"Como quién dijo..."

Reseñas generales

Para poder escribir, estaba pensando en todas las películas que vi de niña. Vinieron las de Disney a mi mente; “Los Aristogatos”, “Fantasía”, “Dumbo”… también otras como “Laberinto”, “Volviendo a casa, una aventura increíble”; “La Novicia Rebelde”;  si bien es cierto todas estas películas me marcaron de niña y guardo muy bonitos recuerdos; no sólo de ellas, sino de con quiénes las compartí y las actividades posteriores relacionadas a verlas (dibujos, manualidades, experimentos, etc.) ninguna de ellas me hizo sentir el corazón abrigado al recordarlas.

Hasta que recordé tal vez algo no muy esperado al escribir bajo un tópico como este, recordé las películas de Cantinflas; de Mario Moreno “Cantinflas” y, literalmente y automáticamente se me esbozó una sonrisa de oreja a oreja y sentí mi corazón abrigado por una grata sensación de calidez, alegría y nostalgia al mismo tiempo.

Pensar en una sola película de Cantinflas; pensar en LA PELÍCULA que me lleva a mi infancia se me hace muy difícil, porque todas me evocan recuerdos muy intensos; de las enseñanzas aprendidas junto con la risa; de los momentos compartidos junto con mi papá; de las conversaciones posteriores (o durante los comerciales) para entender el contexto de la película y a qué realidad se refería, también junto a mi papá.

Será que todo esto está envuelto en un gran y fuerte recuerdo junto a mi papá que hace que las películas de Cantinflas, en general, sean las que marcaron mi infancia. Si no mal recuerdo comencé a verlas más o menos a los 8 años y esa “tradición dominguera” duró hasta mis 11. Hay varias películas cuyos diálogos podía repetir de memoria, sin cansarme de verlas.

Por nombrar algunas; por mencionar algunos recuerdos evocados…

Casi puedo oír la melodía en mis oídos “Chirrín, chirrín, lo digo yo, de a devis si; de a mentis no, chirrín, chirrín, mi profesor, ni modo hay que estudiar…” ¿Alguien que lea este artículo la recuerda? Es de “El Profe”, película que nos enseña que el mayor poder de la corrupción y del retraso de cualquier sociedad es conseguir mantener al pueblo analfabeto y desinformado; que cualquiera que alce su voz y se interponga en esto es considerado “enemigo”. Obviamente de niña no pude percibir todo esto tal cuál; sólo pude entender e interiorizar que los niños también tenemos una voz que debe ser respetada, que tenemos derecho a ser tratados adecuadamente, a ser amados y cuidados de todas las formas. Mi papá era docente; era profesor universitario; pero, de verdad, de verdad; es el mejor profesor que jamás conocí. Entiendo que esta película me toca de manera especial por este motivo.

¿Alguno de los lectores recuerda a “Chava”? Para ayudarlos un poco; se trata del personaje que encarna Cantinflas en la película “El Señor Doctor”. A decir verdad y, ahora que lo analizo, pienso que aquí nació mi vocación médica (quería ser pediatra de emergencias y desastres; sólo llegué a ser paramédico). Siempre dije que mi vocación inició viendo la serie E.R.; pero pienso que fue aquí. Recordar esta película me hace sentir otra vez esa niña maravillada por lo increíble de poder curar; de poder tener la “magia” de hacer que el dolor desaparezca. Ahora que, en retrospectiva analizo esta película confirmo algo que es sabido por todos: LA INDIFERENCIA MATA y de muchas formas; ya sea porque, por si sola cala muy hondo en el alma haciendo imposible que ningún tratamiento funcione o, porque al ser indiferentes dejamos de dar el tratamiento requerido. 

Otro recuerdo es esa joya de “El Analfabeto”. Casi puedo volver a sentir toda la indignación y rabia que me produjeron de niña al ver que casi dejaban sin herencia a Inocencio. También recuerdo que, cuando vi la película, me costaba entender que existieran personas adultas que no supieran leer ni escribir. Fue mi papá el que me explicó que esa realidad era muy dura y muy cercana; yo soy de Perú, así que pues; el índice de analfabetismo es grande; más entre los 80 y 90 que fue cuando conocí a Cantinflas. Pero de esta película me quedó grabado que, pase lo que pase, tener un corazón puro y honrado; actuar siempre con honradez y deseo de superación trae consigo grandes frutos y recompensas.

Todas las películas anteriores las vi en mi casa con mi papá; pero para la siguiente si debo trasladarme al cine. Recuerdo casi, casi perfectamente esa tarde. Llegué del colegio; era día de semana, debo haber tenido unos 9 o 10 años; me disponía a realizar mi rutina de todos los días; pero mi mamá me dijo que me cambiara rápido para almorzar ya que luego de eso saldríamos. Eso me pareció extraño, porque, en día de colegio no se salía a pasear; pero bueno. Para esto ni mi mamá ni mi papá me decían a dónde iríamos. Salimos y fuimos al cine; un cine pequeño, el de mi ciudad; un cine sin venta de canchita, ni grandes carteleras, ni nada. Ahí me di cuenta que veríamos “El Padrecito”. Mi papá encontró que la darían en el cine de mi ciudad y decidió llevarme a verla. Soy católica de nacimiento y convicción. Ver esta película, me hizo entender e interiorizar de verdad el hecho de que la religión no es un tema tener miedo ni andar tristes. Puedo recordar la escena de Cantinflas ayudando a tirar los gallos a su propio cuarto, cuando se negó a bautizar a un niño por el nombre que sus padres le querían poner. Cada vez que recuerdo cuando el padre Sebas estaba recogiendo la limosna y le daba su “vuelto” a una de las asistentes no puedo evitar reírme de nuevo. Incluso ahora que mis hijos son los que entregan la limosna, todos los domingos me sonrío al recordar esta película.

Pero sí; ya cerrando el artículo toca dar el veredicto de cuál de todas es la película que me lleva a mi infancia; que marcó mi infancia y, luego de este breve viaje debo decir que fue “Su excelencia”. Por qué me lleva a mi infancia; muy simple, porque hasta ahora la sencillez de la escena final y, aún así toda la crudeza y realidad atemporal que encierra, la tengo grabada en mi mente, no como una imagen, sino como una guía de lo que debe ser.

Un mendigo en plena calle; con frío, hambre; sin mayores esperanzas que recibir algo de ayuda acercándose a un hombre elegantemente vestido, de porte impecable y le dice extendiéndole la mano casi con una actitud de humillación y ojos suplicantes “Su excelencia”. El hombre de traje impecable se revisa los bolsillos sólo para darse cuenta de que no trae nada en ellos, lo mira y se saca el abrigo grueso, caro, fino que lo abrigaba y se lo pone al mendigo, el cuál agradece el acto.

Para entender esta escena, para entender que, a mi parecer, se trata de una de las escenas con mayor significado que he visto en toda mi vida, hay que saber de qué trata la película.

En resumen, se trata de un hombre humilde, sin mayor preparación que, por azares del destino va escalando en puestos políticos (cosa muy común aún en nuestros tiempos), hasta llegar a convertirse en el representante de su nación en una cumbre mundial que decidiría el destino del mundo entero. Esta transición, por tratarse de Cantinflas, se va dando entre broma y broma; pero adquiriendo su personaje cada vez mayor madurez y conciencia de lo que representa.

Al llegar a la cumbre, le toca ser el último en dar su discurso de quién dependería para que lado se inclina la balanza, si para los verdes o para los colorados. Después de decirles los errores de cada uno, les comunica que no puede tomar ninguna decisión, porque hace 24 horas que ha renunciado a su cargo, así que, les ha hablado como un simple ciudadano del mundo, no como una excelencia.

Regresando a la escena final; “Lopitos” (personaje de Cantinflas) le entrega al mendigo la única posesión de valor que tenía, su abrigo.

Esta escena me lleva a mi infancia, porque me hace recordar cómo de niña prometí nunca permitir injusticias, siempre obrar para hacer el bien. Prometí trabajar para marcar la diferencia y no existan niños muriendo de hambre; “pocos que tienen mucho y muchos que tienen poco”.

No puedo decir que me haya alejado mucho de esa línea; trato de hacer lo mejor que puedo; pero si, no es que sea mi prioridad; debo reconocer con vergüenza.

Ahora que hice este viaje por mi infancia para aterrizar en esta película debo decir que si; traeré más a la vida a mi niña interior para cumplir pienso, lo que encierra todo lo recordado en este recorrido, que también es parte del discurso del que les hablaba: “AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS” 

Y tú; ¿te animas a hacer tu propio viaje?

Comentarios 4

J
jose enrique camacho tomateo17 de septiembre de 2025
Como no recordar las películas de infancia, toda una travesía emocionante.
B
ByeHollywood16 de septiembre de 2025
A mí me llegó mucho lo del mendigo y el abrigo en "Su excelencia". Es increíble como una escena tan simple puede decir tanto de la humanidad que nos falta hoy. Tu artículo me hizo recordar que el cine de verdad no necesita efectos especiales, solo necesita corazón.
L
La garra16 de septiembre de 2025
Que gran acierto traer a Cantinflas a este desafío. A diferencia de las películas que citaste, la que más me gusta a mí es "Ahí está el detalle", me hizo reír por montones.
E
Edgar Fuentes B.15 de septiembre de 2025
Gracias millones por este maravilloso viaje, que realmente también me transportó a mi niñez. Excelente artículo Mónica Moya ,💯🌹

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