Joker 2: Folie à Deux: la parabellum del buen psicótico

Reseñas generales

“Si vis pacem, para bellum” (Si quieres paz, prepárate para la guerra)

Publio Flavio Vegecio.

 

Pocos géneros narrativos demarcan tanto sus fronteras como el musical. Sea en teatro o en cine, la irrupción de canciones en medio de un diálogo entre dos personas/personajes se transforma en un elemento canónico excluyente, en un guardián del género. Joker 2: Folie à Deux (Todd Phillips, 2024) es una prueba contundente de ello.

La primera pregunta-reflejo que surgió cuando se hizo el anuncio de que la secuela del exitoso y elogiado film de 2019 sería en clave de comedia musical fue ¿por qué un musical, Todd? Pero, con la honestidad intelectual del caso, había que darle la derecha al tipo, porque la primera parte fue formidable. ¿Por qué no jugarse, en una continuación, con el personaje ya popularizado de forma masiva, a una ruptura de la lógica qué suele tener el cómic llevado a la pantalla? La apuesta, sin dudas, era fuerte. 

 

Quizá no se lo haya propuesto, pero, con su ambientación casi exclusiva entre las paredes de Arkham Asylum de Gotham City y el debate que se plantea sobre algunos vericuetos de la psicosis, puede que con Joker 2 el amigo Philips haya creado el subgénero de la distopía psicoanalítica. El relato, sin embargo, no dedica demasiado tiempo a los laberintos cerebrales del protagonista, aunque no faltan situaciones de cierta (leve) hondura en análisis de los porqués de la personalidad del villano psiquiátrico. 

El relato, que traza una continuidad con el the end de 2019, nos dice en su inicio que Arthur Fleck (Joaquin Phoenix) pasa sus días encerrado en el asilo de Cuidad Gótica, a la espera del juicio que definirá su destino luego de haber matado a cinco personas.

 

(flashback
Arthur se carga a tres hampones en el  metro de Gotham

Arthur asesina a golpes a un compañero de trabajo

Arthur/Joker le pega un tiro en la cabeza al conductor televisivo Murray Franklin

fin del flashback)

 

Rodeado de violencia, mugre y de su propia demencia, la estadía en Arkham del alter ego del Joker (quién es alter ego de quien es uno de los temas en discusión en el proceso al killer) dista de ser la mejor. Mientras tanto, el fiscal de la ciudad, Harvey Dent (Harry Lawtey), busca que lo condenen a muerte por sus crímenes, y su abogada, Maryanne Stewart (Catherine Keener), intenta que lo declaren insano y que quede a salvo de la silla eléctrica. En paralelo a eso, Arthur conoce en una clase de coro destinada a los internos e internas a Lee Quinzel (Lady Gaga), quien se muestra de inmediato como admiradora de su nuevo compañero de canto.

La cosa, por supuesto, se complica cuando empieza el juicio, a caballo de las detonaciones que se producen en el cerebro de nuestro antihéroe/villano, sumado a esto los maltratos a cargo del guardia cretino que compone el británico Brendan Gleeson.

 

No hay un signo en Joker Deux que no sea de patetismo, de tristeza terminal. Por afuera del paupérrimo devenir del torturado Fleck, el perfil se extiende, con matices, a los personajes secundarios, parte de una calesita de almas rotas, en pena. 

 

"No cantes más, solo hablame", le pide en un momento Arthur, con el maquillaje desdibujado y el narcisismo estallado en mil partes, a su amante, a la que entiende como un alma gemela, algo que ni ella ni el guion parecen tener en claro. El pedido de poner en pausa el concierto de emociones y frases manoseadas por compositores de bandas de sonido de distintas épocas es, también, después de un par de horas de volteretas y referencias a Fred Astaire y Ginger Rogers, a clásicos de la música de películas y también del pop internacional y popular, el pedido de buena parte de quienes están sentados en la platea viendo pasar los 138 minutos de largometraje. Porque el número musical que encorseta al film en cada escena que cierra con letra, música y bailecito instala una duda que, al cierre, se contesta sola: ¿tendría algo para mostrar en términos narrativos Joker 2 si no fuera por la el enganchado de canciones?

Cosas que sí

 

Más allá o más acá de la industria, con más o menos baldes de popcorn, tickets o action figures, es justo considerar que la dupla de films sobre el Joker que nos legó Todd Phillips es parte del cine de autor contemporáneo gracias a que se animó a poner en discusión la forma en que se debía retratar al villano más importante de la cosmogonía superheroica. Hay algo de intención autoral en ello y es para celebrar en épocas de realizaciones en serie.

 

Otro ítem a favor del film es el juez Herman Rothwax a cargo de un Bill Smitrovich que, con sus anteojos grandes de marco negro y grueso parece jugar el rol de un Martin Scorsese que intenta dirigir el juicio y llevarlo a un punto de mínima lógica. ¿Otro alter ego, quizá, en este caso del propio Todd Phillips? Sea como fuere, el chiste funciona.

 

Todd Phillips dixit

 

Con motivo del estreno de su película, el director que años atrás se recibió de realizador a tener en cuenta con títulos como The Hangover (2009) o la mucho menos vista (y más aguda) War Dogs (2016) dio algunas pistas sobre hasta dónde quiso ir con Joker 2.

 

“Arthur Fleck es una víctima de sus fans y se convierte en un icono equivocado de manera involuntaria”, disparó en referencia al perfil del Joker en este film, casi una declaración de principios sobre los propios fans del comic. Casi, también, una forma de decirles “yo acá hice lo que quise y van a tener que aceptarlo”.

 

“De una secuela se espera que repitas lo que gustó de la original. Hay unas reglas y te limitás a seguirlas. Pues bien, nosotros decidimos hacer algo completamente diferente. Joaquin Phoenix jamás haría una película al servicio de los fans. Queríamos algo que asustara en la misma medida que lo hizo la primera”, apuntó también por si quedaban dudas.

 

Con la intención de despegar a su película de las líneas históricas del género musical, que salvo excepciones como The Wall (Alan Parker, 1982) o Hedwig and the Angry Inch (John Cameron Mitchell, 2001) suelen ser espacios amables y con cierres cuasi idílicos, apuntó: “No es una película para salir del cine feliz silbando las canciones. No es una película que te deje feliz como, salvo excepciones, hacen los musicales", prometió. Si en los hechos la cosa es como la dice él o no, es otro tema.

 

Otro punto que tocó el realizador durante una entrevista con el diario El Mundo de España en este mismo mes de octubre es el caos que ronda a la saga desde el minuto uno de la primera parte.

 

“El caos me fascina desde niño. Me atrae cuando las cosas están desordenadas y cuesta darles una explicación. No me refiero al desorden de la habitación, sino a lo imprevisto. Cuando las cosas no salen según lo planeado, lejos de sentir frustración, me resulta excitante. Pero incluso en mis comedias como The Hangover lo que cuenta es lo imprevisible. El caos tiene una energía que tiene que ver con la propia vida. Y en el cine lo que más me gusta es cuando te sentás a ver una película y pensás que puede pasar cualquier cosa. Me atrae el que no haya reglas de ningún tipo y que resulte imposible saber hacia dónde se dirige la historia”, acotó también.

 

Por otro lado, ¿habrá una tercera Joker? “Siento que mi tiempo en el Universo DC acaba con estas dos películas”, expresó Phillips sobre el tema.

 

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Comentarios 2

D
Daniel Castelo5 de octubre de 2024
Gracias Margot!
M
Margoth Segovia5 de octubre de 2024
Gran análisis

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