Peacemaker: ¿a costas de qué?

Reseñas generales

 

"Cada año en los Oscar, todos los comediantes

 son ignorados, y la gente seria se para de su asiento y acepta,

y acepta los premios. 

Es una auténtica tontería, porque la comedia no es fácil”.

AMY POEHLER

 

 

Un hombre llamado Alan Moore, de quien muy probablemente conozcan su comic Watchmen (y posterior exquisita película , años antes de una apreciada serie), se vio interesado en un grupo de personajes que nacieron fuera del oligopolio editorial, entre las hojas de una pequeña editorial llamada Charlton. Entre ellos, había uno que fue creado por Joe Hill y Pat Boyette en 1966. En 1983, DC compra los derechos de aquellos personajes, y seducen el olfato de Moore, quien era uno de los escritores de DC. Él quiere que sean parte de un nuevo proyecto, pero DC le niega la adquisición ya que tenía previsto otro destino para los nuevos superhéroes. Entre 1986 y 1987, Moore edita Watchmen, y sus personajes son rotundas reversiones de los personajes que le supieron negar y fueron adquiridos de la editorial Charlton. 

 

Hay uno que no pareciera haber despertado semejante interés en Moore ya que no tiene tal parecido entre los Watchmen. Aquel héroe del dúo Hill y Boyette, aparece publicado en DC por primera vez en 1988. A lo largo de su existencia, tuvo tres identidades distintas. A nosotros, a ustedes y a mí, en este acuerdo tácito de escritura y lectura contenido por este artículo, nos compete una sola de esas identidades: Christopher Smith. Quizás, lo conozcan como Peacemaker. O quizás no, porque no es tan conocido.

 

 

 

Llámenme exagerado, pero no existe un gran personaje sin una gran contradicción. 

O sin un gran conflicto.

 

Bien. Ahora que capté vuestra atención con el encabezado anterior, pretendo desarrollar lo sentenciado. En principio lo haré con un collage que es resultado de mi propia impresión al ver la serie, y de lo leído acerca de Peacemaker online. Aclaro lo siguiente: no he leído sus comics así que les ruego de aquí en adelante a quienes sí lo hayan hecho, que me perdonen por los errores que probablemente cometa. Mi intención, igualmente, es hablar acerca de la serie de HBO. Christopher Smith es un hombre que usa la fuerza para lograr la paz, utilizando armas no letales. Su obsesión por atacar a quienes representan el mal, y su virulencia para hacerlo aunque se declare un pacifista, viene de un trauma concreto. Un trauma que en un diván, recostado, conmovería y excitaría a un psicoanalista. Smith fue criado por un padre ultra fascista reconocido como el Diablo Blanco, representante de lo más violento de la cultura norteamericana. Y como si fuera poco, en una pelea ilegal organizada por su padre para sus horrendas amistades, Christopher mata de niño a su hermano y único amigo. Su padre, lo culpó desde entonces hasta la actualidad. Pese a hacer un esfuerzo desmesurado por sostener su slogan de pacifista, con el tiempo la brutalidad de Smith se vuelve inevitable. El trauma de su crianza y su infancia, justifica perfectamente su intención de ser pacífico, la violencia que lleva dentro suyo, su fuerza, y los dotes en el arte de la pelea. La ecuación dramatúrgica, es absolutamente perfecta.

 

Esquivar lo obvio y lo primero que le viene a la mente, es una de las tareas de los o las guionistas. La intuición y esa cosa indefinible llamado voz interior o corazón, siempre es un conductor perfecto. Pero en el terreno de lo lógico, hay que tomar las primeras ideas como peligrosos espejismos. La cocción lenta y el trabajo del creativo, llevan a terrenos vírgenes que discuten a los gritos con los aburridos que dicen que todo ya está escrito. Si uno piensa en una persona (personaje) con los conflictos antes mencionados (padre violento, nazi, y habiendo matado a su propio hermano), seguro intuya que aquel personaje está cerca de una vida simplemente oscura y un argumento trágico. Pero si esos elementos se utilizan para hablar acerca de un superhéroe, entonces se vuelven condimentos perfectos para volver a dicho héroe mucho más interesante. Más humano, más desesperado, más imperfecto, y con más atributos con los cuales empatizar como espectador. Y se vuelve doblemente interesante sacar esos conflictos de su lugar lógico, y llevarlos al rincón menos pensado: a la comedia. 

 

 

¿Es verosímil que alguien con tremendos traumas pueda ser un personaje cómico? ¿Qué es y que define un personaje cómico? ¿Está bien dicho personaje cómico? Son muchas preguntas cuyas respuestas probablemente estén desatinadas, sean poco profesionales, y me lleven muchas hojas. Ahora, la respuesta a la primera es sí: además de beneficioso, es verosímil. Alguien con semejantes traumas puede acudir al humor en público y a excesos en su intimidad, como sucede con Christopher Smith (Peacemaker). Y tan bien acompañado por toda la fábrica audiovisual, el germen trágico envuelto en capas vistosas de humor y acción, se vuelve delicioso. No solo justifica la personalidad del protagonista y la trama que habla sobre su persona, sino que amplía el abanico de emociones del relato y lo lleva a algo más parecido a la vida misma. Eso sucede en general con los relatos modernos bien aggiornados al espectador actual, y se ha ajustado afortunadamente con mucho riesgo y criterio incluso en contenidos de ciencia ficción y superhéroes. Las buenas películas o series sobre superhéroes, son recién en última instancia un relato sobre el superpoder y todo aquello que lo aleja al héroe de su propia humanidad. La comedia, tan bastardeada por los premios y el ojo crítico que sella lo prestigioso, es el mejor canal para acercar cualquier relato a su espectador. Marvel lo hizo en su época dorada que hoy día (hace años) sufre su propio ocaso, y DC (luego de una cantidad innombrable de desaciertos) lo está haciendo ahora. Lo que no se puede no mencionar, es que existe en varios de esos contenidos, un mismo responsable: James Gunn.

 

 

Hace no mucho escribí un artículo acerca de la película Superman, quien tiene a Gunn como director. Son muchos los artilugios técnicos que vuelven a Gunn un realizador con un sello personal identificable, y ha sido también el encargado de algunas excelentes películas del universo Marvel. Su tono narrativo es la comedia, y además de disfrutar del poder del gag (de saber ejecutarlo y tener sencillamente el don de saber cómo compartirlo), se sirve siempre de personajes en menor o mayor medida patéticos. Personajes que están ocupando un lugar que no saben como manejar y que no aceptan sus inseguridades. La aventura que sus personajes deben atravesar, es tan solo una excusa para transitar sus miserias y pasar a otro nuevo momento de la vida. El estilo de Gunn para narrar la comedia y la épica, además se sirve de la fuerza del montaje y la música. Sus personajes son melómanos, y así justifica el bellísimo uso de la música para orquestar momentos dramáticos fundamentales, darle entusiasmo a simples transiciones, o arrimar lo emotivo a la comedia. 

 

Hasta ahora, Peacemaker tiene dos temporadas. Sus respectivas presentaciones, son verdaderamente obras de arte que dan ganas de ver una y otra vez. Y a su vez, cada una es fiel al tono narrativo de la temporada a la que pertenecen. ¿A qué se está refiriendo este autor, o sea, yo? Suspenso. 

 

 

 

 

En tiempos de absoluta industrialización y de directores de renombre que bajan la cabeza frente a los directivos de las plataformas, ver a un autor con coraje asomarse entre los bastiones de las fortunas de dinero, es conmovedor. Gunn se ocupa de que luego de una hilarante y adictiva primer temporada, llegue una segunda que despista. Los mismos personajes (en especial, por supuesto, su protagonista) cansados, sin tanta esperanza y con un pasado por resolver, ya no están dispuestos al humor como antes. El relato no abandona su forma cómica, pero juguetea con otros géneros y resultan así, en una sorpresiva tragicomedia agridulce. Esta terminología barata que acabo de utilizar, es mi último intento por buscarle una definición para compartir con ustedes, que en verdad su autor y realizador no deseó definir. Si la primera temporada de Peacemaker es una comedia plena, la segunda, sinceramente, no sé que es. Pero es excelente. La serie en su totalidad, merece ser vista aún pese a algunos ínfimos tropiezos actorales de algunos de los integrantes del elenco. La totalidad, es exquisita. John Cena, el actor que interpreta a Peacemaker, quien en algún momento también fue en su vida luchador profesional (como varios actores de Hollywood), es la elección perfecta para una serie que está muy por encima de la media. 

 

Nótese que no hablé de Suicide Squad, película en la que aparece por primera vez el Peacemaker del dúo Gunn y Cena, y que incluso establece algunos de los asuntos a resolver por el personaje a lo largo de la serie. Digo nótese, para que simplemente lo noten. Los invito a verla porque es también una muy entretenida fiesta de acción al estilo James Gunn, y porque quizás les esclarezca la voluntad y los sentidos acerca de Peacemaker. Pero la respuesta es no. No es necesario verla para disfrutar de la serie de HBO. 

 

Pienso ahora que muchas de mis amistades que se aburren viendo películas de superhéroes, son también quienes son fanáticos de la música de antes porque no están muy a gusto con la actualidad. Piensan que todo lo de antes era mejor. Me doy cuenta ahora, que James Gunn es entonces quien ha venido a conciliar el pasado con el presente, y volver posible que todos los espectadores, incluso los más reticentes, puedan volver a creer en una capa roja flotando en el aire. 

 

Chesi

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios 2

C
Claquete & Controle20 de septiembre de 2025
Qué loco pensar que si DC hubiese dejado a Alan Moore usar a los personajes de Charlton, quizá jamás habríamos tenido ni Watchmen ni esta versión de Peacemaker. Como que todo nace de un “no”, y después alguien más le encontró la vuelta.
J
Jeroo Casco19 de septiembre de 2025
Excelente análisis del pacifista menos pacífico de todos! Voy a arrancar la segunda cuando estén todos los caps subidos, pero mientras tanto, me quedo con este gran texto. Saludos!

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