28 Años Después: Memento Mori, Memento Amoris

Reseñas generales

Podemos aguantar el hambre, la sed y el cansancio,
Pero no, no, no, no la visión crónica de ellos...
¡Botas, botas, botas, botas, subiendo y bajando de nuevo!
¡Y no hay licencia en la guerra!

No es tan malo de día por culpa de la compañía,
Pero la noche trae largas filas de cuarenta mil millones
Botas, botas, botas, botas, subiendo y bajando de nuevo.
¡No hay licencia en la guerra!

He marchado seis semanas en Ell y certifico que
no es oscuridad ni nada por el estilo,
Sino botas, botas, botas, botas, subiendo y bajando de nuevo,
¡Y no hay licencia en la guerra!

Extracto del poema ‘Boots’ de Rudyard Kipling

 

La repetición puede resultar agobiante, aniquiladora…terminal en el peor de los casos. En casi todos los aspectos de nuestra cotidianeidad muchas veces tratamos de “desviarnos” o “esquivar” ciertos patrones de conducta, o simplemente tomamos diversas decisiones que convergen en un mismo fin. Por ejemplo, hace unos días en vez de tomarme el colectivo que me deja a una cuadra del cine al que regularmente asisto para las funciones de prensa, me tomé otro que me deja un par de cuadras más lejos. ¿Por qué? Simplemente esta desviación me permite atravesar un hermoso parque en el que se pueden ver muchas personas haciendo ejercicio, otras practicando taichi do, y quizás algunos perros jugando entre sí.

 

En la secuela tardía comandada Danny Boyle que se estrenó hace unos días, la desviación es impulsada por la curiosidad del ser humano y el retroceso cultural. Como si fuese parte de un ritual (uno de esos que probaban la masculinidad hace sesenta años), el joven Spike es introducido por su padre a meterse en lo profundo del “continente”, que es básicamente la vasta porción de tierra que se conecta con la isla en la que vivió toda su vida, y que se encuentra unida por camino de cemento que desaparece cuando sube la marea. La idea del ritual consiste en que el joven adolescente sepa a qué se enfrenta cuando sale de su casa, conozca cómo evolucionaron los infectados por el virus de la rabia, y en ese primer acercamiento se haga de valentía para cuando sea un adulto. 

 

Pero detrás de todo esto surge la pregunta: ¿cómo sería el vivir aislados del resto del mundo veintiocho años después de un apocalipsis? ¿Es inevitable el "retroceder" mentalmente cuando escasea lo que hoy, en este 2025, damos por sentado?

 

History of Second Boer War - Timeline - Historydraft
Imagen de las Guerras de los bóeres

 

El poema al que hago mención en el inicio, recitado por el actor Taylor Holmes en una grabación de 1915 restaurada por el equipo de Boyle, suena de fondo mientras varias imágenes de los horrores de la guerra se funden junto a la marcha de un padre y su hijo que se adentran en el terror puro, haciéndose énfasis en la idea de la repetición como promotor del caos. Las palabras dictadas por Holmes, contextualizadas en la Guerra de los bóeres en donde varios soldados británicos se volvían locos después de escuchar los pasos de sus propias botas durante horas, refuerzan la idea. ¿Que es mejor, quedarse en la zona de confort o enfrentar lo terroríficamente conocido? Esta dicotomía existencial es reflejada en un relato en el que la superación, maduración o adultez forzada en tal caso, se subraya a fuego intenso con la supervivencia, expresada desde el costado más primitivo de la misma.

 

Los niños un día serán esqueletos, cráneos apilados en un monumento a aquellos que ya no están entre nosotros. Serán recuerdos vívidos o pesadillas que deambulan en la memoria de unos cuantos. El ser humano es complejo. Es quizás la más compleja de las criaturas que habita esta Tierra. La moral nos ha destruido el ser desde nuestra propia concepción como especie, y así como la muerte nos golpea en la puerta tarde o temprano, la vida...encuentra su camino. Y la manera en cómo se cuentan las historias... también.

 

 

Uno de los primeros pensamientos que se me cruzaron luego de ver la fascinante, intensamente emotiva y visceral secuela del hit de terror dirigido por Danny Boyle en el 2002 fue "Esto ya lo viví, pero ahora se siente diferente". Lo viví el año pasado como si fuera una suerte de loop temporal con Gladiador 2, con Axel F., y también con Twisters. Pero Boyle, quien se suma a este extenso listado de realizadores que salen a rescatar las viejas glorias y les da una segunda chance en formato secuela, precuela, remake o cuál otra sea la denominación, es un distinto. Un rebelde. Y sin dudas, uno mucho más inteligente y perspicaz que el resto.

 

 

Corría el año 2002 y el británico decidió calzarse una Canon Xl-1 en el hombro, reunir a un par de locos como él y grabar un falso documental sobre los estragos de un virus letal que se desata en Londres y que transforma a las personas en psicópatas sangrientos que esparcen muerte por toda Gran Bretaña hasta que no quede nadie. Masomenos de esta manera podría resumirse lo que fue la producción de Exterminio (mejor conocida como 28 Días Después en Latinoamérica), pero en vez de hacer de un rodaje barato un chiste o una parodia, Boyle fue más allá. Junto a Alex Garland, guionista de la primera entrega, tuvieron varios factores en cuenta a la hora de plasmar el infierno en la tierra.

 

Cortesía de Miya Mizuno

 

La primera fue el auge del found footage, un subgénero hasta ese momento en decadencia que resurgió gracias al estreno de ‘El Proyecto Blair Witch’. Si bien ‘Exterminio’ no se encuentra íntegramente realizada bajo las normas que moldean a estos falsos documentales, si se analiza rápidamente parece uno muy bien realizado. La textura graneada de la imagen, la sensación de ultra realismo y el caótico montaje invitan a pensar que estamos junto a los protagonistas viviendo esta pesadilla postapocalíptica.

 

La segunda fue el miedo creciente a las enfermedades virales que circulaban en el (nunca mejor dicho) boca en boca alrededor del aparato social moderno a principios del siglo XXI. La idea de una aniquilación rápida y eficaz mediante la propagación de un virus sigue dando vueltas a día de hoy, y no hace falta agregar más detalles al respecto.

 

Podría seguir, pero de más está seguir enumerando las razones que llevaron al impacto de esta cinta…

 

 

Así fue como Boyle, nuevamente junto a Garland, no nos transportan a un futuro cercano, sino más bien a un pasado que se siente como la premonición de un desolador futuro. '28 Años Después' contiene el mismo revolucionario concepto a pesar de poseer ciertas diferencias palpables: se reemplaza a la indestructible Canon Xl-1 por muchísimos iPhone 15 Pro Max anclados en diferentes rigs y trípodes, se reemplaza la desolada Londres por una isla y algunos bosques, se reemplaza infectados fuera de control por infectados alfa (más grandes y más inteligentes) y algún que otro cambio en la genética, pero en el corazón de la historia reside el mismo núcleo. El de las relaciones humanas, de la familia que se tiene y la que se encuentra, y de lo que ganamos y lo que perdemos en el camino.

 

 

La historia sigue a Spike, el joven protagonista, batallando dos luchas en paralelo. Una más personal, en la que se ve obligado a “sentirse” como un adulto al meterse en terreno hostil, y otra en la que deja de sentir esa adultez para decidir ser la figura responsable de su familia, ya que tanto su padre Jamie (Aaron Taylor-Johnson) como su madre Isla (Jodie Comer) lidian con sus propios demonios como pareja y como individuos. Mientras una batalla una enfermedad que desconoce postrada en su cama, el otro se emborracha, la engaña con otra mujer y le cuenta a los demás falsas historias en donde Spike es visto por la comunidad como un verdadero héroe por haber matado decenas de infectados.

 

Cuando Spike supera la primera prueba, decide irse de la isla nuevamente, solo para someterse a la segunda: ver si es capaz de deshacerse de la figura de su padre para ayudar a su madre enferma. Así es como entra en escena el Dr. Kelson (Ralph Fiennes en modo Monsier Gustave después del apocalipsis), un hombre preparado para el caos pero que también esconde un extrañamente bello sentido de humanidad dentro. Boyle expande la mitología de este desastre humanitario bajo dos frases en latín que pronuncia el propio Kelson y se transforman en parte de una bandera, de un mensaje:

 

Memento Mori: recuerda que morirás

Memento Amoris: recuerda que amarás
 

Hoy, más que nunca en la historia de la humanidad, es necesario saberlo.

 


POR JERÓNIMO CASCO

Publicado el 23 de JUNIO del 2025, 11.51 PM | UTC-GMT -3

 

 

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