BLACK BAG: El espionaje y el matrimonio son la misma cosa
Personajes
Los tiempos cambiaron. Observar como el dúo Brangelina se dispara miradas llenas de nada mientras hacen volar plomo por los aires de su refinado hogar ya no es sexy, ni siquiera entretenido diría. La gente no disfruta de esas deliciosas rebanadas de estupidez mediática, y ahora le hacen caso a la inteligencia…pero no a la artificial, eso entra en otra discusión. Quizás tenga que hablar únicamente por mí, y no poner a todo el mundo en la misma bolsa, pero me baso en una corazonada cuando digo que una porción de cineastas dejó de subestimar (muchas gracias por eso) a la audiencia en estos tiempos. Claro, existen decenas de películas que nos boludean con su pseudo intelectualismo, pero el cine evoluciona. O muta. O quizás las dos cosas.
En una (al parecer) irrefrenable seguidilla de un estreno (y a veces hasta dos) por año desde el 2017, Steven Soderbergh se reunió con un inspiradísimo David Koepp (el guionista de Jurassic Park, Carlitos Way, Misión Imposible y Spiderman entre otros clásicos modernos) para darle vida a una fórmula que desde la lectura de sus ingredientes principales puede detonar plácidamente el paladar de cualquier devoto por el cine de espías. Cate Blanchett y Michael Fassbender reinterpretan a Mr. y Mrs. Smith en una carrera contra el tiempo en donde el espionaje y el matrimonio, sí, tal como el título de este artículo, recorren líneas paralelas que inevitablemente cambian su naturaleza hasta encontrarse en un punto.
Y no hablo por boca de jarro, el concepto lo entiendo y lo asimilo a la perfección. Es más, en este momento me siento más identificado con este Fassbender en clave detallista y meticuloso probablemente mucho más que con cualquier otro personaje. Y no es que esté casado, pero después de estar trece años junto a la misma persona y abrazar el compromiso todos los días, podría decirse que informalmente lo estoy. Aunque muchas veces para algunas personas resulta algo tedioso y cansador el decir “estoy casado”, afortunadamente no es mi caso ya que puedo afirmar que estamos en nuestro mejor momento, algo bastante inesperado para los tiempos que corren, pero que luego de ver esta perfecta orquesta romántico/dramática sí me hicieron reflexionar acerca de cómo la confianza resulta ser ESE factor absoluto que determina la calidad por sobre la cantidad en las relaciones de pareja.

En este thriller ejecutado bajo el preciso lente de Soderbergh el conflicto parece desatarse gracias a un momento sumamente redundante en el que George Woodhouse (Fassbender), legendario agente de inteligencia británico y una eminencia en el polígrafo, descubre una entrada de cine en el cesto de basura de su hogar. Luego de algunas trifulcas y conversaciones que también PARECEN redundantes, invita a su esposa a ver la misma película a la que asistió sola hace algunos días. Con una tranquilidad que inquieta, ella asiste junto a él como si fuera la primera vez que ve dicho título en pantalla grande. Es a partir de ese quiebre en el pacto marital que el perfeccionista agente comienza a desconfiar de todos sus movimientos, sus palabras, incluso de su amor. Y es que ‘Black Bag’ disfraza la inteligencia bajo un manto de emociones en el que se desdibuja todo aquello que nos hace seres analíticos por necesidad. El corazón y el cerebro, tan distintos y necesarios, se unifican. Pero, como en todo gran thriller de espías, nada es lo que parece.

Todo es una cuestión de causa y efecto. Soderbergh nos pega un sopapo de entrada con un conflicto aún mayor que el mencionado anteriormente. El planteo es sencillo. George se entera que dentro de los cinco posibles candidadtos que están en una lista de sospechosos por haber robado un malware altamente confidencial está el apellido y nombre de nada más ni nada menos que su esposa, Kathryn St. Jean. Lo que podría haber resultado en un sin sentido de diálogos innecesariamente alargados o persecuciones ridículas se transforma en una metódica investigación por parte de George para dar con el traidor. O traidora. Fassbender es un maestro de la contención dramática. Lo demostró en el poco tiempo de metraje que tuvo en ‘Bastardos Sin Gloria’ con su famoso "¡Drei Gläser!" (o ¡Tres vasos! para los latinos), con su inerte pero convincente rol de asesino sueldo en The Killer (probablemente el más parecido a éste) y aquí sigue demostrando, con una contención disparada por los cielos, porqué es el actor perfecto para este tipo de papeles.

Con tan sólo dos escenas en donde seis personajes alrededor de una mesa se quitan lentamente todo sentido de moralidad, el director se las maneja para crear tensión desde lo inesperado, casi como poniéndonos a nosotros en el rol de espías. Los compañeros de George no dan indicios de qué es lo que podrían estar escondiendo, pero detrás de escenas (literal y simbólicamente) este buen samaritano maneja los hilos sin que ellos sospechen mínimamente de él. La película se apoya firmemente en sus hombros y nos muestra el camino necesario para entender cómo es que funcionan las enrevesadas mecánicas de ser un agente en el servicio de inteligencia. Un artilugio gubernamental/corporativo que claramente no está hecho para cualquiera, y que así es demostrado gracias a las pequeñas pero efectivas pinceladas identitarias que Soderbergh impregna en los personajes secundarios.
Por un lado está Freddie (Tom Burke sacando a relucir lo más grosero de su repertorio), un agente borracho que ESTÁ en su posición gracias al poder de sus discursos, por otro está la terapista Zoe (Naomie Harris en modo “no estoy actuando, yo soy así en realidad”), una mujer que UTILIZA su posición para sacar información de sus colegas, y finalmente dos jóvenes talentosos pero sumamente opuestos: James es el típico codicioso que tapa sus oscuras intenciones con elegancia, y Clarissa es la principiante que no entiende la naturaleza macabra a la que se sometió al tomar un trabajo de tal magnitud.

En el final, como en todos los grandes finales, queda una pregunta espolvoreada en su atmósfera, dejándonos con una duda existencialista. O quizás con una reflexión que sirve como espejo de nuestras propias vidas. Si el matrimonio y el espionaje son la misma cosa, ¿cómo tallamos el cuerpo de la confianza con aquellos que amamos? ¿vamos lentamente esculpiendo pequeños pedazos hasta encontrar la verdad, o preferimos cortar con fiereza las partes gracias a los impulsos propios de la naturaleza romántica?
POR JERÓNIMO CASCO
Publicado el 17 de ABRIL del 2025 | 03.26 AM | UTC-GMT -3
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