre que recae en su propia obra, en su propia identidad. Cada intento de narrar la vida de una ciudad, es una recaída en si mismo, un espejo que se multiplica, un gimnasio para hormigas, un espacio desmesurado donde cada movimiento parece insignificante y, sin embargo, se repite con la obstinación de lo necesario.

La raíz de la sinécdoque

La palabra sinécdoque proviene del griego synekdochḗ, formada por syn (“con, junto”), ek (“fuera de”) y dochḗ (“recepción, comprensión”), significa literalmente “comprender algo junto con otra cosa”: nombrar el todo por la parte o la parte por el todo. 

Por tanto: “Hay un millón de personas en el mundo, y ninguna de ellas es un extra”.

Reducir la realidad

Por ejemplo en Melancholia de Lars von Trier, un par de hermanas encarnan dos posturas opuestas ante el fin del mundo: Justine, hundida en la depresión, se muestra serena y lúcida frente a la inminente colisión, como si su melancolía la hubiera preparado para aceptar la desaparición de todo. Claire, en cambio, se aferra con desesperación a la vida, al hijo y a la rutina, incapaz de aceptar la pérdida.

Así, mientras Justine inventa un “castillo de naipes” para enfrentar el final con dignidad, Claire se quiebra en el miedo: la primera representa la aceptación del eterno retorno, la segunda el apego frágil a lo que se extingue.

La recaida universal 

En Me caigo y me levanto, para dar un ejemplo perfumado de la poesía, Cortázar juega con la idea de que la recaída no es solo un asunto humano, sino una condición universal. Allí escribe con ironía y humor:

“El mero permanecer ya es recaída: el jazmín, entonces. Y no hablemos de las palabras, esas recayentes deplorables, ni de los buñuelos fríos, que son la recaída clavada.”

Con esta frase, Cortázar sugiere que todo lo que existe —desde un enfermo hasta un objeto cotidiano— está condenado a recaer, a repetirse, a volver sobre sí mismo. La permanencia misma es recaída, porque implica insistencia, desgaste, retorno.

No obstante, desde la antigua cara de la vida, marcada no solo por el exceso sino por el desgaste, Bukowski también lo advertía.

No soy Shakespeare
pero puede que algún día ya no escriba más,
abstractos o de los otros;
Siempre habrá dinero y putas y borrachos
hasta que caiga la última bomba,
pero como dijo Dios,
cruzándose de piernas:
“veo que he creado muchos poetas
pero no tanta poesía.”

La recaída, entonces, no es un accidente ni debilidad, sino la respiración misma del mundo: lo que insiste, lo que retorna, lo que se desgasta y se repite. Cortázar la viste de humor. cotidianidad y belleza. Bukowski la desnuda en su crudeza, pero ambos coinciden en que no hay escape: todo lo que permanece recae, y en esa repetición —sea perfume o ruina— se cifra la verdad de nuestra existencia.

El eco de la recaida

Un ejemplo sonoro de la recaída universal lo encontramos en la música, por ejemplo en Love Me Two Times de The Doors, con su ritmo hipnótico y repetitivo, que insiste en la idea de volver sobre lo mismo: amar dos veces, antes y después de la guerra. 

 

No obstante, cierro parafraseando a Kurt Cobain en Dumb:

No soy como ellos, puedo fingir,

el sol se ha ido, pero tengo una luz

Se acabo el día, me estoy divirtiendo.

Creo que soy tonto, tal vez soy feliz…

Creo que soy feliz.


Si llegaste hasta aquí, te deseo un gran re-inicio de año y te pido puedas apoyar con lights mis artículos de los retos.

Ensayo torpe sobre la torpeza

Resignación, conformismo y redención: un viaje hacia la esencia.


 

Comentarios 2

R
Ruben Balbuena16 de enero de 2026
El cine tiende a representar las recaídas —sean del tipo que sean— como parte natural del arco del personaje. Desde la butaca, volver a caer parece un reto más, un tropiezo necesario o incluso una nueva esperanza: la promesa de que esta vez el aprendizaje será definitivo. La recaída funciona como motor narrativo, como combustible para seguir contando la historia.</br></br>Sin embargo, en la vida real la recaída no siempre ofrece ese margen de interpretación. No es un recurso dramático ni un punto de giro elegante. A menudo es un límite. Y entonces solo parecen existir dos opciones, como en Trainspotting: o eres Renton o eres Tommy. O logras levantarte y seguir adelante, cargando con las consecuencias, o te quedas atrás, atrapado en un ciclo que no entiende de segundas oportunidades.</br></br>El cine suaviza la caída porque necesita esperanza; la realidad, en cambio, no siempre la concede.
R
Ruth032313 de enero de 2026
Te felicito, eres un gran comentarista,llegarás lejos.

De este autor