PRESENCIA: La película de terror más radical de los últimos años

Reseñas generales

 

¿Adónde nos vamos cuando nos morimos? ¿Acaso “vamos” a algún lado? ¿Siquiera somos algo cuando dejamos de respirar? Preguntas que me asaltan desprevenido desde hace ya un tiempo, y que, prácticamente, nos hacemos desde que existimos como especie. Si pienso en la película más reciente del sub-sub-género “casa embrujada” que más se distanció de cualquier otro título inmediatamente se me viene a la cabeza A Ghost Story. Con esto en mente al veterano Steven Soderbergh se le ocurrió poner en marcha un experimento audiovisual de lo más interesante, y que puede iniciar un nuevo camino en la forma de ver el cine, más precisamente cuando se habla de manejo de cámara. Esto de experimentar no es de lo más ajeno para el aclamado realizador de 62 años ya que su filmografía en sí puede verse como una constante búsqueda de reinvención artística. El director pasó por casi todos los géneros y subgéneros, todo tipo de presupuestos y hasta todo tipo de estilos dentro de la narrativa y la estética. Desde hace veinticinco años que estrena una película por año, como si quisiera aprender más de lo que sabe. Y no le está saliendo para nada mal.

 

 

Desde el primer segundo de Presencia, su nueva propuesta en clave suspense/terror/minimalista, podemos sentir que estamos ante algo que probablemente nunca habíamos visto antes. La cámara en mano sigue tímidamente a los nuevos residentes de una hermosa casa en New Jersey acomodarse mientras parece escuchar a cada uno de ellos con sus historias. Pero lo hace desde adentro de la casa, jamás sale de ella. Pronto nos damos cuenta de que Chloe, la hija menor de la familia, presiente que algo más está entre ellos cuando mira un espejo antiguo de nitrato, y también lo hace sólo cuando la cámara está cercana a ella. La pérdida reciente de su mejor amiga Nadia la hace vulnerable, pero no la encierra mentalmente: esta es la manera de Soderbergh de decirnos a nosotros que tal vez nosotros somos los protagonistas. Pero ¿somos la “presencia” o existe algo mucho más complejo y sencillo a la vez dentro de esta curiosa puesta en escena?

 

 

La respuesta es fácil de digerir en el comienzo pero complicada de asimilarla en el final: la cámara es un fantasma. Estamos viendo todo desde la perspectiva de algo invisible para el ojo humano pero visible para el alma. Partiendo desde este entendimiento de lo que se propone, la narrativa fluye desde la conciencia (¿los fantasmas tienen?) de esta “presencia” y cómo entiende que debe actuar. La idea de por sí es sencillamente radical a todo lo que existe dentro del género, pero su ejecución tiene algunos contrapuntos. Para ser una película con un presupuesto demasiado ajustado, puede que Presencia no aproveche los pocos recursos, y se sienta repetitiva y carente de algún otro elemento innovador. En definitiva, no es más ni menos que la historia de una familia disfuncional que se muda a una nueva casa para intentar recomponer el lazo entre ellos, y de paso crecer a la par.

 

Lo único que la hace verdaderamente atrapante es el misterio alrededor de la identidad de este fantasma. ¿Quién es, qué quiere, cuáles son sus intenciones? ¿será el fantasma de una persona que vivió ahí, será el de Nadia? Pronto conocemos a Tyler (el hijo mayor y consentido de la madre), Rebekah (la madre que parece distante de todos menos del “nene de mamá” que tiene que ser exitoso) y Chris (la contracara de esta última relación y el único que cree en lo que Chloe está viendo dentro de la casa). Ya establecidos los integrantes de la familia -que dicho sea de paso no son desarrollados dentro de las formas clásicas, pensemos en esta experiencia como un found-footage visto desde los ojos de alguien que no puede participar tal como lo haría un camarógrafo- se nos presenta a Ryan, el típico adolescente de secundaria rubio de ojos celestes que desborda carisma, pero también sensatez, introducido por Tyler a su hermana. Un clásico arquetipo de historia dentro de una estructura cinematográfica para nada clásica. Punto para Soderbergh.

 

 

Presencia no busca crear tensión ni miedo. Es una propuesta radical en donde el concepto se mantiene sólido a lo largo de sus ciento veinte minutos mientras su narrativa parece condensarse poco a poco por la falta de shock, algo que juega con nuestra paciencia hasta el asedio. Pero eso sí, el shock está. Y lo más importante, es el misterio de saber que algo anda entre nosotros, aunque quizás nunca encontremos una respuesta certera sobre qué es. Y eso, queridos lectores, puede asustar más que cualquier otra cosa.

 



POR JERÓNIMO CASCO

Publicado el 18 de MARZO del 2025 | 16.45 PM | UTC-GMT -3

 


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Comentarios 4

M
marisoledad16 de abril de 2025
Acabo de leer otro artículo sobre la misma peli y parece que a todos les gusta la idea de la peli, pero no les satisface su ejecución... Pero bueno, después de leer esto, quizás busque una manera de ver unos minutos de la peli, solo para experimentar cómo usan la cámara, porque de verdad me parece muy interesante.
J
Jeroo Casco16 de abril de 2025
En respuesta a marisoledad: Es tal cual. La propuesta: MAGNÍFICA. La ejecución: TIBIA
T
Tela & Pipoca31 de marzo de 2025
Qué propuesta tan audaz la de Soderbergh en Presencia! La idea de convertir la cámara en un fantasma invisible es revolucionaria, transformando al espectador en testigo sobrenatural de una historia familiar fracturada. Lo más inquietante no son los sustos, sino esa persistente pregunta: ¿qué clase de presencia somos nosotros al observar? Un experimento cinematográfico que desafía las convenciones del terror para hablar de las ausencias que más nos acechan. 👁️‍🗨️🏠
J
Jeroo Casco1 de abril de 2025
En respuesta a Tela & Pipoca: Tal cual! Puede que el desarrollo no sea el más revolucionario, pero sí es una propuesta audaz. Gracias por el comentario!

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