EL Opening

Reseñas generales

Momentos icónicos del cine. ¿Cómo hablar de ello sin caer en clichés? ¿Cómo evitar hablar del final de El padrino, o de la secuencia de canto y baile de la canción “Singin’ in the rain” de Singin’ in the rain (Kelly/Donen, 1952)? Y no es porque sea realmente malo hablar de clichés, a veces son la mejor forma de explicar algo, pero pienso que es necesario evitar lo más posible generar deja vu’s. Y aun así, creo que no he podido evitar caer en un cliché, ya que hablaré de Star Wars. Pero, tranquilos, que no hablaré de combates con sables de luz ni del también muy icónico “yo soy tu padre” de El imperio contraataca. Sino de algo que acompaña a la mayoría de la saga, y digo mayoría porque ya se ha desbordado en series últimamente, como antes en videojuegos y cómics; como es de todos sabido. 

No me imagino momento más icónico para el cine que el opening de dicha saga. Si, el título de la obra acompañado de los metales de John Williams de forma tan abrupta, para después recetarnos una introducción al estilo Flash Gordon con esas no menos icónicas letras perdiéndose en el majestuoso, proverbial, prosopopéyico y lleno de epítetos y calificativos, espacio infinito.

Como parte de la mitología de dicha apertura, se cuenta que la idea surgió a partir de dos circunstancias. La primera, George Lucas es fan de las series de ciencia ficción y aventuras, en especial de un clásico como lo fue la ya mencionada Flash Gordon DE 1936, en la que al principio de cada episodio había un texto introductorio que ligaba los hechos del episodio previo con el actual, por si te habías perdido el anterior. La segunda circunstancia es anecdótica. Se cuenta que Lucas le pidió a uno de sus amigos cineastas, en este caso el célebre Bryan De Palma, que mirara un corte preliminar del primer film de Star Wars (el cual no se llamó a new hope  sino hasta mucho tiempo después). Este aseguró no entender la trama al advertir que la historia aparentemente comenzaba  in media res. Por lo que le pidió dicha cortinilla explicativa inicial. Y, en efecto. Si se dan cuenta, la cortinilla explicativa del filme habla de un suceso anterior, una batalla ganada por la flota rebelde y el robo de los planos de la estrella de la muerte por parte de sus espías. Cosa que más tarde se ilustraría en Rogue One (Gareth Edwards, 2016) y ayudaría a tapar el hueco. Más bien socavón, de guión de por qué la super-arma fue tan fácil de destruir. 

Openin de  Flash Gordon. 1936

 

 

Pero volvamos al opening y el por qué es tan icónico. ¡Pues porque ya forma parte de la mitología cinematográfica! Todo el mundo lo reconoce y lo recuerda, y apostaría a que sigue generando sentimientos y sensaciones con cada nueva entrega (Puede que hasta con las recientes y no muy afortunadas secuelas). Desde luego, no tiene el mismo efecto verlo en la pantalla de un Smartphone que en la de una sala de cine hecha y derecha. Es ahí donde este opening tuvo y tiene su efecto. En la sala de cine abarrotada y con un público a la expectativa. En el estreno del filme que abrió la saga debió ser una experiencia trascendental, como de iluminado que salta con fe al vacío… O quizá no, pero una apertura acompañada con un soundtrack igual de icónico, seguido por una secuencia trepidante en el espacio y soltando a bocajarro a un villano tan icónico como todo la anterior, sin duda debió dejar una marca indeleble en el ánimo, la memoria y la cinefilia de entonces. Lo más cercano que estuve de esa experiencia fue cuando acudí al estreno La amenaza fantasma en el verano de 1999 a mis 12 años.

 

 De Star Wars y sus derivados se ha dicho de todo al derecho y al revés.  De sus innovaciones, de su historia, de su música, y de su importancia para la cinematografía. Y se seguirá diciendo.

Quién diría que unas letras amarillas, también marcaran de forma incandescente la historia del cine.

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