Carnotauro

Reseñas generales

Mi nombre es Marcelo y vivo en Neuquén, al sur de Argentina. Tierra de dinosaurios. En Chubut se encontraron fósiles de uno de los dinosaurios que más me gustaban: el carnotauro. Digo que me gustaban, porque ya no me gustan. Y esto fue así desde que vi a uno en la realidad. En serio, no es mentira. Vi un carnotauro vivo. Yo sé que no estoy loco ni tampoco estuve drogado cuando lo vi. Es posible que mis lectores, espero que sean muchos, no me crean, pero fue cierto. Ahí les cuento:

 

Tenía ganas de alejarme un poco de mi pareja. Es una mujer agradable en todo sentido, pero bueno, que se yo. Cuando te toman por sorpresa esas ganas, ¿viste? 

Salí a la mañana temprano en mi jeep sin decirle nada. Se molestó pero después se le pasó. Y nada, ¿viste? Yo soy un tipo leal así que nada. Solo quería estar solo.

 

Me fui al «Chocón» a ver por décima vez a los dinosaurios. Me encanta cuando voy llegando y aparecen huellas de gigantescos reptiles pintadas en la ruta; me encanta ver esos carteles que sugieren amablemente tener cuidado con los dinosaurios. Me hace reír soñando que pueda aparecer alguno.

 

De repente, unos kilómetros antes de llegar al Chocón, noto otro cartel señalando a un angosto camino de tierra. Decía algo que siempre me interesó. Resulta que la ciudad de Neuquén es hermosa y organizada, pero yo siempre quise vivir en el campo, o casi campo. Y el cartel decía «Casas a buen precio, pleno campo». Raro. Pero me quedó dando vueltas en el cerebro. Igual llegué al Chocon, vi los dinosaurios, entre los que estaban el carnotauro, el giganotosaurus carolini,  el Neuquensaurus, el Chocónsaurus, y otros.

Volví de tarde por la ruta 17 pensando de nuevo en aquel cartel, mal escrito y raro, pero, nada. Lo veo. Me meto. Recorro casi quince minutos y nada. A los veinte minutos, nada. A los veinticinco, nada. Ya me estaba volviendo cuando veo más allá unas casitas lindas, separadas cada una por cincuenta metros, más o menos. Me encanta el espacio. Podés gritar lo que sea y ningun vecino se entera.

 

Bajo del jeep, y, nada. Ya sé que estoy cansando con el «nada» pero, es que nada. Nada de nada. No había nadie. No había un cartel con un número de celular. Nada. Solo las construcciones. Me puse a caminar. Recorrí una manzana. Hermosas las casitas. Poca vegetación. Paisaje agreste. Brisa fría. Sol radiante. Bardas elegantes. Un carnotauro a cien metros. ¿Un carnotauro? 

Me refregué los ojos. Seguramente era una de esas esculturas muy realistas. Estaba quieto. Muy quieto. Era muy real.  Casi parecía mirar. Seguía allí con sus patas firmes en el piso. ¡Por un momento sentí la necesidad de salir disparado como una flecha! Pero me contuve y comencé a reír. Me voy a tomar una selfie con él, pensé. Saqué el celular de mi bolsillo lentamente. 

Así quedó la foto:

Me salvé por suerte.

El ladrón chocó al carnotauro cuando quiso robar mi jeep. Yo fui el gil que dejó la llave puesta.

 

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