Superman: un héroe demasiado super
Reseñas generales
Los tiempos han cambiado.
Sí. ¿Es una obviedad absoluta y casi vergonzosa de ser dicha? También. Pero la verdad no debería ofender. Todo cambia, y junto a eso cambia aquello que es romantizado. En relación a las expectativas de la vida de un individuo, en la actualidad, frente a un ritmo frenético de vida, viviendo una realidad evidentemente fracturada, con un acceso a la información que acerca (y vende) mortales peligros que atentan contra nuestra vida, las personas ya no anhelan lo mismo. Ya no sueñan lo mismo. Lo perfecto ya no seduce y, probablemente, aburra.
En relación a las leyendas, a los cuentos, a la ficción, aquello que es excesivamente redondo y prolijo, agota. Los espectadores tenemos tal acceso a películas y series que nos hemos vuelto expertos en “lo audiovisual” aún sin saber del todo de qué estamos hablando cuando hablamos. La opinión pública a través de las redes sociales y distintas plataformas (como lo es ésta) han democratizado el valor del juicio, y probablemente los reviews online de usuarios acerca de los contenidos, valen más que una crítica profesional en un diario de renombre. Poco y nada habrá de conquistar a la totalidad de los espectadores potenciales, pero sí existen tendencias acerca de lo que funciona más o funciona menos.
Y entre tantísimas cosas propias de las ficciones (que seguramente también tengan que ver con la aquello romantizado de la propia realidad), podemos afirmar que ya los héroes no son lo mismo que supieron ser. Si bien voy a establecer una estadística tan real como subjetiva, cuanto más imperfectos sean los superhéroes y más parecidos a nosotros lo sintamos, mejor. Cuanto más podamos identificarnos con sus defectos, mejor. Si sangran, si sufren, si están en peligro, mucho mejor. Este cambio ha acontecido a lo largo de los años, y desconozco en lo absoluto cuándo y cómo comenzó. En la pulseada entre las editoriales Marvel y DC, es la primera quien han triunfado en los últimos años de la historia audiovisual. Marvel comprendió como adaptar su estilo narrativo a las necesidades de un nuevo espectador. Si por esas casualidades de la vida has leído algunos de mis artículos, y si por esas maravillosas coincidencias del destino has leído aquellos que reflexionan sobre otros contenidos de Marvel, te ruego me disculpes por la reiteración y porque al final de esta nota dejaré los links a aquellos artículos relacionados. Marvel comprendió, entre otras cosas, el poder de desolemnizar su contenido, sin descuidar por supuesto el valor del dramatismo en lo épico. Le dieron espacio a una comedia basada en el patetismo de cada héroe, en sus defectos, basando los relatos más en la humanidad (aún de aquellos que no son humanos) que en su perfección. Lamentablemente, en sus últimos contenidos Marvel rompió su preciada brújula al ir detrás de la hipercorreción política, de no querer perder espectadores potenciales, y de tratar a su espectador potencial como una ameba sin capacidad de pensamiento. Y entonces DC ha encontrado un propósito en esa brecha. Una posible identidad. La pregunta es, ¿cómo puede sobrevivir a este nuevo paradigma un héroe que hasta ahora todo lo pudo, que es practicamente imbatible, y es el más fuerte del universo? ¿Cómo volver nuevamente interesante al superhéroe más icónico de todos los tiempos?
La única manera de salvar a un superhéroe, es otro super héroe. No sé si creo del todo en esta frase que acabo de decir, pero le sienta espléndido a aquello quiero mencionar. Frente a la cantidad de paupérrimos infortunios audiovisuales de DC, la única solución fueron los grandes directores con una impronta personal. Entre tanto desatino, en DC han brillado Watchmen de Zack Snyder (quién también ha encontrado en Watchmen probablemente el único acierto de su carrera y entonces se vuelve un ejemplo que entorpece mi teoría); las Batman de Tim Burton y años después las Batman de Christopher Nolan; Constantine de Francis Lawrence; Joker de Todd Phillips (y con una mano en el alma tan solo idolatro la primera, antes de caer en la basta y tediosa solemnidad de la segunda entrega); y finalmente The Suicide Squad. En esta última, DC encontró a su salvador. A alguien que también se encargó de algunos de los mejores éxitos de la competencia, y entiende mejor que muchos otros realizadores como faltarle el respeto a la aburrida pomposidad de los superhéroes: James Gunn.

Habiendo reflexionado años atrás acerca de la humanidad de los héroes, a través de una muy recomendable película llamada Super, James Gunn dejó su sello en Marvel con tres entregas de Guardianes de la Galaxia. En DC también se hizo cargo de una fantástica serie que actualmente está estrenando su segunda temporada: Peacemaker. Y fue El 10 de julio del 2025, que se estrenó su último largometraje: Superman.
El héroe más poderoso de todos los tiempos, a quien pocos superhéroes de Marvel podrían competirle en fuerza (aunque estoy seguro que un auténtico erudito del insondable universo de los superhéroes me contradeciría), tuvo varias adaptaciones audiovisuales a lo largo de la historia. Aquella que hasta ahora supo ser la más emblemática comenzó en el año 78 (Superman) con el actor Christopher Reeve, quien tuvo luego tres entregas más en el año 80, 83, y 1987. Pero desde entonces, intentando convivir con el ya mencionado cambio de paradigma de los superhéroes y la narrativa acerca de los mismos, el aparentemente inmortal Superman fue destrozado a golpes por sus desinteresados espectadores. Bryan Singer lo intentó en el año 2006 con Superman regresa, y el ya mencionado sobrevalorado Zack Snyder lo intentó con Henry Cavill como Superman en El hombre de Acero, Batman vs. Superman, y La Liga de Justicia. Nadie parecía poder traer a un héroe tan perfecto y verdaderamente “super” a la narrativa moderna, hasta que llegó Gunn como realizador y autor para hacerse cargo.

Un hombre llamado Lex Luthor (interpretado por Nicholas Hoult en uno de sus mejores trabajos), ha encontrado la manera de vencer al héroe más querido y popular de la Tierra. Mientras tanto, Clark Kent lidia con la mutante y letal opinión pública acerca de su altruista alterego Superman, y con uno de los conflictos humanos más populares de todos: el amor y su relación con Lois Lane (interpretada con encanto y rebeldía por Rachel Brosnahan). El relato es preciso, sin ambiciones desmedidas, con las subtramas necesarias para enriquecer la orquesta narrativa y a su vez hacer avanzar como corresponde la trama central de Superman. Aunque siendo una clara película de acción, se siente íntima y minimalista, como si estuviéramos viendo dos horas en la vida de Clark Kent y su complejo trabajo de salvar el planeta Tierra. David Corenswet, sin necesitar brillar por sí solo, generoso con sus escenas y con lo que se demanda del personaje central de esta película, le otorga a Superman sencillez, liviandad, y humanidad.
James Gunn tiene un clarísimo estilo y, aunque ya hace tiempo sus películas son producidas por lo más colosal de la industria audiovisual, es un representante actual del cine de autor. Cuanto más responden los realizadores a la gran industria de Hollywood, más deben tener que obedecer a las frías ecuaciones económicas y a las superficiales directivas de los grandes estudios. El hecho de que Gunn pueda mantener fresca su huella autoral entre tanto contador y productor con el alma corroída por el status quo audiovisual, lo hace aún más corajudo y un necesario representante de ese “cine de autor”. Sus relatos, pese a ser siempre épicos y pese a hablar de héroes que vienen de diferentes rincones del universo, son narrados con comedia (respetuoso también de los momentos dramáticos) y vuelve rápidamente verosímil y comprensibles todos los elementos del sci-fi. Las líneas del diálogo son instrumentos a favor de aquella ya mencionada comedia, y al servicio de contar la épica que debe ser contada. Su dirección de actores tiene la muñeca de un sabio alquimista, corriendo riesgos enormes al combinar elementos que pocos se atreven a combinar. Y usa la música no solo para acompañar desde la lógica los distintos momentos dramáticos de la estructura narrativa, sino para hacernos escuchar aquello que a él le encanta escuchar. Esa honestidad, siempre habrá de ganarle al temor de ser justo y de tomar decisiones apenas convenientes y regulares.
Gunn, deidad artística detrás de todos los departamentos y profesionales involucrados en semejante superproducción, se sirve de su brillante estilo para revivir finalmente a un héroe que todos daban por muerto.
Chesi
LINKS a otros artículos (míos) sobre la misma temática:
Thunderbots: en búsqueda de la humanidad perdida
La mortalidad de los superhéroes






Comentarios 2