Mis 7 pecados capitales en Películas

Reseñas generales

Para terminar el año, tenía en mente escribir algunos artículos más. Sin embargo, fue un mes bastante difícil y todavía hay cosas que no terminé de procesar. A veces pasa, la cabeza va más lento que las ganas.

Así que antes del 25 decidí hacer este artículo, uno que me pareció divertido, distinto y, sobre todo, necesario para despejar un poco la mente.

¿Alguna vez te imaginaste confesarte, pero a través de películas? ¿No? Bueno, algo así es lo que vengo a hacer. No soy una persona especialmente creyente, pero hace poco vi a varias personas jugando con esta idea en videos y pensé ¿por qué no llevarlo al cine y convertirlo en un artículo?

Así nacen mis siete pecados capitales, versión películas.

Porque nadie es realmente equilibrado cuando se trata de cine. El cine nos atraviesa, nos expone y muchas veces nos enfrenta a emociones que no sabíamos que estaban ahí. Nos muestra deseos, obsesiones, culpas, excesos… sentimientos encontrados que preferimos no admitir, pero que aparecen cada vez que una película nos pega más fuerte de lo esperado.

Este artículo no busca ser moral ni correcto. Es simplemente una confesión cinéfila.

 

  • Ira

Hay películas que no solo no me gustaron, me generaron rechazo. No hubo conexión emocional, no hubo empatía, no hubo siquiera curiosidad por lo que estaban contando. Y eso, para mí, es imperdonable en el cine. Porque incluso una película mala puede provocar algo, y estas, en cambio, me dejaron con bronca:

Visualmente es llamativa, incluso provocadora, pero para mí se queda ahí. Sentí que detrás de toda esa estética extravagante hay una historia que no termina de profundizar en lo que promete. Todo se siente excesivo, forzado, como si la forma se comiera al fondo. No conecté con sus personajes ni con su discurso, y la experiencia terminó siendo más incómoda que interesante.

Acá la ira es directa. Una película que romantiza vínculos tóxicos bajo la excusa del erotismo, sin cuestionarlos ni problematizarlos. Lejos de ser provocadora, se siente vacía y superficial, con personajes planos y una narrativa que nunca se anima a ir más allá. No me generó deseo, ni tensión, ni emoción, solo aburrimiento y rechazo.

Tal vez esta sea la más polémica de la lista. Reconozco su intención y su atmósfera, pero no logré conectar en ningún momento. El impacto parece depender únicamente del shock, sin un desarrollo emocional que sostenga el horror. El terror, para mí, no es solo incomodidad visual, necesita construir algo más profundo, y acá sentí que eso no pasó.

Este es un caso distinto, pero igual de fuerte. Más allá de su estatus de culto, no puedo separar la experiencia cinematográfica de su violencia gratuita y su ética cuestionable. No me provocó reflexión ni horror genuino, sino rechazo. Hay límites que, cuando se cruzan sin un propósito claro, dejan de ser cine y se convierten en explotación.

 

  • Envidia

No es envidia hacia otros personajes, es envidia hacia los mundos que habitan. Esas películas que te hacen pensar “yo quiero estar ahí”, vivir en esa época, usar esa ropa, correr esos riesgos o simplemente existir dentro de esa historia, aunque no sea perfecta.

Acá la envidia es total. Un universo donde la realidad puede pausarse y reinventarse, donde la imaginación no tiene límites y la identidad puede ser lo que vos quieras. Más allá del caos del mundo real, el OASIS representa una vía de escape que resulta irresistible. ¿Quién no querría perderse ahí, aunque sea por un rato?

Idealiza una época que ya de por sí tiene magia. La música, los vínculos, la estética y esa sensación de juventud eterna hacen que todo parezca más simple, más intenso y más vivo. Vivir en Grease es vivir en un mundo donde los problemas se cantan, se bailan y siempre terminan con un final luminoso.

Sí, es una película floja, y no intenta disimularlo. Pero la época, la aventura y esa mezcla absurda entre romance clásico y acción zombie la vuelven irresistible como fantasía. Vestidos largos, protocolos sociales rígidos… y muertos vivientes. Es ridículo, pero justamente ahí está su encanto. Yo también envidio ese universo.

La envidia acá no es solo por viajar en el tiempo, sino por la posibilidad de corregir, explorar y jugar con la historia. Vivir en un mundo donde el pasado y el futuro son accesibles, donde una decisión puede cambiarlo todo, es una fantasía eterna. Además, tiene ese espíritu de aventura pura que nunca envejece.

Estas películas despiertan envidia porque ofrecen realidades alternativas donde todo parece más emocionante, más libre o simplemente más divertido. Y aunque sepamos que no son reales, una parte nuestra siempre quiere quedarse ahí.

 

  • Orgullo

Orgullo de haber llegado a estas películas, de haberlas visto en el momento justo y de sentir que forman parte de mi ADN cinéfilo. Son esas obras que no solo consumo, sino que defiendo. Las miro y digo, sí, este es el cine que me representa.

(todas, incluso las menos queridas)

Star Wars es mucho más que una saga: es una experiencia generacional. Tiene películas mejores que otras, claro, pero incluso las más criticadas aportan algo al universo. Personajes, mundos, conflictos morales, mitología. Crecí con ellas y, de alguna forma, me enseñaron a amar las historias largas, épicas y emocionales.

Una película que es directamente parte del inconsciente colectivo argentino. Cada escena es incómoda, hilarante y dolorosamente real. Lo brillante es que se disfraza de comedia, pero en el fondo es un retrato cruel de la familia, la hipocresía y la miseria humana. No pasa el tiempo por ella, pasa con ella.

Intensa, pasional y rebelde. Tango feroz no busca ser prolija, busca sentirse viva. Tiene una energía cruda que conecta con el deseo de romper estructuras, de vivir con fuego. Es una película que marcó época y que todavía se sostiene por su fuerza emocional y su identidad.

Tarantino debutando sin pedir permiso. Diálogos afilados, tensión constante y una violencia que no necesita mostrarse todo el tiempo para incomodar. Es cine que confía en el espectador, que no explica de más y que demuestra que con una buena idea y personajes fuertes se puede hacer algo enorme.

 

  • Pereza

Sí, lo admito, hay películas que sé que debería ver… pero la sola idea me cansa. No es odio, no es desprecio es pura y simple pereza cinematográfica.

Respeto absoluto por la obra, el mundo y la influencia que tuvo en el cine. Pero tres horas por película, extensiones, versiones extendidas y un compromiso emocional enorme… algún día será, hoy no.

Un clásico indiscutible, lo sé. Historia, actuaciones, legado. Pero siempre la pateo para después. No porque dude de su calidad, sino porque siento que tengo que sentarme muy preparada para verla como se merece porque siento que me va a dar mucha pereza verla.

Sé que es fuerte, cruda y necesaria. Justamente por eso la vengo esquivando. Hay películas que no dan pereza por duración, sino por el golpe emocional que sabés que te van a dar.

Actuaciones increíbles, diálogos realistas y drama puro. Pero es de esas películas que sabés que te van a dejar sensible, removida y pensativa… y a veces simplemente no estás para eso.

 

  • Avaricia

Porque no me conformé con verlas: quise todo. La historia, los detalles, el libro, la película… y aún así sentí que necesitaba más.

La atmósfera es hipnótica tanto en el libro como en la película, pero el final… no. No me cerró, no me convenció y me dejó ese sabor raro de “todo este viaje para esto”. Igual, no me arrepiento de haberlo leído y visto.

Este fue un compromiso serio. Un libro enorme, denso, incómodo por momentos, que me llevó un año terminar. La película funciona, pero el libro es otro nivel: más oscuro, más perturbador, más agotador. Avaricia total: sufrí, pero lo quería completo.

Acá me volví loca. El libro te atrapa, te acelera, no te suelta, y la película acompañó muy bien ese ritmo. Salí flipando con ambos, sintiendo que había entrado en una conspiración gigante.

Una historia poderosa en cualquier formato. El libro y la película se complementan, y ambos te dejan esa mezcla de intriga, dolor y obsesión que no se va fácil. De esas historias que justifican totalmente la avaricia.

 

  • Gula

Películas que devoro sin culpa. Las miro, las repito, las vuelvo a mirar y nunca me empachan. Siempre entran bien, como comida reconfortante para el alma.

Liviana, divertida y caótica en el mejor sentido. Es de esas películas que ponés “un ratito” y terminás viéndola entera otra vez. Ideal para apagar la cabeza y reírse sin pensar demasiado.

Tarantino en estado puro. Diálogos que se saborean, tensión que se mastica lento y escenas que dan placer cinematográfico. Cada vez que la veo encuentro algo nuevo. Es gula fina. De las mejores, la vería mil veces y aún así no me cansaría.

Es perfecta, sí. No exagerás. Romance, tiempo, vida, pérdidas y pequeños momentos que te rompen y te abrazan al mismo tiempo. La veo siempre con la misma emoción, como si fuera la primera vez.

Pura nostalgia y corazón. Divertida, emotiva y con alma argentina. Es imposible cansarse, cada revisión es volver un poco a la infancia.

 

  • Lujuria

Este es, sin dudas, el pecado menos intelectual y el más sincero de todos. Acá no hay análisis profundo, ni simbolismos ocultos, ni reflexiones existenciales. Estas películas las vi porque me sentí atraída por quienes las protagonizan, así de simple. A veces el cine también entra por el deseo, por la mirada, por esa presencia que te mantiene enganchada a la pantalla aunque sepas que, si esa persona no estuviera ahí, probablemente nunca le hubieras dado play.

 Damson Idris: es simplemente hot. Tiene esa presencia que te atrapa sin esfuerzo, y aunque la película tenga sus cosas, yo estaba ahí por él y no me arrepiento en absoluto.

 Caleb Landry Jones: el amor de mi vida cinematográfico. Incomoda, perturba, pero no podés dejar de mirarlo. Tiene una intensidad que me desarma y que convierte cualquier escena en algo hipnótico.

Anya Taylor-Joy: la amo. No solo por su belleza, sino por esa mezcla de fragilidad y control absoluto que transmite. Cada plano parece pensado para que no puedas apartar la mirada.

El Chino Darín: el hombre de mis sueños, sin vueltas ni justificación. Su carisma, su mirada y esa energía peligrosa hacen que la película funcione también desde el deseo.

La lujuria en el cine existe, y negar eso sería mentirse. A veces no buscamos una gran historia, sino sentir algo inmediato, visceral, y estas películas cumplieron exactamente con eso.

 

Estos son mis pecados capitales en versión cine, sin culpa ni arrepentimiento. Porque el cine se vive con emociones, gustos personales y contradicciones. A veces amamos, a veces odiamos, a veces repetimos sin parar… y todo eso también es parte de ser cinéfilos.

Estos son mis pecados, y la verdad, no pienso redimirme. 🎬✨

Comentarios 2

J
Jeroo Casco18 de diciembre de 2025
Me encantó la propuesta Leila! Coincido plenamente con Perfume, en mi opinión muy infravalorada y que es retorcidamente cautivante desde todos los aspectos. Sirve como estudio de personaje, como exploración psicológica, ¡hasta como slasher de época! Una locura. Y lo de ESDLA no te la perdono, ver las versiones extendidas es obligatorio! jajajaja joda joda
M
marisoledad17 de diciembre de 2025
Aunque no estoy de acuerdo con todas las películas que pusiste bajo cada pecado (¿y por qué debería estarlo? al final es una lista personal jajaja), ¡me encanta este concepto! Fue una lectura muy divertida y una estructura súper creativa. Muchas gracias por compartirlo, porque me dio ganas de hacer mi propia lista.

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