Zupaysaurus rougieri

Reseñas generales

—Tú no puedes estar aquí —le dije como si pudiera entenderme—. ¿Por qué? Porque no puedes.

Me miró y emitió algo así como un gruñido. Aunque los lagartos no gruñen, lo sé. Soy un hombre de campo y nunca oí que algún chelco, lagartija o iguana emitiera algo como lo que estaba escuchando.

 

Hace unos días comenzaron a suceder cosas raras por la finca de mi viejo: algunos animales aparecían muertos. Lo primero que pensaron los peones es que podía ser un puma bajando de la montaña. Pero a mi me pareció muy extraña la mordedura. Mucho más grande y además dejaba algo blanquesino en la carne lastimada, era como la ponzoña que dejan los chelcos cuando muerden a alguien. 

Soy Armando Gonzales, hijo de Don Gonzales, el verdadero dueño de la finca. Generalmente me dedico a manejar el ganado de vacas. No son muchas. Y el de cabras, que son más. Ando todo el día a caballo y soy bueno enlazado animales.

 

Este reptil se parece mucho a los que aparecen en la película de Parque Jurásico. Camina en dos patas, tiene cola larga, sus patas delanteras tienen garras. La cabeza es de reptil. El sonido que hace parece amenazar, pero nunca lo escuché ni en una película. Y es fiero.

—Mira, yo creo que eres cosa de «mandinga» —continué diciéndole mientras me aseguraba de agarrar el lazo de la mejor manera posible— porque tú estabas bien en una película, en la pantalla plana. No aquí. A menos que esos científicos locos existan, lo cual sería peor, y… te hubieran hecho… a tí ¡Ay la p****a! ¡La p****a digo! —Grité y lo enlacé justo a tiempo—. ¡La que te parió!

Evadí a tiempo el coletazo y lo dejé atado al algarrobo.

El lagarto este casi me da con la cola. Una vez, no más, me chicoteó una iguana. Duele. De ahí en más, nunca más. Y como este tenía semejante cola sabía que no era porque sí. Luego intentó atacarme. Pero el lazo lo detuvo. Estaba bien atado. 

Agarré el celular y le tomé una foto con la cámara. De inmediato la inteligencia artificial me lo dijo todo:

—Zupaysaurus rougieri: un terópodo carnívoro que vivió hace 200 millones de años en lo que hoy es Argentina. Sus restos fósiles fueron encontrados en La Rioja…

—Debe haber sido en todo el noroeste argentino porque estamos en Catamarca… en fin. Aquí está esa iguana gigante y la tengo atada —pensé y luego le grité:— ¡Haz toda la fuerza que quieras, que nada puede con un algarrobo y un lazo de cuero! —Al verlo tan bravo e insistente le continué diciéndo— ¡Con razón te llamaron zupay! ¡Diablo!

 

Volví a la finca y le conté todo a los changos. Se morían de ganas de verlo y los llevé hasta el zupaysaurus. 

 

Primero comenzamos a preguntarnos de donde vendría, si lo hizo Dios o el Diablo, si lo hicieron los científicos locos, para qué lo habrán hecho. Hasta que al gordo se le ocurrió preguntarse: 

—¿Y, será más rico que la iguana?

 

Y cómo dice el viejo dicho del campo: «todo bicho que camina va a parar a la parrilla».

 

Resultó ser que era más sabroso que la iguana.

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