Netflix y su inquietante tendencia de querer "AMERICANIZAR" todo

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What Are Streaming Platforms - Image to u

 

Corren tiempos extraños en la era del streaming. Hasta me atrevería a calificarlos de bélicos por la extrema cualidad estratega que están teniendo las grandes cabecillas. Mientras varias plataformas organizan jugadas maquiavélicas para vendernos la idea de que su próximo título será “EL EVENTO DEL AÑO”, (y hacen todo lo posible para descalificar al resto), también se libra una batalla culturo social interna en donde productores, actores y demás involucrados deciden entre lo que parecerían ser sólo dos caminos posibles: o venderle el alma al diablo para cobrar el tan ansiado cheque, o seguir remándola para producir algo acorde a sus valores, principios y filosofía...si es que tienen alguna.

 

Claro, esta lucha no puede decirse que es actual (pensemos por ejemplo en las batallas que se libran con salvajismo en ‘Babylon’ dentro de aquella época de transición entre el cine mudo y el sonoro en los años 20), pero sí que se subraya con fuego intenso en una era moderna en donde la superficialidad y el fanatismo por querer ser alguien está más marcado que nunca. Mucho más que en aquel momento. Paradójicamente, este anhelo por destacar se pierde dentro del amplio catálogo que nos ofrecen las distintas plataformas y sus decenas de propuestas, que ante el miedo a ser distintos y originales se autoflagelan produciendo “contenidos” vacíos y sin una voz de autor que se diferencie del resto. Ya lo intentaron varios (Scorsese, Sorrentino y Fincher en Netflix, por mencionar algunos de los más significativos), y aunque han salido victoriosos de alguna manera, el peso de no haber tenido un estreno exclusivo en cines se siente raro, por lo menos para aquellos que no comparamos la experiencia de sentarnos en una butaca con ninguna otra que se le parezca.

 

Dios y su súbdito en el rodaje de ‘El Irlandés' (2019)

 

Ellos supieron hacer su jugada. El Irlandés, Fue la Mano de Dios y The Killer son obras absolutas de autor, sin ningún punto de discusión. No hubo ni habrá intervención para estos referentes en un futuro cercano en lo que se refiere a producción, y aunque se piense (o sepa en algunos casos) que en realidad el acuerdo entre la plataforma y los autores era promocionar estos títulos como “películas de Netflix”, es decir, producidas por la compañía y no distribuidas (ojo que hay una gran diferencia en eso), es más importante lo que el público recibe que el acuerdo real que se tejió detrás. “Estamos viendo una película de Netflix dirigida por Scorsese”. Ese rótulo no se lo quita nadie, y cuando en los primeros segundos de la épica gánster se veía al legendario director poner todo de sí para con su obra, yo en ese momento creí en esta plataforma. Me lo vendieron. Hicieron que la idea se transformase en una realidad, aunque sea por 3 horas y media.

 

La introspectiva adaptación del cómic criminal a cargo de David Fincher fue el último título de autor hecho para y por Netflix, como más les guste. Eso fue hace un año y medio. En el 2024 dos títulos se acercaron a tener en sus venas más artísticas ciertos rasgos autorales (Rebel Ridge y Spaceman), y en este 2025 todo apunta a que Gareth Evans con su acción más alocada, Guillermo Del Toro con una adaptación de Frankenstein, Rian Johnson con la tercera parte de su trilogia en clave whodunnit y el siempre fiel a la marca Noah Baumbach con su nueva tragicomedia pueden ser de las pocas voces que aporten algo a este intrincado sistema. Pero el fundamento de este artículo no se basa en lo que vendrá, sino más bien en dos estrenos que están recién salidos del horno. Por un lado, está ‘Atrapados’, una enorme producción “made in Argentina” basada en la novela homónima del estadounidense Harlan Coben, y por el otro se encuentra ‘Revelación’, el nuevo experimento del director de ‘Tren a Busan’ que en esta oportunidad mezcla misterio, suspenso y religión en un coctel algo agridulce.

 

 

Pero empecemos hablando de cómo una novela con un ritmo tan acelerado como es la de Harlan Coben pasó de ser imaginada en una desenfrenada New Jersey sumida por el crimen para ser una realidad en las tranquilas tierras de Bariloche, la ciudad más popular de la Patagonia Argentina. Primero que nada, quiero aclarar que he estado ahí, he ido de vacaciones en más de una ocasión a este hermoso lugar, y si bien parece ser el terreno ideal para el famoso “pueblo chico infierno grande”, me resultaba bastante desacertado ubicar una historia como ésta en una zona geográfica en donde lo primero que resalta a la vista no es precisamente cierta calidad de misterio. Podría haber sido la ocasión en otro caso: las montañas, los pinos, los lagos, la soledad…todo indica que estos elementos son fértiles para sembrar la intriga, pero en esta serie la locación es utilizada únicamente para que digamos “uh, mira que lindo paisaje”. Es factible decir entonces que no existe el recurso visual del lugar como anclaje a la historia, sino como motivo de placer estético para la audiencia. 

 

 

Pero ese no es el principal problema que tiene. En esto de querer hacer todo un poco más “yankee”, la narrativa pierde identidad desde el primer capítulo, o mejor dicho, desde los primeros minutos. ‘Atrapados’ cuenta las consecuencias de cómo la desaparición de una joven estudiante ramifica diversos problemas en sus allegados y no tan allegados. La que más se involucra es Ema Garay (Soledad Villamil interpretando al mismo personaje de siempre) una periodista intrépida que trata de conectar casos anteriores con el actual, metiéndose en el medio en un fugaz romance con uno de los sospechosos y lidiando con demonios del pasado que vuelven para atormentarla. 

 

 La identidad es el primero de tantas fallas. La serie no sabe para donde disparar y hasta de a ratos parece una parodia cara de las telenovelas latinas de principios de los dos mil (música ruidosa que intensifica el drama, personajes diciendo cosas sin sentido). Los diálogos se sienten tan poco naturales que dan vergüenza ajena. Es como si algún estadounidense haya estado presente todo el tiempo en el rodaje y cuando los intérpretes estaban siendo demasiado argentinos haya parado la producción para que tenga un dialecto más allegado al suyo. Realmente da pena escuchar ciertas líneas. En segundo lugar, está la construcción del suspenso y el misterio. Si bien algunos giros argumentales no son tan fáciles de adivinar, la serie cae en lugares tan comunes como desperdiciados. La resolución se ejecuta con un sentido nulo de shock. Lo primero que hice al ver el final fue ir al espejo y ver qué me decía mi rostro. NADA. Punto aparte para las actuaciones: vacías, planas, confusas…

 

 

Podría estar largo y tendido al respecto de una oportunidad tan mal desperdiciada como lo es esta, pero quiero darle lugar al segundo título en cuestión. Lo nuevo de Yeon Sang-ho, el director de 'Tren a Busán', llegó a la plataforma hace algunos días y rápidamente se coló en el podio de lo más visto (vaya a saber uno quién decide esto). Suponemos que es gracias a la reputación de su mejor obra que está entre lo más visto, ya que de otra manera no se entiende. Como muchos pares que pierden fuerza creativa a medida que se “americanizan” (siendo probablemente Bong Joon-Ho el ejemplo a analizar más curioso de todos), Sang-ho compuso un thriller que se cocina a medias desde todos los ángulos. Hay acción, suspenso, elementos religiosos y sobrenaturales, venganza…pero no termina impactando por ningún lado. La historia sigue a un pastor con un gran sentimiento de culpa que impulsado por sus instintos se mete en una investigación policial que involucra a un abusador de menores que anda suelto por la ciudad con su libertad condicional.

 

 

Los primeros minutos invitan a ilusionarse. El estilo característico de los thrillers surcoreanos está impregnado con un gran uso de la cámara y la tensión que se palpa alrededor. Pero conforme a cómo se desarrollan los hechos la obra pierde objetividad: divaga entre el incorporar fantasmas al mejor estilo cine japonés de los 00s, transformar su temprano estilo minimalista por uno más acorde a lo que dictaminan “las masas” y siembra la semilla de la duda sobre qué es lo que quiere contar y cómo lo quiere contar con el pasar de los minutos. No es un capricho, es una desilusión. Para quienes amamos el cine surcoreano, y para quiénes pensábamos que Netflix podía darle mayor libertad creativa a los artistas.

 



POR JERÓNIMO CASCO

Publicado el 2 de ABRIL del 2025 | 1.45 AM | UTC-GMT -3

 


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Comentarios 12

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Mr Alvarez12 de abril de 2025
Gran análisis, desde que tengo memoria se viene hablando de la "fabrica de chorizos" o "mcdonaldización" con respecto a ciertos vicios de la industria, pero últimamente es como que ya no tiene ni gusto.
J
Jeroo Casco12 de abril de 2025
En respuesta a Mr Alvarez: Cuando te acostumbras a comer McDonalds todos los días llega un punto en el que te pudrís. Lo mismo pasa con esto seguramente
F
Facu Oneto8 de abril de 2025
Todavía no pude ver la serie pero concuerdo perfectamente con lo que decís. Recuerdo una pelicula argentina "La corazonada" con Luisana Lopilato. Parecían robots hablando, quitaron todo rasgo de identidad argentino posible. Las peliculas/series argentinas triunfan justamente por mantener a la perfección nuestra esencia o lo que solemos nombrar como "la argentinidad"
J
Jeroo Casco8 de abril de 2025
En respuesta a Facu Oneto: Claaaaaro Facu, entendiste todo. Eso que nos hace argentinos y que se puede ver en obras como Relatos Salvajes o El Secreto de sus Ojos es lo que nos representa, después estos intentos por querer mostrarnos una realidad ficcional/inexistente me parecen de cuarta.
S
Serena Cuoghi6 de abril de 2025
Habían comenzado bien, pero como en todo lo que ha de compertir dentro esta postmodernidad de éxitos forzados, se terminaron creando su plantilla perfecta y mientras el público siga pidiendo lo mismo, todo seguirá sabiendo igual, y lo distinto viéndose como algo cada vez más ajeno a la "cultura".
J
Jeroo Casco12 de abril de 2025
En respuesta a Serena Cuoghi: Por suerte Netflix tiene un par de propuestas bastante interesantes super escondidas en el catálogo, pero lo que venden muchas veces termina siendo refrito de refrito de refrito
M
marisoledad3 de abril de 2025
El problema sí es que muchas películas están "americanizadas", pero creo que más bien es que los estudios solo quieren tener un público lo más amplio posible, y como la mayoría del mundo ya conoce el estilo de Hollywood, esto es lo que usan... Es una verdadera pena, porque quiero ver perspectivas y estilos más distintos :(
J
Jeroo Casco3 de abril de 2025
En respuesta a marisoledad: tal cual, entiendo que todos estemos acostumbrados al estilo norteamericano, pero se pierde todo: identidad, cultura... Una verdadera lástima
V
Victoria Farina2 de abril de 2025
Lamentablemente una gran parte de las nuevas series y películas que salen de nuestro país están esforzándose demasiado por tener el ritmo y la estética de producciones extranjeras. Ya no hay lo de antes. Si hicieran una nueva producción de Los Simuladores, más que seguro que lo harían ver lo más holliwodiense posible. Por eso yo me abstengo de ver cosas de acá, porque la mayor parte del tiempo me tuve que tragar una película Argentina pero donde te pintaban las cosas re yankees. No sé si es que ellos viven de esa forma y yo vivo en la época de las cavernas todavía, pero no puedo simpatizar como Argentina con la gente de esas series/películas porque no veo lo Argentino.
J
Jeroo Casco3 de abril de 2025
En respuesta a Victoria Farina: El caso de Campanella, por ejemplo, es de elogiar. El tipo estudió cine allá, su primer película fue hecha allá, se hizo allá, consiguió contactos, se formó como autor y vino acá para romperla. Hizo todo al revés pero hoy en día es visto como uno de los mejores directores argentinos de la historia. ¿Irónico no?
V
Victoria Farina3 de abril de 2025
En respuesta a Jeroo Casco: Pasa que él ha sido uno de los pocos que han descubierto todo ese mundo y se quedaron con el que siempre conocieron. La verdad que sí, es de admirar. Muchos estudian en la otra punta del mundo, vienen acá y nos fabrican historias holliwodienses pensando que todos tenemos ganas de mirar cosas así, cuando lo que queremos es mirar algo que no se vea ni se sienta extranjero. 🫠
P
PAULA CASAZZA2 de abril de 2025
Muy cierto

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