Morir en Soledad

Reseñas generales

Corría el mes de enero del 2022, me encontraba en los últimos días de vacaciones, para reincorporarme a la habitual rutina diaria de la oficina, sin embargo, ese jueves decidí asistir a la oficina para adelantar una gestión de pago, que por lo general se le acredita a todo el personal cuando regresan de unas merecidas vacaciones.

Salí muy temprano de casa de mis padres, aproximadamente a las 08:30 a.m., no desayuné para ganar tiempo y me llevé el almuerzo que mi abnegada madre me había preparado previamente, con su acostumbrada dedicación e intención de facilitarme las cosas al llegar a mi casa y que yo no tuviera que llegar a cocinar.

Tomé transporte público rumbo a la oficina, a la cual llegué pasadas las 09:25 a.m. aproximadamente, e inicié de inmediato a efectuar las actividades previstas para el registro y procesamiento del pago de la nómina especial. Ya cercano al mediodía, se presentó en mi oficina, el Sr. Angel Delgado, quien hace funciones de mantenimiento y celador de la empresa; no resulta extraño su presencia en la empresa, ya que además de prestar servicio en la empresa, tiene una habitación bien equipada, con los enseres necesarios para su autogestión interna dentro de las instalaciones; me llevó un café con leche para que lo tomará antes de retirarse de la empresa. Él había notado mi presencia en la oficina, a través de las cámaras de seguridad, ya que como mencioné anteriormente, hace vida en la empresa y como valor agregado, se encarga de la seguridad de la misma, es una simbiosis, él cuida de la empresa en temporadas en la que no hay personal por estar de vacaciones y la empresa, lo ayuda proporcionándole un lugar donde vivir.

Degusté del café con leche rápidamente, ya que iniciaría el recorrido a casa en donde tenía pensado pasar el fin de semana, descansando y disfrutando de la comodidad y tranquilidad que me ofrecía mi hogar, ya que vivo solo, así que me despedí del Sr. Angel y me fui de la oficina, sin saber que a partir de ese momento iniciaría mi historia de terror de la que aún tengo que admitir que me siento vulnerable.

Tomé el transporte público a casa a las 12:50 p.m., el cual recorre una distancia de 43 Kilómetros, por lo que en tiempo aproximado para llegar a casa eran de unos 38 minutos, y durante este traslado, suelo dormir en el asiento hasta llegar a mi destino, solo que en esta ocasión no pude hacerlo, ya que sentía algo extraño en la garganta que de algún modo me impedía respirar de manera normal, pero hasta ese momento se sentía muy leve, aunque continuo y progresivo.  Se lo atribuía a que no había comido nada desde la noche anterior, por lo que al llegar a casa, lo primero que hice fue sacar la vianda del almuerzo y la introduje en el microondas para calentarla y comer, pero el primer bocado fue una sensación muy desagradable, ya que me costó mucho poder tragarlo al primer intento, sentía que se me atoraba en la garganta, y pude sentir como se iba deslizando poco a poco hasta llegar al nivel interno de mi abdomen.  La sensación fue tan desagradable que no me atreví a ingerir otro bocado, mientras tanto la sensación de ahogamiento continuaba, así como la dificultad para respirar.

Las horas pasaba poco a poco y los síntomas se iban haciendo un poco más y más severos, sentía a ratos que me descompensaba y me mareaba, trataba de mantener la calma, razón por la cual no había acudido a un centro clínico y el querer hacerlo sólo aumentaría mi angustia y tensión, ya que no sabía sobre algún centro clínico cerca, lo cual era paradójico, considerando que estaba en mi casa y contar con esta información no solo era necesaria, sino que ahora resultaba vital, por lo que estaba sintiendo.  Ya entrada la noche, decidí llamar a mis padres por el móvil, con el propósito de obtener a través de sus palabras, algo de calma que me permitiera disminuir mi creciente angustia, pero curiosamente, cuando le dije a mi padre, quien fue el primero en contestar el móvil, lo que estaba sintiendo, se entrecortaba la comunicación y no me entendía, solo me colmaba de bendiciones y se despidía de mi diciéndome que me pasaría a mi madre, con quien tuve una conversación agradable, aunque algo  corta, hasta que le dije lo que estaba sintiendo, nuevamente, mi voz se distorsionó y solo la escuchaba decirme que se escuchaba entrecortado, y al igual que mi padre, hace unos breves minutos, se despidió de mi llenándome de bendiciones, antes de colgar la llamada.

Esta llamada más que lograr calmarme, logró el efecto contrario, ya que la casualidad de que ninguno de mis padres, escuchará específicamente lo que estaba padeciendo físicamente, dio paso a las elucubraciones más insólitas de mi mente y todas ellas negativas.  La desesperación que sentía por la sensación de ahogamiento en la garganta, dificultad para respirar, opresión en el pecho y sibilancias, pesadez en la cabeza y el agotamiento más presente se hacía más intenso con el paso de cada hora.  En la madrugada, el conticinio hacía más audible y sonoro los palpitantes latidos acelerados de mi corazón, lo que hacía que esta experiencia fuera aún más aterradora, porque no sabía en qué momento mi cuerpo colapsaría de una vez. Fue en ese instante que hubo un breve momento de lucidez y sensatez, como abrir la puerta principal y colocar la llave en la cerradura y mantenerme en la sala de manera de que cualquier vecino, pudiera dar avisar en caso de que me encontraran totalmente descompensado y sin sentido en el piso.  Puedo afirmar con toda la certeza, luego de haber vivido esta experiencia, que más allá de la impotencia que sentía en ese momento, lo más aterrador que viví, fue la sensación de agonizar en total soledad, dejando más preguntas que respuestas, más enigmas que certezas, más allá del vacío que mi ausencia física dejaría en mis padres.

Sin darme cuenta ya estaba amaneciendo, supongo que la adrenalina que generaba mi estado de angustia, contrarrestaban todos los demás síntomas que me tenía al borde del colapso durante toda la noche y madrugada. Y así amaneció por fin, por lo que salí de casa y fui caminando hacia el terminal para tomar el transporte que me llevaría al centro de la cuidad, y por ende, más cerca de donde estaban mis padres, sintiendo que podría caer en cualquier momento al borde del camino, en una cuneta o matorral de los muchos que pasé, hasta que llegué al transporte público. Ya en el transporte, solo pude toser, toser y toser, para mantener mi garganta abierta, como medida para sentir que entrada aire a mis pulmones; Podía ver las caras de los pasajeros molestos porque no los dejaba dormir en el trayecto, por mi incesante carraspeo.

Luego de haber transcurrido 40 minutos desde que salió el transporte del terminal, escuché al colector anunciar la parada cerca de un Centro Asistencial, que retumbó como música para mis oídos, por lo que descendí de inmediato a solicitar asistencia médica inmediata y así fue, una doctora se encargó de brindarme calma y realizar su valoración y evaluación médica, diagnosticando una intoxicación  aguda e inyectándome 5cc de Atropina y los síntomas fueron desapareciendo al cabo de los primeros 5 minutos y a los diez, ya no parecía que hubiera padecido de nada.

De la noche de terror que experimenté, solo había quedado una de las sensaciones presentes, que la medicación no podía quitar y que desesperadamente fui a atender rápidamente, así que llegué a casa de mis padres, decidido a abrazarlos y besarlos fuertemente, para terminar con la única sensación existente hasta ese momento….LA SOLEDAD, ellos la curaron de inmediato con el primer abrazo que nos dimos.

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