L'Objet Trouvé
Cuento
Eran apenas las 10:30 de la mañana cuando L'Objet Trouvé abrió sus puertas. Los visitantes, entusiasmados, no se hicieron esperar y entraron en manada al museo de arte moderno.
La colección era inmensa. En una de las instalaciones, un artista quemaba con un encendedor una hoja de papel en blanco, hasta que el fuego la consumía por completo. Según él, representaba el transcurrir de la vida y cómo el tiempo la extingue lentamente.
Asimismo, se podían encontrar otras obras artísticas como una diminuta taza de té hecha de porcelana, en cuyo interior estaba colocado un tapón de lavado color negro. Detrás de una vieja mesa de madera, pegada en una pared blanca, estaba pegada la fotografía de la mesa y una ficha de papel con la definición escrita de la palabra 'mesa'. En otro espacio de la colección, un globo azul, titulado "Aliento de artista", flotaba en el aire. Por otra parte, se apreciaba un retrete blanco, el cual había sido arrancado de su sitio de origen (un sanitario) para ser expuesto.
Y, por último, al fondo del museo, se hallaba una tétrica pieza de arte. Un martillo lleno de sangre se encontraba colocado sobre el piso. Nadie sabía quién era el artista, ni el nombre de su creación. Los espectadores se amontonaron a su alrededor para contemplarla, con la intención de extraer, después de un minucioso análisis, los más profundos significados de aquella majestuosa obra maestra.
En la estación de policía, un agente vio un video del acontecimiento en internet y alertó de inmediato a sus superiores. Los oficiales se dirigieron lo más rápido que pudieron al museo para investigar de dónde provenía la sangre, a quién habrían asesinado y por qué habían dejado el arma homicida allí.




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