La persecucion de coches mas badass de la historia del cine, Bullitt (1968)

Reseñas generales

La cacería ha salido mal. Ahora los roles han cambiado y el depredador se ha vuelto la presa. Y el nuevo cazador lo persigue de manera incansable. Ni las balas ni los choques lo han hecho cejar en su misión. Lo único que le queda al conductor es pisar el acelerador a fondo… pero, con un coche gigante que pesa dos toneladas (y tiene un enorme motor dotado de 375 HP de potencia), es como intentar manejar una bala montado en ella. El más mínimo movimiento incorrecto hará que el auto se descontrole y salga volando por los aires.

 

Pero el cazador lo sabe. E insiste con presionarlo. El cazador es más chico, ágil, no por ello menos peligroso. Este es un duelo de conductores… y el primero que se distraiga terminará mordiendo la banquina. Y a esta velocidad eso será un error mortal, donde en menos de un segundo tu formidable auto puede salir disparado de la carretera y convertirse en una masa de acero deforme, rebotando de manera interminable contra el pavimento y envuelto en una bola de fuego.

 

Por supuesto, hablamos de Bullitt (1968) de Peter Yates. Y la que analizamos es su escena más famosa y memorable, la que muchos consideran la mejor persecución de autos de la historia del cine. Y este momento mágico ocurre por una serie de factores - artísticos e históricos - que la hacen única e irrepetible.

 

Comenzando por los coches involucrados. Los 60s es un momento revolucionario en la industria automotriz norteamericana. Ha comenzado a diversificarse y a experimentar con los gustos del público. A un ingeniero de la General Motors se le ocurre poner un motor bestial de carreras en un coche de calle, y nacen los muscle cars: moles de dos toneladas que pasaban como si nada los 200 km/h de velocidad máxima. Y los muscle cars - en tiempos de gasolina barata - se venden como pan caliente. Pronto los competidores de GM (Ford, Chrysler, AMC) comenzarán a producir sus propios muscle cars.

 

(El detalle más curioso de esta historia es que ese ingeniero temerario era John DeLorean… el mismo que diseñó y construyó el DMC-12 que usaba Marty McFly en Volver al Futuro. En los 80s DeLorean decidió probar suerte por su cuenta en la industria, creó su propio emprendimiento automotriz… y terminaría ahogado en un mar de deudas ya que los DMC - a pesar de su exótico aspecto - eran coches mediocres, lentos, y excesivamente caros. Con los balances en rojo, la única solución que se le ocurrió a DeLorean para rescatar a su compañía fue… comprar y revender cocaína (!), algo que terminó muy muy mal cuando DeLorean y otros criminales cayeron en una redada del FBI en octubre de 1982. Hay un par de filmes que documentan este escándalo, como Driven (2018) o Framing John DeLorean (2019) con Lee Pace / Alec Baldwin interpretando al magnate automotriz).

 

Para protagonizar el duelo, Peter Yates elige los coches más icónicos de la década: un Dodge Charger (el modelo dotado de un motor 440 Magnum de 7.2 litros de cilindrada y con 375 HP de potencia!), y un Ford Mustang GT 390 2 + 2 Fastback. El Charger es una máquina bestial de aspecto diabólico - enorme, negra, reluciente; sus faros ocultos le dan un aspecto badass descomunal -. En cambio el Mustang GT se ve, en principio, algo más modesto: la línea Mustang comenzó en 1964 como un coche común con aire deportivo y precio accesible - en realidad era un Ford Falcon con carrocería más vistosa! - y luego, debido a su enorme popularidad, comenzaron a incrementar drásticamente la variedad de motores y potencias con los cuales se ofrecían, hasta convertirse en un muscle car “de bolsillo” (según los enormes estándares norteamericanos). El GT 390 era potente (6.4 litros, 325 HP, 193 km/h de velocidad máxima), pero apenas le llegaba a los talones del Charger con el motor 440 Magnum. De hecho muchas veces el actor que interpretaba al sicario que manejaba el Charger (el legendario conductor de acrobacias Bill Hickman, el cual - debido al enorme éxito de Bullitt - tendría una enorme demanda de trabajo durante la década siguiente, doblando a las estrellas en las persecuciones más memorables de filmes como Los Diamantes son Eternos, Contacto en Francia, The Seven-Ups entre tantos otros) debía sacar el pie del acelerador para que el Mustang GT no quedara perdido a la distancia.

Sip… estos dos coches son mecánicamente idénticos, sólo que uno es un compacto barato y el otro está disfrazado de deportivo cool, razón por la cual lo cobraban más caro. Como el Mustang (por mustango, que es como le dicen los americanos a los caballos salvajes) fue el primero de esta tendencia, pronto se los llamó Pony Cars. Eran más aparentes que reales, no tenían verdaderas prestaciones deportivas, y el precio era accesible, así que comenzaron a venderse como pan caliente. Como el público pedía cada vez más y mejores prestaciones, pronto los Mustangs comenzaron a diferenciarse del Falcon a partir de 1965, ofreciéndose con motores cada vez más potentes hasta que, al final de la década, ya estaban a la altura de los Muscle Cars de la época, con motores tuneados de más de 6 litros de cilindrada y una potencia de más de 300 HP… como el GT 390 que usaron en Bullitt

El segundo punto es el realismo. Primero, hay que rodar en locaciones: nada de autos fijos filmados en estudio con proyecciones traseras - un estándar en la industria, incluso en lo que se consideraba el modelo de filmes de acción de la época como eran las películas de James Bond -. El escenario elegido es San Francisco, erigida sobre una serie de colinas y con calles inclinadas a 45º. Hay escenas con tráfico real - de hecho un taxista insulta al protagonista cuando quiere meterse dentro del tráfico para perseguir al diabólico Charger -, y hay escenas con barrios enteros con acceso cortado al público. Todos los autos estacionados son del estudio, funcionan como “extras” de metal ya que el riesgo potencial de choque es brutal - estos tipos van a ir disparados a más de 100 km/h y, cuando toman una loma, imposible saber dónde van a aterrizar -. De hecho en una de las secuencias de la escena el Charger va tan a las chapas que se “come” literalmente una costosa cámara Arriflex montada en el capó de un auto estacionado - minuto 4:24 de la escena; un memorable gaffe de edición ya que el Charger desaparece instantáneamente en el fotograma siguiente (que la persecución de Bullitt sea memorable no quita que tenga una gran cantidad de errores de continuidad y edición como iremos viendo, simplemente porque planificar una secuencia tan larga, compleja y espectacular como ésta no es un proceso prolijo o lineal como el espectador cree) -. Para que esto no se vea como una ciudad muerta, hay autos en movimiento provistos por la producción… uno de los cuales es un Volkswagen Escarabajo verde que está en las antípodas de la discreción. El drama con el coche es que aparece una… y otra… y otra vez en toda la persecución, incluso los autos en duelo se lo cruzan varias veces en una misma calle o en distintos lugares de la ciudad. Pronto el gaffe del VW verde se volvería un chiste interno de la industria: Ford recrearía la persecución de Bullitt en varios avisos comerciales - uno, para promocionar el Ford Puma en 1997; otros, usando el nuevo Ford Mustang (incluyendo un mini homenaje donde la conductora de la nueva versión es la nieta de Steve McQueen, disputando un lugar en un estacionamiento con dos tipos en un auto negro que se ven sospechosamente parecidos a los sicarios de Bullitt) -, y hasta la serie Alcatraz se da el lujo de recrear, fotograma por fotograma, la cacería sólo que con las versiones modernas del Ford Mustang y Dodge Charger.

 

Y en todos esos homenajes aparece, inevitablemente, el Escarabajo verde.

La nieta de Steve McQueen parodia a Bullitt en este aviso del nuevo Ford Mustang 2019

 

Pero… ¿cuál es el secreto para que una escena de acción sea no sólo creíble sino memorable?. Es simple: el actor - no un doble - es el que debe protagonizarla. Buster Keaton y Douglas Fairbanks hacían sus propios stunts. Burt Lancaster - que vivió toda su adolescencia en un circo - era el que saltaba entre los mástiles de un barco pirata en El Pirata Hidalgo; o se lanzaba de una cornisa a la otra en El Halcón y la Flecha. El cine asiático puede dar cátedra con esto, donde el grueso de los protagonistas son artistas marciales que aprendieron a actuar, desde Jackie Chan hasta Bruce Lee. Ni que hablar de Belmondo hacía sus propias acrobacias o, el más directo heredero de semejante tradición, Tom Cruise haciendo piruetas mortales y manejando como los dioses en cada una de las entregas de Misión Imposible. Eso hace el riesgo creíble, enaltece al protagonista y, al ser temerario, inmediatamente se crea una legión de fans entre el público que ve sus proezas.

 

Y acá, el as en la manga con el que cuenta Yates es Steve McQueen. Manejaba como los dioses autos y motos (¿quién puede olvidar el clímax de El Gran Escape, donde McQueen va a campo traviesa y salta las enormes bardas del campo de concentración nazi a bordo de una Triumph TR6 disfrazada de moto alemana?), e incluso en un momento llegó a considerar seriamente abandonar la actuación para dedicarse al automovilismo. Participó en numerosas carreras - como las 12 Horas de Sebring en 1970, en donde ganó en su categoría -, y rodó un proyecto de vanidad - Le Mans, 1971 - basado en la prestigiosa carrera de resistencia que tiene lugar todos los años en el noroeste de Francia.

 

Eso no quita que el estudio no haya puesto reparos en que McQueen - y no un doble - protagonice una escena tan larga, compleja y peligrosa (¿qué haces con un filme tan caro si el protagonista se te mata a mitad del rodaje?). Pero considerando la particular idiosincrasia de McQueen - cuando algo le interesaba, se volvía inflexible a la hora de negociar -, tuvieron que llegar a una solución a medias. La mitad de las escenas las conduce McQueen en persona - y eso ocurre cuando vemos su rostro en primer plano o en el reflejo del espejo retrovisor -. Cuando el espejo retrovisor está volteado o son escenas a distancia, es un doble - en este caso, tres: Carey Loftin, Bud Ekins y Loren Janes, que se turnan según lo que precise la escena ya que cada uno tiene su especialidad, sea tomar curvas, derrapar, tomar saltos, etc - el que maneja el Mustang.

 

Pero todo esto es un montón de data técnica y anécdotas. ¿Qué es lo que hace memorable a la persecución de Bullitt?. La respuesta: la combinación de todos estos factores, la formidable edición que orquesta Yates… y la novedosa idea de que toda esta escena narra una historia, un diálogo no verbal entre perseguidor y perseguido.

La escena dura 10 minutos 53 segundos. El teniente Frank Bullitt (McQueen) viene de interrogar un testigo (Robert Duvall, en uno de sus primeros roles) y está a punto de subir a su auto cuando percibe que un coche enorme negro (no precisamente el auto más discreto para seguir a alguien!) lo ha estado observando. La escena transcurre sin diálogos, solo con algo de sonido ambiental y la música de Lalo Schiffrin (el tema Shifting Gears de la banda de sonido) comienza a sonar en los parlantes. El bajo de la orquesta de Schiffrin produce un staccato que se contrapone con el ruido del motor del Mustang, el que va tranquilo pero transpira potencia (como un tigre resoplando, cumpliendo las órdenes de su amo de caminar a su paso… hasta que éste le indique que debe atacar!). Ya en la secuencia siguiente la música va cobrando protagonismo, lo mismo que los primeros planos de los protagonistas: los sicarios (Bill Hickman, el cual parece un aburrido doctor de lentes hasta que vemos los siniestros guantes de cuero negro que usa para manejar el volante; Paul Genge, enfundado en una gabardina color beige) y el héroe (McQueen, con polera y saco de tweed con coderas, un look que se volvería tan icónico como la escena misma). La tensión comienza a escalar cuando McQueen se aleja de las avenidas, desviándose a calles desiertas: qué mejor método para dejar en evidencia si lo del coche negro es casualidad o alevosía.

 

¡Ups!. El Mustang no está, desapareció. El cazador debe seguir su instinto y debe elegir - de varias calles posibles - para dónde debe haber ido la presa. Ya ahí tenemos apuro y los motores empiezan a calentar. El sicario otea para todos lados y nada… hasta que en el espejo retrovisor aparece el Mustang. Oh, han caído en una trampa. Ya no se pueden disimular las intenciones. Hickman puede que no sea un actor experimentado, pero su rostro es transparente a la hora de transmitir sus sensaciones. Ahora él y su compañero son los perseguidos. Nunca hay más de 20 metros de distancia entre los dos coches. Giran en las esquinas, cambian de calles… el juego sigue un par de minutos hasta que, haciendo una pausa en una avenida, Hickman se pone el cinturón de seguridad.

 

Es la hora de perder a su perseguidor. Y entonces…

 

BROM… BROM… BROOOOOOOM!

“¿Me buscabas a mí?”

Los 7.2 litros del Charger comienzan a rugir a lo loco!. Ya no hay más música: ahora la banda de sonido la acapara el dueto producido por los bramidos de los motores de los muscle cars, que se alternan en protagonismo según el plano. El Charger va quemando neumáticos y el Mustang no se queda atrás.

 

Los coches empiezan a sufrir un castigo intenso. El Charger es enorme y pesado, y le cuesta enormemente reponerse de las curvas donde el sobreviraje lo hace coletear a lo loco. La cacería es tan desquiciada que hasta a McQueen le cuesta controlar su Mustang: la pifia al tomar una esquina, así que manda marcha atrás - quemando neumáticos -, corrige rumbo y retoma la persecución. Eso no está en el script pero queda en el corte final porque no sólo le agrega realismo: ¡se ve increíblemente badass!.

 

Los sicarios están nerviosos y, lo que es peor, comenzaron a bajar una colina, así que los dos autos comienzan a dar panzazos contra el pavimento. Saltan las chispas. Ya estamos en el minuto 5:04 y el Escarabajo verde hace su debut en la escena. Va a paso de hombre (como otros coches utilizados de relleno) pero su presencia descolla.

 

¿No había otro auto más anónimo?. ¿Aunque sea un Escarabajo blanco o amarillo?.

 

No importa.

 

10 segundos después vuelve aparecer el Escarabajo verde 5 calles más adelante. Olvidémonos del Escarabajo, lo que importa es la cacería.

 

El espectador siente el rugido de los motores por los parlantes del cine. La cámara está instalada al lado del asiento del conductor. Esto es una experiencia virtual, décadas antes de que el término se inventara. Cuando el coche salta en una loma, uno siente la sensación en la boca del estómago.

 

(5:33; adivinen quién aparece por tercera vez en pantalla?).

 

(5:43: idem).

¡Ey!. Ese Escarabajo verde me parece haberlo visto antes…

Los coches comienzan a sufrir un castigo tremendo. El Charger no frena en lo más mínimo en las curvas y comienza a perder las tazas de las ruedas. Son magicas, se reponen automáticamente, ya que pierde como 8 o 10 tazas pero… ¿quién lleva la cuenta?.

 

Ya los autos están llegando a las afueras de San Francisco. Carreteras lisas y anchas, ya no hay límite para la velocidad. El Charger va a 150 km/h o más, el Mustang pegado a la cola y presionando. Cada vez que chillan las ruedas del Charger, es un coqueteo con la muerte.

 

¡Ups! ¡Una moto!. El Charger la esquiva, el Mustang le pasa rozando y comienza a hacer trompos en la banquina. Una leve mueca de satisfacción de Hickman da a entender que disfruta el momento. Al fin se sacó la molestia de encima.

 

¡Pero no!. Después de recuperar el control del Mustang - y ver a la distancia que el conductor de la moto está bien -, McQueen retoma la cacería. Y comienza a devorar kilómetros y kilómetros hasta alcanzar a los sicarios.

 

Porque el tema de la persecución de Bullitt es ése: no se trata de un auto persiguiendo a otro. Eso sería lineal y aburrido. Se trata de cambiar ángulos, transmitir sensaciones, contar pequeñas anécdotas a lo largo de la cacería. El sumergir al espectador en la persecución, hacerlo sentir la tensión de la cacería, experimentar la adrenalina que sienten los conductores, transmitir lo que los protagonistas piensan con gestos mínimos pero entendibles. Esto no es un duelo de máquinas. Es un duelo de personalidades: perseverantes, temerarias, obstinadas… que arman pequeñas estrategias para combatir a su oponente. Solo puede haber un ganador y debe ser el que tenga la cabeza más fría, el mayor poder de autocontrol para saber qué puede hacer, hasta dónde puede llevar a su coche, qué le puede exigir a la máquina… qué es lo que espera obtener de esta cacería.

 

Porque un detalle notable de todo esto es que el personaje de McQueen no da en ningún momento la impresión de querer atraparlos. Podría haber sacado su chapa de policía, exigirles que se paren o quizás pedir refuerzos. En cambio su único objetivo parece ser sacarlos del camino con el mayor de los perjuicios. Es una persecución implacable. McQueen no tiene la más mínima intención de arrestarlos o interrogarlos.

Bill Hickman: stunt driver… encantador de muscle cars. Cuenta la leyenda que en el filme de James Bond Los Diamantes son Eternos precisaban una escena de riesgo donde el Mustang Mach I rojo que maneja Sean Connery debía entrar a un callejón sin salida, tomar una rampa, y quedar en dos ruedas. Pero la acrobacia no salía, ya habían roto varios de los Mustang que la Ford le había cedido a la producción y sólo quedaba el último. La gente de producción, desesperada, decidió llamar a Hickman, el cual llegó, se subió al auto… y les pidió algo de tiempo. El tipo estuvo dos horas correteando por toda la ciudad de Las Vegas hasta tomarle el punto al vehículo… y terminó rodando la acrobacia en el primer intento.

Ya estamos en el minuto 8:30 y un asustado Bill Hickman descubre no sólo que McQueen sobrevivió al derrape sino que viene como una bala lanzado directo hacia ellos. No hay descanso para los malvados. Es hora de tomar medidas extremas y el otro sicario prepara una escopeta. Pero ver ese proceso ha desconcentrado a Hickman, que de pronto se descubre en medio de un tráfico denso en medio de la carretera. Debe esquivar de apuro autos y camiones, y se come el guardarrail, arruinando toda la pintura de los laterales del Charger. A esta altura todos - McQueen incluido - tienen los pelos de punta. Otro imprevisto más como ese y cualquiera puede terminar estampado en un choque frontal contra otro vehículo.

 

Es el momento de los escopetazos. Pero, claro, es difícil mantener la concentración mientras tu acompañante está a los cañonazos, o vos estás intentando esquivar las perdigonadas a 200 km/h.

 

Es en ese momento de tensión extrema en donde basta un ligero toque a la parte trasera del Charger para que éste pierda totalmente el control. Comienza a saltar a lo loco, pierde las ruedas y termina estrellándose contra una gasolinera. Mientras tanto McQueen tiene que intentar frenar (como sea) la velocidad supersónica a la cual se ha disparado y evitar terminar como los sicarios. El coche da un trompo brutal y termina partiendo ejes en una cuneta… mientras que a lo lejos la gasolinera - y los sicarios - explotan y arden en llamas.

 

Primer plano de los cadáveres ardiendo. La bocina del Charger da su última señal de vida. 

 

Fin.

 

Ahora comparen esto con las persecuciones de autos del cine actual, con la saga de Rápido y Furioso como el mayor ofensor del género. Acá no hay CGI. Uno está en el medio de la persecución. La persecución va contando una historia. El rugido de los motores transmite toda la furia de la escena. Los protagonistas son los que manejan.

 

En una época en donde lo digital inunda todo hasta el punto del empalagamiento, esta escena tiene tensión y suspenso porque es real. Pero hay pocos directores en la actualidad que buscan ese grado de realismo porque, claro, es mucho más fácil y rápido manejar todo en una computadora. Sea el Subaru rojo escabulléndose en el tránsito en Baby Driver, o Tarantino poniendo a duelo al “caballero de brillante armadura” del cine de autos (el Dodge Challenger blanco de Vanishing Point) contra el vehículo del psicópata de turno (¡otro Charger negro!; si eso no es encasillamiento…) en Grindhouse: A Prueba de Muerte, estos directores prefieren sudar, tener rodajes más largos y sacrificados, con tal de ofrecer una experiencia auténtica a la audiencia. El otro que también lo sabía de sobra (y que inventó técnicas pioneras en Grand Prix) fue John Frankenheimer. Ronin no será un filme memorable… pero las persecuciones son geniales, con las cámaras instaladas en los paragolpes o en el capó de los autos, y rodando a 200 km/h en calles pequeñas o rutas atestadas de tráfico.

 

Es por todo esto que la persecución de autos de Bullitt es tan genial y memorable: simplemente hizo escuela y todos comenzaron a copiar la receta. En poco tiempo todos los filmes de acción que le siguieron (hasta el día de hoy) comenzaron a incluir persecuciones de coches. En el viejo continente el stunt driver Remy Julienne trabajaba día y noche sin parar, inventando todo tipo de coreografías de destrucción con coches europeos y diseñadas para inyectarle adrenalina a los policiales protagonizados por Jean Paul Belmondo, Alain Delon o incluso los filmes de James Bond. Y en Estados Unidos surgió una especie de subgénero que bien podríamos llamar car operas (o car-exploitation), donde el tema central del filme es una persecución constante - generalmente entre criminales y figuras de la ley - que acaparaba los 90 minutos de metraje: desde Carrera Contra el Destino hasta La Fuga del Loco y la Sucia; desde Dos Pícaros con Suerte hasta Los Locos del Cannonball; series como Los Dukes de Hazzard, o ese fenómeno del cine indie que fue la versión original de Gone in 60 Seconds, donde toneladas de autos destrozados se acumulaban mientras el protagonista se salía de la suya… en otro Ford Mustang altamente modificado.

 

Es más que posible que Bullitt, en sí, no sea un gran filme, sino una historia policial con alguna vuelta de tuerca novedosa y que esté narrada de manera prolija. Pero su mayor legado, único e inmortal es esta escena memorable. Tiene magia. Y te das cuenta de eso cuando aparece en tu lista de sugerencias de YouTube… y te enganchás a verla por enésima vez. El combo que ofrece es único e irrepetible: tiene los autos más poderosos e icónicos, el actor más cool, los villanos más despiadados, las acrobacias más salvajes… y un grado de realismo que sólo se podía obtener en el Hollywood de fines de los 60 y el resto de la década de los 70s. Una experiencia que se encuentra en extinción en esta época en donde los creativos son vagos, filman rápido, y prefieren intoxicarnos con una tonelada de efectos digitales que, en vez de excitar, sólo provocan aburrimiento.

 

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Comentarios 61

L
La Butaca Imaginaria22 de mayo de 2025
¡Vaya persecución más épica! Steve McQueen convirtió un Mustang en una estrella de cine. ¿Quién necesita diálogo cuando tienes rugidos de motor y neumáticos quemados?
O
Oscar Alejandro Olmedo17 de mayo de 2025
Efectivamente, las persecuciones de autos son un condimento fundamental para una buena peli de acción urbana y San Francisco una locación muy requerida porque la disposición de sus calles permite el lucimiento de vehículo y conductor(La Roca). El cine europeo, sobretodo el francés de Belmondo-Delon tenía sus joyitas y más acá Ronin del '98 de Frankenheimer tiene lo suyo. Las de Bond, ni hablar, son marca registrada de la casa. Y sí, concuerdo hay valores agregados que suman al realismo(una o dos cámaras bien ubicadas, locaciones que presenten desafíos) Cómo esperar que las R & F generen algo de adrenalina si los tipos ni transpiran?! Muy Buen artículo.
E
edmond dantes17 de mayo de 2025
Peliplat es una propuesta interesante y novedosa. La comunidad, el enfoque colaborativo y la posibilidad de compartir miradas cinéfilas la vuelven atractiva. Sin embargo, el único punto de conflicto serio hoy en día son los concursos.</br>Los premios del editor no tienen peso real dentro de la comunidad. Y es evidente que hay una nueva política que favorece a quienes consiguen votos para sus artículos por fuera de la plataforma. Esta estrategia no parece casual: se implementa justo cuando comienza el reparto de premios económicos para los “Peliplaters destacados”, votados por la comunidad.</br>Al mismo tiempo, ya se está bloqueando a quienes comentan en artículos ajenos para promocionar los propios. Todo indica que, si insisten, les cerrarán la cuenta. No hay posibilidad de defensa ni de apelación. Nunca se informa qué norma concreta se ha violado. Las consecuencias son unilaterales e irrevocables. Quienes más se benefician de estas medidas son quienes obtienen votos sin dejar comentarios.</br>Esto puede tener ciertos efectos positivos: fomenta la llegada de público nuevo, se “limpian” los comentarios, y los usuarios que critican el spam se sienten reivindicados. Se recupera, dicen, un “espíritu amateur” más puro.</br>Pero los problemas superan a las ventajas. En primer lugar, no es legal. En los Términos de Uso de Peliplat no figura ninguna prohibición sobre promocionar los propios artículos en los comentarios de otros. Lo que se prohíbe es ofrecer productos o servicios (como cerveza o limpieza de alfombras) o ser ofensivo. Pero promocionar textos propios no está en la lista. Cualquiera puede comprobarlo:</br>https://www.peliplat.com/es/terms-of-use</br>Además, esta política probablemente reducirá el tráfico dentro de la plataforma. Uno de los grandes méritos de Peliplat hasta ahora era que casi no había hate. ¿Por qué? No porque los usuarios fueran especialmente buenos, sino porque existía un incentivo mutuo: nadie atacaba a otro usuario porque eso podía costarle un like. Con ese incentivo eliminado, ya se están empezando a ver los primeros casos de trolleo y comentarios maliciosos.</br>Otra consecuencia preocupante es que quedarán afuera los buenos escritores que no tienen comunidad detrás. Y aunque tampoco esté prohibido formar alianzas para votarse mutuamente (aplicando la misma lógica que se usa para penalizar el spam), parece que eso no se cuestiona. Lo cierto es que quienes no se muevan fuera de la plataforma o no formen parte de un grupo organizado, difícilmente accedan a los premios, por muy bien que escriban.</br>Ya se puede ver el resultado: en todos los concursos, los primeros puestos están ocupados por los mismos tipos de artículos. Vayan, léanlos, y juzguen ustedes.</br>Y no olvidemos esto: al subir contenido, los usuarios otorgan a Peliplat una licencia internacional, transferible, gratuita, sublicenciable y sin restricciones para usar, modificar y distribuir sus textos. Es decir, aportamos contenido de calidad gratuito, y lo mínimo que se nos debería ofrecer es respeto. Si se nos sanciona, que se explique por qué y que se nos dé la oportunidad de responder.
J
Jones Burma16 de mayo de 2025
Interesante narración. Gracias por compartirla. Me gusta porque aunque uno no haya visto la película, tu texto conecta en directo con la trama, y eso denota habilidad. Excelente.
P
Palomablancaylibre13 de mayo de 2025
Muy buen artículo te felicito!
A
Arlequin14 de mayo de 2025
En respuesta a Palomablancaylibre: muchisimas gracias, saludos!
M
MagaLatronica12 de mayo de 2025
excelente tu articulo, me gusto mucho.
A
Arlequin14 de mayo de 2025
En respuesta a MagaLatronica: muchas gracias, la idea era ser informativo y ameno, saludos!
N
Neisbell Rojas11 de mayo de 2025
Este articulo Esta muy bueno
A
Arlequin14 de mayo de 2025
En respuesta a Neisbell Rojas: muchas gracias, la idea era ser informativo y ameno, saludos!
L
Leonory9 de mayo de 2025
Los autos antes eran mejores, mas fuertes, más recistentes con una larga vida útil, y las escenas del cine, ni hablar, eran las mejores, explociones al aire libre persecuciones al maximo, hoy hasta casi se nota la pantalla verde. Excelente art!
A
Arlequin10 de mayo de 2025
En respuesta a Leonory: En realidad te matabas mas rápido. Imaginate un monstruo de 2 toneladas sin crash test ni estructura reforzada, a 200 km h ni sabias que estabas muerto cuando perdias el control del auto. Yates les dijo a los dobles que quería ir no mas de 130 km/h y los tipos, en ruta, llegaron a 170 km/h, lo que es un disparate total. Por otra parte, esos motores eran mas simples de mantener y arreglar, aunque si ibas siempre a las chapas tenían un desgaste brutal. Gracias x leer y apoyar
S
saxman7 de mayo de 2025
Como siempre, se aprende mucho cada vez que se pasa por aca. Excelente articulo Alejandro. Saludos
A
Arlequin9 de mayo de 2025
En respuesta a saxman: Gracias caballero. La idea es escribir siempre sobre cosas interesantes, no por obligación sino por pasión. Saludos!
L
Lara Naranjo7 de mayo de 2025
Muy bueno!
A
Arlequin9 de mayo de 2025
En respuesta a Lara Naranjo: muchas gracias x leer y apoyar, saludos!
A
Anturius7 de mayo de 2025
Felicidades, esto no es un simple artículo, es el texto para un documental!!!
A
Arlequin7 de mayo de 2025
En respuesta a Anturius: Gracias!. Es un combo de pasiones de coches fierreros, tipos cool como McQueen y escenas que te quedan en la memoria!. Gracias x leer y apoyar, saludos!
K
Katcoff Rascavav7 de mayo de 2025
Se podría decir que soy el rey de todas las cosas
A
Arlequin7 de mayo de 2025
En respuesta a Katcoff Rascavav: ?... si tu lo dices...
S
Serenid7 de mayo de 2025
Digna de una película de acción, no la vi, pero ví un corte y los carros de esos años eran magistral. Y los efectos muy buenos. Un Like.
A
Arlequin7 de mayo de 2025
En respuesta a Serenid: por eso puse la persecucion completa al principio, está en el canal de YouTube de la Warner. Esos coches son bestias... los de ahora, pura electronica. El Mustang y el Charger eléctrico?? Qué sacrilegio!!. Gracias x leer y apoyar, saludos
H
humberto antonio7 de mayo de 2025
Me agrada leer tus artículos son buenos así que te dejo un like 👍
A
Arlequin7 de mayo de 2025
En respuesta a humberto antonio: gracias x seguirme, por comentar y apoyar. Saludos!
B
Bruno Berardi7 de mayo de 2025
Una de mis películas de acción auténticas y favoritas, excelente artículo
A
Arlequin7 de mayo de 2025
En respuesta a Bruno Berardi: al fin un conocedor!. Gracias Bruno, un saludo!!
L
Luisa C Moreno7 de mayo de 2025
Ah está es la que decías que era el antecedente de Rápido y furioso y con McQueen, no la conocía. Chévere saber de estas películas de acción de "otros tiempos", la pondré en mi lista de clásicos por ver.
A
Arlequin7 de mayo de 2025
En respuesta a Luisa C Moreno: mando a todo el mundo a verla en Max pero me dicen que no está. Quizás en un milagro esté en YouTube... ultimamente estan subiendo toneladas de peliculas enteras, no sé como YT lo permite
J
jacoborivera0766 de mayo de 2025
Gran artículo, me gusta, te deje mi like
A
Arlequin7 de mayo de 2025
En respuesta a jacoborivera076: Muchisimas gracias x leer y apoyar, saludos!
Y
Yamilet M.6 de mayo de 2025
Excelente Artículo, muy retro la película 😉 me quedo con ganas de verla 😃
A
Arlequin7 de mayo de 2025
En respuesta a Yamilet M.: si conseguis donde verla, no tiene desperdicio. No parece en absoluto una peli de hace 60 años, es muy muy moderna! gracias x leer y apoyar!
R
Raul Dudamell5 de mayo de 2025
,guaoo muy bueno el artículo uno de mis actores favoritos te felicito éxitos!
A
Arlequin6 de mayo de 2025
En respuesta a Raul Dudamell: me alegra mucho dar con un fan de McQueen!. Asusta tanta gente que no conozca al tipo mas cool de la historia del cine. Gracias y un abrazo!
U
User-cenialapoeta5 de mayo de 2025
No la conocía Pero la ha narrado tan bien que ya la conozco un poco y la buscaré para ver la. .
A
Arlequin5 de mayo de 2025
En respuesta a User-cenialapoeta: En Max la tenés, clasicazo!. Gracias por leer y apoyar, saludos!
U
User-cenialapoeta5 de mayo de 2025
En respuesta a Arlequin: Siempre. Usted siempre me ha apoyado y se lo agradezco
A
Arlequin5 de mayo de 2025
En respuesta a User-cenialapoeta: obrigado!!

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