Joker: Folie à Deux: una película hecha a medias
Reseñas generalesTantas secuelas podrían parecer innecesarias a primera vista pero pueden resultar en grandes obras. Pese al conocido interés de los estudios por seguir sacando rédito económico de una película exitosa, se puede aprovechar la ocasión para realizar una buena obra. Pienso en Blade Runner 2049, por ejemplo, la cual sin motivo alguno para existir terminó siendo una propuesta inteligente y orgánica respecto a la original. La cuestión radica siempre en la ejecución. Y en la secuela de Joker hay ideas interesantes, pero ejecutadas a medias.
Joker: Folie à Deux comienza dos años después de finalizada la primera parte. Arthur Fleck se encuentra en el Hospital Psiquiátrico de Arkham esperando su juicio por los crímenes cometidos en la parte anterior. En el medio, comienza una relación con Harleen Quinzel, una psiquiatra que ingresó de forma voluntaria en el lugar y que tiene una obsesión hacia la figura del Joker.
Está clara la intención de la secuela. Tal vez demasiado clara. Busca darle la espalda a aquellos que interpretaron la primera de determinada forma, idolatrando al protagonista. Aquellos que en estos tiempos de ultraderechas tomaron al personaje como una figura contraria al progresismo y que busca oponerse a la sociedad, sumiéndola en el caos.

A la vez, se puede entrever la intención de criticar las formas de consumo culturales actuales, al jugar con la expectativas que puede acarrear una segunda parte de Joker. Cualquiera podría esperar un tono similar al de la secuencia final de la primera parte, un thriller o un policial negro que tenga como protagonista al Rey del Crimen escalando en el submundo de Gótica.
Pero a la hora de plasmar una película que juegue con esas expectativas, se autoboicotea. Parecería que Todd Phillips hubiera hecho una película mediocre a propósito solo para demostrar un punto. Una obra con problemas de ritmo, con piezas musicales fallidas y con una trama judicial pobremente ejecutada.
El corto animado que da comienzo a la historia no sólo la quiere acercar más a Warner que a DC (a través del formato digno de Looney Toons), sino que también propone una idea que ya está presente en la primera: la oposición entre el Joker y Arthur Fleck, una división que hasta se expone a través del diálogo con la abogada. Toda la secuencia animada es un foreshadowing de lo que la película busca proponer.

Sin embargo, esta idea está desarrollada de forma precipitada y torpe. Casi de una secuencia a la otra, Fleck abandona el disfraz del Joker, en un diálogo que parecería ser Philips diciendo a todas voces a la audiencia: “Esta no es la película que querían”. La idea de una secuela que subvierte las expectativas es audaz, pero de nuevo, se encuentra plasmada sin ningún tipo de sutilezas, de manera burda.
Lo mismo ocurre en la forma de musical que se le quiere dotar a la obra: las piezas aparecen en momentos anticlimáticos y en general están desprovistas de la espectacularización y de la fantasía que suele rodear a los temas en este tipo de producciones. Tanto Lee como Fleck apenas suben la voz, como si no se animaran a cantar.
La idea del musical como un escapismo de la realidad cruda de Fleck dentro de la prisión es acertada y hasta se corresponde con mucho de lo mostrado en la primera entrega, pero al estar plasmada casi sin espectacularidad, casi sin piezas completas, con canciones que parecen elegidas de forma arbitraria, sin colaborar con la trama, hace que sature y hasta provoque irritación. Cuando Fleck le dice a Lee cerca del final que se calle, que no cante, refleja el mismo pensamiento de muchos espectadores.

Esto se suma a cierta monotonía en el ritmo de la película. Hay secuencias enteras filmadas (por ejemplo, en la movilidad del personaje de un lado a otro) que no contribuyen en nada a la trama, ni siquiera en añadir tensión. Una película puede tener su ritmo lento pero en este caso se encuentra injustificado. Esta lentitud se acrecienta por tópicos redundantes, como el tema cantado tanto por guardias como por prisioneros, “Oh When The Saints Go Marching In”.
Por otro lado, la película está inspirada en el universo de Batman pero parecería que está avergonzada de beber de la narrativa superheroica: en la película no aparece el sello de DC. Philips hasta se negó a colaborar con los presidentes de DC Studios, Safran y Gunn. Y sin embargo, utiliza todos los nombres del universo ficcional de Batman: Gótica, Harvey Dent, Arkham y hasta Harleen Quinzel.
Pese a que busca posicionarse lejos de aquel lore, usa los nombres de este. En ese sentido, el distanciamiento de las fuentes originales también está hecho a medias. Fleck podría ser cualquier criminal, y sin embargo se elige etiquetarlo bajo el personaje del Joker.

Lo mismo ocurre con la relación entre Fleck y Lee. Apenas se ve desarrollado un vínculo. Se podría justificar con que es un delirio compartido (un folie a deux, precisamente) pero al estar las secuencias musicales pobremente ejecutadas, aquel delirio también decrece en potencia y en ritmo y se torna en algo inverosímil. El título de la película refleja la narrativa de esta.
Y ni siquiera llega a ser un thriller judicial del todo tampoco. Las secuencias del juicio están filmadas de forma básica, a puro planos y contraplanos, sin la tensión y el dinamismo que caracterizan a las mejores películas de este género.
También se plantea que el Joker es una idea que trasciende a Fleck y que puede inspirar a otra gente: hubo una película basada en su vida, se ve su imagen en las multitudes que lo militan, se puede entrever en el hijo que podría llegar a tener con Lee y se da un guiño en el final, cuando su asesino se corta la boca mientras está fuera de foco. Sin embargo, ese mismo fuera de foco ejemplifica la dispersión y la poca fuerza que se le da a este concepto.

Joker: Folie à Deux es una película con buenas interpretaciones de Lady Gaga y de Joaquin Phoenix y una fotografía, vestuario y música logradas. Tiene buenas ideas y una coherencia respecto a lo presentado en la primera entrega, pero el problema radica en la manera en la que estas se encuentran ejecutadas: un ritmo monótono, un musical pobremente realizado y una narrativa basada en un universo superheroico que se avergüenza de sí misma. Una película hecha a medias.
Nota por Alex Dan Leibovich | Periodista | Redactor en Clarín, Peliplat y Erramundos.
Publicado el 14 de octubre del 2024, 7.36 PM | UTC-GMT -3.
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