El gran thriller neowestern del 2024 del que NADIE habló
DirecciónPara mi sorpresa, este fin de semana me topé inesperadamente con uno de esos títulos que hubiera deseado poder ver en la pantalla grande. Puede decirse que la suerte estuvo parcialmente a mi favor, ya que al no poder saciar mi sed de ver una gran película en el lugar que se merece (que es esa ceremonia en la que nos congregamos para sentarnos en una butaca y perdernos por dos horas), pude dedicarle mi plena atención sentado en el sillón de mi living a un intenso y oscuro neo-western como hace mucho no me sucedía. Nada mejor que dejarme desbordar por un viaje lleno de tensión, y que también me sirvió como una pequeña lección de historia. En este caso, una sobre cómo la posible ideología más diabólica siguió (y sigue) repitiendo su influencia en pequeños grupos sociales.

Lo nuevo del irregular realizador australiano Justin Kurzel (Nitram, Macbeth, Assasin's Creed) se coló en la plataforma Prime Video bajo el enrevesado título ‘La Hermandad Silenciosa’, haciendo referencia al libro no ficcional de Kevin Flynn y Gary Gerhardt publicado en 1989, “La Hermandad Silenciosa: Dentro de la Clandestinidad Racista de Estados Unidos”, cuando en realidad su título original es ‘The Order’, y debería haber sido puesto como ‘La Orden’. Para mi suerte, en ese glorioso scrolleo dentro de la aplicación hice uso de mi impecable memoria mientras chusmeaba cual vieja del barrio que podía ver, y recordé la primera imagen promocional de la película en donde se lo veía a Jude Law en modo Clint Eastwood (con mostacho incluido) disparando vaya a saber uno a qué, y me dije silenciosamente para mis adentros: “no pueden ser dos películas con el mismo actor, haciendo el mismo personaje, en el mismo año.” Todo indicaba que era mi día de suerte.
Lo grandioso es que el impacto que pueden tener historias de este calibre por lo general siempre reside en su inobjetable calidad y no en su temprana e intensa promoción de marketing. Así es como funcionan las cosas en Hollywood hoy, pero siempre estoy atento a tratar de inclinar la balanza en favor de aquellas historias que, en mi opinión, merecen mucho más ser contadas que otras. Y la de ‘La Orden’ no es la excepción. En su núcleo contiene la clásica estructura del western, y dicho sea de paso, la historia más longeva de la humanidad: la del bien contra el mal. Law (cualquier semejanza entre el apellido del galán reconvertido en talento y su traducción al español es pura coincidencia) encarna a Terry Husk, un cansado y experimentado agente del FBI que se ve obligado a mudarse a un pequeño pueblo ubicado en Washington lo bastante chico como para que los problemas empiecen rápidamente, en un intento de frenar el inminente amanecer de “La Orden”, una organización pronazi fundada por el supremacista Bob Matthews.
Bob es un miembro querido en la comunidad ya que, aparte de ser el hijo del alcalde del pueblo y líder de la iglesia metodista local, tiene la férrea creencia de que, a diferencia de lo que promulga su padre con palabras vacías en su santuario, los hechos dicen mucho más. Y no le quito mérito a su pensamiento, tiene razón en ese punto, sólo que sus actos de vandalismo extremos distan demasiado de mis metas y objetivos. Pero como ya sabemos, de vez en cuando una gran porción de Norteamérica parece tener, no sólo la extraña necesidad de nutrirse de discursos de esta índole, sino que también el hecho de proporcionarle a una figura (llamémosla Bob en este caso) el poder de creer que son dioses.

Más allá de las evidentes capacidades de Kurzel para retratar mentes trastornadas por el fundamentalismo autoritario (algo que viene haciendo desde hace más de una década) o basarse en eventos reales que cambiaron el curso de la historia, algo que hace única a la película es lo gris que se siente en materia moral. Prácticamente la empatía que podemos llegar a generar es nula o muy poca (quizás el único caso es con el agente Jamie Bowen interpretado por un gran Tye Sheridan haciéndose paso como una potencia en los thrillers modernos), la negatividad que envuelve a la comunidad de este pueblo es desoladora y hasta roza con lo estúpidamente ingenuo, y todos hacen su parte sabiendo que, probablemente, no consigan nada en el proceso.
¿A qué voy con todo esto? Para poner en contexto, tengo que mencionar dos situaciones prácticamente iguales a los veinte minutos de película y en el final que son muy específicas. Husk es una persona bastante peculiar que gusta de fumar a todo momento, sentirse acompañado únicamente por las fotografías de su familia, y que disfruta de cazar. En estos dos momentos cronológicamente mencionados mientras espera a que aparezca la presa, en el primero se ve acechado por la presencia de Bob (con quién había tenido el primer enfrentamiento de la película minutos antes, pero Bob estaba enmascarado) sin saberlo, pero reconociendo una amenaza a su alrededor, y en el segundo Terry, después de haber “cazado” a la verdadera presa, se da cuenta de que quizás nada de esto haya servido y decide cazar a un alce. ¿Cuál es el propósito de matar al alce? ¿Sirve como metáfora o solo es un claro indicio de que, hagas lo que hagas, las cosas seguirán su curso “antinatural” en términos sociales?

Si bien esta justificación no forma parte de mi filosofía de vida, la posición del director resulta esclarecedora, como poco. En los primeros minutos mientras un par de estos mal llamados “salvadores” de Norteamérica llevan en un auto a otro posible candidato a ser parte de su grupo, en una radio local el periodista Alan Berg le responde a un fanático pronazi:
“¿Sabes cuál es mi problema con todos los fundamentalistas fanáticos, desde los católicos hasta los ortodoxos y el KKK? Lo único que todos tienen en común, y son demasiado ignorantes para verlo, es que son demasiado ineptos para sobrevivir en el mundo, por lo que su único recurso es tratar de limitar el disfrute de los demás.”
Berg, como también sucedió en la vida real, fue asesinado salvajemente por un miembro de La Orden cuando estaba por entrar a su hogar volviendo del trabajo. Los responsables fueron enjuiciados de por vida por el crimen, y ningún miembro de La Orden salió limpio de toda la causa. Bob Matthews (que en esta oportunidad es interpretado por un -casi- irreconocible Nicholas Hoult demostrando porqué todos los directores lo quieren tener bajo su mando en la actualidad), que parecía estar iniciando uno de los movimientos más negativamente revolucionarios en la Era Moderna, terminó sus últimos segundos de vida asfixiado por el humo y con quemaduras en todo su cuerpo mientras Husk intentaba atraparlo con vida.
¿Cuál es el mensaje o la moraleja, si es que existe alguna? ¿Qué piensan? Los leo en los comentarios
POR JERÓNIMO CASCO
Publicado el 11 de FEBRERO del 2025, 16.58 PM | UTC-GMT -3
¿DÓNDE LA PODES VER? The Order se encuentra en Prime Video
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