Y un día Tim Burton nos dio el gusto (agridulce) de una secuela de Beetlejuice

Reseñas generales

Podemos ser teóricos del cine, cinéfilos tallados por dioses de la escultura intelectual y provistos de rigurosas metodologías de análisis. Podemos ser meticulosos hasta el paroxismo a la hora de debatir sobre los procesos de producción del cine o sobre la ominosa historia del negocio cinematográfico en Hollywood. También podemos no serlo. Pero si se anuncia que habrá secuela de una película que en la infancia o adolescencia nos caló fuerte en los sentidos, pues allá iremos, felices y esperanzados ante ese flash de amor del pasado que vuelve por más. El choque de frente con la deidad de otrora, sin embargo, puede resultar más agridulce de lo esperado.

El anuncio de una secuela de Beetlejuice (1988) otra vez a cargo de Tim Burton y otra vez con Michael Keaton en el protagónico fue quizá de las mejores noticias que nos llegaron en el último tiempo en lo que respecta al sobrepoblado universo de las remakes, reboots, spinoffs y demás plataformas de negocios de los estudios. El estreno online del tráiler acrecentó el entusiasmo con un par de minutos que mostraban lo más entrañable de aquella película: no solo Keaton era de la partida, también estaban allí la Lydia de Winona Ryder y su madrastra Delia. Y los zombies con la cabeza reducida, entre otra iconografía del film original. Además, a modo de regalo extra, caricia para el alma del fan, Beetlejuice significa el regreso, al menos por un rato, del diseño estético de aquella tierra subzero de muertos en salas de espera con efectos visuales artesanales, lúgubremente coloridos, atravesados por la fotografía pop de los 80s. 

 

Tal como anunciaban los avances de la película, y tal lo descripto en las líneas anteriores, Beetlejuice Beetlejuice (2024) no decepciona en nada de lo relacionado con la cosmogonía visual de Tim Burton y los pilares que hicieron del film de 1988 un clásico sin discusión del cine de esos años. 

Burton nos da la bienvenida con una secuencia de créditos que sobrevuela la maqueta que representa al pueblo bajo el cual se encuentra el demonio a cargo de Keaton, el mismo que viene de haber resucitado a su Batman (¿el mejor de todos los Batman?) para The Flash (Andy Muschietti, 2023). Lo que en los 80s nos deslumbró por su originalidad hoy logra algo similar pero desde la nostalgia tangible de emocionarnos con una imagen que nos da la bienvenida a una fiesta a la que queríamos que nos invitaran.

 

La música de Danny Elfman (quien compuso las mejores bandas sonoras de la filmografía de Burton) es otro de los ingredientes que nos abrazan y nos entregan de lleno a un relato que arranca con guiños para darnos una primera mitad de película estallada de referencias.

 

Lydia (Winona) hoy, 36 años después de la historia original, es una estrella de la televisión y se dedica a visitar casas embrujadas, conectar espíritus y otros pliegues del negocio de lo extrasensorial. Su hija, Astrid (Jenna Ortega), es rebelde como lo fue ella de adolescente y tiene una relación tan tirante con su madre como la que Lydia tuvo (y tiene) con la suya, Delia (impecable Catherine O'Hara), que está en pleno egotrip de muestras megalómanas en galerías de arte. En el medio (o al comienzo del relato, más exactamente) se muere su esposo, que en el film original interpretó Jeffrey Jones y que no forma parte del cast de esta secuela por motivos harto escabrosos.*

Quienes tampoco están en esta segunda entrega son Geena Davis y Alec Baldwin. En el segundo caso la ausencia está vinculada directamente con la desgraciada situación que atraviesa el actor luego de que disparara un arma cargada con balas reales y matara a la directora de fotografía Halyna Hutchins durante un rodaje. Por el caso Baldwin está acusado de homicidio involuntario. Quien se ocupó de ensayar una excusa elegante a la situación fue el propio Tim Burton. "Creo que no quería limitarme a marcar casillas. Así que, aunque fueron una parte crucial de la primera película, aquí me centré en otra cosa. Una secuela como esta está muy relacionada con el tiempo. Esa idea fue lo que me enganchó: las tres generaciones de madre, hija y abuela. Eso fue el núcleo de todo", señaló el realizador al ser consultado por la prensa sobre la ausencia de la pareja de artistas, que en 1988 encarnaron a un matrimonio de fantasmas. Davis, por su parte, fue más contundente: “Los fantasmas no envejecen, eso es todo”.

 

Todo marcha como lo esperado en este bis de la dupla Burton-Keaton, todos y cada uno de los elementos clásicos funcionan y son bienvenidos. El patinazo entra en juego cuando el guion toma vuelo más allá de lo que está atado a lo que conocemos. Los personajes nuevos, salvo el investigador zombie que compone el siempre a punto Willem Dafoe, chocan de frente con las ilusiones casi de movida. La lista es breve pero unánime en la decepción. Mónica Bellucci, femme fatale de antaño, hoy pareja del director, aparece en el papel de una exnovia de Beetlejuice que vuelve por venganza, o algo así. La ninfa se conduce con su papel en silencio, recorriendo escenarios del relato en busca de su ex pero sin gracia ni rumbo. Otro personaje fallido a fuerza de tics antiguos y chistes muy malos es el de Justin Theroux, que compone a una especie de pareja a la fuerza de Lydia, también productor televisivo y villano obvio hasta la molestia. Un personaje que por momentos es interesante y en otros se vuelve intragable es el joven que enamora a la hija de Lydia, a cargo de Arthur Conti, pero no diremos más para no dejar plantado un spoiler explosivo.

Jenna Ortega, por su parte, hace lo que puede con su teenager siempre enojada con su progenitora, lo que la hace ejercer el rol de personaje que se identifica con el espectador al que parece ir dirigida la película. Porque hay una característica vital de Beetlejuice Beetlejuice que es clave en lo que vemos en pantalla y también en lo que hizo que la producción llegara a los cines: hay un nuevo espectador dispuesto a consumir todo lo que haya disponible respecto del cine que descubrió junto a sus padres en video, dvd o blu ray. La iconografía de ayer es mercancía hoy, acá, contante y sonante en tiempos de absoluta sequía de ideas nuevas.

 

Más allá de lo antedicho, más allá de toda la batalla que nos dispongamos a plantearle a la industria, más allá de cualquier pero, aquí estamos y estaremos para una nueva secuela. Porque, amigos, amigas, la tercera parte es solo cuestión de tiempo, solo depende de un sonoro Beetlejuice Beetlejuice Beetlejuice.

 

Bonus track: El elemento que transforma a Beetlejuice Beetlejuice en un largometraje atractivo incluso por afuera de los guiños y la pasión pop es una secuencia narrada ¡en italiano! por el propio Beetlejuice cuando da a conocer la trágica historia de amor que lo unió con el personaje de Mónica Bellucci.

 

* El actor Jeffrey Jones compuso a Charles Deetz en Beetlejuice y su cara era recordada por todos y todas gracias a ese film. Su nombre se hundió en las catacumbas de la industria del cine en el año 2003, cuando fue detenido por posesión de fotos de menores sin ropa. Según surgió del juicio que se le hizo entonces, el actor le había pagado a un niño de 14 años para tomarle fotografías desnudo. La sentencia que recibió el actor de Amadeus fue a cinco años de libertad condicional.

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