Thunderbots: en búsqueda de la humanidad perdida

Reseñas generales

 

Aclaro: yo no soy de esos. ¿De qué estás hablando, vos? No soy de esos. No soy de los presumidos que creen que el cine de superhéroes contemporáneo es la ruina del arte, ni de los artistas, ni que son manchas imborrables para los actores y las actrices que toman el trabajo. No soy de los que creen que si el artista elige el dinero está asesinando su espíritu, ni alejándose de su misión en el mundo. Es más. Soy de los que creen que los únicos que pueden sostener esa opinión con tanta terquedad son los que quisieron ser artistas y no tuvieron el coraje, o quienes no comprenden nada del rubro, o simplemente los hipócritas (artistas o no artistas). Sí soy de los que se quitan el sombrero frente al artista que, sin juzgar a sus compañeros del rubro por elegir otro camino, viven su profesión al margen del sistema industrializado. 

 

Elijo la ciencia ficción como género-subgénero preferido. Soy un snob repulsivo por el simple hecho de no jugármela a definir si la ciencia ficción es un género o un subgénero, tan solo porque flotan sobre mi cabeza las voces fantasmales de mis profesores de la facultad. Pero sí. Elijo la ciencia ficción. Todos los contextos y los argumentos que se pudieran desprender de ese género, me encantan. Algunos más que otros, pero creo a esta altura haberlo visto todo (lo cuál no es real, pero es una sensación con la que vivo). Y el Marvel cinematográfico, en resumidas cuentas y con el puntapié inicial de la Iron Man del precioso Jon Favreau (quien entre paréntesis tiene una de mis películas preferidas llamada Chef) da comienzo a la era dorada y al retorno terminante de los superhéroes. 

 

Estuve a punto de comenzar este artículo insultando a Disney, quienes compraron hace mucho a Marvel y, desde ya, intervinieron en sus contenidos. Pero no. Es puro prejuicio mío. No fueron ellos los que le abrieron la herida fatal. Disney se hace de Marvel Entertainement en el 2009, y es incluso “responsable” de la gran mayoría de éxitos y de la red narrativa alucinante que se tejió entre todas las películas y series desde el 2008. Pero entonces, ¿Quién fue? ¿Fue alguien en particular? ¿Un individuo? ¿Un grupo de inversores del Opusdei? ¿El inconsciente colectivo? ¿Quién es el culpable de la muerte lenta de los contenidos de Marvel, que deviene,  entre otros tantos errores, en la insoportable y vergonzosa Thunderbolts del año 2025?

 

 

Habría sido feliz con ver una película entretenida. Era domingo a la noche, estaba solo en casa, me había pedido una hamburguesa deliciosa, y estaba esperando este momento hace días. Estaba regalado, fácil de seducir. Apenas necesitaba una película regular. Pero no. Aún teniendo a Florence Pugh, Sebastian Stan, Wyatt Russell, David Harbour y Julia Louis-Dreyfus que hacen el esfuerzo correspondiente por sostener el verosímil de sus respectivos personajes. Quienes hayan leído mis otras notas, sabrán que no soy devoto de contar argumentos de películas, porque así también me trato a mí mismo como futuro espectador de algo. Me le atrevo a un tráiler, que es una manera más lúdica de acercarse a un contenido, pero prefiero no saber el argumento. Sí es importante saber que el primer acto de esta película es prometedor. Pese a caer en diálogos previsibles dentro de la lógica de sus personajes (el soberbio dice cosas soberbias; la desconfiada, desconfía), la trama se abre seductora. Se oyen rumores de un superhéroe resultado de un experimento. De alguien que podría reunir todos los poderes existentes y ser invencible. Pero aquella misma vaguedad ilustrativa en sus diálogos, la literalidad para poner en palabras la información necesaria para explicar, los personajes ocupando en la historia el rol correspondiente en vez de brillar por sí solos, termina por corroer el relato como una silenciosa enfermedad mortal.

 

 

El segundo acto y el tercer acto se confunden en una masa amorfa de enfrentamientos que se creen suficientes para salvar la película. Como en todo camino del héroe, tarde o temprano las fuerzas habrán de enfrentarse. Y además, lo que lo vuelve atractivo a ese enfrentamiento, es que va a suceder cuando nuestro o nuestra héroe esté en el suelo. Cuando esté débil y sea posible verlo perder. La duda de si podrá ganar, aún sabiendo uno que los héroes no habrán (casi) nunca de morir, debe existir. El acuerdo tácito del espectador con la épica, consiste en que el relato debe encargarse de sumergirnos en lo más profundo del ilusionismo, y hacernos sentir que el héroe puede fallar y fallecer en su aventura. Thunderbolts, a mi parecer, traiciona el acuerdo. La diferencia entre la magnitud del poder que hay entre el grupo de protagonistas y el antagonista, es tan insondable como ridícula. Si bien ellos tienen algún que otro poder, y si bien tienen tantísimas habilidades letales, no pueden hacer nada contra semejante enemigo. En un previo y precoz enfrentamiento entre ellos y él, el enemigo no llega a sudar ni una gota. Es practicamente como hacer que Superman se enfrente al Chapulín Colorado que tan solo contaba con su astucia y el chipote chillón (quien no sepa de qué estoy hablando, le invito a buscar imágenes del Chapulín). El valor de la hidalguía y el aprendizaje del grupo de héroes está claro (demasiado claro), pero no puede ser suficiente para triunfar: nos han presentado como antagonista al superhéroe más imbatible de todos. Y no es como en la serie The Boys, donde se puede presentar con tranquilidad a lo largo de varios capítulos y temporadas, una posibilidad verosímil sobre cómo un grupo de sencillos humanos podrían vencer a Homelander (un superhéroe aún menos poderoso que el mencionado de Thunderbolts). Por lo tanto, cuando el enfrentamiento final sucede, ya sabemos que no existe posibilidad alguna de que en treinta minutos se vuelva posible que el grupo de superhéroes protagónicos pueda vencer. Entonces, todo lo que sucede en su largo desenlace, es completamente precoz e inverosímil. Y la explicación que el relato habrá de dar, es temática y no lógica. Es decir: la habrán de entender, pero porque fue empujada con forceps. La respuesta a cómo ganarle, es del orden del insulto, y de golpe nos habremos de encontrar adentro de una fábula para niños de 6 meses a 2 años de edad. 

 

 

Necesito encontrarle el motivo a estas fallas. Aún más cuándo el imperio de Marvel Entertainement no cometía semejantes errores, y cuando viene tropezando una y otra vez aproximadamente desde Eternals. Mi teoría coincide con la que desarrollé para explicar por qué fue que The Last of Us fracasa tanto luego de la perfección de una temporada (en una caída que no es comparable con el derrumbe colosal de los infortunios de Marvel). Creo que las plataformas y los productores, en una responsabilidad compartida, se desesperan por, o bien, ir en búsqueda de los espectadores que aún no han conquistado, o aferrarse a los espectadores que se han identificado como aquellos que los habrán de mantener con vida. Es decir: el motor gestor, no es conquistador, si no cobarde y mercantilista. El espectador hipotético de una película como Thunderbolts, ya no es el humano maduro de antes (independientemente de su edad), si no una suerte de idea platónica de niños/adolescentes con déficit de atención y poca capacidad de pensamiento. Se cree que los jóvenes no entienden nada, y la película se vuelve acelerada y obvia, apenas sostenida por arrebatos de efectos especiales, peleas, y actores o actrices amados en las redes (más allá de su talento). Nada más. Y no. Silencio. A los detractores les digo que no. No fue siempre así.

 

Por otro lado, haré algo que no me atrevería a hacer con un actor de mi país. Sí me atrevo desde este lugar impune porque sé que no lastimará a nadie. Lewis Pullman, hijo del gran Bill Pullman, (a quien ya he visto en otras películas tales como Salem´s Lot), no nació para ser intérprete. Tiene menos sangre en las venas que un cadáver. Así de burdo y sencillo. Lo menciono no como una simple descarga de bronca, sino como un claro símbolo de la falta de criterio de esta película a la hora de elegir a su antagonista. Comprendo la intención de que hacer que sea sorpresivo como un indefenso bonachón puede convertirse en aquello que se convertirá, pero han confundido a alguien incapaz con alguien con poder de interpretación. Creyeron que era mejor (o más rápido y fácil) elegir alguien que fuera exactamente una materia blanda sin gracia útil para el personaje, a alguien con materia prima que pudiera interpretarlo.

 

Thunderbolts es una nueva entrega de Marvel que pareciera haber sido escrita y pensada por la inteligencia artificial. Como si creyeran que la distribución obvia de elementos a lo largo de un guion y su ejecución, podría sostener la magia del cine y conquistar a unos supuestos adolescentes vagos y desesperados. Podrán intentar acortar tiempos y gastos usando la tecnología, pero nunca podrán reemplazar el valor de los autores y el alma que vuelve únicos y memorables a los proyectos. 

 

Chesi

Comentarios 1

J
Jeroo Casco29 de julio de 2025
Lo vendieron como el nuevo reinicio pero la realidad es que también fue el cierre de la fase 4. Cuando vemos Marvel debemos basarnos en las fases jajajaja por eso la de Los Cuatro Fantásticos es una buena película, porque ahí si pusieron todo. Ahí sí se siente como un verdadero reinicio. Lo del Sentry me quedó a medias, es un personaje que me gusta mucho pero Pullman no sé que tan bien puede reinterpretarlo en el futuro. En fin

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