El eternauta, a salvo

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El eternauta ocupa (con Bruno Stagnaro de por medio quizás habría que decir okupa) un lugar simbólico en la cultura argentina. La obra original está asociada a un momento histórico específico, del cual este presente quizás sea una remake. Este artículo se ocupa de esto y de los méritos de su nueva encarnación, la serie de reciente estreno de la que, literalmente, todo el mundo está hablando. 

 

Tradición y traición

 

Ya me he referido en otro artículo a las complejidades de los procesos de adaptación. En este caso se trata de una historieta, publicada en 1957, que ya es parte de la mitología argentina. La primera temporada de la serie El eternauta busca ser fiel al espíritu de ese material original, y en esa búsqueda se permite hacer muchos cambios que algunos puristas cuestionarán, pero que buscan conservar intacta su esencia. Una primera impresión es que el objetivo se ha logrado.

 

Quizás la condición ideal para su disfrute sea el haberse encontrado con ese material original, pero hace mucho, como en un mi caso. Con la distancia suficiente como para tener muy presente lo básico; Juan Salvo, Favalli, la nieve tóxica, los cascarudos, los manos y la cancha de River y dejar en un cómodo olvido todo lo demás. No tengo claro lo que podría suceder con quien se acerca a esta historia por primera vez, aunque todo indica que no será una barrera, de la misma forma en que su fervoroso localismo no parece afectar los buenos resultados que la serie está cosechando en el resto del mundo.   

De Vicente López a la cancha de River, respetando el itinerario original

Los cambios no sólo tienen sentido y se integran orgánicamente a la trama sino que son necesarios para sostener el verosímil, una tarea más que compleja para este proceso de adaptación. Un ejemplo es el cambio de locación del inicio, con un original que estaba situado en la casa del propio protagonista, Juan Salvo y que ahora pasa a ser la de su amigo Favalli, ya que su condición de chapado a la antigua y acumulador patológico pasa a ser clave para tener a mano los elementos necesarios para afrontar el colapso y tener a mano los materiales necesarios para hacer los trajes y la posibilidad de comunicarse por radio. 

 

Lo mismo ocurre con la edad del Salvo, de unos 35 años en la historia original. La elección de Darín para ocupar ese papel parecía ser una concesión para contar con una figura de renombre, pero el agregado de un pasado en Malvinas no solo diluye esa sospecha sino que le aporta otras capas de complejidad, y de argentinidad, a la historia, impensadas por su autor. Y hacen mucho más natural su conversión a héroe de acción.

 

Son sólo dos ejemplos pero hablan de un trabajo muy pensado para traer la historia a nuestro presente.

El Salvo original, joven y valiente
El Salvo 2025, veterano y curtido

Las interpretaciones, además de ser tan buenas como se podría esperar, están en sintonía con esa idea apuntada de sostener el verosímil, como si solo se tratara de un drama cotidiano (con apuntes irónicos). Ayuda para eso la dosificación de los elementos fantásticos (que son muchos). Durante buena parte de esta primera temporada el enemigo parece ser el cambio climático, y la ruptura del pacto social que lleva a que el hombre se vuelva lobo del hombre. Y ya que mencioné la ironía, sobrevuela la idea de que un apocalipsis es algo terrible, pero no tan excepcional para un argentino.

Recuperando lo colectivo

No voy a detenerme demasiado en los rubros técnicos, que impresionan ya desde lo numérico, con datos como las 598 toneladas de sal usadas para simular la nieve, aunque sí es importante destacar con ese dato que la realización combina efectos prácticos con digitales y eso también está en sintonía con sostener la credibilidad. También sirve para saber que el presupuesto debe haber sido muy salado. 

 

La única observación que podría hacer es que el tema de las máscaras afecta al audio y complica un poco la comprensión de los diálogos. Por otra parte, la banda sonora es pura argentinidad al palo y refuerza la relación de los personajes con su pasado. 

 

Los primeros tres episodios tienen mucho de presentación de personajes, y de administración eficaz de la información. Los últimos tres, en cambio, sin romper del todo con ese clima generado, van más hacia la épica y a la acción, y la trama avanza con mayor velocidad. 

 

En todos se refuerza la premisa original, que tanta vigencia tiene. Nadie se salva solo. Cuando arrasa la tragedia la única salida posible es la colaborativa. Ese es el principal concepto, pero no el único. También está el de que lo viejo sirve, una idea más propia de esta versión, a tono con las necesidades de adaptación pero que nos revela que una historieta hecha en 1957 tiene mucho aún para decirnos. Es para celebrar que el espíritu del original se haya conservado, que persista su potencia. Lo esencial queda a salvo.

 

Naufragios del navegante

 

El énfasis puesto en los aciertos de esta adaptación también está vinculados a los muchos intentos previos que no llegaron a buen puerto y que se repasan en un interesante artículo del amigo Oldboy que sólo me limitaré a resumir aquí. 

 

Un primer intento para televisión, en 1968, a cargo de Hugo Gil, Mario Bertolini y Roberto Gil, combinando animación con acción en vivo que tenía el aval del propio Oesterheld pero no llegó a completarse. Sólo sobrevivió un pequeño fragmento que fue incluido en La película infinita (2018), de Leandro Listorti. Un segundo intento de serie animada una década más tarde y un tercero, ya para cine, y de la mano de Adolfo Aristarain, entre 1982 y 1986. 

 

Hubo muchos otros proyectos que no pasaron de una declaración de intenciones, pero en 2008 se inició uno que estuvo mucho más cerca de concretarse y que involucraba nada menos que a Lucrecia Martel en la dirección. Se desarrolló el concepto visual y un guion que llevaba la historia al presente, como el que se terminó concretando. El plan de trabajo contemplaba un estreno en 2011, pero algunas de las ideas propuestas por la directora chocaron con la visión de los dueños de los derechos y la intransigencia de las partes empantanó su concreción.

 

Bruno Stagnaro empezó a figurar en el mapa del cine argentino con su participación en el film colectivo Historias breves (1995), en el que también participó Lucrecia Martel. Es por ello que los dos son hijos de las buenas políticas del INCAA. No es un dato menor que ese trabajo, el cortometraje Guarisove, trate sobre Malvinas (y sobre un grupo de sobrevivientes). Luego Stagnaro sería el responsable, junto a Adrián Caetano, de una película bisagra para la historia del cine argentino reciente como Pizza, birra, faso (1997). Sus siguientes trabajos fueron para la televisión y allí se destaca, sobre todo, la serie Okupas (2000) que tiene algunos puntos de contacto con esta versión de El eternauta. Su última experiencia en dirección había sido con Un gallo para Esculapio (2017).

 

Tragedias argentinas

 

Héctor Germán Oesterheld nació en Julio de 1919. Fue el creador de El eternauta pero también de otras joyas de la historieta como Sargento Kirk y Bull Rocket. Sus obras son reconocidas en todo el mundo, con particular suceso en Italia. Todas menos una historieta sobre la vida del Che que fue secuestrada y destruida por la dictadura. Habrá que ver ahora lo que suceda con la repercusión de la serie, pero ya es un hecho que se ha disparado en Argentina y en el mundo la demanda de la historieta original.

 

Su vida está signada por la tragedia. Desaparecido en 1977 y asesinado por la dictadura, probablemente en 1978. Sus cuatro hijas, dos de ellas embarazadas, sufrieron idéntico destino. Uno de sus nietos, Martín Mórtola Oesterheld, llegó a visitarlo cuando estaba en cautiverio en El Vesubio. Él afirma que El eternauta no hubiera existido sin el advenimiento de la mal llamada Revolución libertadora. Hoy es el consultor principal de la serie que recupera y reivindica esa vocación por la resistencia. 

Comentarios 5

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Jeroo Casco8 de mayo de 2025
Sin saber nada, pero NADA, de antemano, la disfruté igual. Creo que eso de por sí habla de una grandísima obra que trasciende ideologías, debates éticos y morales, y un sinfín de otros componentes que nos forman como personas. Tiene muchas lecturas como lectores
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GANessus8 de mayo de 2025
Buena reflexion. No sé que tan impopular será la opinión pero me parece que esta versión de TV tiene más coherencia que la historieta original, sin la mística, claro. Los nuevos personajes, sin embargo, no me parece que sumen demasiado a esta altura, digamos todo.
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Silvia Ridao8 de mayo de 2025
Comentario super interesante, que nos lleva a una mayor comprensión y apreciación de esta serie. Los datos que implican la vida de Oesterheld y su muerte como mi la de sus hijos no dejan de impresionarme. Me sigue impactando esa época tan oscura de nuestro país. Por eso entiendo que la apocalipsis ni nos asuste tanto porque hemos vivido muchos momentos de increible crudeza y sin embargo vivos y palpables aún en el registro de mucha gente. No digo de todos porque tampoco es así
G
Graciela Laura Duca8 de mayo de 2025
Excelente artículo merece compartirse para disfrutar semejante análisis. Desde ya agradecida por todo que puede pasar desapercibido. ✌️
M
Manuel Movie7 de mayo de 2025
Muy buen artículo, aún no termino la serie pero está encantando, estás historia son las que me atrapan, y El Esternauta sin duda es una gran historia, muy buen artículo 👍🏻

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