Netflix y su inquietante tendencia de querer "AMERICANIZAR" todo
Dirección
Corren tiempos extraños en la era del streaming. Hasta me atrevería a calificarlos de bélicos por la extrema cualidad estratega que están teniendo las grandes cabecillas. Mientras varias plataformas organizan jugadas maquiavélicas para vendernos la idea de que su próximo título será “EL EVENTO DEL AÑO”, (y hacen todo lo posible para descalificar al resto), también se libra una batalla culturo social interna en donde productores, actores y demás involucrados deciden entre lo que parecerían ser sólo dos caminos posibles: o venderle el alma al diablo para cobrar el tan ansiado cheque, o seguir remándola para producir algo acorde a sus valores, principios y filosofía...si es que tienen alguna.
Claro, esta lucha no puede decirse que es actual (pensemos por ejemplo en las batallas que se libran con salvajismo en ‘Babylon’ dentro de aquella época de transición entre el cine mudo y el sonoro en los años 20), pero sí que se subraya con fuego intenso en una era moderna en donde la superficialidad y el fanatismo por querer ser alguien está más marcado que nunca. Mucho más que en aquel momento. Paradójicamente, este anhelo por destacar se pierde dentro del amplio catálogo que nos ofrecen las distintas plataformas y sus decenas de propuestas, que ante el miedo a ser distintos y originales se autoflagelan produciendo “contenidos” vacíos y sin una voz de autor que se diferencie del resto. Ya lo intentaron varios (Scorsese, Sorrentino y Fincher en Netflix, por mencionar algunos de los más significativos), y aunque han salido victoriosos de alguna manera, el peso de no haber tenido un estreno exclusivo en cines se siente raro, por lo menos para aquellos que no comparamos la experiencia de sentarnos en una butaca con ninguna otra que se le parezca.

Ellos supieron hacer su jugada. El Irlandés, Fue la Mano de Dios y The Killer son obras absolutas de autor, sin ningún punto de discusión. No hubo ni habrá intervención para estos referentes en un futuro cercano en lo que se refiere a producción, y aunque se piense (o sepa en algunos casos) que en realidad el acuerdo entre la plataforma y los autores era promocionar estos títulos como “películas de Netflix”, es decir, producidas por la compañía y no distribuidas (ojo que hay una gran diferencia en eso), es más importante lo que el público recibe que el acuerdo real que se tejió detrás. “Estamos viendo una película de Netflix dirigida por Scorsese”. Ese rótulo no se lo quita nadie, y cuando en los primeros segundos de la épica gánster se veía al legendario director poner todo de sí para con su obra, yo en ese momento creí en esta plataforma. Me lo vendieron. Hicieron que la idea se transformase en una realidad, aunque sea por 3 horas y media.
La introspectiva adaptación del cómic criminal a cargo de David Fincher fue el último título de autor hecho para y por Netflix, como más les guste. Eso fue hace un año y medio. En el 2024 dos títulos se acercaron a tener en sus venas más artísticas ciertos rasgos autorales (Rebel Ridge y Spaceman), y en este 2025 todo apunta a que Gareth Evans con su acción más alocada, Guillermo Del Toro con una adaptación de Frankenstein, Rian Johnson con la tercera parte de su trilogia en clave whodunnit y el siempre fiel a la marca Noah Baumbach con su nueva tragicomedia pueden ser de las pocas voces que aporten algo a este intrincado sistema. Pero el fundamento de este artículo no se basa en lo que vendrá, sino más bien en dos estrenos que están recién salidos del horno. Por un lado, está ‘Atrapados’, una enorme producción “made in Argentina” basada en la novela homónima del estadounidense Harlan Coben, y por el otro se encuentra ‘Revelación’, el nuevo experimento del director de ‘Tren a Busan’ que en esta oportunidad mezcla misterio, suspenso y religión en un coctel algo agridulce.

Pero empecemos hablando de cómo una novela con un ritmo tan acelerado como es la de Harlan Coben pasó de ser imaginada en una desenfrenada New Jersey sumida por el crimen para ser una realidad en las tranquilas tierras de Bariloche, la ciudad más popular de la Patagonia Argentina. Primero que nada, quiero aclarar que he estado ahí, he ido de vacaciones en más de una ocasión a este hermoso lugar, y si bien parece ser el terreno ideal para el famoso “pueblo chico infierno grande”, me resultaba bastante desacertado ubicar una historia como ésta en una zona geográfica en donde lo primero que resalta a la vista no es precisamente cierta calidad de misterio. Podría haber sido la ocasión en otro caso: las montañas, los pinos, los lagos, la soledad…todo indica que estos elementos son fértiles para sembrar la intriga, pero en esta serie la locación es utilizada únicamente para que digamos “uh, mira que lindo paisaje”. Es factible decir entonces que no existe el recurso visual del lugar como anclaje a la historia, sino como motivo de placer estético para la audiencia.
Pero ese no es el principal problema que tiene. En esto de querer hacer todo un poco más “yankee”, la narrativa pierde identidad desde el primer capítulo, o mejor dicho, desde los primeros minutos. ‘Atrapados’ cuenta las consecuencias de cómo la desaparición de una joven estudiante ramifica diversos problemas en sus allegados y no tan allegados. La que más se involucra es Ema Garay (Soledad Villamil interpretando al mismo personaje de siempre) una periodista intrépida que trata de conectar casos anteriores con el actual, metiéndose en el medio en un fugaz romance con uno de los sospechosos y lidiando con demonios del pasado que vuelven para atormentarla.
La identidad es el primero de tantas fallas. La serie no sabe para donde disparar y hasta de a ratos parece una parodia cara de las telenovelas latinas de principios de los dos mil (música ruidosa que intensifica el drama, personajes diciendo cosas sin sentido). Los diálogos se sienten tan poco naturales que dan vergüenza ajena. Es como si algún estadounidense haya estado presente todo el tiempo en el rodaje y cuando los intérpretes estaban siendo demasiado argentinos haya parado la producción para que tenga un dialecto más allegado al suyo. Realmente da pena escuchar ciertas líneas. En segundo lugar, está la construcción del suspenso y el misterio. Si bien algunos giros argumentales no son tan fáciles de adivinar, la serie cae en lugares tan comunes como desperdiciados. La resolución se ejecuta con un sentido nulo de shock. Lo primero que hice al ver el final fue ir al espejo y ver qué me decía mi rostro. NADA. Punto aparte para las actuaciones: vacías, planas, confusas…

Podría estar largo y tendido al respecto de una oportunidad tan mal desperdiciada como lo es esta, pero quiero darle lugar al segundo título en cuestión. Lo nuevo de Yeon Sang-ho, el director de 'Tren a Busán', llegó a la plataforma hace algunos días y rápidamente se coló en el podio de lo más visto (vaya a saber uno quién decide esto). Suponemos que es gracias a la reputación de su mejor obra que está entre lo más visto, ya que de otra manera no se entiende. Como muchos pares que pierden fuerza creativa a medida que se “americanizan” (siendo probablemente Bong Joon-Ho el ejemplo a analizar más curioso de todos), Sang-ho compuso un thriller que se cocina a medias desde todos los ángulos. Hay acción, suspenso, elementos religiosos y sobrenaturales, venganza…pero no termina impactando por ningún lado. La historia sigue a un pastor con un gran sentimiento de culpa que impulsado por sus instintos se mete en una investigación policial que involucra a un abusador de menores que anda suelto por la ciudad con su libertad condicional.
Los primeros minutos invitan a ilusionarse. El estilo característico de los thrillers surcoreanos está impregnado con un gran uso de la cámara y la tensión que se palpa alrededor. Pero conforme a cómo se desarrollan los hechos la obra pierde objetividad: divaga entre el incorporar fantasmas al mejor estilo cine japonés de los 00s, transformar su temprano estilo minimalista por uno más acorde a lo que dictaminan “las masas” y siembra la semilla de la duda sobre qué es lo que quiere contar y cómo lo quiere contar con el pasar de los minutos. No es un capricho, es una desilusión. Para quienes amamos el cine surcoreano, y para quiénes pensábamos que Netflix podía darle mayor libertad creativa a los artistas.
POR JERÓNIMO CASCO
Publicado el 2 de ABRIL del 2025 | 1.45 AM | UTC-GMT -3
También me podes encontrar en Instagram como 👉 JerodeSeptimoArte
LEE MÁS RELACIONADO:
- Por qué el 2026 podría ser el año en que el cine DERROTE al streaming
- Cómo las redes sociales están moldeando el pensamiento de la NUEVA CINEFILIA
- Prepara los pochoclos: El 2025 se ve prometedor
- ESTADO ELÉCTRICO: El tercer chiste de los Russo desde Endgame
- ¿Qué me enseñaron algunas de mis películas favoritas del 2024?
- Netflix se redimió: ¿De qué va ADOLESCENCIA, su nueva gran serie?
Si te gustó este artículo recordar darle 👉 ME GUSTA, ponerlo en tus FAVORITOS, COMENTAR 🗣️ , y SEGUIRNOS para más contenido de cine y series 📽










Comentarios 12