Twin Peaks: el origen, los signos y el legado de la histórica serie
Reseñas generales“Diane, 11:30 AM, 24 de febrero. Entrando en el pueblo de Twin Peaks. Nunca había visto tantos árboles”. Aquella fecha, pronunciada por el detective Dale Cooper, marca el comienzo de una de las ficciones más influyentes y que mayor marca dejaron en la televisión. Sus personajes, frases y espacios se engarzaron a la cultura popular como pocas otras obras y su legado no solo se vio impreso en incontables series y películas, sino hasta en su propio día de celebración, ayer mismo. Y la ruta que hizo posible la materialización de Twin Peaks es tan extraordinaria como la misma serie.

Está muerta… envuelta en plástico
Twin Peaks nació a partir de obras que no fueron. Como relata el propio Lynch en el libro Lynch por Lynch, editado por Chris Rodley, Mark Frost, el futuro co-creador de la serie, estaba interesado en adaptar al cine Las vidas secretas de Marilyn Monroe. Un productor se reunió con el director para comenzar a llevar a cabo el proyecto, este se interesó y comenzaron a trabajar juntos. A su vez, Lynch estaba interesado en dirigir una comedia de propia autoría, One Saliva Bubble. Ambas obras se fueron desarrollando a la par y ninguna de las dos fue concluida, pero de ahí nació la amistad entre ambos. Más tarde, el agente de Lynch estaba obsesionado para que este y Frost hicieran una serie de televisión, y ellos, sentados en un café, visualizaron la imagen del cuerpo de una chica arrastrada por la marea, lo que marcó el punto de partida de todo el proyecto.
“En un principio se llamó Northwest Passage; tenía lugar en un pequeño pueblo de Dakota del Norte”, decía el director. Con esa base, el árbol de la serie comenzó a crecer y a ramificarse. Frost y Lynch escribían el guion en conjunto, este último entusiasmado por el potencial que tiene la televisión para contar una historia larga. En el proceso, elementos tan extraños como aquella inusual serie iban cimentando el camino, casi por casualidad (o causalidad): una locación en el noroeste de los Estados Unidos con un aserradero que cautivó a Lynch y en donde filmaron días y días (las escenas de la intro son de allí), la inclusión del decorador Frank Silva como Bob durante el rodaje de manera espontánea y sin premeditación alguna o la del actor Harry Goaz (el sheriff Andy Brennan) cuando este trabajaba de chofer y llevaba a Lynch a un concierto tributo a Roy Orbison.

La inspiración de Lynch se producía de forma tan onírica y ominosa como el resultado de esta. Un día, de camino al trabajo, escribió “A través de la oscuridad del pasado futuro el mago añora ver. Uno canta entre dos mundos: ‘Fuego, camina conmigo’”, que luego pronunciaría Mike (Al Strobel). Otro día, o más bien una noche de mucho calor, el director se apoyó sobre un auto en el estacionamiento. “Descansé las manos en el techo: el metal estaba ardiendo. Y me saltó a la mente la escena de la Habitación Roja. El ‘pequeño Mike’ estaba ahí y hablaba al revés”, contó.
También, de forma atípica, la ABC ordenó no solo un episodio piloto, sino que también contara con un final alternativo para el mercado europeo. Lynch tuvo solo 24 días para filmarlo y debió hacerlo en un frío extremo; se compró equipamiento pensado para el Everest, pero ni eso fue suficiente. Finalmente, grabaron el episodio autoconclusivo. Sin embargo, el éxito de los primeros episodios fue tal que la serie fue renovada y continuó por más tiempo. Así, sobre sueños, extrañas coincidencias y sobre la base de obras que no fueron, fue creciendo Twin Peaks.

Vivíamos dentro de un sueño
“Twin Peaks” significa “picos gemelos”, y ese nombre no es coincidencia para una serie en donde la figura del doppelgänger esta omnipresente: Bob/Mike, Laura/Maddy (ambas interpretadas por Sheryl Lee), las duplas homónimas Bobby-Mike/Bob-Mike, o, en el mismo final (cuya continuidad sigue en Twin Peaks: The Return), cuando cierto personaje es poseído por otro. El mismo Lynch reconoce este tropo, al exponer “la idea de que todo el mundo tiene dos lados”. Justamente la serie muestra a multitud de personajes que tienen una vida pero esconden otra, con infidelidades aquí y allá: Bobby con Shelly, Norma con Ed, Catherine Martell con Benjamin Horne, o, tal vez la más oscura, expuesta cuando es revelada la identidad del asesino de Laura. El secreto es un centro de la serie; ya de por sí, la punta del Iceberg es aquella Laura Palmer en el retrato sonriente detrás del cual hay un océano de lo entredicho y no dicho.
Los árboles que menciona Cooper rodean al pueblo y no están ahí porque sí. El bosque es signo de lo ominoso, y esa es la otra cara de la serie que va apareciendo poco a poco: “Desde tiempos inmemoriales, el bosque ha sido un lugar misterioso. Así que era un personaje más para mí”, dice Lynch. Es, en efecto, un protagonista más. Entre sus sicómoros se encuentra el portal hacia la Logia Negra, hacia la Habitación Roja, y el lore que se construye a su alrededor está también ligado al antiguo folclore de los pueblos nativos de allí. Sus árboles, junto con los semáforos colgantes, suman a la atmósfera de extrañeza y oscuridad que dotan de identidad a la serie.

No está demás decir que un elemento esencial de la obra es su enorme cualidad cinematográfica y sonora. Se produce algo casi inédito en el medio con los planos que cineasta ya consagrado en el cine traspola a la televisión. Lo mismo ocurre con el manejo del sonido, algo en lo que Lynch es obsesivo y que se refleja en el detalle milimétrico puesto en la serie. Él encontró también límites del formato que no poseía en el cine, como el aspect ratio de 4:3 o la configuración dispar de las televisiones en cada hogar. Pero eso no fue impedimento para lograr excelencia cinematográfica. Y la música de Angelo Badalamenti es tan inherente a la identidad de Twin Peaks como las mentes de Mark Frost y David Lynch. “Laura Palmer’s Theme”, “Audrey’s Dance” o “Falling”, interpretada angelicalmente por Julee Cruise, forman parte indisociable del paisaje sonoro único de la obra.
Otra parte fundamental de la geografía de la obra es su carácter telenovelesco. Es un elemento también muy propio del cine de Lynch, y la serie es también autoconsciente de ello: en un signo metatextual que lo evidencia hay una telenovela dentro de Twin Peaks llamada Invitation to Love, que sirve a su vez como parodia y como paralelismo a la trama principal de la serie. Los enredos amorosos de Twin Peaks se suman a los diálogos melodramáticos y también a algo que la identifica: los intensos sollozos de los personajes. “Supongo que soy un fanático del llanto. (...) Es poderoso si de verdad lo están sintiendo. Es como un bostezo: se transmite de una persona a otra”, afirma Lynch. Y en la serie están representados de manera auténtica y sentida, lo que acrecienta ese agujero cada vez más profundo que es la ausencia de Laura Palmer.

Algo que también llama la atención en ese sentido son las secuencias violentas que aparecen en la serie. Los asesinatos suelen ser especialmente brutales, así como las secuencias de violencia de género y Lynch admite que “la violencia es aceptada nueve de cada diez”. Por el contrario, el sexo o las malas palabras, en general sí chocaban contra el muro de la censura televisiva en aquella época.
Pero, como también suele estar caracterizado en el cine de Lynch, lo dramático, lo oscuro y el terror conviven también con lo más luminoso. Los momentos cómicos y hasta melosos abundan en la serie, lo que no solo funciona como un contrapeso narrativo, sino también como una expresión de cierto núcleo esperanzador que conlleva la marca autoral de Lynch, pese a todo. Así, la torta y el café son parte indispensable de la trama tanto como los crímenes más tórridos de Bob. Así, la relación torpe y tierna entre Andy y Lucy o las hermosas apariciones de la dama del tronco tienen tanta importancia como la violencia de género perpetrada por Leo. Así, al lado de diálogos crípticos como “Los búhos no son lo que parecen”, hay también lugar para frases como “Todos los días, una vez al día, hacete un regalo. No lo planees, no lo esperes, solo dejá que ocurra. Podría ser una remera nueva en el negocio, una siesta en la silla de la oficina o dos tazas de buen caliente café negro”.

Esa chicle que te gusta siempre estará de moda
La serie fue teniendo un progresivo y erosionado fin. La curiosidad del público por saber quién asesinó a Laura Palmer se transformó pronto en una salvaje exigencia y ABC se sintió presionado para revelarlo. Lynch y Frost planearon la serie sabiendo de antemano que el misterio del asesinato iba a retroceder gradualmente hasta ser solo un telón de fondo de las diferentes subtramas del pueblo, las cuales iban a ganar mayor protagonismo. Sin embargo, era importante que siguiera latiendo detrás. Los creadores sabían que mientras siguiera allí la serie seguiría con vida. Pero el estudio cedió ante las exigencias de la audiencia y reveló la resolución del misterio antes de tiempo. Eso, acompañado por el cambio de horario de programación del jueves al sábado por la noche terminaron por dinamitar la vida restante de la serie. Y también, claro está, el distanciamiento de Lynch en la segunda temporada para hacer Wild Heart.
“En la segunda temporada me distancié de la serie. Aunque me encantaba la idea de una historia continua, hay que escribir esas historias, y cada semana hay que filmar otro episodio. Muy pronto, nos alcanza y nos damos cuenta de que no tenemos tiempo para ir y hacer lo que debemos hacer. Y se convierte en algo que en verdad no queremos hacer”, contaba.

Lynch volvió para hacer los últimos episodios y la película precuela Twin Peaks: Fire Walk with Me, que fue un fracaso en taquilla aunque con el tiempo se volvió un film de culto. Es interesante leer la entrevista en Lynch por Lynch, hecha años antes de la última temporada lanzada en el 2017. Hay indicios aquí y allá de una historia inconclusa y de por donde quería seguir explorándola. Por suerte, pudo concretarlo en Twin Peaks: The Return, que si bien funciona como una continuidad de la trama de la serie de los noventa, podría ser considerada como una obra aparte, con una estética y narrativa más cercanas a las últimas películas de Lynch. La ausencia de Mark Frost en el tándem también es notoria.
Sin Twin Peaks, The X-Files no hubiera sido posible. Sin Twin Peaks, ni Buffy, la cazavampiros, ni Dark ni Gravity Falls ni Mare of Eastown tendrían los tropos y la identidad que tienen. ¿Fue la primera serie de autor? Hay pocas antes que hayan tenido una marca tan fuerte con una narrativa tan particular. Tal vez Star Trek o La dimensión desconocida o El prisionero. Pero son contadas y aún más contadas obras de este formato de tanta calidad y con tanto impacto como la creada por Mark Frost y David Lynch. El tiempo ya lo demostró, así como la celebración que dio pie a este artículo, conmemorado todos los 24 de febrero, día el que Dale Cooper, anualmente, continúa entrando al Twin Peaks y se sigue asombrando por su gran cantidad de árboles.
Nota por Alex Dan Leibovich | Periodista | Redactor en Clarín, Peliplat y Erramundos.
Publicado el 25 de febrero del 2025, 8.51 PM | UTC-GMT -3.
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