La paz reina en la galaxia luego de que Rey terminara con los últimos vestigios de los Siyh.
La República vuelve a organizarse después de 100 años de duro trabajo, bajo la atenta mirada de Rey y sus amigos
El Progreso la libertad y la igualdad se expanden por toda la galaxia, incluso hasta los planetas más alejados y olvidados.
Rey decide retirarse del planeta capital Coruscant, y establecer su escuela lejos de él.
10 años después tiene nuevos aprendices cuyas aventuras están a punto de comenzar.
La chispa jedi vuelve a encender.
El planeta Dagobah estaba densamente poblado de vida casi en su totalidad. Pantanos, bosques y selvas cubrían casi toda la superficie fuera de los océanos. Solo donde se levantaban las enormes cordilleras disminuían, aunque no mucho, la flora y la fauna. Sus océanos estaban colmados de criaturas extrañas. Poca era la cantidad de seres inteligentes que vivían allí, y por lo general se concentraban en lugares más secos y altos, en algunas mesetas.
Rey Había decidido establecer su escuela en uno de esos lugares, lejos de Coruscant, y de cualquier planeta super civilizado y superpoblado. En su parecer, la corrupción que había sufrido la orden jedi desde hace cientos de años, se debía a la extrema cercanía con los políticos. Prefería un lugar donde sus discípulos crecieran libres de tanto condicionamiento de la sociedad. No Por ello los mantendría aislados. Debía encontrar el delicado equilibrio entre mantener la mente pura y el conocimiento de la corrupción de las sociedades.
Los niños jugaban en el patio del templo jedi. Un patio enorme, construido en piedra, con jardines exóticos y plantas que perfumaban todo el lugar. Por el momento la gran mayoría eran niños padawans, aunque también habían adolescentes y jóvenes.
La regla general era que los mayores cuidaban y hasta instruían a los menores. En la escuela solo había 500 estudiantes y una maestra: Rey. Los jóvenes Aunque estaban bien entrenados Todavía no pasaban las pruebas y por ello aún no eran maestros jedi. De los diez jóvenes padawans cinco eran varones de 20 años de edad y 17 años de práctica en las artes jedi. Seis eran mujeres. Los Adolescentes eran mucho más: cien por lo menos. Y los niños el resto. Rey se las apañaba para cuidar de todos. Aunque tenía sus poderes desarrollados y afinados al máximo, le costaba trabajo cuidar de ellos. Luchar en temibles aventuras no le había resultado tan engorroso como cuidar de niños, y sobre todo, de adolescentes. Y siempre aparecía uno más.
Afortunadamente la gran mayoría de los niños adolescentes y jóvenes, eran por naturaleza disciplinados y reflexivos. Obedecían conscientemente las órdenes, respetaban las reglas, buscaban resolver sus pequeños conflictos con sus pares de manera civilizada, y convivían en el respeto.
Rey Aunque cansada miraba con alegría a los niños que jugaban con una pelota. La lanzaban con una fuerza descomunal y la pelota recorría varios metros antes de que otro la atrapara. El que la atrapaba la volvía a lanzar en cualquier dirección y todos corrían en su búsqueda. Eran niños de 5 años de edad y usaban su telequinesis para atrapar la pelota o para lanzarla.
Igni-Khu, un joven trigueño de buena estatura y anchor se acercó a Rey con cierta preocupación y le dijo:
-Maestra Skywalker, hay una convergencia en la fuerza.
Ella miró sus ojos cafés y le sonrió. Ella lo sabía pero también estaba entrenando a su discípulo.
-¿Seguro, Igni-Khu? Seguro que la convergencia está en una persona?
-Estoy seguro…
-La última vez nos llevaste a un nido de utfas, ¿lo recuerdas?
-Estoy seguro, maestra. Esta vez es un humano -miró a Rey directamente a los ojos y le informó: -; está en Tatooine…
-¿Con quién más descubriste esa convergencia?
-Lo hice junto a Hevux y Danaira -se asombró cuando no encontró en el rostro de Rey algo que esperaba ver.
-¿Se aseguraron de aislar bien la cámara de búsqueda antes de proceder al ritual?
-Sí. Danaira se encargó de eso. Esta vez nos repartimos la tarea. Danaira se concentró todo el tiempo en aislar la cámara. Hevux se concentró en la Esfera Vidente. Y yo me concentré en el mapa galáctico.
-Muy bien, ¿y qué aprendieron de esto?
-Que trabajando juntos, en equipo, podemos llegar más lejos y mejor, maestra.
-Y que deben aprender a confiar el uno en el otro. La vez anterior tú mismo querías usar la fuerza para aislar la cámara y observar el mapa.
-Aprendí la lección al igual que Hevux y Danaira.
-Tendrán que ir a buscar al niño, Igni-Khu.
-¿Nosotros?
-Sí. Ustedes tres y alguno que quiera acompañarlos… podría ser Nefew-Sad. Él necesita algo de acción. Yo no iré. Me quedaré con los niños -antes de que el joven pudiera preguntar algo (¿segura que Nefew-Sad?), Rey concluyó-.
Que la fuerza los acompañe. Y siguió mirando con dulzura a los niños que jugaban como si fuera la tarea más importante de la galaxia.
Danaira era una morena con la cabeza llena de trenzas apretadas, pequeñas y largas, que formaban un exótico y bello peinado. Era la hermana melliza de Igni-Khu. La mayoría de las veces congeniaban bien y tenía un carácter alegre y astuto. Sus ojos negros y brillantes se agrandaron cuando escucharon la orden de su maestra desde los labios de su hermano. Tan solo hubiera querido Que ella misma le informara que debían ir con Nefew-Sad. No lo podía creer. Pronto se unió al descontento Hevux el rojo. Le decían así por el color de su piel y de su cabello. Pero él no era humano como los otros dos. Provenía de un sistema llamado Joswadím. Tenía cuatro brazos y los ojos rojos intensos le hacían Resaltar aún más su ¿personalidad? En definitiva tampoco se atrevió a cuestionar la sugerencia de su maestra pero fue el mismo quien habló con Nefew-Sad, ya que era de carácter fuerte.
Nefew-Sad dio un salto de alegría al escuchar a su hermano mayor darle la noticia. Pero pronto bajó la verde mirada cuando escuchó su tono grave como el de un trueno. Levantaba el dedo índice cada vez que daba una orden o sermoneaba a sus hermanos menores, para agravar más la seriedad del mensaje. Nefew-Sad no podía hacer nada sin el permiso de él o de los otros dos. Así que se pueden dar una idea de lo curioso, astuto y movedizo que era el adolescente humano Rubio.
El Halcón milenario despegó de la plataforma y en el espacio Igni-Khu fijó el rumbo hacia Tatooine,
Pero el que pilotaba primero era Hevux el Rojo,
Porque tenía mejores reflejos y sus cuatro manos se encargaban de gran parte de los comandos. Al lado de Danaira, feliz por el viaje, estaba Nefew-Sad,
Más feliz aún, era la segunda vez que viajaba por el espacio exterior. Se emocionó aún más cuando dieron el salto al hiperespacio.
Jugaron al ajedrez mientras estuvieron en el hiperespacio. Y luego se encontraron con que tenían que volver a sus butacas y ponerse los cinturones. Tatooine apareció frente a ellos con su clásico color amarillo pálido. Igni-Khu estaba un poco ansioso. Aquella convergencia de la fuerza fluctuaba, se agitaba, disminuía, aumentaba, desaparecía, reaparecía. Era muy raro algo así. Se lo informó a los demás y el Rojo le dijo que él no sentía nada, en cambio Danaira percibía esa presencia pero también desaparecía intermitentemente. Hasta ese momento ella se lo atribuía a que aún no poseía sus sentidos bien afinados. Pero Hevux les decía que no sea adelanten a los sucesos, que tengan en cuenta la fuerza en el lugar y el momento que estaban viviendo. En definitiva descendieron al planeta. Recorrieron por aire una parte del trayecto. Les sorprendía que hubiera tanta vida casi civilizada teniendo tan poca agua. Los océanos eran muy reducidos. Había algunos ríos y zonas verdes, pero la gran mayoría era un calcinante desierto.
-¿Cómo se supone que encontraremos esa convergencia? -dijo aburrido Nefew-Sad-, estoy cansado de ver dunas desde la altura. Los jedi necesitamos más acción.
-La fuerza nos guiará respondió Igni-Khu como si tuviera paciencia de verdad-. Pronto sucederá algo que nos mostrará adónde se encuentra esa personita.
-Además deberías ayudarnos sugirió Danaira. No tienes por qué esperar que todos lo sepamos nosotros.
-Él no puede ayudar a nadie -observó malhumorado Hevux, que también estaba cansado de volar-. Es demasiado inquieto.
-Mira Nefew-Sad -interrumpió igni antes de que el Rojo amedrentara a la adolescente sin necesidad-, si quieres ayudarnos trata de serenar tu mente, no pienses en nada. Respira suavemente, cierra tus ojos y siente la fuerza -Nefew-Sad obedeció-. Eso es. Continúa, siente todo lo que te rodea. Yo también estoy sintiendo las dunas… la arena… el calor.
-No hay nada más por aquí. Te aseguro que no encontraremos nada -interrumpió el rojo.
-¿Quién es ahora el impaciente e inquieto? -abrió los ojos Nefew-Sad.
-Qué dijiste hermano menor?
-Lo extraño del caso es que sentíamos esa convergencia antes de llegar al planeta y ahora no la percibo -sospechó Danaira azuzando sus trenzas.
-Yo tampoco-reafirmó Igni-Khu frunciendo el entrecejo.
-¿Y, cómo hará la fuerza para decirnos que estamos cerca, maestro Igni-Khu? -preguntó el muchacho un poco desorientado.
-¿Maestro? -Rieron los otros dos.
-¿Qué tiene que me haya dicho maestro? -los miró Igni-Khu. Luego volvió a su compostura y respondió al muchacho-. Mira Nefew-Sad, la fuerza, a veces, se manifiesta de formas misteriosas, de formas que, ni remotamente, te podrías dar una idea.
De repente sonó una alarma.
-¿Como una alarma, por ejemplo? -dijo el Rojo irónicamente.
Igni-Khu observó una especie de radar o algo así.
-¡Nos atacan!
Sintieron un golpazo en la nave, esta retembló por completo.
-¡Que no vuelva a suceder, Hevux! -reclamó tartamudeando Danaira.
Otra explosión, seguido de otro golpazo. Todos temblaron.
-Si hay otro golpe, la maestra nos castigará poniéndonos a cuidar a los más pequeños- insistió Danaira con más gravedad en la voz.
-¡No volverá a suceder! -aseguró el Rojo.
El otro disparo pasó cerca. El Halcón lo evadió.
-De nada exclamó irónicamente el Rojo.
-No cantes Victoria -lo alertó Danaira-. Ahí viene otro.
-¡Nos persiguen! -gritó Nefew-Sad deseando arrebatarle los comandos.
-Otro a las 12 en punto -alertó sin sobresaltarse Igni-Khu.
-Tranquilos, tranquilos -respondió el rojo queriendo parecer paciente-. Confíen en la fuerza.
Otra explosión se sintió de un lado pero no alteró mucho a la nave debido a la habilidad de Hevux. La nave que los perseguía desde atrás casi choca con la que venía del frente gracias a la habilidad del Rojo. Los tres alentaban al Rojo a que se largaran de allí, pero este dijo:
-No puedo. El Halcón milenario no puede salir de esta zona.
-¿Eso es posible? ¡No puede ser! Se alteró aún más Nefew-Sad .
-Tienen un rayo atractivo -pensó Igni-Khu en voz alta-. Creí que esas cosas funcionaban únicamente en el espacio exterior. Seguramente alguien de buen poder adquisitivo nos estaba esperando. Una tecnología así no la tiene cualquiera.
-Pero ¿cómo Igni-Khu? ¿como alguien se puede haber enterado de nuestra venida? ¡Apenas las sabíamos nosotros! -suspiró varias veces danaira.
-Presiento que pronto lo averiguaremos.
-¿Qué hacemos Igni-Khu? -preguntó el rojo algo que presentía su respuesta.
-Sigamos esas naves le respondió él.
Las mismas naves que les habían disparado se pusieron a los lados del Halcón Milenario y los guiaron hasta un hangar en medio del desierto. Al lado había una enorme construcción de roca y metal. Tan grande que parecía una montaña sobresaliendo de entre las altas dunas.
-Igni-Khu, siento esa presencia de nuevo.
-Lo sé, Danaira.
-¿Qué haremos ahora, maestro Igni-Khu?
-Nefew-Sad, no soy un maestro. Y lo que haremos ahora será bajar del Halcón y obedecer.
-¿Será la voluntad de la fuerza? -respondió irónicamente Hevux.
Bajaron. Dos wookiees Los escoltaron dentro del gran fortín o castillo, o algo así. Caminaron por un largo túnel punto subieron a un ascensor. Llegaron a otro pasillo, amplio y confortable, de piedra pulida. Escucharon música estridente llegando desde el final del túnel. Y alcanzaron un espacioso salón lleno de toda clase de gente de diferentes sistemas Estelares con múltiples formas y colores. En el medio del salón tres actrices cantaban y bailaban alocadamente al ritmo que les imponía la música desbordante y eléctrica que hacían los intérpretes. Todos de diferentes sistemas. La luz era psicodélica y estroboscópica. Los wookiees Los obligaron a entrar al gran salón empujando a la muchedumbre. El olor a alcohol y drogas humeantes era pestilente. Los jóvenes padawans se veían horrorizados por las gentes que vivían en un delirio de risotadas y goces insanos. Llegaron ante un horrible espécimen nativo del planeta Nal-Hutta, que los miró con cierta malicia. Estaba rodeado de otros malhechores que le festejaban cualquier bobada que hacía y acompañado de una criatura de la misma especie pero femenina, que fumaba algo con una larga pipa Roja. El humo era sofocante. El wookiee que tenía un ojo agrietado aulló algo en su idioma al enorme gusano del desierto. El gusano hizo un movimiento con su mano y la música cesó. Se adelantó un droides similar a CT3PO, pero en mal estado y sucio, y dijo a los jóvenes:
-Bienvenidos jóvenes padawans -ellos se miraron entre sí, ¿cómo es que alguien sabía sobre la existencia de los jedi?-. Este es el excelentísimo Jobbi the Hutt, Nieto del legendario y único Jabba the Hutt. Y es por él que ustedes están aquí. Y ella es Gumi-Hata, la esposa de Jobbi. Yo soy CT4-20PA relaciones cibernética-humana, Para servirles. Hablo más de 6 millones de lenguas y…
El enorme gusano dijo algo y se adelantó un humano vestido de manera similar a un jedi, pero más ricamente adornado. El droide volvió a decir:
-Sí señor Jobbi the Hutt. Se los diré - miró a los jóvenes jedi y les dijo:-, mi señor quiere presentarles a su esclavo, ganado legalmente en las carreras de vaina cuando era un niño de 6 años: Walter Lux Huachiguay Rigel Teti Jay, el jedi.
-Mis amigos solo me dicen Yay. Llámenme ya y.
-¿Jedi? -no pudo evitar balbucear Danaira.
-¿Tus padres no le dejaron nombre para tus hermanos? ¿Y desde cuándo somos sus amigos Walter Lux Huachiguay Rigel Teti Jay, el jedi? ¡Nos recibiste con disparos!
-Tranquilo, Hevux-susurró Igni-Khu.
-Buena memoria y muy irónico.
-Colérico, además. Herencia de mi familia del sistema Joswadím.
-Un jedi colérico? Así pasarás al lado oscuro en poco tiempo.
-No soy un jedi a un. Solo soy un padawan.
-No es poca cosa ser un padawan. Pronto serás un maestro, puedo asegurártelo. Aunque te falta mucho por aprender puedo sentir que tu poder más desarrollado es la telequinesis y eres muy bueno manejando vehículos a gran velocidad. Tienes los reflejos más desarrollados que haya visto.
-Mi señor, Jobbi the Hutt, Ellos están aquí como se lo aseguré. Espero su orden.
El gusano chilló asquerosamente. El Extraño jedi volvió su cara sonriente hacia los jóvenes y les dijo:
-Síganme.
Lo siguieron caminando por interminables pasillos tallados en el interior de la montaña. Mientras él sonreía ellos iban callados. Les dijo que los volvería a ver en un rato porque tenía otras tareas que cumplir para con su dueño, y los dejó en un espacioso salón, mucho mejor ventilado e iluminado y con muchos muebles más apropiados para humanos.
-¿Qué les parece? -interrogó Igni-Khu.
-No entiendo, Igni-Khu -le respondió quejumbroso Hevux- , ¿qué estamos haciendo? ¿Qué estamos esperando para mostrar nuestros sables de luz? Seguramente la persona en quien la fuerza es intensa, está por aquí, pero no es él.
-Es demasiado arrogante se cruzó de brazos Danaira. Aunque tiene sus méritos. ¿Cómo supo de nosotros? Se suponía que la nueva orden jedi que prepara la maestra Skywalker es prácticamente desconocida. Está en un planeta que no visitan ni los turistas más pobres de la galaxia y…
-A mí me cae bien -interrumpió Nefew-Sad- . Sí, estoy aquí. Me parece un buen hombre y además demostró sus poderes al percibir de nosotros algo que ni nosotros sabíamos.
-No te fíes de él. Un maestro jedi no puede ser jamás un esclavo -le respondió Hevux-. Un jedi autentico es completamente libre porque su conciencia está emancipada. Tienes mucho que aprender hermano menor.
-Estoy harto de que me llames hermano menor. Yo no me siento libre. Siempre estoy obedeciendo órdenes y reglas.
-Porque no eres un jedi auténtico. Al menos a mí me dijo que pronto sería maestro. A ti ¿qué te dijo, Nefew-Sad, hermano menor? Ni te miró cuando lo interrogaste con los ojos llenos de admiración.
-Y, desde cuándo se trata de él -replicó Danaira callándole la boca al Rojo.
-Esperen un poco -habló con verdadera calma Igni-Khu-, Danaira acaba de dar en el clavo: no hagamos que todo esto gire alrededor de él. No importa la opinión que él tenga sobre nosotros. Lo que nos debe importar es para qué estamos aquí, y por qué él sabe lo que sabe. Seguramente se está enterando de esta conversación. Así que no hay secretos para él, ¿y qué con eso?, seguramente sabe lo que buscamos. Hevux tiene razón: él no es a quien buscamos. La presencia que seguimos es la de un niño de poca edad. A veces la sentí cuando estábamos frente a Jobbi y sé que ustedes también. Ese niño está en este castillo punto a él queremos llegar.
-Si Jay está escuchando, ¿por qué lo dices en voz alta? -replicó Hevux cruzando sus cuatro brazos.
-Por qué es lo mismo si lo hace o no. Tiene los sentidos muy desarrollados y no conviene intentar ocultar nada.
-Bien, ¿qué haremos? -destrabó sus brazos Danaira.
-Fluir. Hay veces que hay que fluir y otras veces que hay que ponerse firme y conducir. Haremos lo que vinimos a hacer: buscar al niño y averiguar que quiere Jay. Presiento que una cosa nos llevará a la otra. ¿Ves Nefew-Sad? Esto fue voluntad de la fuerza.
-Para mí él no es un hombre malo insistió Nefew-Sad.
Los demás únicamente lo miraron.
Rey estaba sentada en su habitación particular, una cámara circular hecha de piedra blanca y hermosamente revestida de metales dorados, plateados y cobrizos. Al entrar en meditación flotó sobre las almohadas en las que estuvo asentada. La parte superior de la habitación era una hermosa cúpula de vidrio azul. Repetía continuamente: antiguos maestros jedi, estén conmigo, háblenme. Lo hacía a modo de mantra. Hasta que logró la conexión. Apareció Obi-Wan Ben kenobi y le dijo sonriendo a modo de reclamo:
-Creí que nos habías olvidado, Rey. Hace mucho tiempo que no hablas con nosotros.
-¡Maestro Obi-Wan! -sonrió ella.
-Parece que te sientes demasiado confiada en ti misma…
-No. Por el contrario. Solo estuve muy ocupada. Cuidar de los niños es una tarea complicada… pero no es eso por lo que quise hablar con ustedes.
-¿Que te preocupa, Rey?
-No logro dar frutos.
-¿No logras dar fruto?
-Por más que me esfuerzo en que mis padawans crezcan y se conviertan en maestros jedi, no logro que lo hagan.
-Rey, tú no tienes que hacer que ellos sean maestros, porque simplemente no puedes hacerlo.
-Pero tú dijiste que somos los que ellos llegan a ser.
-Sí. Eso me lo dijo Yoda, y yo también creo lo mismo, pero, Rey, en esto no hay verdades absolutas. Tú haces la parte que te compete y ellos la suya. Son ellos quienes deben dar los frutos. Son ellos quienes deben recorrer su propio camino. Veo que enviaste a unos padawans en busca de otro. Sabes lo que encontrarán?
-Sí.
-Hiciste bien.
-¿Y si fracasan?
-Recuerda que el fracaso también es parte del aprendizaje. Todos somos partes de la fuerza. Somos una chispa que está en contínuo aprendizaje. Deja que ellos aprendan, como lo hiciste tu.
-Pero maestro, hay un… ¿Maestro? ¿Maestro?
Obi-Wan había desaparecido y ella se asentó de nuevo sobre los almohadones.
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