WOLF MAN y el problema moderno de redefinir las historias clásicas
Reseñas generalesMuchas veces como audiencia nos preguntamos, ¿cuál es el punto de que nos sigan contando las mismas historias una y otra vez? ¿Qué tal si me la cuentan desde otro ángulo? Bueno, maso menos eso fue lo que se le pasó por la cabeza al realizador australiano Leigh Whannell, conocido en principio como actor por ser el compañero de celda en la tensa y brillante primera entrega de la saga ‘Saw’ (en su nueva película hasta tira un guiño sangriento y delirante de aquel final), cuando en el 2020 a días antes de que arrancase la pandemia decidió estrenar su propia visión de lo que para él representaba El Hombre Invisible, una película de terror con claras connotaciones sociales al poner en evidencia las preocupaciones de este más que interesante creador alrededor de temas como la violencia de género y la percepción de los demás.
La película protagonizada por Elizabeth Moss tuvo la suerte de ser bien recibida con la taquilla, pero más importante con la crítica, que alabaron la audiencia de Whannell por crear algo diferente alrededor de figuras reconocidas como lo son este icónico villano invisible.

Cuando en el 2021 se anunció que el director iba a tener una segunda entrada en el fallido universo cinematográfico de “Monstruos de la Universal”, con Ryan Gosling como el protagonista, el entusiasmo subió diez mil decibeles. Y claro, si tenés uno de los rostros más reconocidos de la industria es probable que la inversión sea mucho más grande, y las chances de darle la cantidad correcta de publicidad también. Pero nada de eso pasó. Decidieron reemplazar a Gosling por Christopher Abbott, un actor con una de las filmografías más interesantes de los últimos tiempos pero que no posee esa pasta de “mega estrella” que sí tiene el Ken de Barbie, y como aderezo negativo la pusieron en cartelera en enero, un mes bastante mediocre para cualquier estreno.
Curiosamente lanzada unas semanas después de Nosferatu, otra sobre hombres transformados en monstruos y también con una clara visión como es la de Eggers, ‘Wolf Man’ resultó ser un fiasco para la mayoría de la audiencia. Por lo menos eso es lo que me llegó, ya que no miro videos ni leo artículos sobre estrenos recientes. Pero algo me decía que Whannell podía tener entre manos algo bastante interesante y refrescante para ofrecer. Y así fue, su body-horror/suerte de exploración moderna sobre la leyenda urbana del licántropo es una propuesta que puede generar mucho odio en la mayoría de los fanáticos, sobre todo por la apariencia final del hombre lobo, algo que en mi opinión tiene bastante coherencia (aparte de un enorme trabajo de efectos prácticos detrás del proceso).

La historia nos coloca inicialmente en el año 1995, con un desolador y crudo panorama al mejor estilo Hotel Overlook, pero que también recuerda a thrillers recientes situados en áreas boscosas y montañosas como It Comes at Night o The Lodge, y nos presenta a la versión joven de nuestro protagonista, Blake, viviendo junto a su padre en una cabaña ubicada en un tranquilo valle en el medio de Oregon. A diferencia del ambiente en el que ambos se rodean, su nervioso y sobre protector padre conoce algo que su hijo no: hay un licántropo suelto matando cual ser vivo se le cruce. La película no tarda mucho en mostrarnos cuál es su enfoque dentro del apartado visual: Whannell juega con los espacios dentro de lo que enfoca su cámara como pocos lo saben hacer. El manejo del tempo narrativo también, como en su título anterior, también es implacable. En conjunto exprime al máximo el espacio en relación con el tiempo para crear un ambiente opresivo, asfixiante y emocionalmente demoledor.
Ese tenso inicio da pie para conocer al mismo Blake treinta años después aquello que había vivenciado de joven repitiendo la misma escena. Ahora es el padre de una amorosa niña llamada Ginger, pero en cada oportunidad de descuido que tiene aprovecha para recalcar de su personalidad su faceta más extrema: aquella que le impregnó su padre mientras cazaban en el bosque, gritándole a todo momento. Hay una frase de la brillante serie Mindhunter que cada tanto la repito sin argumento alguno, que dice: “¿Los criminales nacen…o se hacen?”. Instantáneamente después de ver esta película, y en vistas de todo lo que había experimentado frente a la pantalla, me llevó a pensar: “¿Los monstruos nacen…o se hacen?”. No estamos ante la clásica historia del hombre lobo, y quizás por eso la mayoría de la audiencia se enfadó al encontrar una exploración diferente del mítico personaje.

El anuncio del fallecimiento de su padre y las ganas de reconectar con su familia (sobre todo con su esposa) le ofrecen a Blake el ancla necesaria para volver a aquella infame cabaña y ver, si de una vez por todas, puede enterrar el pasado y ser otra persona, aquella que juró ser desde chico. Con un brillante equilibrio entre el thriller psicológico y el terror corporal, Whannell crea desde una escena al mejor estilo Jurassic Park en donde un camión queda colgando de un árbol, el amanecer de esta leyenda urbana. Un simple rasguño en el brazo de Blake provocado por una criatura misteriosa es suficiente para ir construyendo la idea del hombre lobo en nuestras mentes, y a su vez generar expectativa sobre qué es lo que puede pasar con este buen hombre y su familia. Y es que en el corazón de esta historia yace una visión muy clara sobre la paternidad, los traumas generacionales y el cómo los seres humanos tratamos las enfermedades desconocidas. Esta es la historia de un hombre que lucha contra sus demonios internos y a su vez trata de recomponerse para el bienestar de su hija. “Adivina qué estoy pensando”, le repite Blake a Ginger en una especie de costumbre entre los dos, sólo para recordarle lo mucho que la ama.
¿Pero qué pasa cuando alguien a quién amas se transforma en algo más, en algo inexplicablemente aterrador? Dos de los puntos más interesantes de ‘Wolf Man’ son, por un lado la pausada y progresiva transformación del protagonista, y por otro el inmejorable diseño de sonido. Ambos crean la sensación inmersiva de estar en la piel de un licántropo, o por lo menos en la de un ser humano que está en un temprano proceso de transformación. No son los 40 segundos en donde Benicio Del Toro pasa de ser alguien común como cualquiera a un enorme y peludo monstruo, sino que el director trata con delicadeza el asunto, como si fuese parte de una especie de duelo. Y eso es lo que hace brillante a esta nueva adaptación, no trata de provocar un espectáculo visual vacío solo para que podamos comer pochoclos a mansalva sin entender qué es lo que está pasando, sino que le da un contexto realista al entorno fantástico y le da vida a una película que, si no se cae en la facilidad de aniquilarla por la opinión de los demás, puede ser el inicio y la inspiración de los thrillers folk modernos.

POR JERÓNIMO CASCO
Publicado el 2 de FEBRERO del 2025, 19.02 PM | UTC-GMT -3
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