El amor sin despedidas

Reseñas generales

Desde los comienzos del cine, los directores han gravitado a hablar del amor y de las relaciones. Se han planteado diferentes historias donde dos personajes se unen debido o a pesar de sus características, donde una chispa nace y donde el amor brota. Incluso en la época del cine mudo y la comedia hay un corazón que radica en un beso o en la conexión entre dos personajes, como en Seven Chances o Sherlock Jr. de Buster Keaton.

Dentro de todas estas historias de amor también se abarca lo que, lastimosamente, ocurre en nuestra realidad: no siempre el amor prevalece. Las circunstancias se cruzan en el camino y las relaciones que vemos en pantalla no siempre son las que florecen. En Casablanca vemos cómo los personajes deben separarse al final. En Before Sunrise, los protagonistas solo tienen unas pocas horas para compartir antes de tener que irse cada uno por su lado. En La La Land, Mia y Sebastian crecen, pero lo hacen por su propio camino. En Call Me by Your Name, Elio se separa de Oliver.

Pero los desencuentros amorosos más amargos son aquellos donde la despedida no es posible, donde vemos cómo crece la conexión pero nunca tienen un fin prometedor. En algunos casos, como en Los paraguas de Cherburgo, la despedida que se da no es la del amor. En el caso de la película, las circunstancias se cruzan en medio de ellos cuando Guy debe partir al ejército, dándose una despedida bajo la promesa de un reencuentro futuro. Sin embargo, durante esos dos años la vida sigue entrometiéndose y los separa sin una despedida real.

Un caso aún más doloroso es el de la despedida que nunca se puede dar, aún más cuando la vida y las circunstancias se entrometieron desde el principio. Cuando el amor creció, la tensión creció, pero nunca pudo manifestarse como se quiso. Tal es el caso de In the Mood for Love y Brief Encounter, donde la conexión nace, pero la vida se atraviesa, imposibilitando que se concrete y que se despidan. Donde la única despedida que queda es un toque en un hombro o un recuerdo al ver la última colilla.

Y es que las despedidas así son las que más duelen. De pronto por eso es que Orfeo se giró para ver a Eurídice, porque si algo duele más que no volver a ver al que amas, es no poder despedirse. Por eso, en Retrato de una mujer en llamas, se interpreta ese mito como un pedido de despedida, y por eso se repite al final, cuando toda la despedida que queda es una mirada.

Todas estas son historias maravillosas que, aunque rompen el corazón, también generan el deseo de la conexión. Por cómo plantean el crecimiento de la tensión, del amor, de los sentimientos y ese segundo infinito en el que se ama a otro. El cine termina siendo una condensación del alma, un lugar donde todo lo que sentimos cabe en unas pocas miradas. Y por favor denle una mirada a estás películas por que a pesar del dolor, quedaran “con ganas de amar”.

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