“¡Tanques… son tanques!”
Reseñas generalesEsto de una película de terror real. Real y realista. Primero analicemos un poco y de forma rápida el cine de terror. En principio, algunos afirmamos que existe una notable diferencia entre horror y terror. Según el diccionario de la RAE, el terror es un miedo muy intenso, mientras que el horror es un sentimiento intenso (no necesariamente miedo) causado por algo espantoso. El Terror es un golpe directo, súbito e inesperado a los sentidos y la seguridad, mientras que el horror puede ser algo más sutil y de larga duración que va in crescendo. En cine y literatura no existe una diferenciación clara, salvo cuando se habla de “terror psicológico”. Lo que es seguro, es que en cine ya existe toda una estética visual y narrativa relacionada con el horror, desde elementos sonoros y luminosos hasta modelos de historia a los que se recurre de diferentes formas, según la creatividad de los realizadores. Por enumerar algunos: el manejo de la tensión, usado en el suspense y thriller, que provoca un ambiente ominoso; el monstruo, sobrenatural o no (recordar scream o seven ); así como finales desasosegados y posiblemente trágicos. Dentro del terror hay subgéneros. Algunos también con más sangre y vísceras que otros.
Existe una película mexicana de 1989 que utilizó los principales recursos visuales y narrativos del cine de terror para mejorar su intención comunicativa, sin ser considerada como una película de dicho género. El filme es Rojo amanecer dirigida por Jorge Fons (Los albañiles, El callejón de los milagros), producida por Valentín Trujillo y Héctor Bonilla quien también interpreta a Humberto: el padre de familia de la trama. Lo acompaña un reparto vistoso con María Rojo como Alicia, la madre de familia, y a Demián y Bruno Bichir como los hijos mayores del matrimonio. La cinta nos cuenta como un día común de una familia, que podríamos catalogar como de clase media, se transforma en una auténtica pesadilla. Ya que el día que se nos cuenta es nada menos que el miércoles 2 de octubre de 1968, y nuestros protagonistas viven en el edificio “Chihuahua”, ubicado en ese entonces justo enfrente de la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco; principal escenario de la masacre estudiantil perpetrada por el ejército mexicano por órdenes directas del presidente en turno Gustavo Díaz Ordaz.
La trama del filme comienza mostrándonos lo que parece una mañana normal de la familia protagonista: Humberto, funcionario del entonces Departamento del Distrito Federal (hoy CDMX, para quienes no son de México), se prepara para ir a trabajar. Desayuna con su esposa Alicia, Don Roque; su suegro, Graciela, Carlitos, Sergio y Jorge. Estos dos últimos, los hijos mayores y estudiantes universitarios; participantes activos del fuerte movimiento estudiantil de ese año. Durante el desayuno tienen una fuerte discusión acerca del activismo de los dos jóvenes, quienes a su vez, se alistan para participar en la concentración política que se hará justo frente a su edificio. La tensión comienza cuando, pasando el medio día, los familiares en casa, principalmente Don Roque y Alicia notan que empiezan a suceder cosas algo extrañas. Primero: las líneas telefónicas fallan y después el suministro eléctrico se ve súbitamente interrumpido. La tensión va en aumento, sutil pero paulatino, cuando el abuelo ve sujetos con vestimenta civil armados con rifles largos evaluando posiciones en el edificio. La tensión llega a sus picos más altos cuando, a pocos minutos de haber iniciado la concentración, Carlitos se asoma curioso por la ventana y advierte lo que él llama “luces en el cielo”…. Siendo esto lo que desata al monstruo. Un monstruo hecho de intransigencia, autoritarismo, uniformes, bayonetas, diésel y plomo. El resto de la trama sucede en el claustrofóbico departamento donde la tensión escala enmarcada por los signos del monstruo que los rodea, hasta que éste irrumpe de forma terrible en el departamento con toda su furia y sed de sangre. El monstruo se revela al fin como quizá el peor de todos: el semejante, el monstruo humano-deshumanizado y deshumanizante.
Sobra decir que la película enfrentó la censura gubernamental, con todo y que se rodó 21 años después de los hechos aludidos. Hoy día, es una de las principales portadoras de memoria de dicho proceso social e histórico, revisada y referenciada siempre que se busca entender parte de él.
Desde mi punto de vista, la película logra su cometido gracias a, como ya mencioné, estar estructurada como una peli de horror. Recursos como el realismo en las texturas y precisión en los sonidos dotaron al film de una estética expresionista que pone el escenario y los decorados al servicio de la narración. El manejo de la tensión y las emociones hasta el explosivo final terminan por acercarnos un poco al verdadero terror, el terror de lo real.










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