Clichés, cursilería y fan service: la lamentable mediocridad del MCU en Spider Man Bran New Day
Reseñas generalesPor un instante tuve la esperanza de que Spider Man Brand New Day de Destin Daniel Cretton fuera una película entretenida que, sin tener que ser excepcional, entregará acción y aventura, mezclada con algo de esa ciencia ficción absolutamente ridícula pero visualmente atractiva. Sin embargo, el producto final, al igual que todas las entregas de Marvel en la actualidad, y, para ser honestos, desde hace muchos años, es una película mediocre que sobrevive de comedia burda, una relación parasocial de muchos fans con la pareja principal, fan service, y la constante introducción de personajes del resto del llamado Marvel Cinematic Universe, una serie de películas que se niegan a dejar morir su forzada trama y que sigue encorsetando y obligando a sus directores a sacrificar todo indicio de creatividad y originalidad en aras de mantener una estética y narrativa que ya no da más de sí.
Y no es por falta de talento. El director tiene una buena trayectoria en cine independiente y ya ha dirigido obras de este universo: la ignorada Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos que cometió el pecado de querer proponer aunque sea un ápice de autenticidad, por ejemplo. Los actores no son mediocres. Tom Holland si bien no es destacado, ha demostrado tener carisma; Zendaya es sin lugar a dudas una gran actriz, con rango e Intensidad; Jacob Batalon es carismático y dulce; y Sadie Sink está en un papel que ya conoce de joven atormentada. Y que decir de los actores secundarios: Florence Pugh es de las mejores actrices de nuestra era; Mark Ruffalo es excelente con su trayectoria entre lo comercial es independiente y con su fabuloso compromiso con señalar el criminal genocidio de Israel contra los palestinos, razón por la cual se le expulsó de la gira de presentación de la película; y Jon Bernthal retoma su destacado Punisher para convertirlo en uno más de los tipos duros de Marvel convertidos en punch line de chistes sin gracia. Pero su crimen más grande es, como suele hacer el MCU después de sus entregas clásicas, ignorar a sus villanos más interesantes, en este caso el Scorpio de Michael Mando y el Tombstone de Marvin Jones III, para meter su ya cancina cantaleta de doble moral de departamentos estilo la CIA, a los cuales no pueden condenar del todo, porque al final el MCU es simplemente una máquina de propaganda policial que expone a estás dependencias como un mal necesario que solo necesitan a gente bien intencionada a la cabeza y que idolatra la supervisión masiva a partir de cámaras con alcance global y bases de datos interminables, lo cual fue la nefasta aportación de la intromisión de Iron Man en la trama del héroe arácnido.

Con una dupla de escritores, Chris McKenna y Erik Sommers, que han formado parte de toda la saga, la congruencia de la historia y la profundidad de los temas son no solo inexistentes, sino parecieran querer huir de ellos. No existe un solo instante emocional de la película que se mantenga por más de cinco minutos para ser roto abruptamente por un chiste. No hay ninguna confrontación del héroe principal que no sea resuelto por la tradicional estrategia de “recuérdame, soy yo”, estrategia que fue utilizada al menos tres veces a lo largo de la película. No hay ningún elemento narrativo que pueda ser construido a partir de creatividad audiovisual, todo tiene que ser evidente, aún cuando sean temas tratados una y otra vez a lo largo de la saga, para lo cual llenan al menos unos 20 minutos de su duración a flashbacks y diálogos auto referenciales que no mueven la trama en ningún sentido, pero cumplen para darle al público algo sencillo, reconocible, pero intrascendente.

Al igual que la también sobrevalorada Thunderbolts de Jake Schreier, y a la cual ya he reseñado en este este artículo, Spider Man parece tener una fobia a permitir que sus personajes sean autónomos y tengan personalidad. Todos son unidimensionales, basados en un solo elemento destacado que estiran y estiran para llenar la sorprendente cantidad de 150 minutos. Y no solo eso, sino que la resolución del conflicto principal de esta película es exactamente la misma que se utilizó en esa primera entrega de los llamados nuevos vengadores. No hay un destello de originalidad en esta nueva entrega.
Y parece también tener una fobia al conflicto, ya que ningún elemento de tensión se mantiene a lo largo de la historia. Todo conflicto se resuelve en una o dos escenas, y siempre rematando en un chiste. Los conflictos, además de ser forzados y no aparecer de manera orgánica, no se trabajan ni exploran, sino que avanzan inevitablemente hacia la resolución más simple, más inmediata, huyendo de la reflexión como si se tratara de la peste.
Spider Man ya no es el héroe de clase trabajadora, reconocible y carismático pero que aprende con cada nueva aventura y va madurando como persona y como superhéroe, sino un apéndice de todo lo que rodea su forzada inclusión en el Universo Marvel. Pero no es un defecto del personaje. La saga animada cuenta con talentosos directores y guionistas, conectados por Phil Lord, que nos muestran que el cine de super héroes y el arte no están peleados. Incluso la más reciente versión de Spider Noir con un fabuloso Nicolas Cage a la cabeza, aunque en sus últimos capítulos pierde rumbo y da volteretas sobre sí misma para tratar de justificar sus giros de trama, nos entrega una visión fresca, irónicamente al retomar estilos narrativos clásicos y tratarlos con respeto.
Para cerrar esta reseña, quisiera apelar a la importancia de romper con esta forma de creación cinematográfica que parece más una combinación entre línea de ensamblaje de fábrica de autos de los años 30, mezclada con la inmediatez y ausencia de humanidad de la era de la IA. Los universos cinematográficos funcionaron mientras en su fondo había la posibilidad de que sus directores pudieran atreverse y proponer, tener identidad, hacerse escuchar a través de sus películas. Así lo han hecho Sam Raimi, Jon Favreau, James Gunn, Ryan Coogler, e incluso lo hicieron en sus inicios los hermanos Anthony Russo y Joe Russo junto al ahora desprestigiado Joss Whedon, pero todos ellos han pasado por las presiones de los estudios por forzarlos a alinearse a la fórmula, o se han vuelto parte del problema.

Una película basada en cómics debería de justificarse por sí misma, por su propuesta y calidad, y no por la cantidad de referencias y cameos. El cine es mucho más que eso, y espero que pronto podamos volver a tener películas de ese tipo.



























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