Bibliotecario

Cuento

Ya eran altas horas de la noche. La biblioteca se había quedado casi vacía, salvo por ella. Una joven de apenas dieciocho años leía un libro cuyo tema yo desconocía. Me detuve un largo tiempo a contemplarla sin que se diera cuenta hasta que, para evitar incomodarla, desvié la vista. ¿Qué más podía hacer? Yo era un hombre a las puertas de la vejez y ella, tan solo una muchacha.

Mientras tanto, ella se mantenía absorta en su lectura, ajena a mi presencia. De pronto, me animé; se me ocurrió un plan para que fuera mía. Pero antes debía hablarle. Con el corazón a mil pulsaciones por segundo, me acerqué lentamente. Podía escuchar en mi mente el eco de mis pasos sobre el piso: «uno, dos, tres; unoo, doos, trees...».

—Ho hola, buenas noches —dije tartamudeando. 

—Ah, hola. —Usted es el bibliotecario, ¿no? —me respondió. 

—Sí, mi nombre es Juan. 

—Mucho gusto, Juan. Mi nombre es Sofía —dijo ella con una ligera sonrisa. 

—Disculpe que interrumpa su lectura, jovencita, ¿pero no es ya muy tarde? Son casi las diez de la noche. 

—¿En serio? No me había dado cuenta —respondió riendo—. Disculpe las molestias, se me pasó la hora. 

—No se preocupe. Siempre es grato que los jóvenes sientan tal pasión por las letras. ¿Qué está leyendo? 

—Es un cuento de Poe, El barril de amontillado. Trata sobre un hombre que engaña a su amigo para llevarlo a unas catacumbas y, una vez allí, lo sepulta vivo. 

—Vaya, es una historia muy oscura para alguien tan joven, ¿no cree? —pregunté sorprendido. 

—Sí, lo sé. Pero me encantan el misterio y el terror, en especial las obras de Poe. 

—Bueno, en ese caso, me gustaría invitarla a conocer mi colección especial. Tengo libros personales que creo que le pondrán los pelos de punta. 

—Eso me encantaría —afirmó ella. 

—Estupendo. Acompáñeme, por favor.

Ella se levantó entusiasmada y me siguió. La guié hacia una puerta situada a pocos pasos de su mesa. Al abrirla, le indiqué que dentro de esa pequeña sala se encontraba mi tesoro privado. Sofía entró rápidamente, sonriendo. Me apresuré a cerrar la puerta tras de nosotros y fui tras ella.

Nunca más se supo de Sofía. Solo yo sé lo que ocurrió aquella noche.

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S
Stephano A. Villalobos13 de marzo de 2026
ejercicio de escritura creativa número 4

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