ESTADO ELÉCTRICO: El tercer chiste de los Russo desde Endgame

Narrativa

 

Hace algunos años leí una opinión corta sobre la nueva "fuente de inspiración" que tuvieron los millonarios hermanos que están arruinando el streaming y promocionando el consumo audiovisual como si se tratase de un paquete de papas fritas. Sí, los Russo están en “estado eléctrico”, dejaron el corazón en un baúl siguiendo las reglas de Hollywood a rajatabla y como sui fuesen vendedores de las famosas Lays, nos ofrecen algo que luego cuando se abre resulta ser una estafa. Sepan disculpar esta violencia inicial irremediable con la que pueda agravar la experiencia de leer este artículo, pero la decepción que tengo contenida sobrepasa cualquier otro sentimiento que pudo haberme inspirado esta obra, o, mejor dicho, “contenido de plataforma”, que es la razón de esta exagerada frustración. Las palabras del periodista de Los Angeles Times que sumió en pocas palabras el alma de dicha fuente cita textual:

 

“The Electric State es la distopía de los 90 en su faceta más desoladora. Es la penumbra de Twin Peaks y la alienación distante de Nevermind de Nirvana, con una trama que evoca gran parte de Los Expedientes X con El Cortacésped de Stephen King.”

 

Cuando en su momento se anunció que el argentino Andy Muschietti podía tener la enorme responsabilidad de traspasar estas imágenes quietas a imágenes en movimiento el entusiasmo creció desproporcionadamente. Claro, los Russo ya habían adquirido los derechos para ese entonces y todo quedó en una permanente nube de dudas ya que el director de ‘Mamá’ y ‘It’ tenía como prioridad hacerse cargo de la primer película en solitario de Flash, el agridulce intento de reiniciar el universo DC que supuso su mismo entierro hasta que llegó James Gunn cruzándose de vereda para arreglarlo todo. La guerra entre productoras culminó con la victoria para Netflix, que en su nuevo auto boicot de derrochar dinero decidieron darles vía libre a los famosos hermanos pochocleros, que, una vez más, no entendieron absolutamente nada sobre lo que es contar una buena historia, aún, cuando ni siquiera es propia.

 

 

¿Cuál es la diferencia entre querer ser “cool” y que tu historia necesite ser “cool”? Probablemente los Russo no la entiendan, y a menos que todas las productoras les digan “hey, tenemos sólo diez millones de dólares para que hagan su próxima película”, nunca van a cambiar de parecer. Los ejecutivos (como bien leí a un colega calificarlos) detrás de los dos títulos más taquilleros de la historia de Marvel Studios sienten que están a la altura, como autores, de lo que representan leyendas vivas como James Cameron o Steven Spielberg, pero todo eso se diluye en los primeros minutos de la última salvajada palomitera en la que se metieron gracias a Netflix y su insaciable sed de extorsionarse a sí misma titulada ‘Estado Eléctrico’, un claro ejemplo de que muchas veces más es menos, al revés del famoso “menos es más”.

 

Poco más de trescientos millones de dólares repartidos en VAYA UNO A SABER DÓNDE se gastó la plataforma para desdibujar (en gran parte) la visión retro futurista que el artista gráfico sueco Simon Stalenhag propuso en el 2017 con su libro en el que está basada en esta aventura. Este nuevo fracaso de la compañía no sólo supone el agotamiento de las propiedades intelectuales como uso y desuso barato del entretenimiento enfocado en complacer a las masas, sino que también tocó una fibra muy sensible. Una que probablemente nadie se haya enterado cuál era hasta ahora, porque básicamente es la mía.

 

Hace algunos años que estoy escribiendo un guion. Me topé con Stalenhag en Pinterest, como muchos de nosotros quizá lo hayamos hecho en algún momento. Sus pinturas son caóticamente hermosas, repletas de simbolismo y presentan un mundo decadente y vacío de esperanza, pero que, de cierta manera, casi sin explicación alguna, también invitan a soñar. Este aire que fusiona desolación con un cariño enorme por lo analógico se transformó en mi principal inspiración para escribir una historia de ciencia ficción, pero que ahora se quieren quedar en el olvido. Me encontré a mí mismo decepcionado no sólo por la catastrófica visión de los Russo, sino también por el hecho de que sé que probablemente nunca pueda hacer algo parecido a lo que me proyecté en mente y por haber desperdiciado dos horas de mi vida con esta decepcionante película.

 

CONTEXTO (COMO PARA BAJAR UN CAMBIO)

 

El artista gráfico visualizó una Estados Unidos alternativa que se encuentra sumida por una guerra entre robots y humanos que puso a casi todos a dormir, literalmente. Estamos en los 90s, una década que supuso prosperidad y crecimiento para la nación, pero que Stalenhag reimaginó mezclando recuerdos de su infancia en una zona rural con elementos de la ciencia ficción más apesadumbrada, algo que va en sintonía a lo que Villeneuve nos dio exactamente en el mismo año de la publicación de este libro gráfico con ‘Blade Runner 2049’, por darles el ejemplo más significativo y mejor ejecutado de los últimos años. Mucha niebla, decadencia, una deshumanización absoluta y seres metálicos que (irónica o paradójicamente, como se quiera leer) rozan con lo humano.

 

¿Cuál fue la mejor idea de los Russo? Reconocidos mundialmente por convertir en basura divertida todo lo que tocan después de Avengers: Endgame, decidieron transformar este concepto de falsa distopía en un viaje de dos horas que quiere tener corazón, REPITO, quiere, pero que se termina encerrando en su propia trampa gracias a las claras y estrepitosas falencias narrativas, y hasta técnicas me atrevo a decir, que contiene dentro de su aparatosa estructura. Y es que la grandiosidad y el misterio de las imágenes de Stalenhag no son reflejadas en (casi) ningún fotograma de esta road-movie con aires de aventura/crítica social en la que nuestra protagonista, una joven llamada Michelle Greene, se embarca en una aventura por encontrar a su hermano a lo largo y ancho de una Norteamérica diezmada por la estupidez humana y repleta de robots carroñeros y algunos “fosilizados”. 

 

Millie Bobby Brown hace una vez más de ella como la “chica ruda” que llora por todo. Una suerte de Eleven sin poderes que tras -SPOILERS MASIVOS- enterarse que su hermano está vivo, pero desconectado de su cuerpo decide hacer alianzas con los robots olvidados en el desierto para destruir a Sentre, una enorme empresa comandada por Ethan Skate (Stanley Tucci como el villano de turno más olvidable de los Russo), creadora del Neuroenlace, un aparato de realidad virtual que está robotizando a todos con su fantasiosa idea de la libertad, tal como la propone Skate. En el camino se topa con Keats (Chris Pratt en modo Chris Pratt), un ex soldado de la guerra entre humanos y robots que tiene como único amigo al metálico y divertido Herm. 

 

 

Música reciclada de las últimas dos épicas de Marvel, mucha visual que no deslumbra y un corazón que late tímido y a medias son lo que tranquilamente podrían caracterizar a esta comedia que no da risa y esta aventura que no cumple ni remotamente con lo que prometía. Para ser sinceros, hasta me olvidé de todo lo que pasó en ella. Sé que Michelle descubre que su hermano no murió en un accidente de auto como ella suponía, que ahora está “dormido” por Sentre debido a su extrema inteligencia, que un doctor que trabajaba para la compañía transfirió la mente del hermano a un robot igual a Cosmo, y que el hermano es la clave para el fin de la guerra entre humanos y seres metálicos. ¿Dónde comenzó la rebelión? A principios de los 90s los robots se dieron cuenta de que podían pensar por ellos mismos y decidieron armar su propio bando. Según los Russo desde la era de oro de Walt Disney (llámese década de los 50s) que trabajan para nosotros, pero cuarenta años después decidieron revelarse, ¿por qué? La misma ilógica se aplica para todo lo que sucede desde este desvariado inicio hasta los segundos finales.

 

En el final Millie Bobby Brown nos habla sobre la conexión más real de todas: la humana. “La vida real es contacto. Somos tú y yo. Somos de carne y hueso, sí, pero también somos electricidad. Y cuando nos abrazamos y reímos, y nos damos la mano y discutimos, mis partículas se quedan contigo, y las tuyas conmigo. Y quizás estemos juntos para siempre.” ¿Pero de qué sirve toda esta excesiva cursilería en forma de (cuando no tan trillada) conclusión de la historia cuando estos mismos sentimientos que intenta reflejar la protagonista ni siquiera traspasan la pantalla para ser recibidos por la audiencia? 

 



POR JERÓNIMO CASCO

Publicado el 31 de MARZO del 2025 | 01.06 AM | UTC-GMT -3

 


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Comentarios 2

C
cinejuanita2 de abril de 2025
La verdad, ni sé qué decir después de ver esta peli. Los hermanos Russo bien podrían volver a hacer películas de Marvel; al menos así no estarían arruinando ideas originales.
E
Escritor Ocult@2 de abril de 2025
Muy bueno Jero!

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