Nadie se salva solo: El Eternauta y sus viajes por el cine

Reseñas generales

 

El viajero de los tiempos

Frame tomado de La película infinita (2018, Leandro Listorti)

En el lejano número 56 de la revista (de historietas) Fierro (abril 1989), uno descubría que El Eternauta -la historieta realizada por Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López, entre 1957 y 1959 en Hora Cero Semanal- había contado con serias intenciones de llegar a las pantallas, grande y chica. El reportero del asunto, “El Gavilán”, informaba allí sobre un primer proyecto, hacia fines de la década de 1960, coincidente a la vez con la publicación en revista Gente, de la “remake” dibujada por Alberto Breccia (en 1969). Contó con producción de la empresa Gil & Bertolini, compañía publicitaria conformada por Hugo Gil, Mario Bertolini y Roberto “Toti” Gil. Hubo un piloto de TV bastante avanzado, con aval de Héctor Germán Oesterheld, quien iba además a participar como actor; en una estética que incluiría imágenes de acción real y animadas, junto a miniaturas que ya habían sido diseñadas. El dibujante Jorge Moliterni, entre otros, integró el grupo de trabajo. Pero la necesidad de un presupuesto importante, así como de una distribución que estuviese a la altura, frenaron el entusiasmo.

Un fragmento del proyecto sobrevivió, fue rescatado por el cineasta Leandro Listorti en La película infinita (2018): allí se aprecia una animación de características “limitadas” (limited animation), en color y sostenida por el lenguaje de los cómics (se dejan ver algunos Cascarudos y, presumiblemente, a Juan Salvo disparar); pero bien podría ser un animatic, es decir, una suerte de teaser de lo que sería el trabajo a producir, destinado a lograr su financiamiento. Por otro lado, los rasgos estéticos emparentan la propuesta con la estética que emplearían, por ejemplo, las series animadas Marvel en 1966.

La nota de revista Fierro refiere otro proyecto, que tuvo lugar más de una década después y con Oesterheld ya desaparecido (el guionista es uno de los 30.000 desaparecidos por la última dictadura cívico-militar, que asoló Argentina entre 1976 y 1983). Estuvo también orientado a la televisión y en formato de serie animada, con la participación del dibujante Carlos Berrino y del productor Mario Álvarez. El proyecto decaería más o menos pronto; por un lado, la desaparición del escritor -militante de Montoneros- inevitablemente incidía (y si el destino era la televisión, ésta estaba en poder de los militares), pero también los acuerdos en relación a la cesión de derechos sobre la obra. Según desliza el artículo, en ese entonces, éstos estaban comprometidos con Italia. Al respecto, vale recordar que la historieta de Oesterheld y Francisco Solano López ya era conocida en Europa (junto a gran parte de la obra del guionista), hasta el punto de ser el nombre elegido para una revista de historietas italiana, publicada a partir de 1982: L’Eternauta.

 

 

El discípulo oesterheldiano

El tercer intento de relieve tal vez sea de conocimiento mayor, tuvo por protagonista al cineasta Adolfo Aristarain, quien siempre manifestó su interés por filmar a Oesterheld. Entre Últimos días de la víctima (1982) y la serie española Pepe Carvalho (1986), Aristarain tuvo en sus manos la chance, al menos, de soñar con el proyecto. Pero la cesión de derechos otra vez fue uno de los problemas -éste es todo un tema y bien complejo, toca a la potestad sobre las páginas de tantas historietas que los autores argentinos perdieron o cedieron, muchas veces manipulados por los editores-, sumado a un presupuesto que debía ser necesariamente oneroso. En este sentido, se imponía la coproducción; si bien no era algo que Aristarain temiera, conocedor como era de los mercados europeo y norteamericano (en este caso, con la realización de The Stranger, de 1987).

Cuando uno lee en entrevistas y notas diversas la ilusión con la que el cineasta refería las imágenes que estaban (y seguro, todavía) en su cabeza, con el deseo puesto en filmarlas, la película “aparecía”. Pero no pudo ser. Vale recordar que, además, era otro momento y otra época, en donde los efectos especiales y la elección de localizaciones debían ser pensados de una manera ajena a la lógica digital. Es decir, un mundo de cine que hoy ya no está, o que por lo menos ha cambiado. La ilusión de Aristarain, en todo caso, es igual a la de otros cineastas, igual de fascinantes; recuerdo, para el caso, a Leonardo Favio contar acerca de su película sobre San Martín y el cruce de los Andes (uno de sus tantos proyectos). En palabras de cineastas así, el germen trascendía la película para alumbrar otras. Vale decir, la poética de Oesterheld está en todas y cada una de las películas de Aristarain, más allá de El Eternauta.

 

 

Algunas menciones, pero hay más

El Eternauta (1991, Alejandro Delgado)

Películas documentales o capítulos televisivos (como Continuará) dedicados a la vida y obra de Héctor Oesterheld y Solano López hay muchos, no tiene demasiado sentido hacer una lista que puede consultarse en la web. Pero entre ellos, recuerdo con gratitud HGO (1999), un trabajo realizado por Víctor Bailo y Daniel Stefanello, sea por la entrevista que tuve con ellos en aquel momento, pero también por los testimonios recopilados (Elsa Sánchez, Solano López, Ricardo Barreiro, Guillermo Saccomanno, y muchos más) y por el contexto del estreno: estaba por estallar la crisis del 2001 y la obra de Oesterheld se hacía presente otra vez, en esa constante que la llevó a tocar (y decir sobre) los tiempos actuales, a la manera de un verdadero mito moderno. Todo un clásico. Y yo, feliz con poder escribir, en ese entonces, sobre la historieta que tanto quería (y quiero), y sobre el cine, haciendo así mis primeras armas periodísticas.

En esa misma década hubo un proyecto de serie animada bajo el título El Eternauta (1991), con dirección de Alejandro Delgado, y que puede consultarse en YouTube. La animación es “limitada” y los cuadritos de Solano López son replicados e intervenidos gracias a las posibilidades que ofrecían las computadoras de la época. Una estética que hoy no ha desaparecido y se replica, por ejemplo, en los denominados motion comics. En la animación participó también Jorge Montiel, hoy un reconocido artista de trayectoria internacional.

En otro orden, me permito citar la serie Germán, últimas viñetas (2013), porque significó una aproximación importante al mundo de la historieta argentina. Con guion de Luciano Saracino, los capítulos retratan los últimos años en la vida de Héctor Oesterheld, con la interpretación de Miguel Ángel Solá (a quien muchos vimos, en su momento, como un Juan Salvo ideal). La recreación admitía algunas licencias artísticas (Saracino combina cuestiones ligadas a la dinámica editorial de la época, repartida principalmente entre Skorpio y Columba), que muchos criticaron innecesariamente; es decir, siempre hay eruditos dedicados a objetar lo ajeno, cuando mejor harían en escribir un libro y, así, aportar sus conocimientos sobre el tema. Pero lo cierto es que Germán, últimas viñetas dio vuelo poético a toda una época de la historieta argentina, vinculada a los tristes sucesos acaecidos en la historia argentina, con el corolario fúnebre de la última dictadura cívico-militar. El paso del tiempo debería situar a esta serie en un lugar de referencia para futuros proyectos.

Huellas de una invasión (2014, NOS)

Entre lo mucho más que podría citarse, destaca el cortometraje que acompañó al museo Eternauta en Tecnópolis (2014-2015): Huellas de una invasión, a cargo de la productora de contenidos NOS; desde un clima documental, con dosis de ciencia ficción al estilo La jetée (1962, Chris Marker), el grado de verosimilitud logrado aún impacta y hace de este trabajo una de las referencias más claras para la inminente serie de Bruno Stagnaro. Otro corto destacable, y en este caso animado, es 60 segundos de oscuridad (2017), con dirección de Pablo Conde, en donde se relee la historieta de Oesterheld desde un episodio tangencial, que bien podría haber ocurrido y del que son testigos Juan Salvo y Favalli: una operación estética que, a su manera, prefigura a la nueva serie de Stagnaro, en relación a la apropiación que se permite en cuanto a caracterizaciones y situaciones, ambientadas en un marco más contemporáneo.

 

 

Martel y los miedos

Visual Concept de Nelson Luty para El Eternauta, con dirección de Lucrecia Martel

El otro proyecto que debió haber sido (al menos, para quienes soñamos con los Eternautas que habrían filmado Aristarain y Martel) es el de la cineasta salteña Lucrecia Martel. Tuvo lugar entre 2008 y 2009, parecía que estaba todo alineado para que la película fuera posible, con la producción de K&S (productora de la serie que ahora dirige Bruno Stagnaro) y la pre-producción en ejercicio. El maestro Nelson Luty estaba en plena tarea, y muchos de sus concepts pueden consultarse hoy gracias a las redes.

Aquí hay muchas cuestiones dignas de atención. En principio, hay que decir que El Eternauta es una historieta realizada por hombres para ser leída por pibes. Esto es así, guste o no. La historieta no escapó a la regla general que dictaminó la organización social y económica, en donde las decisiones mayores estuvieron dadas por los hombres. La historieta (como el cine) fue un mundo de hombres; en donde, excepcionalmente, participaron mujeres. Nada de esto quita gloria a la obra de Oesterheld -quien seguramente defendía la causa feminista, así como a sus hijas, a quienes siguió en la militancia revolucionaria-, pero no se trataba de una historieta leída por pibas. Justamente, que la directora fuese una mujer y además Martel, agregaba una cuota perfecta para este diálogo o discusión. Por eso, ¿cuál habría sido la aproximación de la cineasta a una obra pensada, justamente, por y para hombres? (Algo así, y sin necesidad de comparar, sucedió con la película Eternals -2021-, dirigida por la realizadora china Chloé Zao, a partir de una historieta de Jack Kirby: no es casual que gran parte de la crítica, y del público, hayan cuestionado al que es uno de los films más interesantes de Marvel, alejado de las piñas varoniles del gran Kirby).

Entonces, ¿qué hubiese filmado alguien ajeno a la cosmogonía porteña como Lucrecia Martel? Seguramente, algo alucinante y extraño. Que Martel fuese (y sea) una outsider a las lógicas de Buenos Aires, la volvían la extraterrestre perfecta para el proyecto (ella lo señaló así en entrevistas); y además, cuando se le preguntaba qué iba a filmar, decía que al leer El Eternauta, pensaba en una película sobre “los miedos”. 

El cine contemporáneo puede plasmar cualquier monstruo, alien o gurbo; es decir, el cine digital todo lo puede. Y eso está bien, se disfruta. Pero también, hay una falta de construcción formal en la puesta en escena de la mayoría de las películas, que vuelve olvidable lo visto (como sucede con gran parte de las películas de superhéroes). Por eso, filmar “los miedos” era, al menos para mí, lo que más me motivaba en relación a una película sobre la cual -y todavía…- se entretejen controversias alrededor de cuántos dedos deberían tener los “Manos”; cuestiones que no tienen mayor sentido.

Intuyo que Martel debió llevar la historieta hacia un territorio demasiado propio, y eso seguramente provocó fricciones internas entre los intereses económicos en juego y lo que presumiblemente espera el público. Dilemas que el cine de toda época sobrelleva. De esta manera, la película de Lucrecia Martel quedó en un limbo fascinante, junto al Superman que no llegó a filmar Tim Burton y el Dick Tracy que debiera haber vuelto a filmar el veterano Warren Beatty (viejo, arrugado, seductor y siempre incorruptible…).

 

 

Nadie se salva solo

El bar (2017, Álex de la Iglesia)

Por supuesto que hubo varios realizadores que manifestaron sus deseos de filmar El Eternauta, desde Gustavo Mosquera (quien parece estuvo más cerca que otros) a Pino Solanas (alrededor de 1989; misma intención tendría luego su hijo, Juan Solanas) y Álex de la Iglesia. Cuando este último visitó la ciudad de Rosario, durante el mes de febrero de 2014, para el rodaje de Messi (2014), dio una conferencia de prensa (a regañadientes) y allí, con mis ganas de preguntar algo y una remera (de calculado efecto) de El Eternauta, levanté la mano. Al momento de hacer mi pregunta, De la Iglesia me frenó, a sabiendas de mi interrogante malévolo; es decir, ¿qué hacía él, el director de Acción Mutante, en una biopic futbolera? Respondió rápido y un tanto fastidiado, dejando en claro que era un trabajo por encargo. Con mayor interés se detuvo en mi “rotunda remera de El Eternauta” (sic) y comentó sobre sus deseos de filmar la historieta, con Ricardo Darín por protagonista. ¡Me darás la primicia cuando así sea!, le dije. El efecto, decía, era “calculado”, el cineasta ya había dicho sobre sus intenciones con El Eternauta en entrevistas; un deseo que no podría cumplir, pero al que sin embargo refrendaría con la realización de El bar (2017), en donde un grupo de personas quedaban atrapadas en el interior del bar del título, mientras la ciudad se teñía de una quietud sospechosa. La admiración del director español por El Eternauta tiene, en esa película, una de sus mejores pruebas.

Finalmente, El Eternauta llega a la pantalla -pequeña o grande, ya no hay tanta distancia entre las dos-, con producción de Netflix y dirección de Bruno Stagnaro. El trailer seduce y promete. Ojalá esté a la altura de la resistencia estética y ética de la obra original; a priori, hay que decir que existe una relación afín entre la historieta y la obra del director de Pizza, birra, faso (1998) y Okupas (2000): los márgenes de la ciudad, el aire callejero, las tretas para sobrevivir, la solidaridad entre pares. Ojalá la comunión de miradas sea óptima, y El Eternauta devuelva un necesario reflejo, extraño y cercano, sobre estos tiempos que, parece, son de derrota. A propósito y por lo pronto, la frase con la que el trailer promociona -“Nadie se salva solo”-, acciona en un sentido tan urgente como preciso.

 

 

Leandro Arteaga

 

Comentarios 8

A
Adriana Miceli5 de mayo de 2025
Hay que estar prevenidos comprar mercadería no perecedera y guardar , nunca se sabe lo que podría pasar
O
Old Boy11 de mayo de 2025
En respuesta a Adriana Miceli: Así es, consecuencias de invasiones varias estamos padeciendo hace rato...
A
Ale Rampoldi12 de abril de 2025
Qué bueno El Eternauta!
J
Jeroo Casco8 de abril de 2025
Llegó la hora, tenemos a Darín delante de cámaras y Stagnaro detrás de ellas. Está la tecnología para plasmar una historia impresionante. ¿Puede El Eternauta ser ESA serie que le dé un salto de calidad a la ficción argentina? Te leo
O
Old Boy13 de abril de 2025
En respuesta a Jeroo Casco: Ese salto de calidad la ficción argentina me parece que lo tiene hace mucho; pero es cierto que con una producción así, las expectativas crecen o son otras.
A
Arlequin5 de mayo de 2025
En respuesta a Jeroo Casco: Me gustaría tu opinión sobre mi análisis de El Eternauta, publicada en el desafío en inglés: El Eternauta (2025): una obra maestra... castrada? - The Eternaut (2025), a masterpiece... castrated? Gracias!
G
GANessus8 de abril de 2025
Difìcil que estè a la altura porque el comic original tiene una carga que va màs allà de lo artìstico. Y el de Netflix, por noble que sea, es un proyecto abiertamente comercial. LA verdad es que puedo imaginarme un Eternauta d e Aristarain, pero uno de MArtel me cuesta un poco màs. Disfruitè tu reseña, salù.
O
Old Boy13 de abril de 2025
En respuesta a GANessus: Es inevitable que este Eternauta (u otros) provoquen impresiones encontradas. Gracias por tu comentario.

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