¿Dónde estás?

Reseñas generales

Hace muchos años atrás le prometí a la protagonista de estos hechos que contaría su historia, porque el mundo debe conocerla. También le prometí que nunca la mencionaría a ella; ni su nombre, ni nada que pudiera identificarla. Intenté muchas veces hacerlo; pero las palabras no fluían adecuadamente. Hoy se presenta esta oportunidad; veremos si soy capaz de cumplir mis promesas…

Es marzo, verano en mi país, son más o menos las 8 de la mañana; me despierto, porque escucho que tocan la puerta. Voy a abrir, es la nana de mis hijos. Ellos ya están levantados revoloteando una alrededor de nosotras y el otro en mis brazos, porque todavía no sabe caminar.

La nana pone agua para tomar desayuno, yo estoy sentada en una silla de la cocina, todavía con pijama y más dormida que despierta con cada uno de mis hijos sentado en cada pierna; de pronto me doy cuenta que los tengo sentados conmigo y le digo a la nana que quiero una foto así con ellos; ella me responde que ya tendremos tiempo de tomarla…

Lo siguiente que recuerdo tal cuál es que mi hermana vino a la casa con sus hijas menores cada una contemporánea con uno de mis hijos (para que se entienda mejor, mi casa es como un mini condominio; hay un jardín grande que es común y están el departamento de mi hermana, la casa de mi otra hermana y “la casa grande” donde yo vivía en ese entonces; todas comunicadas entre si; pero a la vez independientes y con los jardines comunes para todos).

Sé que en esa mañana tomamos desayuno; sé que bañé a mi hija, porque puedo recordar la ropa que le puse después del baño (un pantalón de buzo rosado y un polo verde con los Looney Toons, medias rojas con negro y ganchitos rosados en el cabello) y cómo se medio durmió en mis piernas mientras le limpiaba sus orejitas. También recuerdo haber pensado en ir a hacer compras al mercado con mis hijos y la nana; pero decidí dejarlo para unos días más en que me depositarían y podríamos pasear a parte de hacer compras. Por este motivo es que sólo fui a la tienda a comprar las verduras faltantes para la papilla de mi hijo; me acompañó mi hija; recuerdo haberle comprado una bolsa de galletas Pipos (creo que ya ni existen esas galletas); sólo se comió tres galletitas de esas…

La mañana iba como siempre en la casa. Mi hermana y yo solíamos almorzar juntas, así que nos turnábamos para cocinar para toda la tropa. Ese día me tocaba cocinar  a mí; estaba preparando garbanzos. Las niñas jugaban; me refiero a mi hija y la de mi hermana,  (tenían todos los espacios de todas las casas para jugar libremente); la nana estaba en el jardín con mi hijo aprovechando el sol; mi sobrino mayor estaba con su hermanita menor (contemporánea con mi hijo) en el comedor de la casa grande o en su casa; esas cosas ya no las recuerdo bien; el punto es que la mañana fluía en casa como una mañana cualquiera de verano.

Como ya dije, hacía calor; así que mi hermana le pidió a su otro hijo que llenara con agua unas tinas muy grandes que teníamos para que las twins (así les decíamos a nuestras hijas) hicieran “piscina” en el jardín. Cuando ya casi estaban llenas fuimos a buscar a las chicas para que estuvieran atentas para poder entrar al agua.

Las buscamos y demoramos en encontrarlas, porque se habían ido a jugar a la casa de mi otra hermana (ella estaba en el colegio junto con su hijo menor, porque ya habían empezado clases. Los demás colegios de la zona empezaban clases la semana siguiente); en su casa sólo se encontraba mi cuñado y mi otro sobrino cuyo colegio todavía no iniciaba clases; él había salido, no recuerdo a dónde. Para que se entienda; todos mis sobrinos estaban en esa época aún en edad escolar; dos de ellos en primaria y los otros dos en secundaria; el mayor de todos tenía apenas 15 años.

Cuando encontramos a las twins les comunicamos que harían “piscina”; ambas se alegraron y mi hermana y yo nos dimos la vuelta para regresar a la cocina. Para un mejor entendimiento de la historia; en ese momento nos encontrábamos en la puerta de la casa de mi otra hermana ; esa puerta comunicaba su casa con la casa grande directamente. Daba al pasadizo de la casa grande que iniciaba en la puerta de la calle y terminaba en la esquina para entrar a la cocina. Serían aproximadamente las 10:30 a 10:40 de la mañana.

Después de hablar con ellas nos dimos la vuelta dándoles la espalda a ellas y también a la puerta de la calle. Debo decirlo y si; es una de las cosas que,  por más que sepa que no tenía cómo predecir,  siempre me carcomerá el alma; en ese momento, al darme la vuelta tuve esa sensación en la espalda como si algo muy terrible fuera a suceder; ese temor visceral que se siente, que no tiene explicación física; pero es real. Y lo ignoré. No volteé a ver qué había detrás mío, porque decidí pensar que no había necesidad. Estaba en mi sitio seguro, mi casa de toda la infancia, de toda la vida; mi fortaleza, nada malo podía suceder dentro de ella.

Mi hermana y yo regresamos a la cocina; sin que ninguna de las dos volteara a ver hacia atrás. Ella terminó de preparar la papilla de su hija; yo terminé de aderezar los garbanzos y, como ya habíamos terminado; mi hermana me pidió que buscase a las twins para ponerles sus ropas de baño y entraran a las piscinas.

Busqué por la casa grande llamándolas, no me respondieron; así que fui al departamento de mi hermana; ahí encontré a mi sobrina, estaba buscando su ropa de baño sin poderla encontrar, porque su mamá ya la había llevado a la casa grande. Le dije que fuera ya a cambiarse a la casa, que su mamá tenía su ropa de baño y volví a la casa grande a buscar a mi hija pensando estaría jugando debajo de alguna mesa o alguna cama.

Llamaba y llamaba, buscaba y no aparecía. Mi hermana se unió a la búsqueda y no estaba.

Volvimos a buscar en la casa de mi otra hermana, mi cuñado nos abrió y le dijimos lo que pasaba; mi hija no aparecía. Debo decirlo y es algo de lo que sé que mi hermana se arrepiente hasta ahora; mientras esperábamos que mi cuñado abriera la puerta ella tuvo la sensación de “¿y si hay alguien escondido en las escaleras?” (ni bien se abre la puerta de la casa grande, a un lado del pasadizo que les digo hay una escalera que comunica a la única habitación del segundo piso; si alguien se sienta en esas escaleras es imposible verlo desde el pasadizo). Como mi cuñado nos abrió la puerta ya no fue a fijarse ahí.

Entramos a su casa y también buscamos, porque en este punto ya estaba desesperada.

Como comprenderán, este es el primer momento de terror real de esta historia. No es terror ficticio ni del tipo de terror que sabes que eventualmente pasara; es del terror que aumenta y no se acaba; del que te hace pensar que estás en un túnel oscuro sin salida.

Busqué hasta dentro de los frigidaires, porque no sabía dónde más buscar. Mi hermana me dijo que fuera a la policía; pero primero me comunicara con el padre biológico de mis hijos.

Lo llamé. Le pregunté si la tenía. Me respondió que no. Le dije que no aparecía que se había perdido, que iría a la comisaría a pedir ayuda. Me dijo que lo esperara.

¿Dónde estás? Fue el grito ahogado de mi alma…

Obviamente no lo esperé, mi cuñado me acompañó. Llegamos a la comisaría de mi localidad. Les dije que quería presentar mi denuncia por desaparición. Me respondieron que debía esperar 48 horas para presentar una denuncia de ese tipo. Les grité que mi hija era demasiado pequeña como para justificar el “esperar que regresara sola, por eso hay que esperar 48 horas”; pero me dijeron que así era. ¿Entonces por secuestro? Quién la secuestró. Su papá biológico. No hay secuestro de padres a hijos.

Salí más angustiada, aterrorizada de lo que llegué. Antes de eso aún conservaba en algo la romántica idea de que la policía te podía ayudar a resolver los problemas… nada más falso para lo que empecé a vivir ese día…

Llamé a mi hermana, porque no sabía qué más hacer.

Me dijo que fuera a la DEMUNA (Defensoría de la Mujer, el Niño y el Adolescente); lugar dónde había iniciado los trámites de juicio de alimentos para mis hijos, no porque quisiera el dinero; sino porque sabía que así su padre biológico no podría volverlos a tocar; esa es otra historia de terror que contaré en otra ocasión.

Llegué a la DEMUNA; acompañada de mi cuñado; no hubo necesidad de que dijera nada para las abogadas se dieran cuenta que algo muy malo estaba pasando. Les expliqué y me dijeron que hablarían con un amigo policía de otra comisaría para que me permitiera presentar la denuncia.

A este punto se requiere otra explicación; era de un distrito cercano al mío.

En esa otra comisaría me permitieron presentar la denuncia e indicaron a un policía de ahí para que fuera conmigo a mi casa para levantar el acta respectiva.

Saliendo justo llegaba el padre biológico en una ambulancia de bomberos (para esto ambos éramos bomberos, así nos conocimos).

Vale decir que, cuando lo llamé, en vez de ir de frente a ver qué sucedía, fue primero a su compañía a pedir la ambulancia para ir a mi casa.

Mientras estaba yo tratando de presentar la denuncia, él llegó a mi casa; ni bajó de la unidad, mandó a otro; mi hermana le dijo que se acercara él. preguntó qué pasaba, que lo había llamado. Mi hermana se lo explicó. Preguntó que dónde estaba, le dijo que me fui a la comisaría; ni preguntó por su otro hijo, se dio media vuelta y se subió a la ambulancia.

Luego volvió a mi casa, porque llegó a la primera comisaría y le dijeron que estuve ahí; para decirle a mi hermana que, por favor me dejara de decir cosas, que yo sabía que él hace tiempo no venía ni a ver a mis hijos; que no estuviera hablando cosas, que dónde estaba yo. Mi hermana le dijo dónde.

Cuando yo salía de la comisaría acompañada por un policía y mi cuñado, llegaba este señor en la ambulancia de los bomberos. Cuando me vio lo primero que dijo fue “¿Por qué andas diciendo que yo la tengo, si sabes que no voy a tu casa? Le respondí ”Porque si quiera así sabría que está segura y no le pasa nada". Nos subimos en la ambulancia camino a mi casa. El policía hizo su constatación; dimos una vuelta, en la ambulancia con el policía, por los alrededores de mi casa y ya cuando se iban a retirar y el padre biológico de mi hija me abrió la puerta para bajar de la ambulancia me dijo que más tarde me llamaría para arreglar este asunto de una vez por todas. En ese momento no lo pensé; sólo quería a mi hija sana y salva en mis brazos otra vez; pero… ¿Qué asunto quería arreglar de una vez por todas?

Según lo que el policía me dijo, lo que me quedaba era esperar. Esperar que mi hija apareciera o esperar que se comunicara conmigo la división de secuestros de la policía; lo que sucediera primero.

Serían ya como las 14 o 15 horas aproximadamente. 

Yo no me podía quedar quieta. Me recomendaron que me quedase en mi casa, que no saliera; pero era muy angustiante y difícil. Cada esquina, cada juguete, cada ruido; todo en mi casa tenía la huella de mi hija y hacía más angustiante y aterradora la incertidumbre de no saber dónde estaba, cómo había salido, con quién estaba…

No soportaba estar en ninguna parte, así que me fui a sentar en las escaleras, mirando hacia la puerta con la esperanza de que esa acción hiciera que mi bebé regresara.

La señora que nos ayudaba con la limpieza justo iba a iniciar por la entrada y la puerta, por eso me pidió que, por favor, fuera para adentro. Así lo hice.

Un rato después de haber ido para adentro y ella avanzar por el pasadizo haciendo la limpieza ya no recuerdo bien cómo; pero mi otra hermana, la profesora, encontró en la esquina de la puerta un papel doblado. Al abrirlo, literalmente el infierno se abrió en mi alma: “Yo tengo a …… escribe a mmalo666.hotmail.pe Silencio si quieres tenerla”

¿Qué sentirían ustedes con una nota así? ¿Qué pensarían?

Silencio: Yo ya había comunicado a todos los que podía de la desaparición de mi hija. Desde la policía hasta las radios locales; si ese día no aparecía ya mis compañeras del colegio estaban viendo la forma de que pasase por la televisión el anuncio de su desaparición.

mmalo666.hotmail.pe: Eso es lo que más terror me causaba.

Mi hermana, la profesora, me acompañó primero a la comisaría para llevar el papel que tuvimos el cuidado de sólo tocar por las esquinas hasta ponerlo en una bolsa de plástico para que no se llenara de huellas digitales. Al llegar a la comisaría un policía, al que, de verdad, le deseo Nuestro Señor colme de sabiduría; nos dijo que eso de las huellas digitales era sólo para las películas tocando el papel con ambas manos y hasta poniendo toda su palma en él para dar más fuerza a lo que decía (estábamos en 2002). Nos dijo que lo comunicaría; pero que de eso no se podía sacar mucho; que fuéramos a sacarle fotocopias para dejarle a él. Así lo hicimos.

Luego fuimos a abrir mi correo por si había algún mensaje. Nada. Escribí a ese correo; no recibí el mensaje de que el correo fuera inválido. Alguien era dueño de ese correo. Era real. Escribí en todos los idiomas que sé hablar para que supieran que era yo. Me quedé esperando; pero nada. 

Estas cosas pensaba ocurrían en las películas, a otras personas; pero no a ti. El terror se hace real, cuando te ocurre a ti, cuando te das cuenta que estás en medio y no puedes salir. Cuando te das cuenta que tu pequeño ángel está en peligro y no tienes ni puedes ayudarla, porque no tienes la menor idea de dónde está. Eso es terror real. 

Esperé en mi casa hasta que oscureció, se hizo de noche. Llegaron los de la división de secuestros. Les contamos todo, hasta los detalles que nos parecían más insulsos, porque no sabíamos qué podía ayudar. Cuando llegamos a la nota que recibimos, vi una luz en el rostro del policía que nos hablaba, cuando se la traje y les contamos que nos dijeron que le sacáramos copia y lo que hizo el policía y que, a partir de ahí ya la manipulamos completamente. Esa luz se apagó. Este policía nos dijo que si se obtienen huellas de los papeles. En ese momento sentí que le había vuelto a fallar a mi hija. Sentía que cada cosa que hacía sólo conseguía fallarle más.

En resumen me dijo que al día siguiente fuera a las 8 am a la división de secuestros a presentar mi manifestación, que llevara fotos de mi hija si las tuviera. Que por el día eso era todo.

¿Eso era todo? Si apenas serían las 19:30 o 20 horas!!!!!!!!

Pero sí, eso era todo por ese día. La verdad, no recuerdo más por ese día. Lo siguiente que les puedo contar es estar echada en mi cama con mi hijo dormido junto a mí. Pensando en hacer una oración pidiendo ayuda para encontrar a mi hija y a la vez sintiendo que si pedía ayuda estaba aceptando que ella estaba en peligro y no podía ser así.

A la mañana siguiente me levanté muy temprano. Mi otro cuñado me acompañó a la división de secuestros. Recuerdo llegar, que me hicieran preguntas; muchas preguntas, algunas confusas; responderlas todas. Luego de eso que me dijeran que debía pasar una prueba grafotécnica (comparar mi letra con la de la nota). Ahí si recuerdo qué hora era, porque sentí una angustia, pánico, dolor que puedo decir venía desde más adentro que del fondo de mi alma. Miré la foto de mi hija y sólo pude decir llorando como creo que nunca he hecho y espero no tener que volver a hacer “…….. defiéndete con uñas y dientes; araña, patea, muerde; pero no dejes que te hagan nada”. Eran las 9 de la mañana, minutos más, minutos menos.

Luego de eso ya todo es confuso; recuerdo estar en el carro de la madrina de mi hija dirigiéndome primero a recoger unas fotos de mi hija que tenía su tía paterna para poderlas publicar cada media hora en un canal de televisión (una compañera de mi promoción de colegio consiguió ese contacto). Cuando sucedió. Sonó el teléfono de mi cuñada que estaba conmigo. “Hola…” “¿Pero estás segura?¿Estás segura?”. Luego cortó la llamada y pidió que el carro se estacionara. Yo no entendía nada. Me dijo que llamaron de la casa, que ya habían encontrado a mi hija. Mi corazón se infló de alegría; sentí que otra vez brillaba el sol; que existía Dios… Mi cuñada no había terminado de hablar. …….. no está viva. Simplemente no puedo explicarlo.

¿Alguna vez han pintado un círculo todo de negro? Imagínense estar dentro de ese círculo, rodeados de la nada… ni aún así llegan a imaginar lo que se siente…

Es el momento donde tu realidad se tuerce y pasa lo impensable; que una madre sobreviva a su hija. Recuerdo ya no sé si sólo pensar o también decir en ese momento “Pero eso no puede ser, ella es muy pequeña para estar muerta; eso no puede ser cierto. Eso no es posible, ella es muy pequeña…”

Lo siguiente fue estacionar el carro frente a mi casa. Recuerdo haberme lanzado del carro. Mi cuñada me agarró de la cintura y del brazo para hacerme cruzar la pista.

En frente de mi casa había una ambulancia estacionada, una ambulancia de los bomberos estacionada. Pensé con esperanza por los microsegundos que me llevaron cruzar la pista que mi hija no estaba muerta; sino que estaba, tal vez muy grave y me estaban esperando para llevarla al hospital; pero el punto era que no estaba muerta.

Cuando crucé la pista y llegué recuerdo a uno de los bomberos preguntarme qué pasaba con cara de confundido… en ese momento lo supe; ellos no sabían nada; todo el peso de la incertidumbre; el delgado hilo del que pendía mi esperanza se hacía cada vez más débil.

Llegué a la puerta de mi casa; la abrí y…

Ahí estaba. En brazos de mi otra hermana (una que hasta ahora no había mencionado). Una que nunca quiso en lo más mínimo a mi hija; pero ella la sostenía, llorando como si la vida se le fuera en eso.

¿Mi hija? ¿Mi bebé? Parecía dormida, exactamente igual a como yo la había cambiado el día anterior. Con la única salvedad de que no tenía las sandalias puestas.

Pedí que me la diera; era mi bebé; quería cargarla, abrigarla; que el calor de mi abrazo, de mi corazón volviera a hacer funcionar el suyo y volviera a reír, volviera a jugar con sus primas y su hermanito…

Pero no. Esa hermana, la que la tenía cargada me respondió. “Lo siento mucho; pero no puedo dártela; ya tiene mis huellas y no puede tener las de nadie más…”

En ese momento no recuerdo quién me arrastró a dentro de la casa…

Y aquí termino de contar esta historia y considero necesario explicar por qué es una historia de terror y no policial, como muchos de los que llegaron hasta ahora pueden estar pensando.

"Los cuentos de hadas no le dicen a los niños que los dragones existen. Los niños ya saben que los dragones existen. Los cuentos de hadas le dicen a los niños que los dragones se pueden matar"

Es por esto.

Porque esto es mentira; es falso. 

Esta historia es de terror; de terror real, porque te demuestra que ni en tu propia casa estás a salvo; que los monstruos, los fantasmas; los demonios son reales. No son translúcidas imágenes etéreas u horribles criaturas deformes que huelen a azufre y podredumbre.

Muchas veces las tienes dentro de tu casa, viviendo contigo o acechándote donde menos esperas; expectantes por atacar y arrebatar la inocencia del más puro y destruir cuántas vidas pueda en su camino. Dejarlas marchitas pudriéndose con la duda.

Porque no hay terror más grande que la duda…

Yo, hasta el día de hoy, 23 años después, sigo teniendo dudas. ¿Dónde estuviste? ¿Quién te tuvo? ¿Por qué?

Y, lo que es más angustiante; lo que es más aterrador y no da reposo a mi mente es la inmensa duda que me carcome por dentro a que; si pasó una vez, vuelva a pasar otra vez… Mis demás hijos debieron vivir con una madre muerta de miedo; eso fue aterrador para ellos; muerta de miedo de quién está cerca; muerta de miedo de que nadie vea sus fotos; muerta de miedo de dejarlos ir… considerando que, ahora mis hijos (los hermanos de mi angelito) son mayores de edad.

Incapaz de darle reposo a mi mente; siempre debe estar ocupada; porque si la dejo descansar un momento se asoman imágenes horrendas de lo que podría pasarles a mis hijos en diferentes circunstancias. Si salieron a algún sitio y no responden el teléfono o demoran 5 minutos más en llegar de lo coordinado; vienen las imágenes. Escenarios que ni Lovecraft, King, etc. podrían haber imaginado. Pero me toca disimular; me toca aparentar que mi vida es normal, porque ellos se merecen una vida normal también…

Hay mucho que no he contado y faltaría mucho que contar de lo ocurrido después…

En fin; si no la consideran de terror por no tener fantasmas, monstruos, demonios o locos con sierras eléctricas; al menos espero me hayan podido acompañar mientras intentaba cumplir una promesa que llevaba puesta en pie 23 años; ustedes serán los jueces sobre si logré cumplirla.

Sólo para cerrar; esta no es una historia de terror o la más aterradora historia que me tocó vivir.

Está es la aterradora historia de mi vida y lo es así, porque es real y la sigo sintiendo en cada poro de mi piel… en cada fibra de mi alma…

 

 

 

 

 

Comentarios 1

R
R.D.M.11 de octubre de 2025
Sí, es de terror, lo viviste en carne propia y todo por una hermana. Y el trauma que te dejó más atrás. Nos leemos.

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