Wake Up Dead Man: El Milagro de Rian Johnson

Reseñas generales

Dios te salve, Rian Johnson, 
lleno eres de gracia;
Hollywood (o Netflix en este caso) es contigo.
Bendito Tú eres 
entre todos los cineastas,
y bendito es el fruto de tu visión, Rian. 
Santo algoritmo, Padre del azar,
ruega por nosotros, pecadores del scrolling,
ahora y en la hora de nuestro aburrimiento. Amén

 

Danos el cine nuestro cada dos, tres…o cuatro años quizá, cuando tú lo desees. Perdona nuestra ofensas, Rian Johnson, porque no te hemos valorado lo suficiente. Como también nosotros perdonamos a los que te siguen odiando por The Last Jedi. Si tu decisión de seguir construyendo misterios a lo ‘Knives Out’, sacudiendo el maravilloso mundillo del whodunnit con algunos de los mejores puzzles cinematográficos de las últimas décadas, recibiremos todas tus bendiciones. No nos dejes caer en la tentación de repetir ciertos patrones de conducta cinéfilos, y líbranos del mal de rompernos las retinas con policiales genéricos.

Nuevamente: Amén.

Si leyeron ciertos artículos míos como este de ‘Heretic’, o quizás este más “reciente” de ‘Conclave’, sabrán que no creo en Dios o cualquier otra figura religiosa. Me crie en el seno de una familia que asistía a los bautismos de otros familiares por mero compromiso, por mi parte nunca fui bautizado y cuando tenía quince años mi viejo intentó convencerme para que haga la “comunión”. “No”, fue lo único que dije. Así de seco. Paradójicamente decidí varios años después que mi única religión sería el cine, y aquí estamos.

Dentro de la visión criminal precisamente calibrada de la mente detrás de las infravaloradas ‘Looper’ y ‘The Brothers Bloom’, entre algunos pocos títulos en su filmografía, Johnson nos introdujo hace seis años en el corazón roto de una familia moralmente corrupta que se movía solo por el color del dinero, los roles de poder dentro de aquel asqueroso círculo que los rodeaba y por las ansías de devorar espiritualmente al de al lado. Seis años después y con una secuela intermedia ejecutada a medias tintas, Netflix le dio nuevamente todo a su alcance al cineasta nacido en Silver Spring para que se (y nos) deleite con un nuevo puzzle de su autoría.

Cortesía de © 2005 Focus Features

Rodeado de un verde, solitario y contrastado suburbio que lo invitaban al misterio ya desde pequeño, hace veinte años Johnson se inspiró en las pequeñas y retorcidas historias de su adolescencia, consolidándose rápidamente como una majestuosa voz dentro del circuito indie con ‘Brick’, un intensísimo y original coming-of-age que ya nos mostraba una posible versión millenial del enorme Benoit Blanc interpretada por el gran Joseph Gordon-Levitt. Una historia de complots, traiciones y rechazos adolescentes ambientado en la era pre redes sociales en donde el filo de un cuchillo no se medía con la cantidad de likes o el hate de los comentarios, sino más bien con pequeñas conspiraciones de niños queriendo ser adultos en una temprana edad, creyéndose lords o reyes del asfalto antes de siquiera saber lo que era la vida. Aquel Brendan que mira con curiosidad el cuerpo de su ex novia fallecida, no se retuerce ante el dolor, prefiere hacer de la duda un camino. No posee la verborragia de Daniel Craig, ¡pero madre mía que se muere de ganas de serlo!

Nota adicional: Nótese la campanada en el minuto 1:06 de este clip de Brick, ¿un llamado al acercamiento religioso de Wake Up Dead Man o una simple coincidencia que deberíamos dejar pasar?

‘Wake Up Dead Man’ reinventa la rueda dentro de sus misterios “Knives Out”. El corte modernamente clásico de su primer enigma estrenado en el 2019 estableció una fascinante y refrescante mirada policial que mezclaba lo mejor del cine gótico con lo estilizado del neo noir, pero que nunca corre a un costado temas actuales, y que irónicamente a la vez, son temas de antaño en la sociedad norteamericana: el racismo, el egocentrismo, la codicia extrema, las conflictuadas miradas políticas, y un sinfín de núcleos temáticos que chocan dentro de una podrida familia en el solo afán de hacerse con la invaluable herencia del famoso novelista Harlan Thrombley, una suerte de Agatha Christie dentro de un relato…a lo Agatha Christie. Genialidad.

Benoit Blanc, que pasó de Massachussets a Grecia sin escalas, ahora se refugia en los confines de un pequeño pueblo llamado Chimney Rock en donde no son los amigos ni la familia quienes se traicionan, sino algunos miembros de una pequeña comunidad pro católica. Johnson encontró el nicho perfecto para desmenuzar, una vez más pero ahora con el borde del cuchillo más afilado que nunca, la oscura naturaleza del ser humano. Las pistas están desde el inicio, ahí, plantadas como si un misterioso jardinero se dispusiera a darnos una sorpresa a fin de año con revelaciones que nunca hubiéramos imaginado. Una extraña planta florece y nos cautiva con su presencia, así como los (a esta altura clásicos) giros en los misterios de Knives Out nos cachetean en el rostro y sin previo aviso.

Cortesía de Netflix - © 2025 Netflix, Inc.

El seteo, o el despliegue configurativo como para ponernos a tono con la hipnotizante sarasa de Blanc, es, en esencia y vistosamente, el mismo de las dos entregas anteriores: una muerte sacude patas para arriba a un grupo de personajes moralmente desordenados, la idea de la propiedad privada como símbolo de poder absoluto (en la primera era la mansión de Thrombley, en la segunda la adornada isla del irritante millonario Miles Bron adornada de un material que -aparentemente- cambiaría para siempre el curso de la economía mundial y en la tercera es la Iglesia Nuestra Señora de la Fortaleza Perpetua) remarca la crítica social que prima en la narrativa de estos misterios, y la revelación final de Benoit aqueja cualquier posibilidad de escape en el rostro de los sospechosos, que ahora deben sentir el regocijo del elegante detective en la labia de su resolución final. Hercules Poirot se retuerce imaginariamente al ver que su excéntrico bigote no sirve de nada… yVoilà. Jaque Mate.  

Pero he aquí el giro, ya que el bueno de Johnson no podría, ni siquiera podría pensar en permitirse, dejar las cosas tan al azar. Él es el misterio, el portador de su propia verdad, un amante de lo (in)explicable que ahora encontró en la docta imponderable del Monseñor Wicks, concebido en carne y hueso por un (nunca mejor dicho) endiablado Josh Brolin, el escupitajo final en su saga. Ese que dispara la verdad a unos ingenuos fieles seguidores que no se animan a abrazarla, que miran de reojo, y con una perversa felicidad, al otro entumeciéndose de dolor, una verdad que retuerce el conflicto para que Blanc se vea a sí mismo acorralado y se de por vencido por primera vez en su vida profesional, desarmado ante un drama mediático lleno de idas y vueltas como nunca antes lo había experimentado.

Cortesía de John Wilson/Netflix - © 2025 Netflix, Inc.

Estamos en la entrada de un laberinto en donde cada atajo que creemos seguro nos lleva a varias salidas. Atrapados en un bucle en el que la respuesta a la pregunta final solo puede salir de aquella persona que vivió lo suficiente dentro del conflicto que aflige a la comunidad como para tener sus razones, lógicas o no, de deshacerse, de una vez por todas, del mal que azota con firmeza a sus creencias. Un Monseñor murió en un Viernes de Pascua, murió ante la vista de todos aquellos que él odiaba, murió casi como invitándolos a que presenciaran aquello que tanto pregonaban en silencio y callaban en conjunto.

La presencia fresca del Padre Jud (Josh O'Connor) se sirve en el plato como la excusa perfecta, todos deberán comer de él hasta que no quede carne ni hueso en su cuerpo, se lo coloca en el ojo de la tormenta pero no saben que la tormenta los arrastrará a ellos también. Blanc, junto a una inquebrantable fe en su instinto, caminará pecaminosamente en la vereda de enfrente de sus arraigados valores. Es un nuevo desafío, una religión propia. La de Rian Johnson, amo y señor del misterio. Alabado seas. Amén.



POR JERÓNIMO CASCO

Publicado el 4 de ENERO del 2026 | 02.21 AM | UTC-GMT -3

 


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Comentarios 3

U
Un Alien28 de enero de 2026
Mortal como hiciste un paralelismo entre tu vida y la película. Wake up es eso... hipocresía, paranoia, ambición y todos los pecados habidos y por haber de aquellos que, se supone, tienen un "rebaño" a cargo.</br></br>Nunca mejor dicho. La religión es el opio de los pueblos.
A
Ale Rampoldi6 de enero de 2026
Como fan de Star Wars no le perdono lo que hizo con The Last Jedi, pero debe ser la única película de el que no me gusta. Es una puestista de la ostia
E
Esteban Valladares Arce5 de enero de 2026
Ese es parte del encanto que veo en estas películas. Les tengo un gran aprecio porque la primera de todas fue la que despertó mi interés por el cine. Entre varios temas similares, encuentran diversidad y frescura con cada nuevo enfoque. También creo que en esta entrega el cuchillo es más afilado porque los nexos transicionan a objetivos más allá de lo material. Es bizarro (hasta aterrador) cómo la idea de un propósito de vida afecta las dimensiones en la vida de una persona, sea o no creyente. Posdata, la descripción sobre la coestrella Josh O'Connor y su personaje dan justo en el clavo. Entre todos los acompañantes de buen corazón, ha sido el más carcomido, atormentado.. y al mismo tiempo inexorable. Me encantó el artículo.

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