Es un mundo extraño, ¿no?

Reseñas generales

Hace poco menos de cuarenta años el curioso Jeffrey Beaumont interpretado por Kyle MacLachlan le mencionaba eso al pasar a una jovencísima Laura Dern mientras caminaban por las oscuras y lúgubres calles de Lumberton, enredándose en un misterio que les cambiaría para siempre sus vidas. Blue Velvet no sólo enderezó el rumbo de un autor que había sido traicionado por la presión corporativa, sino que también nos mostró que para ser reconocido en el medio hay que romper las reglas. Deslizando entre una puesta noir hasta llegar a momentos de lo más psicodélicos, la película de David Lynch fue el puntapié inicial para que luego muchos se decidan entre acatarse a los manuales…o dejarse llevar por lo que les dicta la imaginación.

 

 

Y parece que el creador del reciente hit del ¿terror? entendió a la perfección lo que significa tomar el segundo camino. Criado en el nicho de la comedia disparatada y medianamente reconocido por su serie The Whitest Kids U'Know, Zach Cregger irrumpió en el 2022 gracias al estreno de la inesperadamente grandiosa Barbarian, un thriller de misterio que se cose a fuego lento y que va mutando desde lo romántico a medias tintas hasta lo exquisitamente gore con giros inolvidables, actuaciones extremadamente realistas y una puesta en escena sencilla y a su vez complejísima, invitándonos a repensar qué es lo que el género necesitaba.

 

El fenómeno relacionado a las expectativas y cómo las manejamos en una era en donde los teléfonos móviles nos leen las mentes es bastante curioso. Creamos un molde en donde juegan en contra nuestras creencias, la percepción que tenemos sobre los demás y otros factores que ahora no son motivo de análisis. Ver una película como lo es la fascinante y misteriosa Weapons del también fascinante Cregger podría haber sido un antes y después en el cine de terror de mediados de los 90s. Una época que lo tuvo todo: nos dio el verdadero nacimiento del found-footage tal como hoy lo conocemos, nos dio la autocrítica del género con el amanecer de la franquiciada Scream, nos trajo lo mejor del J-horror moderno en todo su esplendor y nos entregó a M. Night Shyamalan con su primer (¿y mejor?) plot twist, entre otros acontecimientos.

 

 

Y es que en este agosto de 2025 estrenar una película de características resultó ser todo un desafío y una apuesta arriesgadísima. No sólo por la cantidad de spoilers que andan dando vueltas (algo a lo que hice alusión algunos párrafos más arriba y que se relaciona con algo que escribiré más abajo), sino porque la experiencia de verla requiere de un silencio inaudito, uno que hace treinta años ciertamente era más probable que en estos tiempos. Tiempos de TikTok, de personas que rompen butacas gracias a la insignificancia de retos virales propuestos por algún energúmeno sin vida propia, en donde la empatía parecería que se está desvaneciendo, y en donde las personas se comportan ante el hecho de ver una película como si fuese el melodrama más grande de sus vidas.

 

Cregger y Julia Garner en el set de Weapons, el inminente nuevo hit del terror

 

Y en ese entendimiento de cómo estarían funcionando las dinámicas obra/artista es donde entró Warner Bros con su brillante estrategia de marketing con un estilo a lo Longlegs. Críptica y desviada. Probablemente hayan contratado al creador de adelantos de la productora Neon, sino no se explica lo poco que se cuenta en los primeros dos trailers. O más bien, cómo nos hicieron creer algo que luego no sería desarrollado de esa manera. Pero también lo hicieron porque Weapons funciona de esa manera. La película es oscura, enigmática. Desvía nuestro foco de interés gracias a su poderoso “Efecto Rashomon”, nos agarra de la mano como una madre furiosa que no consiguió lo que quería en el supermercado y nos lleva por donde quiere. Pero también es mínima. No en el sentido de su puesta en escena, no. Es mínima porque la conspiración y las teorías anticipadas que muchos creadores de contenido hicieron a su alrededor alegaban que fuerzas extrañas, seres sobrenaturales y demonios emergerían del suelo de Maybrook, ciudad en donde transcurren los hechos.

 

“Es mejor no saber tanto sobre el significado de las cosas ni cómo podrían interpretarse, o te dará demasiado miedo dejar que sigan sucediendo. La psicología destruye el misterio, esa especie de magia. Puede reducirse a ciertas neurosis o a ciertas cosas, y desde que ahora se le nombra y define, ha perdido su misterio y el potencial de una experiencia vasta e infinita.”

 

Eso lo dijo David Lynch hace muchos años cuando en una charla con estudiantes de cine en el público le preguntaron sobre cómo se tomaba el hecho de que por lo general la audiencia se la pasa cuestionándose qué significa tal gesto, tal decisión o tal simbolismo en sus películas. Desde el momento en que dio esa breve pero certera respuesta se estrenaron decenas –o probablemente centenares– de títulos que intentaron de cierta manera replicar el término lyncheano para convertirlo en algo propio. Es decir, crear un subgénero basado en la forma y la visión de hacer cine de un director. “Spielbergiano”, “Hitchcockiano”, “Scorseseana” son probablemente los ejemplos más significativos de hoy en día, y quizás –no quiero adelantarme pero la fascinación de este momento me juega en contra– “Creggeriana” lo sea dentro de un par de décadas.

 

 

El director se escapó del demacrado barrio de Brightmoor en Detroit, infectado por el abandono y las peores miserias del ser humano (la idea de que una mujer de dos metros de altura viva en una red de pasillos debajo de una casa luego de haber sido concebida por un asesino serial que violaba a sus víctimas en el sótano, y luego violaba a las hijas de las víctimas, sigue siendo una pesadilla latente en mi cabeza), para sumergirnos en una comunidad desarmada por la reciente desaparición de 17 de 18 niños de una misma clase que salieron de sus hogares la misma noche a las 2.17 am, y jamás regresaron, tal como promete la voz en off de la niña en los primeros segundos de la película con ‘Beware of Darkness’ de George Harrison sonando de fondo mientras los niños corren hacia la nada misma en slow motion.

 

Una canción que curiosamente nos advierte sobre la superficialidad de la vida y sobre no dejarnos engañar ante las apariencias. Esto va a resonar y muy fuerte cuando haga su arribo el personaje clave de esta extraña tragedia que no será más que una macabra anécdota en el futuro.

 

¿Por qué solo el joven Alex Lilly no fue víctima de este encantamiento? No vamos a ser hipócritas: es un gran y hermoso gancho narrativo, que nació –según sus propias palabras– intuitivamente en la cabeza de Cregger. Desde ese punto en adelante se nos revela mediante seis puntos de vista cómo cada uno de los protagonistas va a lidiar contra las fuerzas de lo inquietantemente conocido, y como cada uno de esos caminos conducirá a lo que será uno de los clímax cinematográficos más satisfactorios de todos los tiempos. Y es que sí, el director no solo propone darle nuevamente una vuelta de rosca a este desgastado género (pero que viene con una placentera tendencia a querer deformar las estructuras) sino que por segunda vez se pone en la piel del espectador. Cregger sabe que para conectar con su audiencia debe darle algo nuevo pero también dejar deslizar preguntas que todos nos haríamos de estar en tal situación.

 

¿Por qué todos parecen odiar a Justine Gandy, la profesora de esa clase en particular? ¿Qué puede tener que ver lo que haga un drogadicto perdido en la deriva con este peculiar caso? ¿Qué es lo que está haciendo la policía más que buscar por los alrededores sin indagar exhaustivamente en el tema? ¿Cómo puede ser que un padre arquitecto sea el que tenga las herramientas menos pensadas para resolver el misterio? ¿Y porqué la máxima autoridad del colegio afectado por estas desapariciones parece tener el peor sentido de intuición?

 

Imagen icónica del inicio


Es interesante ver cómo cada uno de estos protagonistas se enreda en la idea de que están haciendo lo correcto, pero al chocar los puntos de vista entendemos que nadie tiene ni puede entender la verdad. La revelación de lo que está pasando con los niños se da de la manera que uno menos podría imaginar, y ahí es donde ‘Weapons’ hace fuerza de su premisa principal. Esto podría haber sido algo sacado de los manuales más básicos del cine de terror, pero todo es parte de lo que se pueda dar a la interpretación. ¿Y es que acaso alguien sabe porqué pasan las cosas que pasan en este mundo?

 

En la película no existen héroes ni villanos como tal los conocemos, y si bien hay un final catártico para nosotros y para la comunidad de Maybrook, la figura del mal es quien posee el control desde el inicio. Los traumas de una comunidad pueden ser representados por una anciana figura cuasi payasesca y aun así erizarnos los pelos del brazo más que cualquier ser sobrenatural. Así como Ari Aster propuso en los primeros segundos de su ópera prima, aquellos que intenten desenredar el porqué de todo este enredo no serán más que marionetas manejadas por algo mucho más grande que ellos. Pero acá es donde viene lo bueno: cualquier noción de “horror elevado” es cacheteada por varias dosis de risas cómplices y un acertado gusto por divertir.

 

Cregger le hace frente a la idea de que el terror debe ser seriedad absoluta en pos de crear una experiencia en donde lo tétrico, lo gracioso y lo inquietante se reparten en partes iguales. Sin forzarlo, completamente orgánico. Machaca las expectativas, las coloca en una cacerola junto a otros elementos y quebrando un simple palillo –así como sucede en los rituales del misterioso personaje progresiva e inteligentemente introducido– rompe el esquema.

 


POR JERÓNIMO CASCO

Publicado el 12 de AGOSTO del 2025, 00.26 PM | UTC-GMT -3

 

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Comentarios 11

E
Emanuel Papagni16 de diciembre de 2025
Hola, Jero. Anoche recién vi esta peli. Me gustó, en líneas generales. Aunque me gustó más BARBARIAN (sus primeros 46 min). </br>Me hago eco de algo que decís y me interesa resaltarlo. Cregger viene de la comedia. No habíamos notado eso en su ópera prima de horror. Pero acá, hubo momentos en que, en medio de lo tensionante, cabía la risa. Y parecía estar adentro de una película de Edgar Wright. Por ejemplo, la cantidad de veces que vuelve a atacar un personaje embrujado. Está repleta de referencias al cine de terror. La pesadilla de Justine con el aula de chicos es muy de Las pesadillas de Freddy, el refugio de James en la carpa es similar a Cole en "Sexto sentido" para protegerse de los fantasmas, y otras referencias obvias a G. Romero y Kubrick. </br>El episodio de JAMES quiero rescatar. Cuando antes de entrar a la casa nos lo presentan con una vida de adicto y hasta me causa repulsión ese contacto con la aguja y esa cara de inestable. Luego de eso, James entra a la casa en cuestión, y mientras intenta robar una consola, le aparecen los cuerpos cuasozombis de los padres de Álex. Acá me detengo. Hay una pausa, donde él quizás piensa que están drogados con heroína (y la verdad parece eso, sobre todo si consideramos que el director declaró haber convivido en su infancia con padres adictos). En esa pausa que hace, no solo nos parece un poco cómico sino que, al menos en mí, me dió el respiro que necesitaba. Porque yo realmente los percibí como drogados. (Venía de procesar al personaje de James). Y me reí cuando volví a recordar qué hacían los dos en la trama. Pero no por mucho tiempo. Rápidamente, entendí que James debía salir de ahí. Y ahí es justo cuando se acerca al sótano. Tal cual sucedió en Barbarian, allí sí que lo subterráneo fue un símbolo inquietante.
Y
Yraida Ramirez1 de septiembre de 2025
Buenísimo
A
Alejandro Alles27 de agosto de 2025
Me fascina el prólogo con el que arrancaste, haciendo mención a ese monumento que es Blue Velvet. Sin duda las obras más discutidas son también las más misteriosas; proyectos que tienen cierto tono inacabado pero que salen de lo esperado, de lo establecido. Un artículo de precisión
H
hwctor vicen26 de agosto de 2025
Me recordo lo que me paso con Prisioners, La atmosfera de lo que sucede te sujeta a no levantarte un segundo, que lindo es ver como se cuenta bien una historia de terror.
A
Aura Cósmica22 de agosto de 2025
Cregger tiene formas muy locas de seguirnos sorprendiendo, tanto en Barbarian como en Weapons hay giros en la trama a los que es muy difícil adelantarse y que hace tan fascinante la experiencia de ver sus películas. Hay algo en Weapons que aterra desde la vulnerabilidad y a la vez el lado macabro de la niñez; algo que me recuerda de cierta manera a la película Siniestro.
L
La Butaca Imaginaria18 de agosto de 2025
El mundo es raro, ¿no? A veces, lo extraño nos invita a cuestionar, a sentir y a conectar. Quizás ahí reside su belleza.
S
Santiago Buonasena14 de agosto de 2025
Me sacaste varias palabras de la boca y me inspiraste a escribir muchas más. En épocas que referentes de la cultura argentina dicen sin sonrojarse que "no les gustan las películas que le dan la espalda al público", hay que entender que, muchas veces, el público le da la espalda a películas por pudor de no sentirse interpelados o entenderlas. No es todo la responsabilidad de la obra, sino cuánto le damos a ella para llenar los recovecos de la imaginación. Excelente artículo sobre una excelente película.
G
Gustavo Bernárdez14 de agosto de 2025
La vi, recién salí del cine, no sabía nada de la peli y aún así entendí todo desde el principio, no me sorprendió como esperaba. Tal vez tengo muchas películas encima.... Igual me gustó. Es una muy buena y divertida propuesta.
M
Mirella Pomares13 de agosto de 2025
Tengo entradas para hoyyyyyy! Vuelvo y te leo! :)
E
elalesound13 de agosto de 2025
Talcualmente. Lo mismo me pasó a mí al verla. Una locura genial la de Gregger.
F
Francis Cobo13 de agosto de 2025
Barbarian me desilusionó un poco, y por eso no me entusiasmó tanto la idea de ver esta. Pero me convenciste (eso, y la canción de Harrison sin dudas)</br>Suscribo a lo que observás respecto del género, me parece muy atinado. Y el diálogo con Lynch viene a tono perfectamente.

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