Cuando no todos ríen...
NarrativaQuién no quiere relajarse y reír; olvidarse de todo y pasar un buen momento; tal vez acompañando, tal vez solo, disfrutando de una buena comedia; pero… ¿Y qué pasa cuándo viendo una comedia vas sintiendo que hay algo más profundo detrás de ella? Vas sintiendo una puerta pequeñita abrirse lentamente en tu mente, en tu conciencia. Y sabes que lo que salga de ahí te hará reflexionar en algo mucho más profundo; tal vez mucho más oscuro que lo que tú esperabas encontrar al sentarte a disfrutar de una simple comedia (que resulta no ser tan simple).
Entiendo que este sentimiento debe ser disparado para cada quién por diferentes temas, por diferentes situaciones; eso dependerá de las experiencias previas, traumas, vivencias, etc.
En mi caso esta pequeñita puerta se ha abierto en mi conciencia (y en ocasiones arruinado la película para mis acompañantes) en películas como “Mentiroso, mentiroso”; “Papá por siempre”; “Lilo y Stitch”; “Los tuyos, los míos y los nuestros” y otras más como estas.
¿Logran ver qué tienen en común? ¿Encuentran el hilo que hace que se vuelvan más serias de lo que se supone deberían ser?
Para mi todas estas y otras más nos dejan ver lo frágil y delicado que es el mundo de la estabilidad emocional para los niños. Básicamente lo importante para ello que es tener una familia que les brinde seguridad, amor y protección.
En estos tiempos dónde aparecen tantos expertos mencionando diferentes corrientes sobre cómo educar correctamente a los niños, sobre cuáles libertades se les deben dar y cuáles no, pensar en los temas serios expuestos en estas películas, tal vez sin intención del director, guionista o productor me da que pensar mucho.
Por ejemplo, en “Un papá genial”, ¿alguna ves te pusiste a analizar el grado de abandono que debe haber sentido Julian cuando su madre (única figura de amor y protección hasta ese momento en su vida) lo abandona (porque así se debe haber sentido Julian) en la puerta de un completo extraño para que, a partir de ahí se quede con él, viva con él, dependa física y emocionalmente de él?
Todos ríen al ver la película; pero yo no pude dejar de pensar en el verdadero Julian; porque estoy segura de que existen muchos “Julian” en el mundo real. En lo duro y traumático que es ver tu pequeño mundo destrozado y en las secuelas que esto puede arrastrar inclusive hasta la adultez.
Cuando Julian mojaba la cama, todos reían con los periódicos que ponían en ella; yo pensaba que esa falta de control de esfínteres sólo era una exteriorización de lo abandonado que podía sentirse. Solo, abandonado, perdido, etc.
Por supuesto que, tratándose de una película de Adam Sandler todo termina bien, con muchas escenas graciosas y demás. Pero; ahora que abrí esa pequeña puerta para esta dimensión en esta película, la siguiente que la comentes con amigos, la vuelvas a ver o pienses en ella; ¿serás capaz de reírte sin pensar en algo más profundo y oscuro detrás de ello?
Yendo hacia otro lado de este mismo universo tenemos a “Papá por siempre”; el gran y único Robin Williams (personalmente mi actor favorito de todos los tiempos). Esta película ofrece otra perspectiva sobre ese frágil mundo del que les hablaba en un principio. Entiendo que hay padres irresponsables, padres que, como proveedores no cumplen, que recargan todo a la pareja, haciéndola responsable del cuidado de los niños, del cuidado de la casa y también de proveer lo necesario siendo ellos nada más el padre gracioso, permisivo, “bueno”, porque nunca dice no y es en parte lo que engancha a los niños en general. Para aclaración, al referirme a “padres” hablo de ambas partes. En situaciones como esta se sobreentiende que otras medidas deben ser tomadas; lo que conduce a la trama de esta película; una madre que se separa, que ya no puede más; que busca la ayuda legal que considera necesaria y la recibe, dándole la justicia la custodia de sus hijos y conminando al padre (Robin Williams) a hacerse responsable por primera vez en su vida.
Todo esto (al menos en esta película) lo juzgo correcto, porque su personaje no era el modelo de padre que uno esperaba; pero, ese no era el percibir de sus hijos. Ellos amaban a su padre y sentían que alejarse de él era injusto. Entiendo que , en muchas situaciones, es mejor que “sufran” los niños esa separación para no ser expuestos a mayores peligros; pero aún así, eso no evita que algo se rompa dentro de ellos, que su mundo se vea sacudido ante esta separación y que; si no es acompañada correctamente, sólo asumiendo que, como son niños, lo van a superar solos y hasta ni lo recordarán, no deje también marcas que los persigan hasta la adultez que intenten formar sus propias familias.
Algo similar ocurre en otra comedia de otro genio del humor. En “Mentiroso, mentiroso”. Me dirán que me equivoco, porque el personaje principal (Jim Carrey) recupera a su familia y tiene un magnífico final feliz; es cierto. ¿Alguien se percató entonces del destino de los dos niños, personajes casi invisibles, hijos de la demandante (Jennifer Tilly)? En la escena del juzgado, al final del juicio que es ganado por Fletcher (Jim Carrey) magistralmente; se les ve a los dos niños correr a los brazos de su padre y no querer separarse de él; hasta se le escucha decir a la madre que su ex es un muy buen padre; pero para ella, esos niños sólo representaban mayor ingreso económico; por tanto se los lleva y no les permite permanecer más con su padre. Para la gran mayoría esto pasa casi desapercibido, porque, después de todo, se trata de una comedia. En la vida real; esta situación no es tan graciosa; niños que viven sin amor significando sólo un número en un cheque o un depósito al final del mes; separados de quién sí les brindaba amor por un tecnicismo legal y condenados a que no les falte nada material excepto tal vez la cosa más importante de todas AMOR. En esta película casi nadie repara en el drama de esos dos niños, porque “no son importantes, son invisibles” y esto es curioso; porque muchas veces sucede igual en la vida real; los niños en el fondo terminan “no siendo importantes” convirtiéndose en personajes invisibles en sus propias historias; cuando de lo seguros, de lo sólidos, de lo muy amados que los niños resulten dependen los adultos que forjen el futuro. Después se preguntan, diría yo tontamente, ¿por qué el mundo está como está? ¿Será quizás porque no le damos la importancia que de verdad se merece proteger a nuestra niñez de cualquier cosa, persona o situación que pudiera siquiera intentar lastimarla de cualquier forma?
“Lilo y Stitch”; comedia animada llevada al Live Action recientemente. Personalmente una de mis películas favoritas (mi familia no es familia; es Ohana a raíz de esta película). Y aquí, ¿qué de qué? Si es muy obvio que la película empieza con un drama familiar, con una lucha por seguir manteniéndose juntas. Me dirán que ahora intento inventar la pólvora. Y no, no intento inventar la pólvora, porque no voy a analizar la situación de Lilo; que de por sí es complicada; perdió a ambos padres en un accidente, es víctima de bullying, se queda bajo la tutela de Nanny, quién no dejó de ser hija para pasar a ser madre de la noche a la mañana y, para colmo, con una situación económica precaria y la amenaza constante de que se la lleven a un hogar sustituto. Analizar todo eso, sería inventar la pólvora. En toda esta temática de quién quisiera comentar es de Stitch. En la película es sólo un extraterrestre que no encuentra su lugar; pero el mundo real está lleno de niños como Stitch; que son “creados” sin querer, sin un horizonte definido; algunos abandonados al nacer, dando tumbos de orfanato en orfanato, que nunca llegan a sentir amor o esa sensación que muchos de nosotros damos por sentada, la de pertenencia; sentir que perteneces a un lugar, a una familia y, que de igual manera, ese lugar, esa familia te pertenece. O también niños que nacen, porque deben nacer; pero se vuelven invisibles al punto que tampoco pueden desarrollar ese sentimiento tan importante de pertenencia. Después se andan preguntando por qué hay tantos conflictos en el mundo, ¿no será por muchos niños que no pudieron desarrollar correctamente este sentimiento y que ya, de adultos, lo tergiversaron intentando compensar sus traumas de niñez? Porque para que exista un trauma no hay necesidad de golpes y de gritos; la indiferencia puede hacer mucho más daño. Para mí, la escena más dura de toda la película es en la que Stitch, viendo el libro del Patito Feo dice “estoy solo” y Jumba le dice que él (Stitch) no pertenece a ningún lugar, que fue creado, que no tiene familia. Cuántos Jumbas reales habrán que, sin escrúpulos ni conciencia siquiera de lo que hacen destrozan la psique de pequeños que intentan sentirse parte de algo, que intentan desesperadamente no sucumbir a la inmensa soledad y tristeza.
Para finalizar solo unas cuántas reflexiones. Los niños, la infancia, la psique de los niños, su integridad, su inocencia son de las cosas más sagradas e importantes que tiene la humanidad. Independientemente del credo que tengamos o si no tenemos uno, está escrito en nuestra conciencia, en nuestro instinto animal el hecho de proteger todo lo antes mencionado. No pretendo dar clases de moral ni ejemplos de ella; sólo resaltar el hecho de que, como ya vimos en los ejemplos anteriores, es tan fácil destruir a un niño y que pase desapercibido el hecho; pero, la mayoría de veces ese niño destruido se convertirá en un hombre o mujer roto que, a su vez terminará rompiendo negativamente al mundo.



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