El retrato de Demi Moore (y la sustancia de Dorian Gray)

Reseñas generales

“Lo único que merece la pena en este mundo es la juventud".

El retrato de Dorian Gray (1890), de Oscar Wilde

 

¿Espejito, espejito, de quién es el culo más bonito? La pregunta debe hacérsela una multitud de seres humanos de diversa sexualidad, país, raza y gusto de helado favorito. El narcisismo está a la vuelta de la esquina y quien no lo crea así que le pregunte a su terapeuta de confianza.

No sabemos si lo antedicho se relaciona de alguna manera con Demi Moore, uno de los íconos sexuales del cine de los años ´90s, que volvió a ser noticia este 2024 como parte de una película popular, taquillera y de recorrido festivalero internacional después de casi dos décadas sin papeles destacados. Se trata de (¿hace falta aclararlo?) The Substance (2024), el film de la francesa Coralie Fargat en el que la actriz interpreta a una profesora de gimnasia y estrella de televisión que se topa, un día, con el portazo de un medio que busca una cara (y un cuerpo) más joven para reemplazarla.

 

“Arrojé mi alma a través de lo invisible, buscando descifrar alguna carta del más allá. Con el tiempo mi alma volvió a mí y respondió: `Soy el cielo y el infierno`”.

El Rubáiyát (1886), de Omar Khayyám

 

La cita del libro de 1886 introduce a la versión cinematográfica más famosa de El retrato de Dorian Gray, la desfachatada novela de Oscar Wilde que además de ícono gay es paradigma inequívoco de la ficción referida a la obsesión por la belleza y la juventud eternas. 

El retrato de Dorian Gray (1945)

Aquella película basada en el texto de Wilde, realizada en 1945 y dirigida por Albert Lewin, no es parte de ninguna selección de grandes obras del cine de Hollywood, pero cuenta con un puñado de nombres que son referencia de las pantallas de aquellos años: George Sandes, Angela Lansbury y Peter Lawford. Su valor, más allá de los nombres ilustres, está en haber sido la que llevó a las masas la obra del literato británico.

 

Ochenta años después de aquel opus, con la marca indeleble de pasajes enteros de El retrato de Dorian Gray y la ponzoña de su autor, Demi Moore representa en The Substance (con su figura y su cara retocadas con más sutileza que la de la mayoría de sus colegas) al cine que se pasó un pueblo de posmoderno y lleva la fragmentación y el extremo a un lugar hardcore. El mérito de esto último está en la oportunidad y la habilidad de la directora gala en haber llevado a los multicines y los festivales un recurso, el del splatter desbocado, que el cine B viene militando desde hace décadas por afuera del mainstream.  

 

Por otro lado, y en tren de no guardarnos reparos, vale traer a cuento al nombre propio más beligerante del body horror, subgénero en el que se apoya La sustancia: David Cronenberg. Para más datos conviene hacer click con el mouse o el contol remoto sobre títulos como Videodrome (1983), La mosca (1986) o la más reciente Crímenes del futuro (2022), títulos que hacen pie en la distopía con las armas de las buenas narraciones, las sólidas, las que tienen cosas para decir con clase y estilo propios.

La mosca (1986)

En La sustancia la buena de Demi es víctima de su propia obsesión por la belleza y su temor a la putrefacción, tan lenta como inevitable. Entre pasajes pesadillezcos y múltiples referencias a la adicción al ego, la actriz protagoniza su propio “Being Dorian Gray” y se hunde en la tragedia de pasar a ser un recuerdo. O peor aún: un olvido.

 

—Tu cinismo es una pose.

—Ser natural es una pose. *

 

En el texto de Wilde el narciso Dorian sufre por el paso del tiempo en su piel, en su imagen y lo que eso provoca en sus vísceras (además de un trastorno de ansiedad no diagnosticado, digamos todo). En la ficción audiovisual enclavada en pleno siglo XXI, en tanto, la bella Demi es una señora de 50 años (en la realidad fuera de cuadro acusa 63) que se siente corrida del mundo que conoce, del mundo que la contuvo cuando su envase era deseado por las mayorías.

 

"Dorian posaba como si estuviera bajo un hechizo. 

Era como si estuviera descubriéndose a sí mismo por primera vez". *

 

Tal como posaba Dorian para el artista plástico que lo retrataba bajo la observancia de su alma enamorada, la Venus de carne y hueso en la que se transforma la Elizabeth Sparkle de Moore es todo lo que ella, en su actualidad de desocupada con destino incierto, no puede ser. O no podía, mejor dicho.

La sustancia (2024)

Sue (Margaret Qualley) es una Eva de la post historia, la perfección según el punto de vista de la hegemonía estética, del sentido común del deber ser del cuerpo. Una belleza pura pero también de diseño, de postproducción sin fallas. Una AI encarnada. Sue es la nueva Elizabeth. Sue deambula por el mundo que Elizabeth construyó; la reemplaza, la parasita, la coloca, de forma literal, a un costado. La encierra, de hecho, con el cuerpo abierto, desviscerado y vuelto a cerrar. 

 

No, el verosímil nada hace ni nada tiene que hacer en La Sustancia. 

 

“Influir en una persona es darle la propia alma. Esa persona deja de pensar sus propias ideas y de arder con sus pasiones. Sus virtudes dejan de ser reales. Sus pecados, si es que los pecados existen, son prestados. Se convierte en eco de la música de otro, en un actor que interpreta un papel que no se ha escrito para él. La finalidad de la vida es el propio desarrollo. Alcanzar la plenitud de la manera más perfecta posible, para eso estamos aquí”.*

La sustancia (2024)

Las declaraciones de principios que enuncian a cada paso los personajes de la novela de Wilde se resignifican en la película de Coralie Fargat a fuerza de repetición. El proceso de mutación y recambio de cuerpo(s) que atraviesan en paralelo Elizabeth y Sue las consume así como el miedo a la decrepitud carcome la salud mental de Gray. Pero lo que en el texto se destaca como un fascinante proceso evolutivo de autodestrucción, en el film es puro loop, puro copy and paste de una idea a la que se le agregó un condimento por secuencia para justificarse. Droga dura anche lisérgica de efecto rápido, de conmoción instantánea y solidez narrativa casi autoparódica de la que Gaspar Noé ha sabido sacar tanto provecho.

 

Sue se maravilla ante la belleza con la que se topa en el espejo y lo hace cada vez que la química oscura que permite esa transformación hace su magia. En paralelo, su otro yo, ese que porta celulitis y miedo a la muerte, acelera su fecha de vencimiento, triste, solitario y final. 

 

“Solo dispone de unos pocos años para vivir de verdad, perfectamente y con plenitud. Cuando se le acabe la juventud desaparecerá la belleza, y entonces descubrirá de repente que ya no le quedan más triunfos, o habrá de contentarse con unos triunfos insignificantes que el recuerdo de su pasado esplendor hará más amargos que las derrotas. Cada mes que expira lo acerca un poco más a algo terrible. El tiempo tiene celos de usted y lucha contra sus lirios y sus rosas. Se volverá cetrino, se le hundirán las mejillas y sus ojos perderán el brillo. Sufrirá horriblemente... ¡Ah! Disfrute plenamente de la juventud mientras la posee". *

 

*Citas correspondientes a El retrato de Dorian Gray (1890), de Oscar Wilde.

 

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Comentarios 2

S
Serena Cuoghi14 de octubre de 2024
Como siempre Daniel, un estupendo enfoque. Gracias por presentarnos esta peli! Más allá del estereotipo por el que Demi aún nos engancha, la trama por sí misma se hace muy pertinente y necesaria en estos tiempos donde el narcisismo está ganando cada vez más terreno.
D
Daniel Castelo14 de octubre de 2024
En respuesta a Serena Cuoghi: Gracias Serena, hermoso comentario. =)

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