
You (2018)★ 7.6/10
- Crimen
- Drama
- Romance
Dirección: Silver Tree, Marcos Siega, John Scott, Lee Toland Krieger, Pete Chatmon
Guion: Greg Berlanti, Sera Gamble, Caroline Kepnes, Kelli Breslin, Amanda Johnson-Zetterström
Un joven peligrosamente encantador e intensamente obsesivo toma medidas extremas para integrarse en la vida de aquellos por quienes está fascinado.
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Reseñas
U
User-150427045825 de agosto de 2026
User-150427045825 de agosto de 2026buena
E
Everton Diniz13 de noviembre de 2025
Everton Diniz13 de noviembre de 2025La primera temporada se compone de suspense apasionante, con buenos diálogos y una narrativa bien construida; por supuesto, los clichés adolescentes están muy presentes y hay claros fallos en el guion.
J
John Barrales10 de julio de 2025
John Barrales10 de julio de 2025La mejor actuación de Bagley que he visto y una de las mejores series que he visto en los últimos años, no quede contento o conforme con el final (si es que realmente es el final), pero eso no arruina la excelente trama de todas las temporadas, en especial de las primeras 3 las cuales son las mejores, las últimas dos carecen un tanto de lo que volvió buenas a las primeras, quizas por que se vuelve muy repetitiva con tramas y asuntos de sus antecesoras. Aun así es una gran serie de suspenso muy bien elaborada que no debes dejar de ver.
N
Nairobi Montero15 de mayo de 2025
Nairobi Montero15 de mayo de 2025Es fascinante me encanta la forma como se ilustran temas sociales reales
F
Favaes13 de mayo de 2025
Favaes13 de mayo de 2025TÍTULO: “Yo no soy el villano. El verdadero villano escribió el reglamento.”
Como escritora de villanos, a veces me preguntan por qué mis personajes no se redimen. Por qué son tan difíciles de perdonar. Por qué los muestro tan humanos cuando hacen cosas inhumanas. Y la respuesta es simple: porque los villanos, como los conocemos, son una construcción útil. Una excusa. Un señuelo.
Vigilar y castigar (Foucault, 1975) no es un libro sobre cárceles. Es un libro sobre nosotros. Sobre vos, que obedecés sin preguntar. Sobre mí, que escribo estas líneas desde un margen solo aparente. Sobre cómo nos educaron a controlar, a reprimir, a vigilar incluso cuando nadie mira. Porque la mayor trampa no es la celda. Es el panóptico mental: esa vocecita que te dice qué está bien, qué está mal, y que nunca te deja dormir del todo tranquila.
Foucault explica que antes se castigaba con espectáculo. La horca, la guillotina, el suplicio. Hoy el castigo es invisible: se internaliza. Se naturaliza. Se convierte en norma. En moralina. En “lo correcto”. En etiquetas que te asignan apenas nacés y que te siguen como sombra: mujer, madre, puta, mártir. Y si osás salirte del molde, ahí está el villano: vos.
Entonces, escribo villanos porque en ellos encuentro una verdad más cruda que en los héroes domesticados. El héroe es recompensado por obedecer. El villano es castigado por atreverse. Pero ¿y si el villano no es quien rompe la ley, sino quien demuestra que la ley está rota?
Porque cuando un personaje mío manipula, miente, controla o mata, no lo hace porque es “malo”. Lo hace porque aprendió que así funciona el mundo. Y ese aprendizaje no vino de la nada. Vino de la escuela, del estado, de la familia, del algoritmo. De instituciones que se disfrazan de protección y solo garantizan vigilancia. Como el panóptico: esa prisión ideal en la que no sabés si te están mirando, pero actuás como si.
Mis villanos no piden disculpas. Te muestran el espejo.
Y ahí empieza lo incómodo: ¿cuántas veces fuiste vos la carcelera? ¿Cuántas veces pensaste “eso no se dice”, “eso no se hace”, “eso no se puede”? ¿Cuántas veces preferiste el silencio antes que incomodar? ¿Cuántas veces sentiste culpa por desear lo que te dijeron que no debías? El castigo, en nuestra época, no tiene látigo. Tiene vergüenza. Tiene culpa. Tiene cancelación disfrazada de justicia.
El verdadero villano no es el que comete el crimen. Es el que define qué es un crimen. Es el que decide a quién se le permite la redención y a quién no. Es el que te promete libertad mientras te enseña a reprimirte sola.
Así que no. Yo no soy el villano. El villano real no tiene rostro, pero tiene oficina. Tiene sello. Tiene Dios y patria. Tiene uniforme. Tiene followers.
Yo solo escribo lo que ustedes no se animan a mirar.
Como escritora de villanos, a veces me preguntan por qué mis personajes no se redimen. Por qué son tan difíciles de perdonar. Por qué los muestro tan humanos cuando hacen cosas inhumanas. Y la respuesta es simple: porque los villanos, como los conocemos, son una construcción útil. Una excusa. Un señuelo.
Vigilar y castigar (Foucault, 1975) no es un libro sobre cárceles. Es un libro sobre nosotros. Sobre vos, que obedecés sin preguntar. Sobre mí, que escribo estas líneas desde un margen solo aparente. Sobre cómo nos educaron a controlar, a reprimir, a vigilar incluso cuando nadie mira. Porque la mayor trampa no es la celda. Es el panóptico mental: esa vocecita que te dice qué está bien, qué está mal, y que nunca te deja dormir del todo tranquila.
Foucault explica que antes se castigaba con espectáculo. La horca, la guillotina, el suplicio. Hoy el castigo es invisible: se internaliza. Se naturaliza. Se convierte en norma. En moralina. En “lo correcto”. En etiquetas que te asignan apenas nacés y que te siguen como sombra: mujer, madre, puta, mártir. Y si osás salirte del molde, ahí está el villano: vos.
Entonces, escribo villanos porque en ellos encuentro una verdad más cruda que en los héroes domesticados. El héroe es recompensado por obedecer. El villano es castigado por atreverse. Pero ¿y si el villano no es quien rompe la ley, sino quien demuestra que la ley está rota?
Porque cuando un personaje mío manipula, miente, controla o mata, no lo hace porque es “malo”. Lo hace porque aprendió que así funciona el mundo. Y ese aprendizaje no vino de la nada. Vino de la escuela, del estado, de la familia, del algoritmo. De instituciones que se disfrazan de protección y solo garantizan vigilancia. Como el panóptico: esa prisión ideal en la que no sabés si te están mirando, pero actuás como si.
Mis villanos no piden disculpas. Te muestran el espejo.
Y ahí empieza lo incómodo: ¿cuántas veces fuiste vos la carcelera? ¿Cuántas veces pensaste “eso no se dice”, “eso no se hace”, “eso no se puede”? ¿Cuántas veces preferiste el silencio antes que incomodar? ¿Cuántas veces sentiste culpa por desear lo que te dijeron que no debías? El castigo, en nuestra época, no tiene látigo. Tiene vergüenza. Tiene culpa. Tiene cancelación disfrazada de justicia.
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Así que no. Yo no soy el villano. El villano real no tiene rostro, pero tiene oficina. Tiene sello. Tiene Dios y patria. Tiene uniforme. Tiene followers.
Yo solo escribo lo que ustedes no se animan a mirar.
L
Lara Abigail Zapata Pereyra9 de mayo de 2025
Lara Abigail Zapata Pereyra9 de mayo de 2025Las primeras temporadas esta bueno, pero ya despues es re rebuscada
S
Sol Ibaz6 de mayo de 2025
Sol Ibaz6 de mayo de 2025Contiene spoilers
"You" es una serie en la cual uno puede apreciar lo que realmente es la obsesión. Una obra tan atrapante e intrigante que no se puede dejar de ver hasta el final. El espectador llega a lo profundo del personaje, al punto de que le puede llegar a agradar este asesino, esta mala persona; en el cual a la vez se detonan acciones muy bondadosas. Una doble cara, tan bien personificada por Penn Dayton Badgley. La puntee con 8 por la ante-última temporada que dejo muchísimo que desear, como imagino que lo hará la última.
E
Esteban Eordogh29 de abril de 2025
Esteban Eordogh29 de abril de 2025Ah, "You" (2018)... Recuerdo cuando la vi. No era la típica película de terror con monstruos saltando a la pantalla, sino algo mucho más inquietante, algo que te hacía mirar de reojo a la persona sentada a tu lado en el cine.
Imagina esta escena: un joven encantador, con esa sonrisa que desarma y una mirada que parece entenderte hasta el alma, entra a trabajar en una librería acogedora, de esas que huelen a papel viejo y café recién hecho. Se llama Joe Goldberg, y a primera vista, es el tipo de chico que llevarías a conocer a tu madre.
Pero bajo esa fachada de lector apasionado y empleado atento, se esconde una obsesión oscura y creciente. Cuando una joven aspirante a escritora llamada Guinevere Beck entra en su vida, Joe no solo se enamora, sino que se convence de que ella es su alma gemela, la pieza que falta en su rompecabezas.
Lo que sigue no es una comedia romántica, sino un descenso escalofriante a la mente de un acosador. Joe utiliza las redes sociales y cualquier información a su alcance para insertarse en la vida de Beck, eliminando silenciosamente cualquier obstáculo que se interponga en su "destino" juntos.
La película, contada en gran parte desde la perspectiva de Joe, te mete bajo su piel de una manera incómoda y fascinante. Escuchas sus justificaciones, sus inseguridades disfrazadas de amor, y casi llegas a entender su retorcida lógica. Digo "casi", porque en el fondo, una punzada de horror te recuerda la fragilidad de la intimidad y lo fácil que es cruzar la línea invisible que separa el afecto de la obsesión.
No hay efectos especiales grandiosos ni persecuciones espectaculares. El terror reside en la cotidianidad de los actos de Joe, en la manera en que utiliza la tecnología y la confianza de los demás para tejer su red de control. Es un espejo oscuro de nuestra sociedad hiperconectada, donde la información personal es moneda corriente y la línea entre compartir y exponerse se difumina constantemente.
La actuación de Penn Badgley como Joe es sencillamente magnética. Logra que sientas una extraña mezcla de simpatía y repulsión hacia su personaje, un logro nada fácil. Elizabeth Lail como Beck transmite la vulnerabilidad y el anhelo de una joven buscando su lugar en el mundo, lo que hace que su destino sea aún más perturbador.
"You" no es una película para pasar un rato divertido y olvidarla al salir del cine. Se queda contigo, te hace cuestionar las intenciones de quienes te rodean y te recuerda que las apariencias, a menudo, engañan. Es un cuento oscuro y muy humano sobre la soledad, el deseo y la aterradora facilidad con la que la obsesión puede disfrazarse de amor.
Mi valoración: ⭐⭐⭐⭐ (Cuatro estrellas bien merecidas por su inquietante exploración de la psique humana y su inteligente crítica social).
Imagina esta escena: un joven encantador, con esa sonrisa que desarma y una mirada que parece entenderte hasta el alma, entra a trabajar en una librería acogedora, de esas que huelen a papel viejo y café recién hecho. Se llama Joe Goldberg, y a primera vista, es el tipo de chico que llevarías a conocer a tu madre.
Pero bajo esa fachada de lector apasionado y empleado atento, se esconde una obsesión oscura y creciente. Cuando una joven aspirante a escritora llamada Guinevere Beck entra en su vida, Joe no solo se enamora, sino que se convence de que ella es su alma gemela, la pieza que falta en su rompecabezas.
Lo que sigue no es una comedia romántica, sino un descenso escalofriante a la mente de un acosador. Joe utiliza las redes sociales y cualquier información a su alcance para insertarse en la vida de Beck, eliminando silenciosamente cualquier obstáculo que se interponga en su "destino" juntos.
La película, contada en gran parte desde la perspectiva de Joe, te mete bajo su piel de una manera incómoda y fascinante. Escuchas sus justificaciones, sus inseguridades disfrazadas de amor, y casi llegas a entender su retorcida lógica. Digo "casi", porque en el fondo, una punzada de horror te recuerda la fragilidad de la intimidad y lo fácil que es cruzar la línea invisible que separa el afecto de la obsesión.
No hay efectos especiales grandiosos ni persecuciones espectaculares. El terror reside en la cotidianidad de los actos de Joe, en la manera en que utiliza la tecnología y la confianza de los demás para tejer su red de control. Es un espejo oscuro de nuestra sociedad hiperconectada, donde la información personal es moneda corriente y la línea entre compartir y exponerse se difumina constantemente.
La actuación de Penn Badgley como Joe es sencillamente magnética. Logra que sientas una extraña mezcla de simpatía y repulsión hacia su personaje, un logro nada fácil. Elizabeth Lail como Beck transmite la vulnerabilidad y el anhelo de una joven buscando su lugar en el mundo, lo que hace que su destino sea aún más perturbador.
"You" no es una película para pasar un rato divertido y olvidarla al salir del cine. Se queda contigo, te hace cuestionar las intenciones de quienes te rodean y te recuerda que las apariencias, a menudo, engañan. Es un cuento oscuro y muy humano sobre la soledad, el deseo y la aterradora facilidad con la que la obsesión puede disfrazarse de amor.
Mi valoración: ⭐⭐⭐⭐ (Cuatro estrellas bien merecidas por su inquietante exploración de la psique humana y su inteligente crítica social).
A
Alma Raquel Alonso Lucena28 de abril de 2025
Alma Raquel Alonso Lucena28 de abril de 2025Una serie compleja que cerró bofeteando a la sociedad, sobre lo mal que ejercemos las relaciones interpersonales. En el entendido que debemos aspirar a tener amores sanos, no románticos.
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Maxi Lopez Rio IV27 de abril de 2025
Maxi Lopez Rio IV27 de abril de 2025Contiene spoilers
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L
Luca Andreani25 de abril de 2025
Luca Andreani25 de abril de 2025Mucha versatilidad y supo cómo mantener el la escénica de la serie
V
Valurak22 de diciembre de 2021
Valurak22 de diciembre de 2021¿Empaticé con un par de asesinos?
Si bien la trama es muy buena, que la repitan de la misma manera en todas las temporadas resulta repetitivo y poco imaginativo. En cuanto a los personajes y las actuaciones debemos destacar a Penn Badgley que definitivamente no nos decepcionó a la hora de intepretar a un psicótico narcisista, ¡pero Victoria Pedretti como Love se roba el show!































